GABINETE DE COLECCIÓN: Curiosidades, Maravillas, Filias y Obsesiones. Por MAXIMILIANO CURCIO

por MAXIMILIANO CURCIO

En este nuevo espacio, invitamos a nuestros lectores a un recorrido cultural a través de curiosidades, maravillas, filias y obsesiones del mundo del arte.

¿Qué es GABINETE DE COLECCIÓN?

En el Renacimiento, los gabinetes de curiosidades se conformaban de colecciones cuidadosamente resguardadas por sus propietarios, atesorando objetos fascinantes de lo más extraños y en absoluto circunscribiéndose a elementos de origen artístico. Sin embargo, estas precursoras “bibliotecas físicas”, de sumo interés para la ciencia, colocan nuestra mirada en retrospectiva para hablar acerca de la recopilación de objetos preciados, intentando trazar un perfil aproximado de aquel individuo que cumple un rol fundamental en la historia del arte.

Cada coleccionista es consciente del acto de incompletud eterna al que se acomete, aceptando la misión de recomponer, rescatar y proteger aquello minúsculo u olvidado para convertirlo en eje del mundo, en una brújula, en un punto de conexión vital. A partir de los elementos existentes, ordenadores de su propio y privado microcosmos, consolida un imaginario cultural singular e intransferible, poniendo en práctica el deseo irrefrenable de agrupar, articular, acumular o seleccionar objetos o artefactos de su afición o interés más íntimo. La propia afinidad construye cierta narrativa invisible que acaba vinculando elementos comunes de acuerdo a ciertas características particulares.

En GABINETE DE COLECCIÓN, nos impulsa la curiosidad y la firme creencia que las bibliotecas, las cinetecas, las cedetecas, las videotecas y las pinacotecas pueden convertirse en disparadores hacia la fascinación y al conocimiento infinito del mundo. Revelándonos su maravilla, se transforman en grandes colecciones como preciado refugio de toda una vida, a las que dedicamos entera nuestra pasión.

Atesoramos objetos que poseen honda ligazón con nuestra emotividad, resguardamos la memoria, desciframos significados y sentidos. Somos plenamente conscientes de la responsabilidad que tenemos como coleccionistas, sometidos a nuestros gustos o impulsos personales. Esperamos gusten acompañarnos a un próximo viaje, a través del cual, semana a semana, intentaremos cubrir, el mayor número posible de escuelas, corrientes, vanguardias o tendencias del arte en sus diversas expresiones. No olvidemos que el arte es esencial a nuestra educación y un alimento espiritual imprescindible.


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CONTENIDOS DE COLECCIÓN


PINTURAS

GÓTICO AMERICANO (Grant Wood, 1930) / El “Gótico Americano”, obra de Grant Wood, adquirió rápida popularidad al describir los ideales de la América rural, siempre salvaje y fascinante, que se avecinaba a la caótica crisis financiera ocurrida en 1929. Un retrato paterno filial ficticio fue el punto de partida inspirador, un año después al crack bursátil, para esta influyente pintura, epítome del arte moderno. Siempre creativo, inquieto y excéntrico, Wood probablemente no haya anticipado la honda perdurabilidad de este cuadro, visibilizando la “otra cara” del landscape alejado de los límites citadinos.

Tocando el nervio emotivo del medio oeste estadounidense, su sátira -no ajena de polémicas- desmitifica todo abordaje romántico posible: la mirada nos devuelve la imagen estoica de dos seres postergados del idilio de la vida moderna. El artista retrata las dicotomías de la idiosincrasia americana: el aislamiento social salvaguarda la alienación del vértigo sistemático. La frontalidad rígida de este hombre y esta mujer modelo se arraigan en la cultura popular, mientras una casa típica del gótico rural asciende tras ellos. Como espectador, uno no puede más que identificarse con la suspensión en tiempo y espacio de estos sobrevivientes de su propio mundo privado.

Nativo de Iowa, donde naciera en 1891, Wood cursó estudios en la Handicraft Guild, una escuela fundamental dentro del movimiento de artes y oficios. Profundo admirador del holandés Jan van Eyck, pionero del arte flamenco en el cual se inspira (¿recuerdan el “Retrato del Matrimonio Arnolfini”?), su carrera proliferaría dedicándose a indagar en la vida cotidiana, desligándose frecuentemente de la técnica tanto como del canon de belleza instituido. “Gótico Americano” podría cobrar forma de antiguo álbum familiar para un tiempo que marcó el fin de la ilusión.

EL ANCIANO DE LOS DÍAS (William Blake, 1794) “El Anciano de los Días”, originalmente publicado como frontispicio de un libro ilustrado, retrata una musculosa figura divina, arrodillada sobre un círculo dorado, midiendo un vacío oscuro con una brújula dorada. Intuimos su relación con prácticas masonas. La iconografía planteada nos arroja enigmas de tono apocalíptico. Esta deidad ficticia forma parte de la compleja mitología que vertebra la obra del artista William Blake, encarnando ideales conflictivos de su universo espiritual y moral, en permanente conflicto con la sociedad represiva y materialista que desarrollaba el pensamiento occidental europeo por aquella época. Su fuerza creativa captura un mundo en llamas.

Tanto en “America: A Prophecy” (1793) como en su secuela, “Europe: A Prophecy” (1794), Blake problematiza y cuestiona la incomprensión religiosa de la era que su vida artística atravesó. Con poder visionario, riqueza simbólica y una evidente capacidad para capturar nuestro asombro, su poesía imaginó la esencia humana y su arte cumplió con la premisa romántica de todo aquel que desafía las leyes y tradiciones del paradigma académico. Sentando la huella para los artistas del siguiente siglo, Blake fue un artista total que expresó su comprometida visión del mundo. Superando la dudosa etiqueta de artista maldito, supo captar el espíritu de su tiempo con sabiduría y urgencia. Náufrago de oscuras aguas y fascinante grabador, aplicó su notable talento para ilustrar composiciones ajenas, como el sorprendente “Paraíso Perdido”, de John Milton.

NEW YORK SERIES” (2013, Richard Estes) / La fotografía jamás reemplazará a la pintura, y es así como la oleada de artistas fotorrealistas surgidos hacia fines de los ’60 entendieron la técnica como una continuación de las tradiciones pictóricas como camino de expresión inserto en la modernidad. Al frente de esta camada se encontraba Richard Estes, sutil prestidigitador siempre dispuesto a manipular imágenes y engañar la más atenta de las miradas. En permanente búsqueda de ángulos extraños y recortes de la realidad inesperados, multiplicó el asombro en imágenes que alteraron la realidad fotografiada. Burlando principios y tradicionalismos, fue un depurado cronista gráfico que se calzó las ropas del más iconoclasta vanguardista. Observen la pintura elegida, perteneciente a su serie “New York City by Night”.

Proviniendo del mundo publicitario, su estreno en galerías se produjo en 1968, a través de una serie de escenas callejeras antológicas. Había nacido el fotorrealismo (palabra propuesta por Louis K. Meisel, impresa por vez primera en un catálogo del Museo Whitney para la exposición anual de 1970) enfatizando el detalle con un naturalismo llamativo. Figurativo y a la vez poético, heredando parte del encanto de Edward Hopper, Estes se nos muestra como un paisajista urbano y maestro del realismo contemporáneo. Jugó a placer con fachadas de edificios, clásicos ‘diners’, espejos, esquinas y espacios verdes. Su obra nos revela simbolismos y dualidades. Fuerzas geométricas del exterior y del interior que se superponen y fusionan. De modo convincente, todo aquello que su mirada registró adapta el contenido a la forma, sabiendo amalgamar la técnica a la evolución del arte fotográfico de mediados de siglo.


YVES KLEIN – ANTROPOMETRÍA, 1960 / Un vacío azul e infinito, espacio que parece contenerlo todo. Azul casi ausente en el reino natural. Azul de profundidad ambigua, al otro lado de la sombra. <<Tinta que derrama lo inexplicable, en el abismo de la noche fatal>>, según palabras del teórico de arte Alexander Theroux, en su ensayo sobre los “Colores Primarios”. Francia, 1946, la guerra había terminado. Azul también había aquella vez, todo a su alrededor. Y el panorama se representó como una epifanía para el joven artista. No había líneas en el horizonte. La ausencia de límites en el cielo de Niza capturaba el alma de un ignoto Yves Klein, tanto como las diferentes gamas de azul de aquella maravilla que su vista jamás se agotaba de contemplar.

Junto al asesoramiento de especialistas químicos, Klein compuso un especialísimo pigmento de azul indisociable al legado de su carrera. Aquí la primera fuente de inspiración había nacido, el International Klein Blue (IKB). Si bien el artista llamaba a sus lienzos ‘monocromos’, la rica variante de efectos ópticos que su obra genera, ante cada quien que la contempla, permite que la maravilla se recree de modo incesante. Otra vez, su misterioso encanto. Fallecido a sus apenas 34 años, la obra de Klein deja, tras la partida física del artista, un legado singular, tan complejo y controversial de definir. Hecho de materia inflamable, de modelos de mujeres desnudas, de objetos reciclados. Su obra, tan abstracta y figurativa, a la vez resonará en nosotros dependiendo del punto de vista en donde nos situemos. Miremos más de cerca: sublime y meditativa, sus revolucionarias puestas dialogan en el tiempo a lo largo de los últimos sesenta años y es esta condición atemporal la que cimenta el carácter contracorriente de un artista que polarizó puntos de vista.

La concepción del arte de Klein, como representante neo-dadaísta y fundador del nuevo realismo, nos brinda indicios que echan luz sobre su salto al vacío. Entreguémonos a comprender aquella sensibilidad pictórica e inmaterial, abrevemos en el concepto de la filosofía zen que constituyó su llamado ‘vacío neutral’, su propio nirvana. Hizo del arte conceptual un sentido expresivo vital, recurriendo a rodillos, esponjas y grabaciones de lluvia; vanguardista, reformuló el uso de materiales a la hora de registrar lo creado. Metafísico y experimental, sus composiciones visuales estimularon nuestros sentidos. Considerado tanto místico pionero como una estratégico y publicitario self-marketer, es el auténtico grado de incomprensión sobre la revolucionaria cosmogonía en la que se asentó su obra, el aspecto que más despierta nuestro asombro. Tanto como observar de cerca, extasiados, su hipnótico azul.


GUSTAVE DORE – PARADISE LOST (1866) / Pinturas en el tiempo que traen las llamas del infierno y hacen a la oscuridad visible. Desde que la primera edición ilustrada de “El Paraíso Perdido”, de John Milton, fuera dada a conocer, en 1688, su poesía visual ha proliferado en la imaginación de artistas, quienes a través de los siglos han intentado desentrañar los sentidos de una de las obras creativas más misteriosas de toda la humanidad. Milton fue un poeta y ensayista inglés, cuyas ocupaciones políticas ocuparan gran parte de su vida. “El Paraíso Perdido” es su obra más emblemática y el ejercicio de la narrativa épica llevado a cabo aquí lo convierte en un referente de la literatura universal. Esta pieza escrita ha inspirado a mentes tan prolíficas como las de William Blake o Salvador Dalí, intentando descifrar las alegorías poéticas dispuestas.

Sugiriendo la ambición por reinar en las tinieblas, Milton escenifica la caída y la debilidad. Es la pecaminosa naturaleza humana aquello que se trasluce través de la fábula cristiana, situada en el jardín del Edén. Las ilustraciones sobre esta obra constituyen una etapa tardía dentro del cuerpo de obra de Doré, dos siglos después de concebida tan atemporal gesta. Artista, pintor y grabador francés, Doré brinda su propia relectura: no le resultaba ajena la labor, habiendo ya graficado docenas escenas literarias de atribuladas mentes, como Edgar Allan Poe o Dante Alighieri, para “El Cuervo” y “La Divina Comedia”, respectivamente.

El nativo de Estrasburgo interpreta a Milton observando su propio abismo infernal. Sus dibujos son dramáticos y melancólicos. El misterio y la profundidad de sus dantescos paisajes nos condenan a un eterno hechizo. Ángeles caídos en la codicia gozan de la perdición infinita a las que son arrastrados.


SATURNO DEVORANDO A SU HIJO (1819-1823) / Podemos apreciar el duradero arte de Francisco de Goya, figura destacada de la pintura española durante el período 1785-1820. Su labor sucede a los grandes maestros barrocos, como El Greco (1541-1614) y Velázquez (1599-1660). Tan bendito por su talento, como atormentado por apocalípticas visiones, Goya vivió una época convulsa, debatiéndose entre el repudio al régimen de una España monárquica controlada por la severa Iglesia Católica y su labor como retratista para la corte real y la nobleza. Su vida no fue menos turbulenta. Su pintura, romántica y oscura, ilustra su paisaje desolador. Tomemos como ejemplo la serie de grabados “Desastres de la Guerra” (1810-20) y los murales titulados “Pinturas Negras” (1819-23). Fantasías de sombría pesadilla e imágenes gráficas de crueldad bestial describen la tragedia del siglo XIX.

“Saturno Devorando a su Hijo” ilustra el mito del dios romano Saturno, quien, perturbado por una profecía eliminó a cada uno de ellos al nacer.  La impactante ferocidad caníbal tiene un antecedente cercano: Peter Paul Rubens había pintado, en 1636, una pintura de la que participara Diego Velázquez, bajo idéntico concepto. Sin embargo, lo horrible bajo la mirada de Goya cobra un cariz singular. El artista nativo de Fuendetodos interpreta con virtuosismo la auténtica cara del mal: su lienzo transmuta la oscuridad, la agresividad y la locura. Sobre un fondo negro, la pintura de Goya animaliza al humano que mata sin piedad. Nos muestra a un carnívoro rey de facciones demoníacas devorando a su descendencia, -su presa- por temor al derrocamiento. Reinterpreta un mito griego que se propaga, de generación en generación, hasta nuestros días: la codicia humana no tiene tiempo cronológico.

Un libro como refugio y experiencia de fortalecimiento. Una herramienta para atravesar a paso firme el mundo y conocernos mejor a nosotros mismos. Un libro como espacio lúdico para entregar a la voz narradora las riendas de la propia mente. Un libro como infinitesimal eslabón de la biblioteca universal soñada por Jorge Luis Borges. Un anaquel que condense todo lo posible que la lengua pudiera expresar. Reliquias perdidas, clásicos hallados, infaltables títulos de culto o complejos ensayos que expliquen el enésimo misterio del universo.


LIBROS

THE BLACK DAHLIA (1987, James Ellroy) / El asesinato de Elizabeth Short, ocurrido en Los Ángeles hacia 1947, desencadena una investigación que obsesiona a la cúpula policial implicada en resolver el caso; también fascina a los medios que hacen de la noticia una crónica negra donde realidad y ficción se espejan. Bella y joven, Short pasaría a la historia bajo el seudónimo de ‘La Dalia Negra’, y su horripilante muerte se convertiría en uno de los enigmas más resonantes del corazón de Hollywood.

La sórdida concepción de Ellroy pareciera advertir a aquellas nóveles estrellas en busca de su sueño bañado de celuloide: cuidado con lo que deseas porque puede cumplirse. Las fantasías no siempre acaban bien. Experto en los terrenos del noir, el autor sigue la profusa senda trazada por la novela policial norteamericana, gracias a ejemplares como Dashiell Hammett y Raymond Chandler. Habitué en desgranar crímenes reales bajo su abordaje ensayístico, el ritmo vertiginoso y el carácter seco de su escritura no se reserva eufemismo alguno. Sus palabras son golpes directos que implosionan en nuestra sien. Sin miramientos, retrata la decadencia social, moral y espiritual de una nación culpable del peor pecado capital.

El misterio sin fin del asesinato sería llevado a la pantalla por el realizador Brian De Palma, en el año 2006, adaptando la novela de Ellroy bajo su siempre osada mirada. Para el autor de la trilogía compuesta por “América”, “Seis de los grandes” y “Sangre vagabunda”, el séptimo arte no le resultaba ajeno: el neo-noir sobre corrupción política “L. A. Confidential” había sido llevada a las pantallas por Curtis Hanson, en 1996.


GOLD COAST (Elmore Leonard, 1982) / ¿Qué inspira a Elmore Leonard? Crímenes salvajes y personajes extraños pueblan una obra saturada por una sombría atmósfera. Varios de sus textos se desarrollan en el caluroso estado de Florida. Postal exuberante, epítome de las playas tropicales soleadas de Palm Beach; algo más oscuro se oculta tras su fachada. El lujo fue vulgaridad y Leonard está dispuesto a desentrañarlo. Este es el primero de ellos: “Gold Coast”, publicado en 1982. En 1997, Peter Weller (el actor de “RoboCop”) se colocó detrás de cámara y estrenó para TV una versión en largometraje, basada en la novela, y titulada “Peligro Mortal”.

En sus páginas, lo brutal y violento se torna cotidiano. La venganza es un plato que se sirve frío y la represalia el primer mandamiento. Lo bueno, lo malo y lo feo conviven bajo el cielo inmoral de su literatura. Ángeles caídos pueblan las calles de su lóbrega narrativa. Para Leonard, maldito y sarcástico burlón nativo de Detroit, la minoría étnica y la marginación será culpable de crimen, culpa y castigo. No habrá escape posible a la degradación. El desenfreno lleva al robo y el ingenio enmascara a un asesinato, sin embargo no hay presagio de buen final.

Su thriller no persigue, precisamente, el ejercicio de desentrañar enigmas. No radica allí el interés de Leonard. Es un puzzle más bien moral. Heredero de la suculenta historia del género negro americano, hay un minimalismo marcado en su obra; una economía de recursos notable para reformular el canon del ‘crime fiction’. Mientas la inteligencia del autor articula la belleza profana que conservan estos seres fuera de toda ley, su obra despierta el atractivo de cineastas como Quentin Tarantino (“Jackie Brown”) o Steven Soderbergh (“Un Romance Peligroso”), prestos a adaptarlo al celuloide.

 EL VISITANTE (Stephen King, 2016) / La obra literaria de Stephen King conforma un universo propio que dialoga dentro de sí con absoluta autonomía. Su pasaje al ámbito cinematográfico constituye un caso de análisis pormenorizado y objeto de perenne polémica, habiendo trascendido muchas de sus obras al plano audiovisual, con mayor o menor suerte, no obstante fiel reflejo, al fin, de tan prolífica producción. El misterio sobrenatural, la oscuridad del alma humana, la sensación de extrañamiento y un enigma de intrincada resolución, resultan vectores comunes a la hora de cotejar un cuerpo de obra que ilustra su valía en títulos como “Carrie” (1974), “El Misterio de Salem’s Lot” (1975), “El Resplandor” (1977), “Cementerio de Animales” (1983), “It” (1986) y “Misery” (1987).

La cosmogonía macabra y terrorífica bajo la cual King comprende su mundo creativo, cobra forma en una de sus más recientes novelas, titulada “El Visitante”, bajo un rasgo policial, y cuyo verosímil aborda una temática común al género gótico: el denominado doppelganger, o doble siniestro. Este emblema de la literatura fantástica echa mano del recurso acuñado por el novelista Jean Paul, en 1796, para llevar a cabo un enésimo reformular la génesis del gemelo malvado, figura que ha poblado el folclore y la mitología literaria, materializando el lado más oscuro del ser humano. Indagando en cuestiones psicologistas -aquello que Jung denominara ‘la sombra’-, el trasfondo literario se inmiscuye en el desdoblamiento de personalidad desde un epítome como J””kyll y Hide” de Robert L Stevenson.

Maestro del terror, King, nativo de la ciudad de Maine, eleva a la enésima potencia toda suspicacia acerca de la fuerza maligna que da respuesta a tan inquietante paradigma: el caso no resuelto acerca de un asesinato que atemoriza a un pequeño poblado. Convidándonos a su juego perverso, desnuda tantas caras del miedo como sea posible y no teme desacralizar el canon sentado por obras referentes como “Wilson, Wilson”, del no menos truculento Edgar Allan Poe.


JULIA (W. SOMERSET MAUGHAM, 1937) / El autor de esta novela fue un dramaturgo y cuentista inglés que, al momento de redactar una de las obras claves de su carrera, gozaba de un prestigio unánime, aunque renegara de él. Había algo de inconformismo tras la calma aparente que mostraba Somerset Maugham; su camino no había sido fácil en lo absoluto. Abandonó sus estudios de Medicina para dedicarse a escribir, y publicó su primera novela en 1897: “Liza of Lambeth”. Como muchos de sus colegas, por aquel entonces, sirvió en la Cruz Roja y en el cuerpo de ambulancias durante la Primera Guerra Mundial. Al igual que los también escritores John Le Carre o Graham Greene, sirvió al Servicio de Inteligencia, probablemente su inspiración para “El Agente Secreto” (1957). Fue un auténtico trotamundos, de itinerante recorrido por lugares exóticos y paradisíacos. De aquellas experiencias devino “El Velo Pintado” (1925).

El cine conoce de su labor, principalmente a través de la adaptación que Ken Hughes hiciera de “Servidumbre Humana” (1934). Sin embargo, existe un título esencial dentro de su cuerpo de trabajo, que traba lazos indisolubles con el arte interpretativo.  Se trata de “Julia”, publicada en 1937. Adaptada con el título “Being Julia” (2004), por el realizador húngaro István Szabó, esta novela combina, de forma excelsa, valores omnipresentes como obsesión, venganza y talento. Todo ello viviendo, fulgurante, en el corazón de una gran actriz. Ambientada en la Londres de la década del ‘30, se nos retrata de manera bastante ácida el ambiente que rodea a los actores de teatro y sus apasionadas vidas, entre desamores, desmesuras, apariencias y mundos de artificio ante una Segunda Guerra Mundial en ciernes.

Recurriendo a universos tan transitados como inagotables, resulta inevitable, ante su lectura, trazar paralelos con una obra teatral como “The Dresser” (de Ronald Harwood).  La vida en el teatro y las vanidosas personalidades de actores y celebridades reconocidas son descriptas con absoluta vivacidad. El autor hará hincapié en los dobleces y las máscaras que portan estas figuras, quienes, en ocasiones, ocultan intenciones secundarias que validen sus intereses. Claramente, un terreno de simulaciones y egos que la literatura adorar explorar.

Aquella Londres glamorosa, que vivía la era dorada de sus estrellas y, a la vez amenazada por el fantasma de un enfrentamiento bélico inminente, cobra vida bajo la lente del realizador europeo adaptando a “Julia”. Interpretando a la perfección el espíritu de la novela, tan ambigua y descarnada, visionando el film luego de leer el texto original, nos lleva hacia la perdurabilidad de una obra como “Todo sobre Eva” (Joseph L. Mankiewicz, 1950). También, nos recuerda que Annette Bening es, sin lugar a dudas, una de las grandes actrices de su generación. Al fin y al cabo, volvemos a la novela para corroborar el nombre de su autor. Aunque sea Maugham, parece haber sido escrita por la mismísima protagonista.

EL PADRINO (Mario Puzo, 1969) / Mario Puzo nació en 1920, en una comunidad de inmigrantes en la cosmopolita ciudad de New York. Su consagración máxima como escritor no oculta sus raíces italianas: la novela “El Padrino”, publicada en 1969, se convirtió en una pormenorizada radiografía de los temidos mafiosos que dominaban las calles de la ciudad. Con gran pulso, el autor describió en el más absoluto detalle los complejos círculos de mando, conformando una mitología jerárquica que estableció sus bases de dominio a través de comportamientos déspotas e implacables. En sus letras escritas con sangre, Puzo reflexiona acerca del verdadero sentido de la justicia, del rol que ocupa la religión y de códigos ancestrales que grafican el dudoso proceder de aquellos que siembran terror entre los ciudadanos.

Puzo indagó en el perverso núcleo de las familias que rivalizaban por detentar la porción más suculenta de poder. El centro del relato novelado es Vito Corleone, un ‘capo mafia’ tan respetado como inteligente y temido. Su ley de conducta persigue principios de honor y amistad: Don Corleone es la cabeza del clan y Michael su heredero, ejes de un emporio delictivo qué controla sindicatos y juego de apuestas; sus negocios instrumentan el fraude y la extorsión. La obra causaría especial impresión en el joven cineasta Francis Ford Coppola, quién durante la década del ‘70 llevaría a la pantalla, en dos partes, el magistral relato el autor italoamericano quién le asistiría en labores de adaptación de guión.

Un nuevo género cinematográfico se había inaugurado, como punto de quiebre insoslayable para el cine de Hollywood. Las películas de Francis Ford Coppola volverían a poner de moda el cine de gángsters, gracias a la crudeza con la que reconstruye el impiadoso accionar de la Cosa Nostra, merced a una mirada realista a modo de crónica periodística, ejercida sin concesiones. La lente siempre exquisita de Gordon Willis testimonió la descomposición social de un grupo humano envilecido, brutal y violento. De su fuente beben futuras incursiones en el formato, como las realizadas por Brian de Palma -para “Scarface” y “Los Intocables”-, Martin Scorsese -para “Buenos Muchachos”, “Casino” y “El Irlandés”- y Sergio Leone –“Érase una vez en América”-.


EL MAESTRO Y LA MARGARITA (1967, Mijaíl Bulgákov) / Hacia fines de la década del ’20, deprimido por la pobre recepción que tenía su obra y hastiado de la encomiable lucha que debía emprender contra la censura gubernamental, Mijail Bulgakov pensó seriamente en abandonar su país natal. En 1932, se casa por tercera vez, y su compañera sentimental se convertirá en la figura inspiradora de Margarita, la protagonista de la novela “El Maestro y Margarita”. Se trata de un trabajo crepuscular en donde el autor buscaba reencontrar la inspiración perdida, luego de años batallando contra frustraciones personales y obstáculos que el sistema en el cual estaba inserto colocaba a su alrededor.

Problemas renales le causarían la muerte, en 1940, hecho que llevaría a que su inédita novela recién pudiera ser publicada casi treinta años después, gracias al persistente fuerzo de Yelena, su musa indiscutida. “El Maestro y Margarita” es una novela arriesgada, y en la mordaz y satírica crítica que la impulsa puede comprenderse la circunstancia por la cual el libro no fuera dado a conocer durante el tiempo de vida del autor. Si bien jamás hace mención a que se emplace en la Rusia estalinista, una serie de pistas y guiños -más o menos implícitos- nos convencen de lo contrario. La erosión de las libertades individuales es el tema central de preocupación de su última novela, aspecto que se verifica a las claras.

Atravesada por la crítica política, el realismo mágico y la comedia oscura, va conformándose como una heredera natural la complejidad moral que grafica la obra de coterráneos, como fuera el caso de Fiodor Dostoievski. Fenómeno cultural fuera de su tiempo, el rock bebería de fuentes inspiradoras para resignificar este mapa topográfico de una sociedad absurda. La canción “Sympathy for the Devil”, compuesta por The Rolling Stones, nos presenta a la encarnación del mal irrumpiendo en la vida citadina. Los decadentes valores sociales y la mediocridad que arrasa con individuos e instituciones constituyen el caldo de cultivo para que Mick Jagger, fascinado con la novela, reformule el terreno de juego sin escatimar una pizca de la provocación de la que Bulgakov hizo gala en su tiempo.


120 DIAS EN SODOMA (Marqués de Sade, 1785) / El 3 de julio de 1789, once días antes de la Toma de la Bastilla, el Marqués de Sade era arrastrado hacia una celda de la irónicamente denominada ‘Estatua de la Libertad’. Al momento de ser trasladado fuera de París, debió abandonar del receptáculo confinatorio algunas de sus posesiones más preciadas, entre las cuales se encontraba un cilindro oculto en el orificio de una pared. Dentro de este, disimulado en diminuta escritura a mano, se encontraba el manuscrito de una novela inédita, conocida como los “120 días de Sodoma” o “La Escuela del Libertinaje”. Una serie de situaciones fortuitas llevaron al manuscrito, de forma no menos misteriosa, a escapar de la toma misma de la bastilla.

En el arte existen las causalidades, más no las casualidades: luego de pasar de mano en mano por generaciones, cine años transcurrieron para que fuera vendida la pieza escrita a un coleccionista alemán y, por intermedio de este, llegará al sexólogo Ivan Block, quién la publicara en 1904. Pero antes, retrocedamos en el tiempo para adquirir algo de perspectiva. Al momento de escribir la novela, el Marqués de Sade llevado en prisión ocho años. Al finalizar su vida, habría permanecido privado de su libertad en cárceles instituciones mentales por un período de treinta y dos años en total.

La impresión que se llevara la sociedad conservadora de antaño de la vida y obra del Marqués de Sade no implica tanto su palabra literaria sino sus provocativas acciones, desafiando la imperante moral de su tiempo. Obsesiva y metódicamente, Sade comenzó a escribir la novela en 1785, dedicándole el transcurso de interminables noches. Su magna creación es una novela acerca de libertinos y victimarios, de pasiones violentas, de decisiones brutales. El autor se inspira en la tortura para construir un clímax criminal surreal. Sade puede ser mundano, visceral y obsceno. “Sodoma” crepita bajo un frenesí en escala. Es una pesadilla elaborada que nos arroja hacia el centro convergente de un ejercicio de lectura único e irrepetible. La crudeza y lo explícito del deseo sexual, fuera de toda ley de contención moral, sería llevado a la pantalla por Pier Paolo Pasolini, ensayista, poeta y cineasta italiano, en 1975.

Punto inaugural de la inacabada “Trilogía del Terror” -que el autor no llegaría a completar debido a su prematura muerte, en extrañas circunstancias, ocurrida poco después de estrenada la película- la visión de Sodoma según Pasolini transgrede los límites del cine de explotación para adentrarse en los perversos laberintos de la mente de Sade. Ambos artistas de la escritura contemplan lo impensado de la naturaleza humana y no retroceden un ápice. Tramando fértiles lazos con el cine, la polémica leyenda del Marqués de Sade sería llevada a la gran pantalla por Philip Kaufman, adaptando la obra de teatro “Letras Prohibidas”, en el año 2000, y con el actor australiano Geoffrey Rush interpretando al ensayista y filósofo, al que todos conociéramos por su título nobiliario.


JAMES BALDWIN – Notes of a Native Son (1955) / Reconocido ensayista y novelista, James Baldwin visibilizó, a través de su obra, la preocupación de la América segregacionista en la que debió formarse como ser humano y hombre de letras. Testigo de un tiempo en donde el odio y el resentimiento se convertían en moneda corriente, el valor social de su obra intercaló tantas aspiraciones como decepciones, al tiempo que el creciente movimiento por los derechos civiles vio masacradas muchas de sus esperanzas. La obra de Baldwin impacta culturalmente, mientras explora las consecuencias psicológicas del racismo.

El best seller “Notes of a Native Sun” trajo a los lectores la perspicaz y aguda observación del autor, también un sentido de urgencia para toda la comunidad de color. La verdad “negra” en la pluma de Baldwin desnudó los pecados de la América Blanca racista. Su terreno de exploración indagó en el misterio de la curiosidad humana, desentrañando la naturaleza y el sinsentido racista. Hizo de su oficio de escritor un arte, buceando en lo profundo de una sociedad corrompida, desenmascarando el tan mentado sueño americano. Valientemente, confrontó al ciudadano medio con su nula capacidad de autocrítica para lidiar con la calamidad segregacionista que las instituciones gubernamentales judiciales y policiales daban por sentado.

Proveniente de un empobrecido entorno en la marginal Harlem, Baldwin se convirtió en un poeta y activista, portavoz de los más desfavorecidos. En un explorador de horizontes impensados. A la hora de hablar de igualdad racial, quizás, también se forjó a sí mismo, haciendo de la escritura un instrumento de autoconocimiento para granjearse un lugar y nombre propio en este mundo. Los diez ensayos que compila este libro, publicado en 1955 y cuando el autor apenas tenía veintitantos años de edad, uno puede tomar dimensión acerca de su visionario intelecto y de la poderosa protesta que engendra el mecanismo de escritura. Una de las mentes afroamericanas más brillantes del siglo XX es un eslabón insoslayable del amplio reservorio cultural de la raza negra, habiendo nutrido al mundo del cine y permaneciendo vivo en tiempos del ‘Black Lives Matter’, resonando su obra en películas recientes como “If Beale Street Could Talk” (2020)


THE WEARY BLUES (1925, LANGSTON HUGHES) / Langston Hughes ha sido un prolífico poeta y escritor en diversos campos de la materia: ensayista, dramaturgo y cuentista. Su obra nos lega la experiencia de la vida afroamericana. Su pluma y su voz atestiguan el Renacimiento del Harlem del siglo XX. Líder de la comunidad negra, ha capturado el espíritu de una época marcada por el instinto de lucha, perseverancia y preservación. Sus poemas acumulan resistencia. En sus palabras se gestan mensajes de igualdad y justicia. Pionero en adaptar los ritmos del jazz a la poesía, Hughes no separa su labor de un apasionado llamamiento a la democracia y el pluralismo, en tiempos poco tolerantes.

La participación que tuviera en movimientos de protesta nutre las páginas de sus escritos. El black pride que busca concretar su propio sueño americano. El ideal de libertad que pretende contrarrestar el incomprensible racismo. En Hughes, el arte es un motor para el cambio. Una mirada transversal a su obra nos lleva a descubrir canciones, viñetas humorísticas y ensayos periodísticos. No dejó campo de la escritura por abarcar. Frecuentó a Federico García Lorca y escribió condenando la Guerra Civil Española. Nacido en Missouri, en 1902, su primer poema publicado en una revista de renombre nacional fue “The Negro Speaks of Rivers”, en 1921. Cuatro años después, recibió el Primer Premio de Poesía de la revista Opportunity, por “The Weary Blues”.

En “The Weary Blues”, el arte negro se manifiesta en su máxima expresión como elemento transformador, y su pianista protagonista sufre la segregación de un barrio neoyorkino. El blues es una lenta agonía y se canta desde las entrañas. Desde los calurosos campos de algodón de la América Profunda a las tenues luces de aquel bar nocturno en la gran ciudad. En éxodo y en epifanía, Hughes medita sobre el sufrimiento de la comunidad afro en América, sabiendo que tras la belleza poética se esconde un profundo dolor. Para Hughes, la poesía es verdad y las notas musicales que cobijan al atribulado pianista, un lugar de permanente refugio. El inmenso poder sanador del arte cobra vida en este magnífico proceso creativo poético.


LOS SORIAS (1998) – ALBERTO LAISECA / Una obra voluminosa. Un ejercicio creativo al que un autor podría entregar su vida. Un texto de dificultosa concreción. Un libro maldito que no pierde su sentido del humor. Diez años de proceso escrito, más otros tantos en búsqueda de publicación. No hay dos escritores como Alberto Laiseca. Fragmentario, disperso, huraño, pícaro y sumamente original. Un total de 1344 páginas parecerían una tarea interminable. Digna de mención y elogio por pares de la talla de César Aira, Rodolfo Fogwill y Ricardo Piglia.

Ventana hacia un universo de ficción planetario, pergeñado en la colosal imaginación de su descarriado autor. Sociedades ocultas y delirios esotéricos conviven bajo una precisa diagramación. Nos adentramos en civilizaciones gobernadas bajo la tecnocracia. Lenguas, religiones y paradigmas colisionan. Rupturista y satírico, Laiseca dilata el canon. Aquello que llamamos academicismo, corriente crítica o hegemonía cultural, jamás contaminará las intenciones de un autor que no le debe nada a nadie.

Rebelde, explosiva, autorreferencial e incendiaria, “Los Sorias” es la antítesis de la pureza literaria. Es el naufragio creativo de un maníaco estrafalario, que nos deleitara por años ‘leyendo’ el ciclo de “Cuentos de Terror” emitido por la señal I-Sat. Autor de culto, creador de ominosas atmósferas y errante alma revolucionaria, Laiseca concibe este prodigio novelado en representación de una valiente declaración de intenciones. Escrita desde 1982 y publicada en 1998, veamos cuánto de aquel mundo sobrevive hoy.



¿Existe algo más sorprendente que aquella recopilación de libros en un mismo lugar? La biblioteca de Alejandría se expandió y difundió la palabra como oxígeno al pensamiento de Occidente entero. Partiendo del mito y en el continuo asombro que nos genera conocer la historia de su procedencia, la traducción de textos milenarios democratizó el saber como instrumento de poder y reservorio del conocimiento, milenios antes de la era digital. Faro de la cultura jamás alcanzada por grados en Fahrenheit ardiendo, su trascendencia de hizo real.


PELÍCULAS




MORGIANA (1974, Juraj Herz )
/ Cruza perfecta entre el “¿Qué fue de Baby Jane?” (1962) de Robert Aldrich y el “Cisne Negro” (2010) de Darren Aronofsky, “Morgiana” se aprecia como un emblema del horror eurotrash, obra del cineasta checo Juraj Herz. Concebida como una pieza de culto kitsch y sadística, está basada en la novela de Alexander Grin, “Jessie y Morgiana”, publicada en 1929. La codicia, la lujuria, la locura, los celos, el complot y la magia negra vertebran la relación de dos hermanas, ambos papeles en la pantalla interpretados por la actriz Iva Janžurová.

La preciosa fotografía convierte a este exquisito tour de forcé en una joya gótica que recarga la puesta en escena de artilugos visuales. Un antiguo castillo nos revela lo bello y lo oscuro que allí habita. Colores saturados, una lente ojo de pez, la inquietante partitura musical, un infrecuente POV, el histrionismo actoral de típica ‘escuela muda’ y angulaciones simbólicas resultan recursos técnicos para interpretar la naturaleza malvada. La actitud pecaminosa de sus criaturas siempre luce exagerada y retorcida. La curiosidad nos invita a ver más allá: el aspecto sobrenatural parte, literalmente, en dos a la narrativa. Cuando lo extravagante captura nuestra atención, ya nos encontramos sumidos en el delirio.

Las hermanas se acechan, una a otra, como una sombra ominosa. Maliciosa monstruosidad y melodrama ilusorio que fusiona dolor y placer, la historia persigue un abordaje de corte psicológico que nos revela los traumas espejados de sus protagonistas. Se convertiría en el prólogo a la antología de películas de terror de Dan Curtis, “Trilogy of Terror”, concebida en 1975 y cuyo personaje principal estaba interpretado por la atormentada Karen Black.


CARNIVAL OF SOULS (1947, Herk Harvey) / Ópera prima y único largometraje en la extraña trayectoria de Herk Harvey, “Carnival of Souls” es un film de terror auténticamente de culto, cuya realización atestigua un arrojo experimental típico de la serie B, con miras a concretar una producción de ínfimo presupuesto. De profundo sesgo independiente, el director hace de la economía de recursos su mayor virtud. Con gran imaginación, su onírica y ambigua atmósfera nos inquieta y el manejo de los climas de suspenso resulta excelso e igualmente efectivo. Harvey bebe de las fuentes de influencias literarias, como Ambrose Bierce, a la hora de tramar un retrato acerca de la delgada línea que separa al mundo de los vivos del más allá. Aproximándose a dicho umbral, el entorno de la protagonista parece mutar a su alrededor.

El horror cobrará palpable forma y la conexión con aquello intangible se presumirá inevitable para el personaje interpretado por Candace Hilligoss. Cada instante del relato luce viciado, siniestro y retorcido. La oscuridad que domina los espacios circundantes nos inhiben a mirarnos sobre espejos que distorsionan. Gema solitaria en la breve carrera del director, su parábola traza un arco con la magnífica fábula macabra “La Noche del Cazador” (1955), singular experiencia tras de cámaras de Charles Laughton. 

Filmada en locaciones de Lawrence, Kansas y Salt Lake City, y habiendo sido remasterizada en 2016, una preciosa fotografía en blanco y negro captura el aura fantasmal de estos parajes. Pionera del ejercicio de género de su clase, se percibe su huella en experiencias futuras como “Lost Highway” (1997), “The Sixth Sense” (1999) o “Insidous” (2010). Que Harvey no haya proseguido su carrera es, francamente, una tragedia para todo fan del terror; no obstante, ello no disminuye en absoluto la legitimación de este film dentro del canon al que pertenece.


“RETRATO DE JEANNIE” (William Deterlie, 1948) / William Deterlie fue un director de cine alemán, de ascendencia judía, y uno de tantos artistas germanos que debieron exiliarse ante el ascenso del nazismo. Nacionalizado estadounidense en 1937, rodó en Hollywood gran parte de sus películas. “Retrato de Jeannie” es, no solo una de las películas más infravaloradas de su trayectoria, sino la preferida en la historia del surrealista Luis Buñuel. Curiosa elección sobre la que vale la pena indagar. Esta fantasía fantasmal pertenece a la vieja escuela romántica (por oposición a la norma clásica) con la que podríamos emparentar la temprana obra hollywoodense de Alfred Hitchcock. Producida por el gigante David O. Selznick, trama invisibles y apasionados nexos entre los mundos del cine, la pintura, la creación, y las obsesiones humanas.

Esta película nos habla acerca de la vida en el más allá, mientras nubes gigantescas se ciernen sobre nosotros y pergeñan una atmósfera lúgubre. Los intervalos temporales de esta historia nos sitúan en una dimensión alternativa: su paralelo de amor y muerte encuentra en una Nueva York invernal el propio paraíso onírico. Allí, un disconforme pintor de mediana edad (Joseph Cotten) requiere trascender la soledad, desesperación y pobreza de alma que lo agobia, sublimando la atracción que siente por la misteriosa Jeannie que da título al film (Jennifer Jones), oscuro símbolo de deseo atravesada por tibios rayos solares y pinceladas que sobre el lienzo dibujan su silueta.

Inquietante y filosófica, su banda sonora utiliza partituras de Dimitri Tiomkin para adaptar piezas orquestadas por Claude Debussy en memorable secuencia inicial. Con fascinación y belleza pictórica de digna escuela expresionista, Deterlie indaga en la naturaleza de la obsesión de su protagonista; también en la dualidad que identifica al objeto retratado. Su creatividad técnica resulta encomiable y certera a la hora de trabajar metafóricamente la riqueza narrativa que el argumento provee para hablarnos acerca de vidas pasadas y destinos trágicos.


LA MARCA DE LA PANTERA (1942, Jacques Tourneur) / Existen marcas de estilo y búsquedas temáticas que convirtieron a Jacques Tourneur en un imprescindible cineasta del policial en blanco y negro. El ejercicio del noir perfeccionado por Tourneur, durante la década del ’40, convierte a films de su factura, como “Retorno al Pasado” (1947), en emblemas de una era prodigiosa. Versátil, su carrera cinematográfica aborda gemas de culto como la precursora “La Noche del Demonio” (1957), inclusive experimentos más bizarros tales como “I Walked with a Zomie” (1943).

Jamás trivial, su espíritu fetichista vertebró inquietudes acerca del comportamiento felino bajo la silueta femenina. El horror gótico y la intriga sobrenatural cobraron forma en la magna “La Mujer Pantera” (1942), film que contaría con una secuela dirigida por Robert Wise, un joven realizador que había colaborado como montajista en “El Cuarto Mandamiento” (1942), de Orson Welles. Aquel mismo año, Tourneur daría una segunda vuelta de tuerca a su fijación animal, adaptando la novela de Cornell Woolrich, “El Hombre Leopardo” (1943). Maestro de la puesta en escena y generador de atmósferas inquietantes que se valen de una ominosa banda sonora, Tourneur utiliza el terror de modo simbólico, para hablar de los grandes males que aquejan a la sociedad de su tiempo.

En palabras del poeta John Donne, “el pecado más negro traicionó la noche eterna”, epílogo de un film en donde el parisino Tourneur hizo de su coterránea Simone Simon un pormenorizado objeto de estudio psicológico y sexual: las huellas del deseo, la satisfacción reprimida, la histeria de la seducción y una sed jamás saciada exploran el territorio de este relato mítico. Fábula maldita acerca de la metamorfosis y ensayo sobre la ambigüedad, el sentido de lo siniestro en el director encierra un poderoso simbolismo. Fue captado, de forma aún más osada y transgresora, por el inefable Paul Schrader, cuatro décadas después, para la remake protagonizada por la alemana Nastassja Kinski, en 1982.


THE DEVIL AND DANIEL WEBSTER (1941, William Deterlie) / Puede que el alemán William Deterlie sea uno de los realizadores de su clase más subvalorados dentro de la camada de directores germanos que huyeran del nazismo y se radicaron en Hollywood. Puede también que haya cineastas con un paladar estético suficiente como para reconocer su inmortal talento. Con un notable estilo visual, Deterlie adapta la gran pantalla el famoso cuento corto de Stephen Vincent Benét (1936), enésima reformulación del “Fausto” de Goethe (publicada entre 1808 y 1836). Las tentaciones de pactar con el diablo asumen trágicas y laberínticas consecuencias, para una temática de inagotable abordaje cinéfilo (recordemos “El Abogado del Diablo”, 1997). Aquí, la estratagema de Daniel Wesbter se coloca del lado de la defensa y, bajo la lente del cineasta, Walter Huston se convierte en el auténtico ángel maldito, mientras Bernard Herrmann compone una partitura musical digna del Premio Oscar.

Los todopoderosos estudios RKO, emblemas del cine clásico hollywoodense financian esta película estrenada el mismo año que es una gema incomparable de su factoría (“Ciudadano Kane”, de Orson Welles). Conocida también por el título original de “All That Money Can Buy”, la película contrapone ideales amorales del ciudadano trabajador, bajo la forma de fama y fortuna ambicionadas, con fuerzas oscuras que suelen apropiarse del protagonismo de tan dantesca escena políticamente incorrecta, solo hasta su desenlace. ¿Puede la salvación final del alma de nuestro torturado protagonista evadir la condena eterna a la que su pacto diabólico la había atado sin remedio ni solución? La elaborada metáfora visual concebida por el autor pervive en el tiempo, no obstante, una considerable cantidad de metraje haya sido eliminada de la versión comercializada en salas en 1941.


LOS INOCENTES (Jack Clayton, 1961) / Quizás el más subjetivo de los géneros: el terror. Resulta particularmente interesante comprender la perdurabilidad de estas obras maestras, las cuales se conservan -décadas después de haber sido estrenadas- susceptibles a la moda y al paso del tiempo. Cabe decir, no todas las películas de horror suelen envejecer dignamente; sin embargo, el presente film nos demuestra todo lo contrario. “Los Inocentes” fue la adaptación sobre la histórica novela de Henry James, “Otra Vuelta de Tuerca” (1898), llevada al cine por el infravalorado director Jack Clayton.

Espeluznante y poderosa, esta transposición fílmica realiza un interesante mecanismo intertextual, adoptando elementos de la puesta teatral homónima, autoría de William Archibald, quien colabora en labores de guión para la gran pantalla. Esta emérita obra, proveniente de una de las plumas literarias más veces adaptadas al cine, suma otro escritor de fuste a la labor: el mismísimo Truman Capote también se lleva créditos a la hora de elaborar el argumento para este film modélico, que instaurara al terror psicológico de modo francamente visionario. Con suma habilidad, Clayton concibe una puesta en escena ambigua que hace hincapié en el frágil estado mental de sus protagonistas. De tal forma, pone en marcha un artefacto cinemático que causará genuina tensión e inaugurará lo que, de aquí en adelante, conoceríamos como ‘película de fantasmas’.

Existe cierto aire surreal y pesadillesco en la atmósfera fílmica, del que deberían futuros especímenes como “El Resplandor” (1981) de Stanley Kubrick. Filmada en Cinemascope blanco y negro por el brillante cinematógrafo fotográfico Freddie Francis, la trama nos inserta en el impuro corazón de esta mansión victoriana. La imaginería visual está tratada de tal modo qué, dejándonos llevar por el poder de sus recreaciones, encontraremos la forma de sentirnos francamente incómodos y acechados por aquella fuerza espiritual. Clayton nos interroga desde aquel rincón oscuro. ¿Hacia dónde nos conduce? ¿Quién se convierte en verdadero receptáculo del mal? Enigmáticas manifestaciones presentes en una novela que adquiriera actualidad gracias a la reciente adaptación, de la cadena Netflix, para la serie “La Maldición de Bly Manor” (2019).


CRIMEN DE AMOR, 2009 -Alain Corneu) / Alain Corneau falleció, tempranamente, a la edad de 67 años, meses después de estrenar una de sus películas más provocativas. Autoría de este subvalorado artesano del cine negro, “Serie Negra” (1979) se mantiene, casi de forma unánime, como la preferida de la crítica. El público menos nostálgico, quizás, pueda inclinarse por “Fear and Trembling” (2003). Claramente “Love Crime” bebe de fuentes hitchcockianas y no tiene nada que envidiarle. Es oscuridad derramada, juego de máscaras para personalidades ocultas e identidades duplicadas. Es un thriller envolvente que ratifica que el autor se encontraba en un inmejorable momento creativo. La competencia desleal femenina, en el marco del acoso laboral, allana el terreno del presente film, un ejercicio de thriller amoral, precipitado, sadomasoquista y despiadado, tan alucinado como malévolo. Veamos cual de las dos voluntades féminas tuerce la fuerza a su favor…

La intriga está servida y la tensión parece siempre en aumento para escenificar un tour de forcé fenomenal entre Kristin Scott Thomas y Ludivine Sagnier. Concebidas como opuestas que se espejan, sendas blondas deidades intercambian juegos de poder y mecanismos de histeria dentro de los límites de un frío compartimento de oficinas. De la indefensión al dominio completo en un solo paso. ¿Quién puede ser más tirana y glaciar por sobre su contrincante? ¿Realmente comprendemos el trasfondo de lo que estamos viendo? La críptica intención narrativa de Corneau desata un cuerpo a cuerpo apoteósico al que no le faltan insinuaciones lésbicas. Elevando la vara de lo exacerbado, el siempre entusiasta Brian De Palma realizaría una lograda remake en 2012, con el perturbador y retorcido policial titulado “Pasión”, protagonizado por Rachel McAdams y Noomi Rapace.


SISTERS (1973, Brian De Palma) / La forma canónica del misterio concebida por Brian De Palma siempre buscó homenajear a Alfred Hitchcock, aun inconscientemente. Pensemos en la imagen mórbida de films como “Obsesión” (1978), “Vestida para Matar” (1981) o “Doble de Cuerpo” (1984). El director nativo de New Jersey reformula sin imitar: incomoda, sintetiza, tergiversa, transforma. Bajo su óptica, lo trivial devela lo horroroso y su deseo alimenta nuestra perversión. Este film, estrenado en 1973, pertenece a su etapa más temprana, exhibiendo prontamente las obsesiones, traumas, fetiches y filias de un autor discípulo del maestro inglés. Su manejo del artefacto cinematográfico, tanto como su espíritu anárquico maravillaron a la crítica especializada.

Los caracteres opuestos de ambas protagonistas (Kidder/Salt) elevan a la enésima potencia el factor de perturbación: la ciencia se convierte en el instrumento de un castigo natural cuando dos cuerpos mutilados ven sus personalidades engendrar la más cruel concepción de la maldad. El responsable de descubrir a Robert De Niro para la pantalla grande (“Greetings”, 1968) ejerce un cine osado, sexuado y voyeurista. Sin temer debilitar el verosímil, cita al Hitchcock de “Psicosis” (1958) y “La Ventana Indiscreta” (1954), convocando a su habitual maestro de orquestas Bernard Herrmann y echando a andar una maquinaria de suspenso prodigiosa. Técnicamente, coquetea con el thriller de clase B, añadiéndole su mirada modernista: innova con el uso de la pantalla dividida, ángulos distorsionados y movimientos de cámaras de típico regodeado estilista.

El alarde técnico adora a Hitch como un tótem, mientras adquiere rasgos de fascinación visual: “Sisters” es un film de contraste psicologista, sostenido en sus dobleces morales. La sangre es el ingrediente favorito del realizador y sus criaturas portan máscaras que disfrazan oscuras intenciones. De su viscosidad inunda la pantalla y también las atribuladas fantasías de sus dementes protagonistas. Exagerado hasta lo barroco, respaldará las credenciales de su moderna estética la aterradora “Carrie” (1976), sobre la novela de Stephen King.

Caja China. Ramificación argumental, testigo y protagonista, ambiguo intermediario de la historia narrada. Punto de giro vital para la historia precedente, realidad alternativa que contiene tantas historias ancestrales como verdades posibles.

FOTOGRAFÍAS

Isabella Rossellini & David Lynch (por Helmut Newton, 1985) / Helmut Newton captura esta instantánea durante el rodaje de “Terciopelo Azul” (1986). David Lynch, director de la película, observa detenidamente cada facción del rostro de su musa y estrella protagónica, la italiana Isabella Rossellini, como si de una obra de arte se tratase. Hija del eminente realizador Roberto Rossellini y del ícono sueco Ingrid Bergman, Isabella luce, ante la escudriñadora mirada de Lynch, como su objeto de deseo. Newton captó aquel instante a la perfección. Miremos más de cerca, parece poseerla.

El fotógrafo capturó desnudos con elegancia y audacia. Fue el pervertido voyeur reconocido como uno de los más grandes emblemas del arte fotográfico del siglo XX. Piscinas, maniquíes y prótesis fueron sus fetiches. Su puesta en escena jamás escatimó provocación y su fijación sobre el sexo femenino constituyó la esencia de su búsqueda artística. Quizás por ello, Lynch lo convocó al set de rodaje de la película por la cual sería nominado por primera vez a un Premio Oscar y que lo convirtiera en un autor de culto. El mismo film que presentara al mundo del celuloide a Laura Dern y eternizara como antológico villano a Dennis Hopper.

Experto en retratar a celebridades del cine, la música y el modelaje, su perfil artístico oscila desde Madonna a Andy Wharol; desde Charlotte Rampling a Claudia Schiffer; desde Sigourney Weaver a Nicolas Cage; desde Grace Jones a Liz Taylor. Su cámara sedujo y divirtió. Existen paralelismos: el mundo inquietante y descompuesto tramado por Lynch parece fundirse hasta la mímesis con las fantasías psicosexuales de Newton. Ambos artistas confrontan la intimidad de los paisajes corporales que abordan. Ambos también poseen una asombrosa y misteriosa capacidad de observación.

Sin embargo, mientras Lynch testimonió la putrefacción social descubriendo una auténtica pesadilla americana oculta tras la fachada de un agradable vecindario, Newton eligió disparar su perversa cámara suspendiendo en el aire el polvo de estrellas esparcido. Artificios de la ficción y artefactos para provocar, ambos, al fin.


LUIS BUÑUEL Y COMPAÑÍA (MARV NEWTON, 1972) / Cuesta encontrar semejante talento reunido en una sola fotografía. Crema y nata de Hollywood. El año, 1972. Una reunión mítica acontecía en la casa del cineasta George Cukor, anfitrión de fiestas que solían congregar estrellas. Pero nunca tan brillantes en el firmamento como en este banquete, sito en su glamorosa mansión, en el corazón de Beverly Hills. Un muro de piedra protegía del exterior la finca ubicada a la altura 9166 del Cordell Drive. Lo que ocurría puertas adentro era pura historia cinéfila.

El consagrado cronista de cine Charles Champlin publicó, el 20 de noviembre de aquel año, en Los Angeles Times, un texto reseñando el agasajo, acompañando la foto tomada por el histórico Marv Newton. En la foto no aparece John Ford, que debió retirarse a causa de su frágil salud. Tampoco Fritz Lang, que estaba invitado, pero físicamente muy débil como para concurrir. Tampoco Francois Truffaut, quien por problemas de agenda debió excusarse. En la instantánea podemos reconocer a Alfred Hitchcock, Rouben Mamoulian, Robert Mulligan, George Stevens, Billy Wilder, Robert Wise y William Wyler. Todos secundan al invitado de honor: Luis Buñuel. No faltaron a la gran comilona su histórico productor Serge Silberman y su fiel guionista Jean-Louis Carrière.

Cukor quería tributarle su admiración y agasajar al único cineasta del grupo que no rodara jamás en Hollywood. Sin embargo, pocos meses después del evento ganaría el premio Oscar al Mejor Film Extranjero por “El Discreto Encanto de la Burguesía” (1972), su penúltima obra. No existía frontera idiomática. Los detalles pormenorizados de aquella soñada reunión fueron plasmados en un libro, por el periodista, novelista y guionista Manuel Hidalgo. Con detalle y vuelo literario, nos convierte a nosotros, lectores, en dignos comensales de aquella jornada. Entre varias perlas, se incorpora el argumento de “El Discreto Encanto…”, en clara conversación metalingüística. También, nos comparte la peculiar receta del trago favorito de Buñuel: el dry Martini.

En el libro titulado “El Banquete de los Genios”, la ficción sueña mundos de cine e ilumina el legado de una serie de realizadores portentosos. Buñuel, pretexto, principio y fin de aquel cónclave de leyendas, vertebra la creación literaria, mientras el autor recopila varios pasajes vertidos por el propio cineasta ibérico en sus memorias: “Mi Último Suspiro”.


EDIFICIO CHRYSLER, MIKE HOLLMAN (2016) / Durante los últimos treinta años, Mike Hollman se ha ocupado en registrar la esencia del paisaje arquitectónico y la naturaleza que lo rodea. Especializado en la veta comercial turística, se ha radicado en Auckland (Nueva Zelanda). Detallista observador, la cámara congela instantáneas de la cultura y los pueblos que ha recorrido. Este fotógrafo nos sorprende con su captura del Edificio Chrysler, mítico diseño del arquitecto William van Alen, emblema Art Decó neoyorkino.​ Fue la sede de la empresa Chrysler, desde 1930 hasta 1950, balanceándose en el período de entreguerras en donde Estados Unidos se vería sumido en una profunda crisis económica, producto del estallido bursátil. En Hollman nos asombra su uso de la perspectiva y la simetría. El punto más alto de la torre parece querer fundirse allí donde no alcanza la vista. Su lente proyecta la inmensidad de los 320 metros de la construcción que supo ser la más alta del mundo, luego destronada por la también sita en Manhattan Empire State, graficando el progreso vertiginoso de las ciudades. Quizás, también, como respuesta a la necesidad inmobiliaria de un rascacielos como epítome de la vida moderna.

La materia prima constructora de la curiosidad habitante en cada mente. Piedra preciosa, pulida y modelada en saber y conocimiento. Sedimentos depositados por el pensamiento, luego refinados por la memoria. Descubrimiento intacto al paso del tiempo y corriente colectiva del pensamiento. Idea que otorga base y fundamento, huella que dejamos como propio rastro. Grieta desgarrada, grano de arena o piedra preciosa. Idea como fuerza de enriquecimiento, libertad e independencia.

DISCOS

Murder Ballads” (Nick Cave and the Bad Seeds, 1996) / “Murder Ballads” (1996) cumple con la premisa del disco conceptual que unifica en un sentido homogéneo su planificación instrumental y narrativa. Si pudiéramos imaginar la escena planeada, dantesco sería el inmersivo banquete convidado, regado de sangre, violencia y muerte. El funesto friso trazado por Nick Cave alcanza proporciones épicas: en su poesía hay algo hermosamente bello, también terrorífico y perturbador. Cave, versátil arquitecto sonoro, puede calzarse las ropas de pionero psychobilly, baladista consumado, novelista fantasmal, melancólico reinventado o villano de un crimen perfecto. O todo ello a la vez, a lo largo de una carrera que abraza cuatro décadas.

Canciones de perdición, locura y muerte sazonan el suculento catálogo musical de Bad Seeds, super banda de post punk australiana fundada en 1983. Compositor impar, ícono de culto jamás ignorado, Cave luce autorreferencial mientras eleva el arte a la condición de fábula macabra. Su destreza visual no resulta extraña. Sus laberínticos juegos anímicos cobran vida en mundos de celuloide. Su estética podría fascinar a David Lynch hasta la obsesión, al tiempo que el músico traza con el séptimo arte una relación fructífera que se plasma, entre más de cincuenta contribuciones, a través de una serie de films de John Hillcoat: “La Propuesta” (2005), “The Road” (2009) y “Sin Ley” (2012).


BORN UNDER A BAD SIGN (Albert King / 1967) ¿Qué hace a un álbum volverse atemporal y clásico? ¿Qué convierte a ese grupo de canciones en la definición misma del género? “Born Under A Bad Sign”, de Albert King, es ‘electric blues’ de principio a fin envuelto en gloriosas melodías y guitarras incendiarias. King, epítome del Memphis Blues, ya era un intérprete experimentado cuando selló trato con Stax Records, firma con la cual permanecería desde 966 a 1974, y que congregaba grandes artistas negros: Otis Redding, Isaac Hayes, Wilson Pickett y Sam & Dave, entre otros.

Publicado en 1967, “Born Under A Bad Sign” es blues moderno, y en sus acordes viven Jimi Hendrix y Eric Clapton. Disco sumamente influyente, en 2013 se reeditó con varios bonus tracks inéditos. King interpreta la tristeza del blues con intensidad: sus solos derraman la angustia y la maldición que el blues lleva en su esencia. Nativo de Mississippi, su primer acercamiento a la música fue el gospel religioso. Apodado el “Velvet Bulldozer”, su imponente marco físico proyecta sobre nosotros cierto poder intimidatorio. Y luego King canta empuñando su guitarra. Se desvanece toda idea preconcebida. Con suavidad, la voz del gurú Albert proyecta fatalidad y pasión. Con crudeza, su poesía expulsa el lamento y la ira.


RINGO (Ringo Starr, 1973) / Oficiando de perfecto anfitrión, Ringo Starr orquestó lo más parecido a una reunión Beatle que hayamos conocido. En su tercer disco solista, estuvieron involucrados, y tan a gusto de participar, los tres miembros de la banda originaria de Liverpool. Cada uno de ellos compuso especialmente para Ringo, devolviendo anticipados favores de este, en recordadas participaciones para experiencias en solitario de sus excompañeros, con la excepción de Paul McCartney, para quien Ringo grabaría durante los ’80. Al momento, se recordaba su intervención en discos de John Lennon (“Plastic Ono Band”/1970) y George Harrison (“Wonderwall”/1968 – “All Things Must Pass”/1970 – “Living in the Material World”/1972).

Mientras Lennon sacó a relucir su costado más narcisista y petulante con “I’m The Greatest”, MacCartney (a medias con Linda) desempolvó una balada notable en “Six O’Clock” y Harrisón entregó la pieza country “Sunshine Life For Me”. Producido por Richard Perry, el ex baterista de Beatles Ringo Starr se unió a grandes músicos sesionistas: Marc Bolan, Billy Preston, Klaus Voormann, Nicky Hopkins, Harry Nilsson y Jim Keltner.  Si sus primeros dos discos –“Sentimental Journey” y “Beaucoup Of Blues”- pasaron a la historia más por su excentricidad que por su estricto valor musical, este tercer opus solista (publicado tres años después de sus antecesores) respalda un gran presupuesto y un elenco de lujo con un puñado de canciones luminosas.

A puro ritmo de rock y publicado por el sello Apple Records, este disco de alma y corazón Beatle presenta (a diferencia de sus dos primeras experiencias solistas) composiciones propias de Ringo, reflejando su auténtica identidad musical a sus flamantes 33 años de edad, firmando temas como “Step Lightly”, “Photograph” (junto a Harrison) o “Devil Woman” (a dúo con Vini Poncia). Es su mayor éxito de ventas a la fecha.


“GIGATON” PEARL JAM, 2020) / ¿Qué entendemos hoy por rock? Sin limitarse a una estructura rígida de instrumentación ni prescindiendo de elementos del lenguaje musical que puedan resignificarse, Pearl Jam se desentiende de los formatos establecidos por la industria, en tiempos donde el concepto líquido del arte ha trastocado, de modo radical, el esquema de producir discos. Misma ruptura de paradigma podría trazarse hacia una elección estética que contribuye a generar un aura de desconfianza respecto a un futuro que se interpreta distópico. Con un inspiradísimo Eddie Vedder al comando, la descomposición del paradigma humano como revolución conceptual o la desintegración glaciar que anuncia un deterioro climático resultan grandes fuentes de inspiración para esta lubricada maquinaria del grunge.


“LA COLONIA” (JAVIER MALOSETTI, 2020) / En su nueva aventura de estudio, luego de un paréntesis considerable, Javier Malosetti lidera una banda en formato trío (junto a Milton Amadeo y Tomás Sainz) que suena potente y ensamblada. Ejecutando, en clave jazzística, las complejas melodías y armonías que entregan canciones como “Ostura Furita”, “Cleanie” y “KDS”, la columna vertebral del disco se apoya en el virtuosismo de su líder y bajista. Alternando ricos pasajes instrumentales, la banda recurre a un repertorio presentado en vivo durante los últimos tres años. Malosetti reformula un clásico de Ray Charles (“Hallelujah, I Love Her So”) y le pone voz y sensibilidad al preciosísimo poema de amor llamado “Mapa”. Es, sencillamente, la figura más relevante del género a nivel nacional.

PETTINATO PLAYS GARCÍA” (CHARLY GARCÍA/ROBERTO PETTINATO, 2020) / La versión actual de Charly encuentra a un artista visionando su espesa obra, en búsquedas estéticas y sonoras que revitalicen el legado de sus canciones, acaso la reciente edición del disco “Pettinato Plays García” (2020) nos ilustra acerca de una serie de ‛lados b’ de la discografía del artista (“Veinte Trajes Verdes”, “Total Interferencia”, “Tango en Segunda”, “Say No More”) reversionados en clave jazz. Nos conmueve encontrarlo asomando su longilínea figura al mando del teclado; al otro lado de El Aguante, incluso auto exigiéndose a reinventarse antes los ojos de las nuevas generaciones. La invitación luce a modo de homenaje por parte del ex integrante de Sumo, quien hace las veces de un anfitrión de lujo para una apuesta estética que remite a las sesiones de free jazz de la década del ‘50. Es nuestro amado Charly, eterno avant garde, calzándose las ropas de crepuscular crooner.


MARILYN MANSON – “WE ARE CHAOS” (2020) / A tres décadas de haber sacudido los cimientos del rock moderno, Marilyn Manson se ratifica como un hábil y malévolo titiritero que nos conduce a su cíclica y perpetua pesadilla. Explícito, autoparódico y grotesco (acaso su pecado capital, a ojos de tibios y conservadores melómanos), su compleja arquitectura sonora profana una catedral gótica y pone en marcha el juego del miedo que selló como marca personal. Ostentando con orgullo la etiqueta de antihéroe y villano favorito, Manson divide a seguidores y detractores, por igual. Supo ser el ruido y la furia, transmutar en alfa y omega, encarnarse en andrógino dios de látex. Subvirtiendo la fórmula del rock and roll en envase glam, estableció el canon industrial del nuevo siglo. Creador tan variado y prolífico, en “We Are Chaos” luce impredecible, irreverente y políticamente incorrecto.


PAUL McCARTNEY – MCCARTNEY III (2020) / Algunos artistas, frente al ocaso de sus años creativos, se ocupan de redactar una autobiografía a modo ‘resumen de vida’ o editar un ‘grandes éxitos’ como una suerte de testamento discográfico que traiga a la memoria tiempos mejores. Nada de eso, Paul McCartney se mantiene igual de activo a sus setenta y ocho años que en sus mejores momentos musicales, a la par de grandes leyendas. Con excelente factura, Macca concluye la trilogía comenzada en 1970 y continuada en 1980, regalándonos trascendencia en su etapa de madurez. De igual manera, nos sorprende gratamente, tomando la senda dejada por sus anteriores discos de estudio, proveyendo sostenido interés en mantener los estados animados, sin dejar de lado el espacio para la reflexión. En tiempos de emergencia sanitaria, grabó el disco en su estudio casero. Tocó todos los instrumentos. Comenzó el álbum con un delicioso tema instrumental. Perder un ápice de frescura no se encuentra entre sus intenciones, a lo largo de un álbum sólido y de amplio recorrido, poseedor del sello característico del oriundo de Liverpool.


BOB DYLAN – ROUG AND ROWDY WAYS (2020) / Orbitando alrededor de esta perfecta maquinaria de armonías encontramos una potente visión de la soledad, bajo la lupa emocional de este sagaz narrador urbano capaz de dedicar una oda compositiva a la madre de todas las musas, aquellas a las que tiene hechizado en perpetuo canto tribal. Dylan nos propone una mirada cenital del gran sueño americano y surca ciudades y grandes influencias musicales y cita guiños cinéfilos y desnuda al ser de su tiempo, con sus luces y sombras. Este eterno trovador nos lleva de travesía hacia el corazón de la noche de una nación resquebrajada que ‘mata en el altar del sol naciente’ y nos ilustra en postales lumínicas que mutan en carteles de advertencia acerca de tiempos tan fatuos como artificiales: cuerpos en roce masificado pululan en mero tránsito, decorados de una hipnótica y febril ola pasatista. Palpitante y jovial, sus melodías exudan enérgica cadencia alcanzado su éxtasis apoteósico en “Murder Most Foul” y sus diecisiete minutos de duración. Bob Dylan es un músico de otra galaxia.


AC/DC – POWER-UP (2020) / El reciente estreno “Power Up”, compuesto por un total de doce canciones, se adivina como la apuesta con la cual la formación australiana AC/DC pretende renovar credenciales como la banda más arrolladora del planeta. Luego de una serie de años infructuosos, resulta la receta perfecta para superar el período de luto (Malcolm Young murió en 2017) y polémicas en que se viera sumida la banda: rockear duro para sobrevivir. Brian Johnson, ausente de 2016 producto de su frágil salud, retoma su papel de cantante principal en excelente forma, aportando ese registro vocal que se convirtiera -desde la partida de Bon Scott en 1980- en marca registrada de este auténtico monumento pesado. Suban el volumen.


B.S.O. “One From the Heart” (1982, Tom Waits) / La película “One From the Heart”, estrenada en 1982, suponía ser un pequeño proyecto al que se abocaba Francis Ford Coppola, luego de dedicar una década entera de su trayectoria cinematográfica a films meramente colosales. En el término de siete años, el realizador nativo de la ciudad de Detroit había estrenado las primeras dos partes de “El Padrino” (1972-1974), el thriller de espionaje “La Conversación” (1976) y el crudo retrato bélico “Apocalipsis Now” (1979). Prefiriendo un enfoque autoral, personal y minimalista, “One From the Heart” debía de ser esa película que llevara la carrera de Coppola hacia otras latitudes.

Costó la exorbitante suma de 25 millones de dólares, fue producida por sus propios estudios cinematográficos -Zeotrope-, dentro de su equipo técnico contó con Vittorio Storaro -inmenso fotógrafo ganador de tres Premios Oscar- y en el elenco participaron actores de notable trayectoria, como Natassja Kinski, Raúl Juliá y Harry Dean Stanton. ¿Qué podía salir mal? “One From the Heart” tenía todo para resultar en un éxito, sin embargo acabó siendo un fracaso de taquilla inexplicable. Quizás, recordemos su lugar en la historia por la maravillosa banda sonora compuesta por el fenomenal Tom Waits, cantante y compositor estadounidense.

Su registro de voz áspero es la auténtica marca registrada de quien ha construido un particular y singular arquetipo musical, amalgamando el rock con el jazz y el blues. Sus lazos con el cine también recuerdan su participación en la banda sonora de la “Bajo el Peso de la Ley” (1988), de Jim Jarmusch. Las melodías de Waits se inspiran en la Generación Beat, llamando la atención del contracultural Coppola. Este artista todo terreno también ha emprendido una carrera como actor, apareciendo en las películas “Mystery Train” (1989) y “El Tigre y la Nieve” (2004). “One From the Heart” fue su primera nominación al Oscar, y la banda sonora de esta película se editó bajo el sello Columbia Records, contando con la colaboración de la cantante Crystal Gayle, quien interpreta a dúo junto Waits casi todo el repertorio. En 2004, sería reeditada incluyendo dos temas inéditos.


CURTIS”, 1970 – CURTIS MAYFIELD / Se denomina “Gran Migración Afroamericana” al desplazamiento de casi dos millones de ciudadanos de color, desde los estados meridionales hacia los del medio oeste, noroeste y oeste norteamericano, entre 1915 y 1930.  Un cambio demográfico que impactó profundamente en el acervo cultural estadounidense y en las inquietudes artísticas de un joven Curtis Mayfield. Desde temprano en su carrera, este cantante y compositor mostró sus credenciales como gran creador de canciones. Su veta comercial nunca estuvo en duda, desde su primera banda, ‘The Impressions’, dominando la escena soul de Chicago y llegando a impactar la siempre efervescente Motown. El canon concebido reflejaba la lucha negra por los derechos civiles en los tumultuosos años ’60.

De cara a la siguiente década, planearía el primer álbum en solitario, “Curtis”. Virando del pop suave al áspero funk, adosando toques psicodélicos a su relato urbano y lanzándose sin red hacia la experimentación sonora, Mayfield integra una instrumentación sorprendente a unas letras de profunda conciencia cívica, en protesta contra la violencia policial imperante. El orgullo racial presente en la obra otorga realismo a un disco que no por ello deja de ser bailable. Había nacido un portavoz generacional, romántico y luchador, capaz de cumplir con una auténtica máxima: la obra de arte debe testimoniar al hombre de su tiempo. La juventud en las callas bailaba al ritmo de un gran creador de pinturas sociales.

Coleccionismo: Difusión de patrimonio, mapa de motivaciones, hilo invisible, rito jamás clausurado. Coleccionar como una respuesta a la propia finitud, vehículo que transforma la metáfora como un llamado del tiempo. Un intento de ordenar el propio mundo y darle a cada objeto su sentido. Una historia de la adquisición de la propia leyenda que aquel nombre guarda. Ética del detalle que se apropia del tiempo y de las formas. Estética fragmentaria de acumulación.


DOCUMENTALES

THE LIFE AND DEATH OF AILEEN WUORNOS (2003, Nick Broomfield) / Año 1992, Estado de Florida. Aileen Wuornos está presa y su figura causa conmoción pública: es la primera asesina en serie del mundo. O, al menos, eso pensamos. El documentalista Nick Broomfield conoce a la asesina en prisión, semanas después de su arresto. Haciéndose eco de la notoriedad del caso, y recurriendo a su reflexivo estilo, revela negociados policiales para un guión que Hollywood ya estaba dispuesto a comprar, desnudando las intenciones de rapaces y amarillistas estandartes del periodismo más descarnado.

Diez años después, y cursando el “corredor de la muerte”, Broomfield regresa al caso que lo obsesionó por años. Había trabado amistad con Wuornos, quien le brindó su última entrevista. Su retrato documental realiza un cruel y sufrido abordaje a una reclusa cuyo estado mental luce en perfecto desequilibrio. Aileen Wuornos va camino a convertirse en la tristemente célebre asesina en serie cuya vida…¿y obra?…la fábrica cinematográfica llevara a la pantalla, en el año 2003 bajo el título de “Monster”, protagonizada por la descomunal Charlize Theron. Valiente perspectiva de una industria acostumbrada a pergeñar en serie relatos de asesinos…en serie. Nada más lejos del acercamiento de un David Fincher, aunque todo conlleve su costo. Una historia cruda que potencia el atractivo de su naturaleza al resignificar aquella mirada sobre nuestra sociedad y valores, en el tiempo presente. Los crímenes reales ocurrieron en 1990 en Estados Unidos; intuyamos la visión y condena que una sociedad patriarcal (y un sistema legal) colocaron sobre ella.

El famoso grabado de Goya, “el sueño de la razón produce monstruos”, traza una probable analogía con los monstruos sociales que producimos, para luego encasillar. Desde “The Life and Death…” a ”Monster”, intentamos concebir la psicología de esta mujer, lo que cada acto proyecta, los años de postergación que su rabia expulsan; acaso aquello que cada muerte provocada dice de las propias oportunidades perdidas, de sus carencias e imposibilidad de amar. Intentamos comprender su mundo, empatizar con su tragedia. La atmósfera claustrofóbica de Broomfield nos rodea de desencanto. La puerta se cierra tras el interminable corredor y nos invita a pensar, siembra preguntas. Sin rodeos y sin temer incomodar. ¿Retrato de víctima o victimaria?


CAMERAMAN: THE LIFE AND WORK OF JACK CARDIFF” (Craig McCall, 2010) / En 2010, se estrenó la película documental cuyo objeto de estudio biográfico acababa de fallecer, a la edad de 94 años ¿Quién fue este hombre? Un magnífico fotógrafo cinematográfico que posee en su haber la distinción de ser el único técnico, a la fecha, en recibir el Premio Oscar a la Trayectoria. Quintaesencia del caballero inglés, Jack Cardiff fue uno de los artistas de la imagen favoritos de Martin Scorsese, quien fuera encargado de restaurar y remasterizar algunas de las fundamentales obras que contaran con el aporte de este nativo de la localidad de Nortfolk. Adentrarnos en el documental nos brinda algunas pistas acerca de los motivos del cariño incondicional que Marty profesa hacia la cabal importancia de este genio.

Influyente en el cine británico hasta el punto de ser considerado un precursor, Cardiff respiró cine desde la etapa muda y llegó a trabajar con John Huston y Alfred Hitchcock. Sin embargo, cruzaría con una dupla fundamental que dialoga su legado. Cardiff no sería Cardiff sin Michael Powell y Emeric Pressburger, y viceversa. Se convirtió en eterno colaborador, asistente de dirección y fotógrafo. Películas como “A Matter of Life and Death” (1946), “Black Narcissus” (1947) y “The Red Shoes” (1948) son pura fantasía hecha en celuloide, que nos estimulan en su precioso gusto estético. La dupla nos legó un pionero uso del color y un sentido cabal de controversia (“Peeping Tom”, 1960).

Expresionista, sofisticada y grandiosa, la obra de Powell y Pressburger nos convida, a través de su ejercicio del lenguaje, poderosas imágenes capturadas por el brillante Director de Fotografía, quien abordó cada fotograma como si de una pintura se tratara. Evaluando el peso de su huella artística, el documental se convierte en uno de visión obligatoria para todo cinéfilo: a lo largo de su metraje, personalidades de la talla de Thelma Schoonmaker, Kathleen Byron, Kim Hunter, Moira Shearer, John Mills, Lauren Bacall, Charlton Heston y Kirk Douglas, entre otros, testimonian admiración y afecto hacia esta sempiterna fuente de luz.


HITCHCOCK / TRUFFAUT (Kent Jones, 2015) / La historia aquí empezó en 1954, a través de un ensayo que sería un punto de inflexión en la historia del cine. Su autor, era un incipiente crítico de apenas 22 años de edad. Se llamaba François Truffaut. Firmando tal enfervorizado manifiesto, cuestionaba la anquilosada tradición de un cine francés con anclaje en el relato literario. De modo urgente, instaba por una «política de autores» que devuelva al director el control total sobre el producto llevado a la pantalla. Una hipótesis rupturista cuya tesis afirmaría de la obra de Alfred Hitchcock. Ningún cineasta supo, mejor que él, equilibrar arte y entretenimiento para hacer de su obra un objeto tan personal acerca de las propias obsesiones que la incentivaron. Había nacido un autor con todas las letras, revalidado ante la conservadora estima hollywoodense.

Hitchcock, inserto en el olimpo cahierista, se convirtió en leyenda dueña de su tiempo, inventando una forma de hacer suspenso. Su cosmovisión maravilló a la emergente camada de cronistas de la revista especializada más vendida de Francia. Escritores nóveles y directores autodidactas camino a dirigir sus primeros largometrajes estudiaron pormenorizadamente cada uno de sus films. Con Truffaut a la cabeza, quien conocería a su admirado Hitch en 1962. Haciendo las veces de periodista, acordó con el creador de “Vértigo” y “Psicosis” una serie de conversaciones que darían cuerpo a una entrevista que se extendería por el tiempo de una semana. Hitchock dio al autor de “Los Cuatrocientos Golpes” la lección más grande de su carrera: se había gestado uno de los libros más fundamentales en materia de cine. Mientras su magia despertó los sentidos de todos los cinéfilos que crecimos adorándolo, esta voluminosa edición (publicada en 1966) abrió un auténtico cofre de secretos acerca de la concepción del arte audiovisual.

Casi cincuenta años después, el documentalista y también crítico cinematográfico Kent Jones, resignifica el papel ocupado por Truffaut. Tramando la enésima vuelta de tuerca metalingüística, convierte en fotogramas su propia visión del libro. El resultado es un objeto de culto del séptimo arte, un relato vívido y palpitante acerca de la mirada del mundo confluyente en mentor y pupilo. Reflejo de sendas personalidades polémicas por donde se las mire, en Truffaut y Hitch se espejan dos pioneros y provocadores natos. Luminarias del calibre de Martin Scorsese, David Fincher, Kiyoshi Kurosawa, Wes Anderson y Richard Linklater dan testimonio de lo atemporal de aquel encuentro sito en un hotel de Beverly Hills, inmortalizado en la lente del fotógrafo Philippe Halsman, reconocido por retratar a célebres personajes del siglo XX.

Colección atesorada que revisa la propia historia del hombre. Prestigio por exhibir lo poseído. Cámara de maravilla o exploración del conocimiento del mundo que clasifica y sistematiza. Fascinación por la recopilación artística, despojada de la etiqueta vicaria que ejerce su esnobista poderío.


ESCULTURAS

FORMAS UNICAS DE CONTINUIDAD EN EL ESPACIO (Umberto Boccioni, 1913) / Umberto Boccioni, pintor y escultor italiano, es uno de los principales exponentes del futurismo italiano, cuyo ideólogo principal fuera Filippo Tommaso Marinetti, escritor, dramaturgo y poeta renovador de las formas expresiva. En tal sentido, el dinamismo de las formas y la descripción abstracta de la velocidad y el movimiento fueron el principal enfoque de este movimiento. Versátil artista, igualmente efectivo en varias disciplinas, fue también un teórico que rubricara manifiestos.

Hubo una etapa de la carrera de Boccioni en donde las figuras musculosas y enérgicas se convirtieron en una obsesión. Bajo su mirada, el dinamismo expresaba su valor de fuerza en la distorsión. La presente escultura, quizás, represente su paradigma experimental. Cinco versiones se conocen de ella, una realizada en escayola, producto industrial que se obtiene del yeso natural, compuesto principalmente de sulfato cálcico. La escultura original en yeso precedió a futuros modelos en bronce: curiosamente, el autor jamás podría observar la fundición, falleciendo en 1916.                                                                         

En “Formas Únicas de Continuidad en el Espacio”, las fuerzas humanas y mecánicas pugnan; los rasgos anatómicos parecieran difuminarse y los elementos sintetizarse. El movimiento otorga dinamismo y multiplicidad a la mirada, influenciada claramente por el cubismo. Abolida la tradición, desarrolla la periferia. El punto de vista adquiere aquí un rol primordial, contrastando líneas y curvas, luces y sombras, el creador interpela la mirada de todo consumidor de arte.


EL RAPTO DE LAS SABINAS (1574/1582, Jean de Boulogne) / Jean de Boulogne, nativo de la región flamenca de Douay y también conocido como Giambologna, fue considerado un virtuoso maestro en su estilo. Fue contratado por el Papa Pío IV y luego por la familia Médici, quien lo convirtió en escultor de la corte para su propia colección privada. Uno de sus trabajos más emblemáticos fue realizado como encargo para ser emplazada en la Plaza de la Señoría de Florencia. Grandes dimensiones talladas en un bloque de mármol nos representan la escena mitológica del rapto romano de las mujeres sabinas.

La historia del secuestro perpetrado rompe con los tradicionalismos para mostrarnos una realidad que oprime al género femenino, llevándonos directamente hacia la Roma antigua, inserta en un tiempo patriarcal y convulso. La verticalidad, la tridimensionalidad y la línea serpentinata son tres características que nos anuncian que estamos frente a una composición manierista, perteneciente a la última etapa del Renacimiento italiano, hacia la finalización del XVI. El manierismo rompía con los ideales clasicistas escenificando este acto tribal. Su paradigma expresivo anticipaba al barroco, distorsionando las geometrías. Aquí los cuerpos se retuercen y la angustia física refleja el desequilibrio psicológico.


EL BESO (1889, AUGUSTE RODIN) / En 1880, en París, se construye el Museo de Artes Decorativas (dedicado a las artes aplicadas o menores), y en conmemoración se le encarga al escultor hijo pródigo de la ciudad, un diseño al que entregará su más íntima visión personal. Inspirado por “La Divina Comedia” de Dante, también por “Las Flores del Mal”, de Charles Baudelaire y por “Metamorfosis”, del poeta Ovidio, concebirá “El Beso”. Apareció, por vez primera, en el costado inferior derecho de la tercera maqueta del voluptuoso grupo escultórico monumental llamado “Las Puertas del Infierno”. Una magna obra creada en colaboración con su antigua discípula, luego musa y compañera sentimental, la escultora francesa Camille Claudel.

Estamos ante una de las esculturas más reconocidas de Auguste Rodin, a la altura de otra obra cabal de su autoría como “El Pensador”. Las figuras pergeñadas por Rodin enardecen las pasiones de todo aquel antihéroe maldito, quien, indigno de su tiempo, acaba expulsado al infierno. Contemplar “El Beso” nos provoca una latente sensación de sensualidad y romance. Su intención grafica el epítome del amor carnal con trágico desenlace. Elaborado en mármol y asentado en piedra, esta representación de cuerpos esbeltos y flexibles es un ícono del enamoramiento universal. La construcción atlética y las poses adoptadas por sus protagonistas nos lleva a la Grecia antropocentrista clásica. Apenas podemos distinguir los rostros de estos cuerpos entrelazados, mientras elaboramos nuevas lecturas de un amor fatídico. La lujuria los hace olvidar, por un instante al menos, de aquel funesto destino.


El deseo y la obsesión se prefiguran como criterios de ordenamiento. La causalidad como el golpe de suerte de aquel objeto que llega a nuestras manos, de forma impensada. La colección inacabada como eterno retorno a la pieza perdida en el mundo. La cultura de la curiosidad que se mueve por el deseo de conocimiento y la pasión por aprender lo extraordinariamente bello que testimonie al mundo del arte. El coleccionista como un guardián de objetos.

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