Especial 7A: «Merlina», Tim Burton y su enésima e irresistible anomalía. Por MAXIMILIANO CURCIO

Con libertad absoluta, difícil de encasillar y alejado de los estereotipos tradicionales de género, Tim Burton ha abordado casi la totalidad de su filmografía. Precisamente, esa capacidad para romper con la monotonía imperante, sorprendiendo y atrapando a cada instante, es aquello que lo convierte en un director fuera de lo común, referente del exiguo cine de autor que la meca industrial ha producido desde los años ’80 hasta la fecha. Para Burton, la clave es dejarse llevar y volar con la ilusión hacia mundos de fantasía en los que suele recurrir: desde “Beetlejuice” (1988) hasta “El Gran Pez” (2003).

A la manera de una sinfonía surrealista, el cineasta californiano suele sumergirnos en sus tan particulares cosmovisiones, pergeñadas por un artista cuya ambición creativa nos ha deleitado por décadas. Apelando a tan notable capacidad de fluctuar sobre diversos climas emotivos con una natural versatilidad, nos convidó de un sinfín de historias cómicas, horrorosas, delirantes y disparatadas. Atractivos y antojadizos submundos góticos que suele abordar el autor, en reversos espejados que se elaboran como una dualidad constante en su cuerpo de obra. La fórmula infalible desembarca para el presente 2022 en la plataforma Netflix. Alfred Gough, Miles Millar y el propio Burton se dividen las tareas de creación de “Merlina”, spin off de la mítica “Los Locos Adams” (llevada al cine por el recordado Barry Sonnenfeld, en los años ’90). Portadora del sello magistral de un gestor de obras de culto como “Charlie y la Fábrica de Chocolate” (2005) o “El Extraño Mundo de Jack” (1994), la serie permite que Burton haga su debut en el formato seriado.

La emergente Jenna Ortega, centro absoluto del relato en la piel de la protagonista, se consagra con una actuación que funciona positivamente en todas y cada una las tonalidades dramáticas que aborda. Merlina Addams, una anti-heroína con encanto e interpretada por primera vez por Lisa Loring, en la clásica serie emitida entre 1964 y 1966, nació un día sombrío. Es una peculiar adolescente que viste de blanco y negro y posee poderes sobrenaturales como especialidad de fábrica. La silueta ficcional encuentra a su perfecto mentor: el icónico perfil creativo de Burton nada a sus anchas pergeñando un personaje de temer. La estelar Catherine Zeta Jones interpreta a ‘Morticia’, mientras que intérpretes como Luis Guzmán (¡cuánto extrañamos a Raúl Juliá en la piel de ‘Homero’!), Riki Lindhome, Jamie McShane, Hunter Doohan, Emma Myers, Thora Birch, Christina Ricci (la ‘Merlina’ original en la versión fílmica, resignada aquí a un rol de reparto), Georgie Farmer, Joy Sunday y Percy Hynes White, entre otros, completan el elenco. No es menor el protagonismo que en la serie adquiere la escuela “Nevermore”, una institución indicada para jóvenes marginales y excluidos en busca de busca explorar las más extrañas cualidades; un cobijo para freaks y monstruos. La cita a Poe es explícita.

Visualmente audaz, Burton desplegó a lo largo de su trayectoria cinematográfica una auténtica galería imaginativa, evidente desde una extravagante combinación de colores hasta los escenarios más grandilocuentes, para trasladarnos con sorpresa y fascinación hacia sus oníricos paisajes. ¿Cuánto queda aquí en pie de aquel arrojo y ambición? Si bien el flamante estreno no representa la cumbre de su audaz facultad, ciertas licencias insignes continúan gozando de buena salud. El cineasta apela a su despliegue más comprobado para crear magia donde todo en apariencia resultaría previsible y monótono. Es así como inunda cada secuencia de una inagotable creatividad para sugestionar a su target de audiencia teenager afín a productos del estilo de «Riverdale», en cuya resultante mucho tiene que ver el acabado visual que acomete «Merlina”, precisa hasta el extremo de lo perfeccionista. A ras del suelo, una mano derecha cobra vida propia…

El humor y la sorpresa se amalgaman, a través de ocho episodios, en las manos de un detallista que sabe elevar la calidad de un retrato adolescente, a priori, más convencional y previsible que disruptivo. Marca indeleble de esta obra concebida para la pantalla doméstica, resulta exquisita la combinación de fotografía, dirección de arte y banda sonora (a cargo del experimentado y antiguo colaborador Danny Elfmann), capaces de crear cuadros expresivos tan característicos del universo burtoniano. La incesante provocación conseguirá extraer belleza de la más absoluta malicia. El inagotable paradigma estético y conceptual de Burton cobra vida por enésima vez: creemos en lo que a primera vista podría resultar imposible, la realidad se esconde bajo los pliegues de lo sobrenatural, y es de su preocupación reflexionar acerca de vínculos trastornados y familias disfuncionales. Digna de maratón, la serie sabe pulir cada textura cromática como instrumento de un mensaje.



Categorías:La Pantalla Seriada

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