CONVERSACIONES SIETE ARTES – Patricio Orozco: «Todos los recovecos y claroscuros que habitan el alma humana están en el cuerpo de obras completas de Shakespeare» . Por MAXIMILIANO CURCIO

Patricio Orozco nació el 19 de enero de 1974, en el seno de una familia humilde, con padres que han trabajado duramente para darle las mejores posibilidades. Porteño, criado en el barrio de Saavedra, comenzó a trabajar a los 15 años como camarero en la Ciudad de Buenos Aires. Sus inquietudes lo llevaron a estudiar abogacía, comercialización, publicidad y por supuesto, arte. De sus múltiples actividades podemos enumerar: Consultor en comercialización especializado en instituciones educativas y deportivas, director e investigador teatral, dramaturgo, actor, productor de espectáculos, artista plástico y constructor. Actualmente reside en Londres y es Director del «Festival Shakespeare de Buenos Aires».

-Patricio, encontramos en tu formación y desempeño múltiples intereses, entre ellos las artes plásticas. ¿Qué lugar ocupa en tu vida y trayectoria esta disciplina?

En mí ocupa un rol central. Antes de dirigir teatro, por estas cosas de la vida y de la gente que uno se encuentra y lo estimula, empecé a pintar sin ningún estudio previo. Teniendo una idea, una emoción y un sentimiento de lo que quería transmitir, pero no una formación o conocimiento técnico. Lo que me llevó a ir descubriendo, en el hacer, la relación con los materiales, las formas, las dimensiones y los volúmenes. A raíz de una primera serie que hice, y compartiéndola con amigos artistas plásticos, obtengo una beca en el Museo de Bellas Artes. Juan Astica se convierte en el artista que hace las veces de tutor en la tarea de orientarme. Allí expuse una serie colectiva y luego siguieron algunas exhibiciones individuales. En Francia fui al taller y galería de arte que tenía Carlos Regazzoni y ahí estuve viviendo unos meses, pintando, exhibiendo y vendiendo cuadros. Posteriormente, pude tener mi propio estudio en Buenos Aires, donde pinté cuadros de grandes dimensiones. Luego, el teatro fue ganando terreno, relegando a la pintura. Nunca pude encontrar otro espacio para poder pintar y la actividad fue quedando atrás. Recién en la pandemia fue que retomé y comencé a plantear la continuidad de aquello. Siempre seguí pintando mentalmente. Creo que es una actividad que uno nunca abandona. Ahora, viviendo en Londres, la posibilidad de tener un espacio grande es infinitamente menor. Hoy miro mi bastidor, esa es la relación. Voy viendo día a día cual es el mensaje que aparece. Pintar es para mí una explosión de energía; uno tiene un pensamiento que quiere transmitir. Siempre estoy muy atento a que haya corazón en la obra, un mensaje. Arte sin mensaje, suelo decir, es decoración de interiores. Por eso, intento comunicarme con la persona que está mirando el cuadro. Espero el año que viene empezar a mostrar algo, pero sin traicionarme en ese sentido. No hacer algo porque hay que hacerlo o para que uno sienta que no está haciendo nada. No quiero que sea un pasatiempo, sino que haya algo rico detrás. No digo que esté mal, pero no es para mí esa postura. Por eso, a veces me tomo mi tiempo entre una propuesta y otra. Inclusive esto me ocurre con el teatro.

-Has escrito ensayos, artículos, realizado traducciones y publicado la primera biografía de Samuel Beckett en nuestro idioma. ¿Qué disfrutás más de tus facetas periodística y literaria?

Promover el teatro. Desde la trinchera que hiciera falta. Si se trata de estar en el micrófono ayuda a que conozcan a nuevos artistas. O si se trata de hacer un festival o dirigir. Adaptar, escribir un libro. Cuando encuentra algo que le gusta y que le parece que es algo bueno para los demás, lo que quiere hacer es compartirlo. Que cada vez más gente se acerque al fuego que uno encontró y que podamos compartir eso. Siempre que viajé y vi obras o producciones, me parecía que valía la pena compartir con la gente que quiero. Así es como nació el teatro isabelino, hecho con andamios. Son propuestas en donde intento que el teatro, que para mí es clave en el desarrollo de una persona, se propague por todos los canales posibles. Y estoy al servicio de eso. Estuve en la radio Rock & Pop, cuatro años. Contacté a Quique Prosen, director de la radio, preguntando porqué no había críticos de teatro. Algo que me indignaba ante la cantidad de críticos que cubren la cartelera, mayormente hablando acerca de estrenos comerciales que no necesitan apoyo alguno. Inmediatamente me llamó Bobby Flores, director artístico, sorprendido, favorablemente, ante esta idea bastante subversiva de mi parte. Así es como llego al programa “La Hora Señalada”, del crítico de cine Guillermo Hernández. El programa iba los sábados a la noche y fue un placer formar parte. La única premisa era proponer y criticar espectáculos que me gustaran. No se trata de agarrar el micrófono y hacer una mala crítica. Sentía que si tenía una bala tenía que ser a favor de los artistas. también, escribir para la revista Quid, hacer algunas colaboraciones en diarios o escribir el libro que mencionás, me resultó un espacio muy enriquecedor. Me conecta con gente que admiro. Hoy en día sigo haciendo entrevistas para el Festival Shakespeare y eso me permitió tener charlas con figuras como Tom Stoppard, Ian McKellen, Harold Bloom, Judi Dench o Kenneth Branagh. El periodismo es una actividad fantástica. Te permite meterte en la cocina de espectáculos, de la producción de obras de arte, y sobre todo, te permite desmitificar a las personas. Ir a la casa de estos grandes ídolos y comprobar que tienen lo mismos problemas que tiene uno. Son muy humildes y uno aprende de eso también, no solo del oficio. Son valores para manejarse en la vida. Tener la posibilidad de comunicarte con un público como el de la Rock & Pop, a quien presentarle alternativas, como el teatro, fue muy enriquecedor. Allí había mucha música y cine, poco libro y teatro y me pareció que había que estar al servicio de esa causa. En cuanto a la actualidad de mi actividad periodística, de vez en cuando me piden alguna colaboración y lo hago con sumo gusto.

-En 2006 creaste el Festival Beckett. ¿De qué forma podrías sintetizar la importancia que reviste para el teatro de una magna figura como la del dramaturgo irlandés?

Beckett ha sido mencionado como el dramaturgo más grande del siglo XX y creo que con razón. Contemporáneo de Ionesco, cuyas obras van quedando un poco atrás, Beckett nos sigue hablando en la actualidad. Puso en escena el existencialismo de una forma muy brutal, franca y honesta. Su obra cumbre, “Esperando a Godot”, nos sigue interpelando, sesenta años después de haberla estrenado. Para mí, es un clásico que a esta altura ya podría empezar a ser intervenido y adaptado. Conmigo no coincide el sobrino de Beckett, quien tiene los derechos de las obras y entiende que su tío no puede adaptarse, salvo de la manera en como él las escribió. Veo a Beckett como el autor de los silencios y a Shakespeare como el autor de las palabras. Tiene una precisión, una economía en el lenguaje, en los movimientos…es espeluznante. Una agudeza para retratar la angustia existencial que invade a los humanos. Es realmente admirable el camino que traza desde su juventud y las novelas que escribe, si llegamos a la evolución presente de sus últimas obras, en el teatro. Cada vez se fue sintetizando más y fue yendo a un teatro de imagen. Sus últimas obras terminan siendo cabezas suspendidas en la nada. Recortes de una boca en escena, que habla sin parar. Me parece que fue un quiebre muy profundo y necesario en lo que se venía produciendo a mediados del siglo XX. Su figura, tanto en la escritura como en el teatro, es ineludible. Me atrapó la ironía que maneja en los textos, como desafía al actor. Me cautivó su trilogía -«Molloy» (1951), «Malone Muere» (1952) y «El Innombrable» (1953)-. En “Murphy”, entré de lleno en su mundo desde la primera línea de la novela: <<el sol brillaba, ¿qué otra cosa podría hacer?>>. Es una relación que sigo manteniendo, habiendo alcanzado diez años del festival Beckett. Pero, como ocurre muchas veces con nobles proyectos, se truncan por falta de financiamiento. Hice un gran esfuerzo por llegar a la última edición del festival; Beckett se merecía llegar a esa década de nuestro ciclo. Me obligó, como me obliga ahora Shakespeare, a estar en constante investigación y lectura de sus textos y biografía. Un poco es estar al servicio del autor. Cuando publiqué su biografía, me ocurrió que nunca antes había escrito algo de esa índole. Lo hice por honrar su memoria y que haya más beckettianos. Es de esos autores audaces y sensibles. Creó su propio lenguaje, algo que no es para nada fácil en el mundo del arte y del teatro en particular. Fue coherente. La austeridad que tenía en sus obras la tenía él en su vida. Una vida por momentos muy enigmática, como sus personajes.

-Hace algunos años pude ver en la ciudad de La Plata, y cubrir para este medio, tu puesta de “Hamlet”, protagonizada por Alberto Ajaka y gran elenco. A tu criterio, ¿cuál es la clave en la atemporalidad de la obra de William Shakespeare? ¿Por qué pensás que las nuevas generaciones deben conocerlo?

Creo que Shakespeare es atemporal porque describió como nunca antes ni después el alma humana, aunque parezca un lugar común decirlo. Todos los recovecos y los claroscuros que nos habitan están en el cuerpo de las obras completas de Shakespeare, que es un manual de supervivencia para el ser humano. Toda la humanidad está condensada allí. Además de ser unos textos hermosos, están hablando de algo que nos pasa porque nos describe, en algún punto, a todos, sin importar en qué sociedad hayamos nacido. Eso es lo maravilloso. Y creo que es necesario, justamente, por este motivo. Al ser un catálogo tan bellamente descripto sobre nuestra condición, uno, cuando lo estudia o es asiduo espectador, empieza a tener una capacidad de detección temprana de manipuladores. Es una herramienta para el mundo real, este ejercicio de estar en contacto tempranamente con mentirosos, ambiciosos, traidores, celosos. Porque, tarde o temprano, todos participamos de esos mismos sentimientos, con mayor o menor intensidad. Pero las obras plantean muchas caras del mismo personaje y de la misma situación. Pensemos en “El Mercader de Venecia”, una obra catalogada como antisemita. Creo que, en realidad, es una obra profundamente anticristiana. Por ello, el gran ejercicio en su lectura es ver las distintas aproximaciones que tiene un tema. La complejidad que Shakespeare aporta, desde hace cuatrocientos años, a la vida secreta de sus personajes. Los seres humanos también tenemos nuestra vida pública, nuestra vida privada y nuestra vida secreta. A través de los soliloquios, esto es algo que vemos en “Hamlet”, por ejemplo. Es un gran aprendizaje para las personas, pensemos que en muchas ciudades del mundo hay un Festival Shakespeare. Al abordar a este autor, uno está presentando situaciones que no son planas, que tienen muchas aristas que nos ayudan a reflexionar. Hay modelos ahí que, llamativamente, se siguen repitiendo. El ambicioso que llega al poder y que se vuelve paranoico pensando que los que vienen lo quieren derrocar. Y así, situaciones que se repiten en la vida pública de un país o en nuestras relaciones personales. Es una gran educación artística, pero también un instrumento para comprender los vínculos humanos.

-De manos del embajador de Reino Unido en Argentina, Mark Kent, recibiste en 2019, en nombre de la Reina Isabel II, la British Empire Medal (BEM). ¿Qué significó para vos esta condecoración?

Fue una sorpresa, porque no lo esperaba. Un honor que hayan pensado en mí. No hay muchos artistas latinoamericanos que reciban este tipo de condecoraciones de parte del Reino unido. De repente me vi incluido en un grupo que tenía a Jorge Luis Borges y Daniel Barenboim, salvando las distancias en las categorías de la condecoración. Para mí fue una oportunidad de agradecer a las personas que me formaron, invité a las maestras de primaria que me enseñaron inglés y agradecí a mi madre que me estimuló a la lectura y al desarrollo artístico. Esos momentos son buenas ocasiones para compartir y agradecer a quienes contribuyeron a que yo llegue a esas circunstancias. Fue algo que incluso acá, hoy viviendo en Londres, no es muy común de encontrar. Me da la pauta de la importancia y lo destacable de haberlo logrado. Es un orgullo muy grande.

-Contame cómo y cuándo nace Próspero Producciones.

La idea de tener una productora fue siempre un objetivo para mí. Cumplí funciones en esa labor desde 2006, cuando empecé con el Festival Beckett, como si tuviera una productora. A medida que pasaron los años empecé a producir algunos espectáculos que escribí y dirigí. Cuando estrené “Cosmética del Enemigo” (en el teatro El Camarín de las Musas) empecé a armarlo y a meterme en un territorio completamente desconocido para mí. Y cuando estaba en ese proceso, desarrollo el segundo Festival Shakespeare con el Gobierno de la ciudad, auspiciándolo. Eso posibilitó una ampliación muy grande del presupuesto, y al hacerlo así, me obligó a poder armarlo a otro nivel. Fue de este modo como, entre 2011 y 2012, comienza mi productora de espectáculos.

-Después de un año sin presencialidad producto de la pandemia, regresó el Festival Shakespeare a Buenos Aires. ¿Cuáles son los principales desafíos que encontraste con el retorno a la actividad?

Nuestro festival se hace en los meses de abril, de manera que, en 2020, cuando iba a conmemorarse nuestro décimo aniversario, no pudimos hacer nada. Intenté posponerlo, pero la situación seguía muy mal. Fue todo muy imprevisto y debimos suspenderlo. Ya en 2021 hice el festival en modalidad ciento por ciento online. La verdad que fue un éxito. Realizamos todas las actividades en nuestro canal de YouTube. Me di el lujo de tener programada a Norma Alejandro, Leonor Benedetto, Mercedes Morán, Ana María Picchio, Alberto Ajaka y Elena Roger. Hicimos un coloquio hispanoamericano con académicos de toda Latinoamérica y España, también entrevistas a figuras como Stanley Wells; presentamos un documental de Harold Bloom. Nos permitió poder acercarle al público a muchos académicos muy prestigiosos, que es muy difícil coordinar que lleguen a Argentina. Por cuestiones de presupuesto y de agenda. De manera que fue una experiencia muy satisfactoria. Le hice una nota a Olivia Hussey (actriz que interpretara a Julieta en la película de Franco Zeffirelli, estrenada en 1990). Para 2022 hice un híbrido. Si algo bueno dejó la pandemia es que mucha gente que no estaba acostumbrada a usar ninguna plataforma digital, lo empiece a hacer. Y ocurre que el público del festival, en una mayor parte mayor a sesenta años, le gusta ir al teatro. Pero, al generar el hábito producto de la emergencia sanitaria, quedaron enganchados con la virtualidad. Combinamos la parte en donde participan académicos, transmitida a través de YouTube, con las obras de teatro en vivo. Contamos con expertos extranjeros que dictan charlas, algo que, dada nuestra incertidumbre económica, era inviable. Para esa sección y por tal motivo, entendí que la forma virtual era la más acorde y funcional. Es un gran desafío; la lucha no involucra tener la energía para hacerlo. Eso siempre está y es indiscutible. El presupuesto que tenemos marca hasta donde llegamos. De todas maneras, creo que el festival plantea temas que me parecen importantes, en paralelo a la obra artística. El año pasado trabajos sobre “La Violación de Lucrecia” y “Othello”, e hicimos paneles sobre la violencia de género. Este año unimos a Alfonsina Storni, hubo seminarios acerca de los suicidas en la obra de Shakespeare y, en paralelo, hablamos sobre el bullying y el suicidio infantil. Me parece algo interesante que ha crecido en estos años. De cara al siguiente, celebraremos doce ediciones. Muy contento por ello y siempre encontrando la vuelta para presentar nuestra propuesta y promocionarla en los medios, con miras a contar con más empresas que les interese auspiciarlo.

-La comunión que establece Shakespeare con el cine permanece inalterable e inagotable. ¿Pudiste ver la última versión de “Macbeth”, dirigida por Joel Coen y protagonizada por Denzel Washington? ¿Qué opinión te merece?

Me pareció que la estética es fantástica, visualmente es increíble. Sigue un poco la línea de los Shakespeare que filmaba Orson Welles (NdR: Orson Welles estrenó Macbeth” en 1948). La actriz que interpreta a la bruja, Katherine Hunter, estuvo hace poco haciendo “Rey Lear” en Teatro El Globo (Londres). Pude conocerla y estuvimos intercambiando acerca de la composición para esta película y el tratamiento de su voz, evocando esos cuervos. De las brujas macbethianas que se han hecho en cine, me quedo con ella. Respecto al matrimonio, no es el mejor ni el que me resulta más atractivo, pero entiendo que es una cuestión de gustos. Considero que están bien ambos, pero entiendo de que Macbeth tiene otra energía, otra vitalidad. Macbeth es un joven guerrero, y a Denzel Washington no lo vi ni tan joven ni tan guerrero. La búsqueda estética, la fotografía, me parece fantástica; destaco en particular la limpieza de la imagen. Me gustó que sea filmada en blanco y negro.

-¿Qué actividades promueve la Fundación Romeo?

La fundación promueve las artes escénicas. En este momento está dando talleres online, que me encuentro dictando yo. Talleres shakesperianos en los que se anota gente muy interesante. Esto ayuda a la promoción de festivales, como el Shakespeare que llevamos adelante en la ciudad o el que hacemos en la escuela, que cumple este año siete ediciones. En el que han participado más de quinientas escuelas de todo el país. Los chicos toman parte en diversas disciplinas como diseño gráfico plástica, música, poesía y trama. No existe algo así en el mundo, puedo decirte. Un festival interrumpido por la pandemia, pero que va creciendo cada año. Donde se involucran profesores junto a chicos y es una actividad muy potente. Me siento contento de desarrollar a los jóvenes shakesperianos. Además, para los docentes ofrecemos otras actividades, como las de la Royal Shakespeare Company, que hemos compartido en Argentina. Asimismo, editamos el libro “Manga Hamlet”, un texto de “Hamlet” editado en comic japonés. Todos nuestros contenidos están subidos en YouTube, en el canal de la fundación Romeo (https://www.youtube.com/c/Fundaci%C3%B3nRomeo). Allí pueden encontrar obras de teatro, conferencias, entrevistas y documentales.

-Por último, me gustaría conocer tu punto de vista, como influyente partícipe de la cultura, acerca del estado de nuestro medio teatral en la actualidad.

Me resulta difícil contestarte esta pregunta no viviendo allá. Puedo decirte que en Buenos Aires el teatro no es ‘un solo teatro’. Tenemos el teatro comercial, el teatro oficial, el teatro independiente. ¿De qué teatro hablamos? Cada uno tiene su problemática y su momento. En relación a los proyectos que nosotros recibimos, lo que puedo decirte es que ha habido un aumento de chicos que presentan proyectos relacionados con Shakespeare, y me parece fantástico que puedan encontrar un espacio para expresarlo y que se animen a abordar un clásico. Los clásicos son tal porque son buenos, no porque son viejos. Veo versiones en donde se los apropian, no respetando acartonadamente lo que se supone que tienen ‘que hacer’, o lo que tiene que ‘ser’ una obra. Pero, en lo personal, sin estar en el día a día de la actividad de Argentina, lo transito según la información que me llega de gente conocida, así es como me mantengo al tanto. Actualmente, tengo una mirada más sobre el teatro inglés que sobre el de Buenos Aires.



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