CONVERSACIONES SIETE ARTES: Nicolás Tacconi (Director de «Bigli»). Por MAXIMILIANO CURCIO

En 1999, Nicolás Tacconi filmó tres cortometrajes en la Universidad del Cine de manera independiente. En el año 2000 participó como actor en «El Juego de la Silla», de Ana Katz, película galardonada en el Festival de San Sebastián. En 2004, vuelve a dirigir y filma “Rizoma”, un documental sobre stencil art. Por primera vez, se dedica a incursionar como productor llevando adelante la obra teatral “Lucro Cesante”; también comienza a producir y musicalizar en la radio online Pixer Radio. En el año 2005 actuó y participó como productor asociado en “Una Novia Errante”. Luego, produjo junto a Aeroplano “Los Paranoicos” (2007), ópera prima de Gabriel Medina El realizador y productor, autor de los documentales «Aire de Chacarera» (2013) y «Los Rayos» (2021), presenta su nueva película «Bigli» (2022), protagonizada por Luis Luque.

-Bigli, el protagonista que da título a tu último film, parece hecho a la medida del enorme Luis Luque, quien sabe dotarlo de sutileza, carisma y autenticidad. Nicolás, ¿cómo fue la colaboración que estableciste con Luis para darle vida a tu personaje?
Tengo una profunda admiración por Luis. Lo quiero. Me gusta cuando me dice <<pichón, son palabras de una época que se fue, palabras que escuchaba cuando era chico>>. Nos juntamos en un bar para ver si quiera hacer la película y, antes de que traigan el café, habíamos encontrado un punto en común muy personal. Y desde ahí, con humor y mucho amor, Luis hizo un esfuerzo gigante para darle vida a BIGLI. Y más que nada hablamos de esas cosas, de buscar cierta redención o que al menos se entienda que un tipo casi fuera del mundo puede tener el corazón puro y ese valor esta por sobre todas las cosas. Luis le puso el cuerpo a la película y con el tiempo espero se valore lo que hizo en BIGLI, porque no muchos llegan a ese lugar.

-El espíritu de antaño y la profundidad urbana porteña habita en bares añejos u oficinas de redacción, otorgando a “Bigli” (2022) identidad conceptual y estética. ¿Cómo trabajaste este aspecto durante el rodaje?
Ese es un trabajo de muchos; en el guion, en la búsqueda de las locaciones, en libros y películas. Pero, también, porque conozco medio de costado  redacciones de diarios o revistas. Bueno, varias cosas del mundo de mi padre y una mirada que se me fue armando de ese mundo. Y eso era funcional a la historia, porque en algún momento BIGLI necesita recuperar ese espíritu de investigación en la película.

-“Bigli” bebe de las fuentes del cine negro clásico, insuflando un aire detectivesco asociado al periodismo de investigación. ¿De dónde nace tu interés por estas atmósferas?
Ya de chico tenía ese espíritu, antes de leer o ver nada. Todavía tengo unas tarjetas de detective privado que me regalo mi papa cuando estaba en el primario. Iba al colegio y las repartía. Solo me ofreció trabajo una maestra para buscar el culpable de algún lio, así que por supuesto abandone el trabajo. Después en la facultad conocí el cine negro y volví a repartir las tarjetas que tenia de chico… (chiste).

-Tu documental «Los Rayos»(2021) sigue el rastro de una generación de músicos de Hurlingham a comienzos de la década del setenta. ¿Cómo influencia tu vida y tu carrera la cultura rock?
Creo que mucho, siempre estuve cerca de músicos amigos y a la búsqueda de discos. Son de las cosas que hablo con mis amigos. Y también, si vivís en Hurlingham, y de chico te interesan más este tipo de cosas es inevitable que lo que paso ahí con Sumo y el mundo que se armó alrededor te llegue de alguna forma. Cuando hicimos «Los Rayos», ese amor por la música de los protagonistas fue algo que nos quedó.


-En “Aire de Chacarera” (2013) abordás el documental para adentrarte en la figura de Mario Arnedo Gallo, compositor de folklore y padre de Diego Arnedo. El film visibiliza un viaje de descubrimiento, en búsqueda de una historia familiar y del origen de un género musical. ¿Qué te atrajo especialmente de esta historia?
El viaje. Y la música de Santiago del Estero. Para nosotros fue un poco mágico, y a veces me dan ganas de volver pero me asusta que eso que vimos hallá dejado de existir. Porque, al menos en los lugares donde estuvimos, la música tiene un lugar casi religioso. Y también encontrarme con la música y poesía de Mario Arnedo Gallo. Y ver de que manera había llevado adelante su obra, sin ningún tipo de pretensión relacionada a la industria.

-¿Qué circuitos encontrás actualmente para exhibir tus films y qué reflexión podrías dejarnos del estado actual del cine nacional?
Creo que hay que ser muy ingenioso y reconocer que estas películas pertenecen a un circuito más chico y que en las grandes cadenas de cines están destinadas al fracaso. Me parece que es un circuito que hay que construir. Público interesado en verlas hay. Seria buenísimo sostener un circuito. No soy un experto en la materia, pero si veo amigos míos con grandes ideas peleando por poder filmar una película cada 10 años y teniendo que resignar hasta lo imposible para llegar a filmarlas.
Pero es lo que elegimos y hay que seguir adelante.




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