ALTA FIDELIDAD – «El Oficio de Dar», propuesta poético-musical en el C.C.C. / por Maximiliano Curcio

UN ARTISTA SABE BRINDAR

<<Somos lo que nos dieron. Somos lo que damos. El oficio de dar construye. El oficio de músicos y poetas que enseña y nos incentiva a escribir, a cantar, a vivir, por el solo goce de dar>>. Las precedentes líneas dan comienzo a esta obra poético-musical, resumiendo la intención principal. Dar, un artista nace para dar. De igual manera que un padre da vida su hija, y aquí se encuentran, sangre de la misma sangre, brindando, para no quedarse con las manos vacías, como ellos aseguran. Textos y músicas que vienen desde la adolescencia para Julieta, algunas de dichas composiciones escritas por Ricardo, pensando en una Argentina mejor. Melodías que prolongándose desde remembranzas entrelazadas del propio vínculo entre padre e hija. Ella, actriz y cantante. Él, cantante, compositor y poeta.

Quizás, podamos capturar la esencia de este proyecto en interminables reuniones familiares. Elementos imprescindibles del día a día que van nutriendo a esa curiosidad por el mundo del arte, cuando la poesía se nos revela como un maravilloso hallazgo. Pasiones que se nos despiertan como tesoros, esa preciada revelación. Surcan el aire melodías que vienen desde tiempo atrás, desde la bohemia que se respiraba en la casa de infancia de Julieta. Sobran motivos para celebrar la reunión. Una reunión demorada por más de veinte años, pese a las mutuas ganas. Ellos dos han decidido hacernos este regalo, continuando el sagrado ritual de compartir el buen gusto de nuestra cultura. Formando parte del ciclo “Agosto Poético”; en la Sala Solidaridad del Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini, durante todos los miércoles de agosto y septiembre, un espectáculo intimista da comienzo a las veinte horas.

<<Astilla de esa madera>>, como textualmente ha dicho, en más de una ocasión Julieta Díaz, refiriéndose a Ricardo Díaz Mourelle, gestor de la propuesta artística denominada «El Oficio de Dar»; un refugio, hecho de música y poesía imbricadas, que nos abriga el alma. Durante los siguientes setenta minutos, padre e hija recorrerán un camino juntos. No están solos, los acompaña una excelente formación: Daniel Homer en guitarra, arreglos y dirección musical, Leandro Marquesano en piano y Diego Gazzaniga en percusión, quienes completan el quinteto que se presta a recorrer un fértil sendero hecho de canciones y poemas que abrevan en la identidad folclórica de Atahualpa Yupanqui, también en la obra de exquisitas plumas como Juana Bignozzi, Juan Gelman o J.L. Ortiz. Julieta ha repetido, además y con gran acierto, que tener entre manos estas poesías es como saborear caramelos en la boca. Maestros y maestras de la palabra escrita en nuestra lengua hacen su aparición en la noche y convierten a cada poema en eslabones que van enlazando el repertorio de canciones. Nos sumergimos en textos de gran sutileza, y sensibilidad, leídos con igual compromiso y sentimiento por los enormes Julieta y Ricardo.

Cargas genéticas y raíces musicales de nuestra tierra se manifiestan a través de un cúmulo de canciones conformado por: “La Pobrecita” y “El Arriero”, de Atahualpa Yupanqui; “Triunfo Agrario”, de César Isella y Armando Tejada Gómez; “Zamba de Juan Panadero” (y una anécdota que refuerza la importancia de dar), de Manuel Castilla y Cuchi Leguizamón; “De Fiesta en Fiesta”, de Peteco Carabajal y los hermanos Ríos; «Estrella, Estrella» (dedicada por Julieta a su hija, Helena) de Víctor Ramil e “Inconsciente Colectivo”, de Charly García. El itinerario elegido también aborda temas de propia autoría, como: “Soñamos soles”, “Jóvenes perpetuos” (y una sentida mención a los desaparecidos en la última dictadura militar), “Diciembre del 2001” (en palabras de Ricardo, una chacarera que no es feliz, <<nació a destiempo>>, acota) y “Tiempo Celeste”, de Ricardo Díaz Mourelle. Luego, llega el turno de que Julieta nos deleite con “Luz de Río” y “Rojo”, a pedido de papá; composiciones en coautoría junto al destacado músico uruguayo Diego Presa (en 2021 editaron el EP “El Revés de la Sombra”, ver reseña en: https://revistasieteartes.com/2022/06/21/novedades-discograficas-el-reves-de-la-sombra-de-julieta-diaz-diego-presa-por-maximiliano-curcio/).

“El Oficio de Dar” es un espectáculo cargado de emoción que demoró décadas en concretarse. Un proyecto creativo hecho con calidez y calidad. Ellos lo disfrutan como a todo sueño hecho realidad: padre e hija se miran con atención, complicidad y devoción, a cada instante. Juntos, recuerdan y dedican la función a Celia (madre de Ricardo, abuela de Julieta), quien poseía una superlativa vocación para cantar, pero sufrió la postergación propia de una época desigual. Sobre el escenario, y vaya homenaje a su sangre, conmueve la desenvoltura de una de las actrices más destacadas de nuestro medio, quien deja oír su bellísima voz y revela múltiples capas, radiantes matices, de su eximio talento. La intérprete sabe de qué se trata interpretar, y el lenguaje sonoro y poético se hace emoción en sus fibras, atravesando cada gesto: el sentido de verdad está inscripto en la palabra pronunciada. Poner el cuerpo, como canta Julieta, porque solo se puede amar lo que se puede vivir. O acaso, cuánto más cuenta media hora intensa que una vida sin pasiones.

La memoria nunca falla, y es así como surcan la noche instantes que unen a padre e hija. Julieta recuerda haciendo sonido para un show de Ricardo, allá por sus dieciocho años. La banda suena afinadísima, el tiempo vuela y los encuentra, entre aplausos y ovaciones, sobre estas tablas. El destino no se equivoca. Cabe aclarar, no es la primera vez que ambos coinciden, habiendo trabajado juntos en «Juan y Eva» (de Paula de Luque), «099 Central», «Pequeñas Victorias», «Norma Arrostito, la Montonera» y «Tontos de Amor» (de Rubens Correa). El abordaje conceptual del imperdible «El Oficio de Dar», en su docena de canciones y poemas, hace hincapié en el sentido del cambio aunque haya cosas que nunca cambien: las músicas nos hablan de pertenencia y porvenir, de lazos construidos y rumbos elegidos. Nada más honesto y genuino que aquello a lo que se ama, por lo que se vibra y en lo que se cree. Y no posterguemos la dicha de seguir encontrando la belleza en las cosas más simples y maravillosas que el mundo ofrece a nuestros ojos. La flor abrirá en todo lo que vale la pena prolongar y nos hará necesario cantar de nuevo, una vez más. Bravo, trovadores.



Categorías:Alta Fidelidad

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: