RESEÑAS DE LÁPIZ Y PAPEL: Kafka, por Jesica Sabrina Canto

Las obras kafkianas

Se denomina a la obra de Kafka como una literatura menor contra el símbolo. Representa la potencia real de una experiencia que parte de un estado irreal en busca de un resultado imposible, que tal vez se logre concretar. Este autor hace mención del término “Pequeñas literaturas” en su diario, como una teoría en relación a la ausencia de tradición literaria ni estética en la lengua alemana, como una literatura sin modelo a seguir.

Deleuze y Guattari, en su texto “¿Qué es una literatura menor?” (1978), definen a la literatura menor como la literatura que una minoría hace dentro de una lengua mayor (en Kafka por el uso del idioma alemán burocrático). Hacen referencia a la potencia revolucionaria del arte, hace de la lógica del doble vínculo un dispositivo de enunciación revolucionario, forma de sortear las trampas de la lógica por sobredosis de lógica.

Conciben a Kafka como una máquina literaria (de guerra), cuyos componentes (cartas, cuentos y novelas) poseen cada uno un dispositivo de enunciación distinto: Sus cartas generan un pacto vampírico (muchas cartas seguidas exigiendo respuesta para mantener el flujo de la escritura en movimiento), el enunciador viaja por el imperio y se queja de los sinsabores. Sus cuentos plantean la transformación en términos de un devenir animal, relatos de huidas que se alteran, salidas que se bloquean, generando una transformación fallida. Las novelas aparecen como interminables, infinitas (intentos de fuga que tienen otras posibilidades narrativas), no se concluyen.

Barthes, en “La respuesta de Kafka” (2003), refiere a la técnica compositiva de la alusión, signos cuya referencia queda siempre en penumbras. Plantea que las obras de este autor mantienen siempre abierta la significación, que se basa en márgenes siempre abiertos, en lugar de en centros simbólicos.

Se puede pensar en tres grandes ejes temáticos en la obra de Kafka: la tiranía, la injusticia y el temor. Este último aparece en los cuentos sobredimensionado, agigantado hasta tornarse absurdo y reciclable; constituye un punto de partida de los relatos, un puntapié inicial de fábulas que ponen en escena la voluntad de huida de un ser atrapado en las redes de una estructura soberana. Sus obras minan el alcance de las matrices totalitarias de la familia y la nación, es un discurso que gana en potencia a medida que expresa su impotencia, marcado por personajes que sucumben en la puja de fuerzas.

En sus cuentos, Kafka trabaja con relatos mínimos, fragmentarios, con escenas hipotéticas que ponen en cuestión la noción clásica de contemplación a partir de la herencia y voluntad de huida de los narradores para atisbar el afuera de la ley. Presenta un marco realista de temerarias ensoñaciones, espacios de frontera, límite entre la reclusión interna y la ansiada salida. La línea de fuga es bloqueada y el devenir de los personajes se detiene. Se puede hacer referencia a un juego de luces y sombras entre el enunciado y la narración. La inteligibilidad e interpretación de una misma situación se suele oponer, no coinciden, pero coexisten sin anularse mutuamente, generando un efecto de extrañamiento.

En el cuento “Ante la ley”, un hombre va ante el palacio de la Ley, pero un guardia (monstruo) le dice que no puede entrar en ese momento, aunque la puerta está abierta. El guardia atemoriza al personaje diciéndole que dentro hay guardias más fieros, por lo que el hombre decide esperar y se hace viejo. Plantea la pregunta de por qué si todos quieren llegar a la Ley, no vio a nadie intentando entrar por allí, a lo que el guardia le responde que esa puerta era solo para él, pero ahora es momento de cerrarla. Se puede apreciar en este texto la constatación de un límite y la ausencia omnipresente de la norma moderna. Hay un contrapunto entre el campesino y el custodio de la Ley, siendo que la línea divisoria entre los personajes se materializa con la forma de una puerta abierta.

En el cuento “Un mensaje imperial” el emperador moribundo te convierte en su mensajero (a ti), debes llevar un mensaje, pero no terminarías nunca de llegar a destino, “te sientas junto a tu ventana y te lo imaginas”. Acá se presenta un imperio sin fin a la vista, el espacio se subdivide infinitamente, se multiplica y por tanto se vuelve imposible todo movimiento poniendo en jaque la demanda de la ley. El mensaje es vacío, el emisor sin voz, el medio inoperante, y el receptor inhallable; al final se imagina la muerte del soberano y por tanto de la Ley.

En el cuento “La condena” un hombre mantiene correspondencia con un amigo que se fue a Rusia a probar suerte y le va mal, y él que le fue bien en los negocios y se está por casar no quiere contarle para que no se sienta más desdichado. Habla con el padre pidiendo consejo y se preocupa por su salud, pero el padre le dice que lo del amigo es una farsa, parece burlarse habiendo perdido la cordura. El protagonista sale de su casa y se suicida arrojándose de un puente. En este texto aparece la asimetría del espacio en el marco afectivo y familiar, el juego con el dispositivo epistolar, el final inesperado, la furia paterna desencadenada, y el fracaso en relevar al padre (en el negocio, en meterlo en la cama, en reubicarlo en la casa).

El cuento “Preocupaciones de un padre de familia” gira en torno a un objeto o ser que aparece y desaparece dentro de la casa, nombrado como Odradek. El aspecto de este es raro, como si estuviera roto, solo responde a la pregunta por su nombre y “domicilio desconocido” ante la pregunta de dónde vive. El personaje humano se pregunta si el Odradek morirá o seguirá entre sus hijos y los hijos de estos, lo cree inofensivo pero la idea de que lo sobreviva le resulta dolorosa. En esta obra se plantea la idea de que sin una inscripción censal la ley no puede interpelarlo. La existencia de Odradek descompone el sistema clasificatorio de lo viviente fundado en la posibilidad de registrar y ordenar a partir de una nomenclatura. Surge la discusión sobre el posible origen del nombre, pero es insuficiente, ya que carece de significado. El narrador es el padre que intenta interpelar a Odradek, pero su respuesta destartala la lógica del intercambio.



Categorías:Reseñas de Lápiz y Papel

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