RELATOS – MARIANELA, LA MUÑECA DE TRAPO. Por Daniela Patrone

Marianela fue el primer regalo que recibió Renata en su primera Navidad. Se trataba de una simpática muñeca de trapo, con carita dulce, pecas, cabello de lana rojo y vestido azul con lunares blancos, en la cintura llevaba un lazo rosa a modo de cinturón.

A partir de ese 25 de diciembre, Renata y Marianela se hicieron inseparables. Para la niña no existía otro juguete más importante que su hermosa muñeca. Cuando comenzó el jardín de infantes, se la llevaba junto con ella y a pesar de que la maestra siempre quería guardársela en la cajita junto a los juguetes personales del resto de los niños, Renata no se lo permitía. Comenzaba a llorar sin parar y no quedaba otra opción que ceder a su capricho. Aunque más que capricho, era un amor infinito hacia su preciada muñeca. Era poco usual ver a Renata sin Marianela, donde quiera que fuese, la muñeca de trapo iba con ella.

Pasaron unidas toda la infancia de Renata, pero cuando la niña cumplió los doce años, algo cambió. Ya no la llevaba a todas partes, ya no le contaba sus secretos ni la abrazaba en las noches de tormenta para no sentir miedo; Marianela había quedado relegada en un rincón de la habitación. La estocada final llegó cuando la madre de Renata apareció con una caja enorme, en la que estaba escrita la palabra “Juguetes”.

La mujer comenzó a guardar allí todos los juguetes que se encontraban en la habitación, incluyendo a Marianela. Luego los llevó al sótano de la casa, depositó la caja en el piso y se fue.

La muñeca levantó la tapa de la caja y observó el lugar… todo estaba oscuro, no había ventanas y el olor no era agradable, ¿Dónde se encontraba? Jamás había estado en esa parte de la vivienda. Se animó a salir de la caja para inspeccionar el sitio. En las paredes había estanterías y sobre ellas, muchos juguetes antiguos. A algunos les faltaba un brazo, un ojo o estaban muy sucios. De repente, un bebote, que en apariencia era el más antiguo, se acercó a Marianela.

— Bienvenida, muñeca. ¿Cómo te llamas?

— Marianela, ¿dónde estamos?

— En el lugar del olvido, estamos en el sitio donde nuestros dueños dejan tirado a los juguetes viejos, rotos, feos; este es el lugar de los juguetes olvidados.

La muñeca no podía entender lo que sucedía; era imposible que su querida amiga Renata la hubiese olvidado, después de todo lo que habían compartido. Marianela comenzó a llorar. De repente apareció otro juguete, se trataba de una bailarina clásica, que se acercó a ella para consolarla y dirigiéndose al bebote, dijo:

— ¡Mira lo que has hecho! Se ha puesto triste por tu culpa.

— Yo solo he dicho la verdad. Debe comprender que la ley de los juguetes es esta, nos crean, nos regalan, nos usan y cuando se cansan nos desechan. ¿Acaso alguien piensa en nosotros cuando ya no somos unos impecables juguetes nuevos, o cuando llega algo que los entretenga más? — Todos quedaron en silencio, sabían que en el fondo, el bebote tenía razón.

El resto de los juguetes se fueron acercando a Marianela y se presentaron. Había un soldadito de plomo, dos osos, un cocodrilo, un perro, tres autos de diferentes tamaños, una jirafa, un pony, un hada, una sirena, la bailarina ya mencionada y el bebote, que había sido el primer juguete de la madre de Renata. Cada uno le fue contando a Marianela su historia. La muñeca comenzó a sentirse más animada.

De pronto, la bailarina, que se llamaba Cindy, dijo:

— Ahora que ya nos conoces y eres parte del grupo, te contaremos cual es nuestro plan para salir de aquí.

Marianela escuchó atentamente.

— Todos los juguetes del mundo somos creados en el Polo Norte, en la gran fábrica que tiene Santa Claus en su casa. Debemos ir hasta allí, para que los duendes navideños nos vuelvan a poner en condiciones y nos repartan en nuevos hogares, de esa forma volveremos a ser útiles.

Marianela quedó pensativa, no estaba segura de querer tener una nueva dueña; finalmente el resto de los juguetes la convencieron ¿qué haría sola en ese lugar tan triste, marchitándose día tras día?

El plan consistía en lograr abrir la única puerta que tenía el sótano y escapar por la noche, cuando todos estuviesen durmiendo. Antes de la llegada de la muñeca de trapo, el resto de los juguetes que habitaban el sótano habían planificado la ruta que harían para llegar hasta la casa de Santa Claus. Quedaba por ultimar los últimos detalles, estuvieron trabajando en ello durante toda la semana y finalmente el sábado por la noche, lo llevaron a cabo. Entre todos abrieron la puerta y escaparon.

Una vez fuera, Marianela se detuvo un instante y miró en dirección a la casa en donde había pasado los momentos más felices de su existencia, junto a una amiga que, a pesar de todo, ella jamás olvidaría. Su corazón de muñeca quedaría por siempre entre las paredes de esa vivienda. El soldadito de plomo la tomó de la mano y todo el grupo salió corriendo rumbo a su libertad.

La travesía no fue fácil, duró años. El Polo Norte se encontraba más lejos de lo que ellos se imaginaban. Pasaron por grandes ciudades, islas, montañas, desiertos, conocieron el frio y el calor extremo. Por suerte eran juguetes y resistieron. La aventura unió a todos los integrantes y formaron un hermoso grupo de amistad. Finalmente, después de tantas vicisitudes, llegaron a la casa de Santa Claus. Se abrazaron y lloraron de alegría, estando unidos lograron su cometido.

Se quedaron en la puerta y unos minutos más tarde, un duende los encontró.

— ¡Oh, cuántos juguetes! ¿Cómo habrán llegado hasta aquí? — Agarrando a bebote, agregó: —Están bastante sucios y algunos gastados, pareciera que pasaron mucho tiempo en la intemperie. No se preocupen, amiguitos, los llevaré a la fábrica y en unas horas estarán listos para que Santa los reparta en esta noche de Navidad.

Sin saberlo, los juguetes habían llegado justo en Nochebuena. En la fábrica, los duendes navideños los limpiaron, a los que necesitaban les ajustaron algún brazo o pierna, en el caso de los peluches les cocieron las rupturas, Marianela recibió un vestido nuevo, pero del mismo color que el anterior, y así todos quedaron impecables. Antes de que sean guardados en la mágica bolsa de Santa Claus, el grupo de amigos se abrazó y se despidió, sabían que a partir de esa noche comenzarían una nueva vida, en una nueva casa, alegrando la infancia de un nuevo niño. Tal vez, algún día, sus caminos se volviesen a juntar, pero si no fuese así, sabían que iban a estar por siempre unidos en sus memoria y en sus corazones.

Comenzó el viaje de Santa Claus. La bailarina fue a parar a la casa de una niña que amaba el ballet; el soldadito de plomo fue el regalo para un niño que cuando se hiciese mayor soñaba con ser policía; los dos osos se mantuvieron unidos, ya que fueron el obsequio para dos hermanas gemelas; el bebote sería el primer regalo de Navidad para una bebe recién nacida y así, cada uno de los juguetes se fue ubicando en un nuevo hogar. ¿Qué sucedió con Marianela, la muñeca de trapo? Apareció en una chimenea, entre otros obsequios. Unas manos de mujer la tomaron y Marianela la reconoció de inmediato. Habían transcurrido muchos años, ya era toda una mujer, pero sus ojos seguían brillando como una niña, ante su muñeca favorita. Era Renata.

— ¡Marianela! ¿Dónde te has metido en todos estos años? Desde que mamá, por error, te guardó en la caja con el resto de los juguetes, te he buscado como loca. ¡Me has hecho tanta falta! — Renata abrazó y besó a su preciada muñeca, luego, acercándose a una niña de aproximadamente cinco años, muy parecida a ella cuando tenía esa edad, le tendió a Marianela y le dijo:

— Sofía, hija, Santa Claus te ha traído a esta hermosa muñeca de trapo, se llama Marianela y te puedo asegurar que será para ti la mejor amiga que jamás podrás tener.

Marianela estaba viviendo una de sus mejores Navidades; Renata nunca la había olvidado, estaba de regreso en su hogar y ahora acompañaría el crecimiento de la hija de su mejor amiga ¿Qué más podía pedir? A diferencia de lo que decía bebote, el destino de un juguete es totalmente impredecible.

Fin

Daniela Patrone

Doce campanadas de Navidad (2019, Editorial Enigma)

ISBN: 9789874939197



Categorías:Pulsos

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