RESEÑAS DE LÁPIZ Y PAPEL – Análisis de la novela “El dios de las pequeñas cosas” de Arundhati Roy. Por JESICA SABRINA CANTO

“El dios de las pequeñas cosas”, de Arundhati Roy, es una novela que realiza una crítica al colonialismo británico y su legado, a las estructuras de poder y las injusticias de una India post colonial. Esta obra trabaja con cuestiones pequeñas en lugar de con las de mayor envergadura y hace uso de la cultura popular, además de hacer referencia a “El corazón de las tinieblas”, de Joseph Conrad.

El libro trabaja con la estructura de misterio, al principio hay un crimen y luego se va develando de a capas. Se plantea el considerar el crimen en el contexto nacional social. Se ponen de manifiesto las cuestiones no dichas, y la reiteración y reconstrucción del relato como revelador en sí, con la idea de evitar la noción de una sola historia. Esta obra utiliza la estrategia de la saga familiar como material narrativo, un relato a través del que se construye un microcosmos, un pequeño mundo, que se convierte en una alegoría de las comunidades locales. Los personajes son llevados al borde de las comunidades, a la transgresión, como desplazamiento del microcosmos familiar. Aparece la figura de lo traumático, el trauma, la violencia física y simbólica tienen efectos sobre todos los ámbitos. El relato, en su forma, refleja la cuestión de ser el efecto de un trauma: desarmado, fragmentado, atravesado por un shock.

Hay un intento de construir una historia a partir de la saga familiar, articulada con una lógica de la gracia, de la figura del Dios. Plantea que la historia se formula a partir de determinadas prácticas privadas, menores, que en términos de escala no repercuten en la Historia, sino que se articulan como una especie de red en el ámbito de los comportamientos. Se pone en juego la lógica de yuxtaposición y de la fragmentación que exige del lector una relectura y un acomodamiento de los episodios, que hace que él forme parte de esta práctica de intento de reconstruir la historia.

Se plasman diferentes reflexiones sobre la lucha entre las clases. La estructura de la obra entrecruza dos momentos especiales (diciembre y junio de diferentes años) y explora los mecanismos que presta la memoria a los relatos. Plantea que el colonialismo no es suficiente para explicar las cosas, sino que hay más de una forma de ver las cosas y que se debe tratar de verlas todas.

La autora se enfoca en las evidencias más pequeñas y utiliza la maniobra de operar en espacios domésticos, cuestiones de interrelación, y de la conciencia de niño. Plantea la complicidad de las elites del lugar con un retrato explícito de los sistemas de poder, complicidades y lógicas pervertidas del Estado, además del uso de la violencia. Se aborda la temática de la disparidad de género (la figura de Amon encarna las protestas feministas) y de las castas jerarquizadas, en conjunción con el fervor del elitismo. Aparece la complicidad entre un patriarcado de las castas y un patriarcado del Estado. La obra busca revelar las estrategias de un Estado opresor y hace alusión a una India que se auto referencia según la mirada internacional.

Se da una tensión entre los pequeños relatos y sujetos minorizados con la Historia, que aparece como una complejización en lugar de como una contraposición. Hay una articulación entre las figuras universales y las locales. Se instituye una voz en la que lo individual aparece en tensión con lo colectivo.

Se muestra a la naturaleza como una posible instancia alternativa, pero en verdad la obra fórmula más dudas y preguntas que alternativas. Los personajes encarnan una especie de resistencia al conformismo y al estatus, pero terminan anulados (muertos o enajenados). Perdura, en su lugar, el eco de las acusaciones que alimenta el trabajo de concientización (que evitaría la repetición).

La novela recorre dos ejes temporales, los años sesenta y los noventa, marcados por sucesivos traumas y transgresiones. Trabaja con la hibridación temporal, el presente aparece constituido e irrumpido por un pasado con silencios y escenas imposibles de recuperar. Se muestra una idea de los personajes capturados por el pasado y detenidos en el tiempo. En este libro los recuerdos no son propiedades individuales ni efectos de la voluntad individual. El silencio se limita a la supervivencia, aparece la figura (personaje) que se niega a volver al pasado y a sus interpelaciones.

Hay una transmisión post traumática de todos los personajes que tiene efectos en la estructura misma de la novela, que ofrece signos de un desorden narrativo (flashback, olvidados, repeticiones) que conjuga lo temático de la historia con la forma de la escritura. Hay una dislocación en el orden de la lengua (neologismos, palabras cortadas, oraciones sin verbo, composiciones de palabras nuevas, intervención de palabras vinculadas a las lenguas locales) que pone al lector en un lugar incomodo, poco habitual, logrando que parezca experimentar los síntomas del trauma.

La obra realiza una exploración de la actividad lateral de los personajes (sueños, fantasías, momentos contemplativos). Los traumas de los personajes tienen una repercusión en el ámbito comunitario, como efecto de la gobernanza colonial y de los patrones de comportamiento vinculados al sistema de castas y al sexismo que son constitutivos de la sociedad india. La figura tradicional (personaje) termina aislada a partir de dispositivos de colonización que ya no forman parte de la colonización moderna, sino de la neo colonización o del fenómeno de la globalización.

Mohanty, en su texto “Bajo los ojos de occidente. Academia Feminista y discurso colonial” (2008), y Spivak, en su texto “¿Puede hablar el sujeto subalterno?” (1998), refieren a las cuestiones temáticas que aborda esta novela. Plantean un análisis crítico del discurso del poder, del modo en que el discurso del poder generaba figuras estereotipadas o formas preconcebidas y codificadas de representación del otro. Refieren a la cuestión de la agencia de estos sujetos codificados por otros, a la posibilidad de que estas figuras subalternas son capaces de generar resistencia, disidencia o producir contra-historias de lo colonial.

Los estudios post coloniales abordan de manera frontal el hacer una evaluación de las posibilidades, capacidades, y efectos que tienen la acción específica de estos sujetos sub alternos sometidos a un aparato político, filosófico y epistemológico que funciona como un mecanismo de opresión y cuáles son las estrategias y extensión que tiene la práctica de estos sujetos. La pregunta por lo post colonial se vuelve una manera de sondear las continuidades y discontinuidades de lo colonial; el modo en que el colonialismo se transforma, se reacomoda, a una forma neo colonial; el pasaje de un colonialismo territorial a un colonialismo de orden económico y epistemológico. Se trata del problema del historicismo y el relato de la historia.



Categorías:Reseñas de Lápiz y Papel

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