NOVEDADES LITERARIAS / «Panambi» de María Nieves Gorosito

Sinopsis

Ela Walsh, oriunda de Paraná, escapa de los mandatos y silencios familiares y se radica en Buenos Aires en busca del futuro que desea. Maestra de artes plásticas consigue trabajo en Los Olivos, un hogar de ancianos donde conoce a Francisco, quien reavivará sus postergados deseos de mujer.

Arasí Iverá, mujer nativa Guaraní de Tekoha Sauce, Paraguay, se ve obligada a abandonar su cultura, su amor y su gente, a causa de la construcción de una obra hidroeléctrica que expropia las tierras de su pueblo. Radicada en la Argentina, la vida le cambia de la noche a la mañana y se sumerge en un mundo de discriminación y violencia, en el cual pierde todo.

Ambas mujeres lucharán por encontrar su pasado, escrito en silencios y agresiones, y solo lograrán la paz al conocer sus verdades de la mano del amor.

Una historia narrada en dos tiempos, en Buenos Aires de 2022 y en la época de las dictaduras de Argentina y Paraguay.

El amor, en los diferentes vínculos, nos atraviesa a todos y va más allá de cualquier cultura. El Amor no excluye al dolor, pero es precisamente ese revés lo que permite hacer del dolor… mariposas.

Fragmento:

Prólogo / El sueño

Su piel percibe la calidez del sol, y apenas si puede abrir los ojos; los destellos de luz la enceguecen. En aquel exceso de claridad, se dibuja, confusa, una silueta: alguien la lleva de la mano sobre aquel colchón de hojas amarillas, que crujen bajo sus pies.

Unas manos delgadas y fuertes, aunque ásperas, imprimen un calor familiar en sus sentidos. Su risa le resulta contagiosa; la hace reír también. Pero, de pronto, un agudo pitido en los oídos la ensordece, como si hubieran disparado un cañón. Un agujero negro parece devorarse de un bocado ese apacible entorno.

Las risas se convierten en lamentos que acompañan sus desesperados y perdidos pasos. Sus manos se esfuerzan por mantenerse unidas a las de su compañera, pero finalmente una fuerza desconocida las separa. La perdió, y ahora está sola. Siente que la angustia y el miedo le oprimen el pecho, le cuesta respirar.

La calidez del sol se convierte en una espesa y fría oscuridad. Ya no se encuentra al aire libre, sino en un ambiente cerrado, húmedo y con el aire viciado, como el de una prisión. Ese aire relente junto a la angustia le revuelven el estómago, y siente ganas de vomitar.

Se detiene. Apoyada sobre una pared, trata de ralentizar la respiración, mientras sus ojos se acostumbran a la oscuridad. Es una habitación con muebles viejos dañados por el paso del tiempo. Cuando se repone de su malestar, busca a la mujer que la acompañaba. Esquiva con los pies el desorden; un montón de pinceles, pinturas secas y algunos pedazos de lienzos secos y amarillentos se encuentran desperdigados por el piso.

Un grito le tensa la espalda, y un frío le recorre toda la columna. No tiene dudas, es ella. La mujer que la acompañaba en su paseo está en peligro. El miedo le acelera los latidos del corazón; se le baja la presión, y la vista nuevamente se torna borrosa; pero esta vez no se detiene a recuperarse. Inhala profundo y acelera su marcha con decisión, aunque sus pasos sean torpes por los mareos que le produce esa cantidad de adrenalina en la sangre.

Agudiza el oído ante un nuevo grito, viene del fondo de un largo pasillo. Se echa a andar ignorando su estado temeroso, decidida a ayudar. Aunque estuviese corriendo hacia la boca de un oso hambriento, no puede ignorar los gritos que le piden auxilio. El pasillo, que parece nunca terminar, se extiende a medida que ella avanza. Una puntada en el vientre, debido al esfuerzo físico, le impide seguir, y se apoya sobre sus rodillas. La carrera le resulta interminable. Las lágrimas saltan de sus ojos por la frustración y la desesperación; perdió el rastro. No la escucha más.

Desde el fondo del pasillo viene volando una preciosa mariposa de resplandecientes colores: blanco, violeta y púrpura, con delicadas líneas color amarillo oro. Aquel atractivo insecto danza a su alrededor, y ella cae bajo el hipnotismo de su encantador baile; las líneas de su danza parecen tranquilizarla. Un nuevo grito estalla. La mariposa desaparece en un agitado aleteo, y ella corre nuevamente.

Mientras avanza, además de la voz que le pide auxilio, escucha voces masculinas que quieren acallar y tranquilizar a la mujer. Uno de ellos solloza en súplica: «Tranquilízate, es por tu bien». Una luz rectangular se abre al final del pasillo, podría ser la habitación que está buscando. Sí, es esa, de allí vienen las voces. Pero a los pocos pasos de alcanzar su objetivo… un nuevo ruido ensordecedor se desata en sus oídos, y ella retrocede, tapándose las orejas. Un portazo la sobresalta, y ella, como siempre, despierta angustiada.

Cuando escapó hacia Buenos Aires, el sueño dejó de atormentarla. Traía tantos problemas en la palma de la mano que no había lugar para aquello que estuviera más allá de la consciencia. Dejar la estancia, en Entre Ríos, fue un empezar de cero y en soledad. Lo más fácil fue renunciar a una vida de comodidades que, al tapar su verdadero deseo, no resultaban tan cómodas. Lo más difícil fue que su padre no volviera a dirigirle la palabra. Ese fue el precio que Ela pagó por su libertad, perder el amparo familiar.

Pero el confinamiento y el virus que había azotado al mundo la impulsaron a tomar la decisión que tantas veces se había planteado de manera utópica: animarse a ser honesta con ella misma y vivir acorde a su deseo. No podía estar un segundo más encerrada entre aquellas paredes. Definitivamente, esa no era su vida. Encontraría un nuevo espacio en su hoja, donde comenzar a reescribir su futuro, aunque aquel lugar fuera en los márgenes de la única familia que le quedaba. Más allá de la incertidumbre de sus primeros meses en la ciudad, la serenidad de sus noches fue un indicio de haber tomado la decisión correcta.

Ese sueño la acompañó desde que tenía uso de razón, y no se había atrevido a contarle a nadie por miedo a que la juzgaran como loca. Cuestiones así no compatibilizaban con el apellido Walsh, gente sensata, racional e idónea para los buenos negocios. Donde el frío raciocinio primaba ante las emociones. «Nada como entregarse a los antojos pasionales para arruinarse bien la vida», decía su abuelo. Mucho menos darían cabida al esoterismo de un sueño de angustia recurrente.

En el imaginario de sus antepasados irlandeses, se trazaba la idea de haber sido llamados al suelo argentino para transformar el desierto salvaje en tierra próspera y fecundable. Los intelectuales de aquella época estaban convencidos y esperaban que del inmigrante europeo se obtuviese un refinamiento de la raza, al absorber de ellos la civilización. Sarmiento, miembro de la elite criolla, un hombre pasional a la hora de fomentar un progresismo nacional urbano y europeo, se propuso combatir la barbarie. La historia está cargada de buenas intenciones que esconden hechos aberrantes, y las buenas obras educativas del padre del aula están ensombrecidas por su etnocentrismo. Con el tiempo, Ela comprendió que el «desierto» no fue un término inocente, cargaba en él todo el simbolismo de una operación política e intelectual que habilitaba al desconocimiento de los derechos de los habitantes de estas tierras, los pueblos originarios, y las dejaba disponibles para la colonización. De esta manera, desierto y barbarie fueron los enemigos a aniquilar y a someter, como único camino posible para el crecimiento económico y socio—cultural para el país. Pero la historia siempre tiene dos caras, como la moneda. Y la mirada triste, sumisa y despojada de Îrupé, su nodriza guaraní, le daba la impresión de que el otro lado de la historia que su abuelo contaba, con el pecho inflado de orgullo, tenía resabios de injusticias. Mucha gente había pagado costos muy caros, por lo que él llamaba la llegada de la civilización.

Biografía de la Autora:

María Nieves Gorosito nació en 1983 en San Jorge, Santa Fe, Argentina.

Realizó estudios de materias de la carrera Licenciatura en Letras en la UNR (Universidad Nacional de Rosario)., y la carrera Licenciatura en Psicología en UCES (Universidad Ciencia Empresariales y Sociales), en la sede San Francisco, Córdoba, Argentina. Actualmente continúa su formación como correctora de textos y en la participación de talleres literarios.

Es autora del libro El fenómeno Queen desde la mirada del psicoanálisis vincular, Editorial Alción.

Se desempeña como columnista en la Revista Cultural Siete Artes, en el espacio «Una ventana al Psicoanálisis», en la ciudad de La Plata, Buenos Aires, Argentina.



Categorías:La Biblioteca de Babel

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