GRAN ACTO: Especial Premios Oscar / «West Side Story». Por ALEXIA MUIÑOS RUIZ.

West Side Story 2021. ¿Era necesario?

Abordo el visionado de WEST SIDE STORY (2021, Steven Spielberg) con cierta aprehensión y júbilo. Adoro los musicales y suscribo el concepto de detener la vida para cantar y bailar, o vivir a través de la música y expresar las emociones con el movimiento. Son una exaltación de la felicidad sin necesidad de drogas (a no ser que hablemos de Hair o Rent). Los musicales son puro deleite visual Goce cinemático con un toque disfrutón que nos recuerda que la vida siempre es mejor con música. A ellos y a los westerns, les debemos el auge de los formatos panorámicos que cobran vida en grandes pantallas. Ah, estamos hablando del pasado, de cuando veíamos películas en salas de cine y con extraños o amigos alrededor. Pues sí, porque Spielberg nos conduce a un viaje al pasado, sin nostalgia, pero con memoria.

Esta versión de West Side Story se me hace larga y me decepciona un poco, pero si algo se puede destacar es un esfuerzo evidente en perfilar personajes femeninos más independientes y que sueñan con un futuro más allá de un marido. Anita, la costurera, tiene claro que no va a privilegiar su vida familiar con Bernardo sobre sus proyectos profesionales. María es una adolescente pero ya es consciente de que en Manhattan, su hermano no va a gobernar su vida. Rita Moreno, la viuda independendiente que continúa el negocio de su difunto. Y hay apuntes de sororidad en las novias de los Jets, al defender Graziella (ay, infructuosamente!) a Anita cuando los jets intentan abusar de ella. Son algunos gestos o concesiones a un empoderamiento. No sabemos si es obra de Spielberg, que no se distingue por sus personajes de mujeres empoderadas o de su guionista, Tony Kushner, que no está nominado a los Óscar como si estuvo el guión de Ernest Lehman en 1961. Aún así, es encomiable el afán pedagógico de revivir el género musical, que si no fuera por las películas de Disney estaría muerto y enterrado.

WEST SIDE STORY marcó un punto de inflexión en su época. Fue el musical más premiado desde El Mago de Oz, el más taquillero hasta The Sound of Music (Robert Wise, 1965), un maridaje casi perfecto entre el cine clásico y las incipientes inquietudes de los 60. Una película que ha dejado imágenes imborrables como María y Tony despidiéndose en la escalera de incendios, los saltos de George Chakiris en las calles del west side, la pirueta de Rita Moreno celebrando su nueva vida cantando “América”. Un vestido blanco, una camisa roja, un vestido lila, Tony descamisado despidiéndose de su amada. Color y música para perfilar una obra maestra atemporal. O casi. ¿Será  que no hay obras que puedan resistir inmutables el paso del tiempo?

El mundo estaba en plena guerra fría cuando WEST SIDE STORY (Robert Wise y Jerome Robbins, 1961) se estrenó a través de United Artists y se convirtió en la película del año. El público se rindió a la eterna historia de Romeo y Julieta aderezada con conflictos sociales, como la integración de los inmigrantes y los cambios urbanísticos que dejarían a esos jóvenes sin patio de juegos y familias desplazadas. La gentrificación de Manhattan aún ni se podía imaginar. El film consiguió 10 premios Óscar de 11 nominaciones posibles, más un Oscar honorífico a Jerome Robbins, que ya había dirigido el musical en Broadway y fue el responsable de dirigir y coreografiar los números musicales. También tiene una distinción meritoria de la Biblioteca del Congreso norteamericano, además de ser parte del acervo cultural occidental.

¿Qué tendría en la cabeza Steven Spielberg cuando pensó en revisitar un clásico sin añadir nada verdaderamente original? ¿Por qué repetir una multipremiada película que parte del público guarda en el corazón y en la memoria? Pues para hacerlo a lo grande, con un presupuesto de más de 100 millones de dólares, para acercar esta obra a las nuevas generaciones que no soportan planos de más de 3 segundos y sobre todo, para latinizar el reparto. Se ha hablado mucho sobre la escasez de latinos en la película original, del abuso del maquillaje oscuro y de frases racistas que han marcado la discrminación hacia la comunidad boricua. Sin duda, que Bernardo (David Álvarez) y María (Rachel Zegler) sean latinos es lo coherente según la sensibilidad actual, pero creo que tildar WEST SIDE STORY de film racista y xenófobo es irse un poco por las ramas. La película aborda la confrontación de bandas, la conquista de un espacio que los inmigrantes de la anterior generación ya tenían ganado. Claro que hay desprecio y racismo entre ellos. Por desgracia, el ser humano puede reaccionar así cuando campan la ignorancia y el miedo al diferente. Pero lo importante es reconocer estas actitudes, y denunciarlas, no negar su existencia. La comunidad latina norteamericana ha aplaudido esta versión, así que Spielberg debe de estar más legitimado que Robert Wise para hablar del racismo hacia los latinos.

La película de 1961 incluyó a actores del reparto de Broadway o del East End londinense y además de la estrella Natalie Wood, acompañada por el acrobático Russ Tamblyn, la talentosa Rita Moreno, la primera latina en ganar un Óscar y el angelical Richard Beymer como Tony. Beymer, sin duda, es el punto flaco de WEST SIDE STORY, no sé si por su falta de fuerza o por una dentadura demasiado Hollywoodiense para un chico de barrio ¿Cómo hubiera sido WEST SIDE STORY con un Tony más turbio, callejero, ambiguo y capaz de cantar? ¿Un joven Brando, que ya demostró sus habilidades vocales en Guys and Dolls? En la versión de Spielberg, Tony vuelve a ser el personaje más flojo a pesar del pasado complejo (con reformatorio incluido) que le han endosado. Ansel Elgort no es carismático ni adorable ni memorable. Eso sí, es alto, como Beymer. Spielberg vuelve a construir una pareja desequilibrada en altura y motivaciones. Elvis Presley fue considerado para el papel de Tony, pero su manager lo desestimó, afortunadamente. Otros candidatos a Tony fueron Warren Beatty, pareja de Wood en Esplendor en la Hierba y Robert Redford.

Otro inconveniente de la película original, para algunos, es que los protagonistas fueran doblados en las canciones. La genial Marni Nixon cantó por María, Jimmy Bryant por Tony e incluso Tucker Smith, Ice en la película, asumió la voz de Riff en la canción de los Jets. Solo Chakiris se salvó de ser doblado. Con este precedente, Spielberg ha intentado buscar a actores que puedan cantar además de actuar, pero ¿mejora esto en algo la interpretación de las canciones? Para mí, no. Si La La Land se hubiera hecho en 1960, también habrían doblado a Emma Stone y Ryan Gosling por no cantar bonito.

El problema que tiene la película de Spielberg es que se parece mucho a la original, pero no es la original. Speilberg rinde homenaje al film de Wise y Robbins, no se separa mucho de ella ni en estructura ni en temática ni en referentes visuales pero carece de sus imágenes icónicas, a pesar de la vistosidad de los planos cenitales, las grúas o steadycam utilizadas. No propone una lectura radical del mito romántico ni aporta nada nuevo en su retrato de una comunidad inmigrante, salvo el ahorro del maquillaje. Las canciones son muy parecidas a las originales pero no son las mismas.

“Officer Krupke” pierde su frescura y diversión, se hace adulta y camorrista. Zegler está encantadora, pero es imposible olvidar la cara de ángel de Natalie Wood. DeBose lo da todo en el papel de Anita, pero ni en un millón de años eclipsaría a esa fuerza de la naturaleza que es Rita Moreno. ¿Por qué repetir lo mismo en vez de hacer una versión en otra época, otro continente, otro contexto? En su día WSS transmutó la historia de Romeo y Julieta en una original guerra de pandillas de inmigrantes en Nueva York. Si se quiere modernizar Romeo y Julieta, y ganas no nos faltan para acabar con los amores románticos, ¿por qué no darle la vuelta de tuerca definitiva? ¿Qué sentido tiene en 2021 hacer un remake para emplazarlo en el mismo lugar y comunidad? Y sobre todo, sin abordar la problemática racial o violencia policial con la contundencia que podría haberlo hecho ahora. Entiendo que en la versión de 1961, aunque se atisbaban destellos de denuncia del racismo, no evidentes para algunos, no había una voluntad real de agitar conciencias a pesar de que la lucha por los derechos civiles ya era una realidad, pero ¿en 2021? ¡Steven, qué oportunidad perdida!.

WEST SIDE STORY es una de mis películas favoritas y es difícil que nuevas versiones puedan reemplazar a nuestros primeros amores, pero es que al remake de Spielberg sólo le faltan los Nazis para estar más desubicado. Entre las actualizaciones y aciertos, encontramos la selección de un intérprete no binario ( Iris Menas) para el personaje del chicazo. Anybody es la chica-chico que quiere ser uno de los Jets y del que los chicos se burlan aunque al final, será aceptado como uno de ellos, un chico más. Sin duda es muy “woke”, entra en la dinámica contemporánea de abrir conciencias e introducir personajes no normativos pero, sorpresa, este personaje que sugiere ambigüedad sexual ya llevaba pantalones en la versión de 1961.

La película comienza mostrando los espacios del West Side. La cámara sobrevuela por las ruinas del barrio. Demoliciones en San Juan Hills que darán lugar a un West Side más limpio, sin rastro de barracones ni pobres. El West Side que conocemos ahora. Spielberg se recrea recorriendo los paisajes semidestruidos que tanto ha plasmado en sus películas. Recordamos las imágenes iniciales abstractas de Saul Bass en el film original, donde se dibujaba el skyline del downtown Manhattan para ascender hasta lo que será el futuro Lincoln Center. La película también acabará en los créditos finales mostrando espacios, paredes y graffiti. Todo recuerda demasiado a las secuencias iniciales y finales de la original.

Por si alguien desconoce la trama, esto es una variante de Romeo y Julieta y trata del amor entre María, una joven puertorriqueña recién llegada a Nueva York y Tony, hijo de emigrantes polacos pero norteamericano. Las bandas juveniles en su entorno harán su amor imposible. Paradojas cinematográficas, el título de la película en muchos países de habla hispana es Amor Sin Barreras. ¿Será que los exhibidores no ven las películas hasta el final?.

El primer número, a pesar de ser Spielberg un genio de la imagen, carece de la fuerza visual y el gradiente de tensión que tiene la original, donde queda claro el valor de una pelota en el campo de juego y cómo devolverla o robar una manzana puede ser motivo de guerra pandillera.

Se suceden las escenas con una narrativa algo abrupta a pesar de que hay más escenas con dialogo ( y en español en el original, para mostrar la multiculturalidad de Nuevo York), posiblemente para dar mayor dimensión a los secundarios pero, por mucho que adoremos a Rita Moreno, dar más tiempo a su personaje de dueña del bar donde se reúnen los chicos, no aporta nada. Más español y una reorganización diferente de las canciones dentro de la estructura dramática son las principales aportaciones de Spielberg.

Entramos en el gimnasio con un plano de seguimiento de los jóvenes, al estilo de la entrada en el club en Good Fellas (Scorsese, 1990). En el baile en el gimnasio es donde se ven Tony y María por primera vez. Allí donde el espacio se transfiguraba en un cielo estrellado y los enamorados bailaban ajenos a la realidad pero inmersos en ella, aquí se elige que busquen su intimidad en la propia sala del gimnasio. Una solución menos poética pero más realista, que es a lo que apuesta WSS 2021. El flechazo entre María y Tony sigue siendo igual de onírico y peliculero para una audiencia acostumbrada a que un emoticono de fuego sea una señal más clara que una mirada anhelante.

“América” es el mejor número de la pelicula con diferencia. Visual, colorido y de diseño más complejo que en la película original, que transcurría de manera orgánica en la azotea después del baile. En WSS 2021 la escena comienza con Anita cantando en su ventana, a coro con otras vecinas y acaba con todos haciendo una fiesta en la calle. La coreografia, si no es la original, se parece muchísimo. Se percibe alguna modificación en la letra que canta Anita. ¿Tal vez sea políticamente incorrecto desear que la isla de Puerto Rico se hunda en el océano? El número es sensacional pero, ¿encaja en la película o se parece mas a un baile de la serie Fama?. “América”se emplaza ya bien mediada la película y al desencajarlo de la trama, creo que lastra la narrativa y las motivaciones de los personajes. En mi opinión, la película se hace larga porque parece una sucesión de números musicales no muy bien enlazados con las escenas habladas.

La cita de María y Tony no sucede en la trastienda de la tienda, sino en downtown de Manhattan. Tony la lleva de paseo y entran en una capilla. Improvisan una escena de boda, que se impregna de connotaciones religiosas, despojada del aspecto lúdico que tenía la escena en la película original, que transcurría entre los maniquíes de la tienda de telas donde trabajaban las chicas. Tony y Maria jugaban a presentarse a sus padres y simulaban una petición de mano. Ahora parecen jóvenes muy serios decididos a casarse de verdad. Un mensaje sorprendente para una película hecha en 2021.

El número de “Cool boy” se plantea de manera diferente con Tony intentando arrebatar a Riff la pistola y hacerle desistir de la lucha entre los Jets y los Sharks. Sucede mucho antes que en la original y tal vez sea la única idea brillante que se haya podido aportar a este remake, el introducirlo con antelación y planteado como un diálogo entre Tony y Riff. Pero este cambio quita protagonismo al elenco, ya que era un número coral, donde se atribuía a Ice el nuevo liderazgo de los Jets y acababa con una inquietante ruptura de la cuarta pared. Ahora el protagonismo recae sobre Tony y Riff. Es un número de máxima tensión, rítmica y visual, pero que al emplazarse justo antes del Quinteto, le quita a éste toda la fuerza. En la original, el quinteto sucede despues del numero amoroso de Tony y María que acaba con One heart /One hand, un remanso de calma que nos prepara para la sacudida gloriosa del quinteto.

“I feel pretty” también sucede mucho mas tarde. Es un número lindo donde vemos el lugar donde trabajan las chicas, que ya no es una tienda de telas sino unos grandes almacenes donde hacen tareas de limpieza.¿Gana algo la película con ello? No. Y así son prácticamente todas las escenas, un calco del original. La escena de amor y despedida de Tony y Maria pierde sensualidad respecto a la original, o tal vez estoy aburrida de no creerme la historia entre Rachel Zegler y Ansel Elgort. El dúo posterior de Anita y Maria (“A Boy like that”) es muy parecido al original, nada nuevo que aportar.

Hay momentos visuales imponentes, como la entrada de los policías en el almacen de la sal, cuando descubren los cadáveres de Riff y de Bernardo. Está rodada con un hermoso plano cenital que nos sitúa a los espectadores en una posición de dioses, por encima del bien y del mal, como si la lucha de las pandillas no fuera con nosotros pero sí la entrada de los representantes del orden y la ley.

La película se sostiene no ya por los numeros musicales, sino por la música en sí, en una versión dirigida por Gustavo Dudamel. Piezas vibrantes, inolvidables que el público conoce. Los actores están correctos, pero no pueden competir en carisma con el elenco original, por muy bien que canten o bailen. Lamento que el talento de Spielberg y el exagerado presupuesto no aporten nada más profundo, rompedor o sugerente, pero al menos el esfuerzo habrá servido para que nuevas generaciones conozcan la memorable partitura de Leonard Bernstein y letras de Stephen Sondheim. WEST SIDE STORY 2021 tiene 7 nominaciones, que incluyen la de mejor película y actriz secundaria para Ariana DeBose. Hay quien dice que supera al original pero deben ser los que nunca vieron esta película en un cine, seguramente.



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