RELATOS: LAS AVENTURAS DE DANTE Y TIMOTEO. Por Teresita Vago

Érase una vez, en el País de la Infancia, dos hermanos mellizos que les encantaba jugar: Dante y Timoteo.

Tanto les gustaba jugar que, cada tarde, eran los superhéroes de sus propias historias. Después de la merienda, se disfrazaban con sus antifaces, sus capas coloridas, unas botas de goma y salían Al Abordaje. ¿Les cuento un secreto? Dante era pelirrojo y Timoteo usaba unos anteojos muy, muy graciosos.

Juntos, solían perderse en esas aventuras que parecen un alfajor dulce y que te dan ganas de comer a montones. Ellos querían ser libres, felices, reír hasta que les doliera la panza y bailar en una pata, como los piratas de los barcos, esas historias asombrosas que su mamá les leía antes que se fueran a dormir. ¿Les cuento otro secreto? Les gustaba tanto que a la noche soñaban con ser héroes de sus cuentos de aventuras, aunque a veces se pelearan. Llegaba la mañana y Dante y Timoteo tenían que ir a la Escuela. ¡Qué plomo! Abrían los ojos como piedras para aprender la Tabla del tres, el Sujeto, el Predicado, la capital de Eslovenia… ¡Era tan aburrido para ellos! Lo único que les gustaba era jugar, ¡siempre jugar!

Pero un día, al salir de clase, ¡Sorpresa! Apareció HéroeMan, ¡El superhéroe más copado! Dante y Timoteo no podían creerlo: ¡Siempre leyeron sus historias, ahora lo tenían frente a frente! De pronto, todo se volvió un cómic: las casas, las calles, ¡La gente!, ¡Guau! Como por arte de magia, ellos tenían sus antifaces, sus capas coloridas, y unas botas geniales: lo logró HéroeMan. Él les guiño un ojo, tomó sus manos, enseguida les propuso viajar por el espacio.

Y viajaron por el espacio. Tenían una misión por cumplir.

Un grupo de chicos estaban bajo el dominio del más malo del Reino del Mal, GlotónMan. ¡Vivian atrapados! GlotónMalo, malo, malo: todos allí le tenían miedo, terror, ¡Pánico!; le fascinaba comer mucho pan: el Reino del Mal estaba llena de llamaradas, luces horrendas, música triste… GlotónMan odiaba el País de la Infancia, con toda su coraza fría. HéroeMan lo sabía muy bien, por eso eligió a Dante y a Timoteo para que los rescataran.

¿Y porque nuestros amigos? No lo sabían, pero ellos tenían el mayor poder: eran tan buenos, pero tan buenos que con sus sonrisas y alegría podían salvar al País de la Infancia. Llegaron al Reino del Mal con su mágica medicina, mientras los chicos, asustados, pedían que los salvaran: GlotónMan seguía y seguía comiendo pan, riéndose de ellos, preparando más maldades para el resto del Reino. De repente, los anteojos de Timoteo caminaron dos pasitos adelante, para sorpresa suya: se dio cuenta que, cerca, estaba el Reino.

¡Vamos!, ¡Vamos que nos esperan los chicos! Exclamó Timo, y sus anteojos volvieron, dando dos pasitos para atrás. Y con ocho pasitos adelante, todos juntos, contentos, se acercaron hacia el grupo de chicos. Uno de ellos, el más chiquito, gritó ¡Vinieron a rescatarnos! HéroeMan, Dante y Timoteo por fin estaban ahí. Pero, de pronto, se escucharon pasos. ¡Era GlotónMan! ¡Comiendo pan los descubrió!

-Ustedes, ¿Qué están haciendo acá?, ¿Cómo entraron a mi Reino? Se atreven a tocar a los chicos y mi pan, ¡Y no salen nunca más del espacio! – les insistió, muy enojado.

 Pero, en vez de asustarlos, Dante y Timoteo sumaron su súper poder de superhéroes y, con la gran ayuda de HéroeMan, contaron uno, dos, tres, cinco, ocho, diez: entonces el rojo del pelo de Dante con los anteojos de Timo se mezclaron y se volvió una luz que protegió a los chicos de las maldades y brujerías. HéroeMan, como por arte de magia, juntó sus manos y con su fuerza consiguió hacer dormir a GlotónMan y nuestros amigos liberaron a los chicos. ¡Misión cumplida!

Asi, todos juntos regresaron al Pais de la Infancia, el barrio volvió a su normalidad. ¡Cuánto se habían divertido y jugado!  Bueno amigos, me tengo que ir, les dijo con tristeza HéroeMan. Antes de despedirse, les regaló una capa para cada uno, y Timoteo le dio sus anteojos mágicos. Era la hora de la cena, Dante y Timo tenían que volver a la Escuela, su mamá otra vez iba a contarles una historia cuando fueran a dormirse, y se durmieron, con un agujero en sus corazones.

Un nuevo día había llegado, Dante y Timoteo abrieron los ojos para aburrirse, pero, ¡Miren ustedes, HéroeMan estaba frente a ellos! ¡De vuelta!-

-Hola chicos, ¿volvemos a divertirnos? -les preguntó.

Entonces, tomó sus manos, todo se hizo comic, y regresaron al espacio. La aventura acababa de empezar.



Categorías:Pulsos

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