RINCÓN CINÉFILO: Novedades en streaming y en la cartelera cinematográfica de febrero. Por Maximiliano Curcio

LICORICE PIZZA – Puntaje: 8 – Un humor extrañado sazona la cálida y fluida propuesta de la nueva película de Paul Thomas Anderson. Unos personajes con inmenso corazón y un deseo de trascendencia mayúsculo habitan el Valle de San Fernando, en la California de los años ’70, aquella que vio crecer al realizador. Postal de un tiempo pasado mejor. Por ello, no nos resultan ajenos tintes autobiográficos presentes en esta cinta dirigida, producida y guionada por su alma mater, un talento audiovisual sumamente interesado en incursionar en la estética de videoclips, junto a bandas como Radiohead. La coordenada musical se sostiene sobre un hilo de melodías indestructible. Ya desde el trailer nos ilusionábamos: suena David Bowie cantando «Life on Mars» y nos pone la piel de gallina. ¿Estamos listos para el viaje?

“Licorice Pizza” nos trae la fogosidad de un coming of age, en igual medida que una radiografía de una Estados Unidos al borde de un colapso económico. Nostálgica, es una oda evocativa que trae consigo algo de la ligereza encantadora de “Embriagado de Amor” (2004). Sexo, picardía y electricidad corren por las venas de los jóvenes interpretados por los desenfadados Alana Haim y Cooper Hoffman. Ambos debutantes. Él es el hijo de Philip Seymour Hoffman, ella está brillante. Ella se roba la película. La dupla de jóvenes personajes se aleja del canon de belleza típico hollywoodense, tampoco lo que se nos mostrará es un romance habitual. La vivacidad de un continuo movimiento nos trae el espíritu de “American Graffiti” (1971, George Lucas), gema que sobrevuela una cinta planificada mediante una labor de cámara encomiable. El tránsito al mundo adulto le debe una página al manual establecido por Richard Linklater hará su aparición, filosofando acerca de seres en transformación, dueños de su tiempo y espacio. Hay algo allí de “Dazed and Confused”, también guiños al screwaball comedy, pletórica batalla de sexos mediante. Pero todo se sugiere, nada se explicita. Puro vicio, fábula platónica, delirio de noche de bar, al otro lado de la colina que teje ilusiones en celuloide. Anderson es un cineasta clásico en formato moderno, y en sus films destaca una gran dirección actoral. Para la ocasión, Bradley Cooper, Sean Penn y Tom Waits ejerecen roles de reparto de lujo. Inevitable resulta recordar a Philip Seymour Hoffman, su hijo es la imagen viva del fallecido ganador del Premio Oscar. P.T. Anderson lo dirigió en “Magnolia” (1999), “Boogie Nights” (1996) y “The Master” (2012). Aquí, otorga prestancia a su herencia, vislumbrando un talento con brillante carisma.

La presente es una película que causara profunda división dentro de la crítica cinematográfica. ¿Se trata de un retrato que cercena la participación de la comunidad afroamericana, tan presente en la bulliciosa L.A.? No obstante, la industria se inclinó positivamente, acopiando nominaciones a los Premios de la Prensa Extranjera (Golden Globes). “Había una vez en Hollywood…” podría inscribirse en las primeras líneas de esta fábula acerca del fin de la inocencia. Paul Thomas Anderson, sin mayor pretensión, nos invita a disfrutar del viaje barranco abajo y sin frenos, literalidad inclusive. Y lo hace trazando conexiones con una historia que se desarrolla en el epicentro del mundo del entretenimiento. Su narrativa episódica nos traerá a la mente el último film de Quentin Tarantino. Un trasfondo colorido acompaña una propuesta atiborrada de influencias y marcas de estilo de indudable procedencia. ¿Es el director de «´Pozos de Ambición» y «El Hilo Invisible» el mejor cineasta de su generación? Muchos cinéfilos asentirían sin dudarlo, luego de disfrutar de este festín para los sentidos.


EL SECRETO DE MÁRO / Puntaje: 6 – La segunda película de Alejandro Magnone nos habla de una inmigrante armenia, en la piel de Norma Aleandro, quien sufrió, vio y atravesó de pequeña el genocidio armenio. Emplazándose en el año 2005, la génesis del film indaga en los conflictos y las problemáticas existentes en vida de personas de una generación hermanada por el sufrimiento y el desarraigo familiar. Producto de una ficción con fuerte anclaje en los hechos históricos que sirven de inspiración, el relato vertebra la universalidad, también siendo lo suficientemente sensible como para instalarse en la particularidad de las experiencias de su núcleo protagonista. No es mérito menor encontrar amabilidad en medio de un panorama tan desolador. Allí reside el acierto de un director, lo suficientemente curioso como para inspeccionar en lo pintoresco de la cultura y gastronomía autóctona, aspectos, tramando lazos afectivos evidentes. Su intención radica en rescatar historias coincidentes con aquel hecho atroz, con miras a la búsqueda de la comprensión acerca de lo sucedido. En 2015 se cumplieron cien años del genocidio armenio; también hemos sufrido nuestros terremotos por estas latitudes. Reinterpretar el sufrimiento de un pueblo, bajo nuestras coordenadas sociales, es sinónimo de memoria, madurez, autocrítica, independencia y evolución. Aspecto a destacar, el film nos convida del regreso al cine de nuestra gran Norma Aleandro, en conmovedor retrato, luego de varios años alejada de la gran pantalla. Acompañan a Norma brillantes intérpretes como Lidia Catalano, Manuel Callau, Héctor Bidonde y Florencia Raggi. “El Secreto de Máro” es un loable hallazgo de la reciente cosecha cinematográfica nacional.


EL PERRO QUE NO CALLA / Puntaje: 6 – Película lúdica, intimista, reflexiva y entrañable, “El Perro que No Calla” es el más reciente film de la destacada realizadora Ana Katz, una estandarte del cine de autor autóctono, cuya concepción audiovisual, desde la independencia y la autogestión, la convierte en una cineasta a siempre tener en cuenta. Responsable de logrados títulos como “El Juego de la Silla” (2002), “La Novia Errante” (2006) y “Los Marziano” (2011). El presente film nos trae la historia de un particular y querible personaje, cuyo mundo exterior se transforma y espeja en la fragmentación del propio orden interior. El trauma que precede a la sanación será abordado de forma más poética que explícita, sin desatender una mirada social presente y comprometida, aunque en absoluto solemne. En apenas setenta minutos de metraje, Katz elige la sátira que no teme ensayar una mirada absurda, condensando una indagación microscópica atenta al más mínimo detalle, al servicio de una composición escenográfica casi pictórica. De modo llamativo, recurre a herramientas expresivas de animación y a un omnipresente uso del blanco y negro. Visualizando “El Perro que No Calla”, participante de la sección oficial de los últimos festivales de Mar del Plata, Rotterdam y Sundance, nos encontramos ante una obra que emerge como un peculiar drama identitario. Destaca la banda sonora compuesta por Nicolás Villamil, mientras nos invade un panorama de total extrañamiento. Abstracta y todo lo menos convencional que se pueda, examina bajo su control los bordes de un mundo en mutación. Protagonizada por Daniel Katz (hermano de la directora), el retrato conseguido refleja la vulnerabilidad de un ser que palpita la celebración de su propio cambio, fuera de toda convención. Se descubren los velos de zonas humanas con las cuales empatizamos. El trayecto es existencial y las emociones latentes. Paradójicamente, podemos trazar más de una línea paralela con el presente que habitamos.


MOONFALL / Puntaje: 4 – Una fuerza misteriosa cumple la ley de causa y efecto; tanto hemos hecho por dañar el planeta que ahora el castigo se dirige directamente hacia nosotros. Ya sabemos lo que vamos a ver por anticipado: el alemán Roland Emmerich adora destruir la Tierra. La incendia, la congela, la inunda. Tomemos previos abordajes del cine catástrofe apocalíptico como “Día de la Independencia” (1997), “El Día Después de Mañana” (2004) o “2012” (2012). Halle Berry y Patrick Wilson son dos rostros conocidos que se suben a la nueva ola fatalista. Jugo de luna se derrama por la gran pantalla, sendas estrellas resisten estoicas. Emmerich, como niño con juguete nuevo, echa a andar su simple vehículo de entretenimiento. Retoma la preocupación vertida por “No Miren Arriba”, podría el mundo acabarse; si bien su abordaje dista del registro elegido por la más recomendable película de Adam McKay. Aquí, cataclismos diversos amenazan la civilización, conformando el menú del primer tanque norteamericano de 2022. Un terreno conocido que despliega ante nuestra mirada escenarios propios de películas del Hollywood más pochoclero. Un especialista en utilizar los artilugios visuales con fines de espectacularidad sabrá hacer lo previsible con tamaña magnitud de destrucción. En detrimento de la narrativa, las elecciones tomadas rozarán lo grotesco y lo estrafalario. Caos a toda velocidad que olvida la lección de ritmo cinematográfica impartida hace décadas por Robert Bresson. Vivimos tiempos de penosa instantaneidad. Una tripulación de héroes inverosímiles se lanza al espacio exterior, en peligrosa e improbable misión de salvar al plantea y a la humanidad. La gesta nos mantiene entretenidos. No mucho más sostiene al relato.



Categorías:Rincón Cinéfilo

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