RESEÑAS DE DISCOS: «El Puerto E.P.» (2021), de Enrique Bunbury. Por MAXIMILIANO CURCIO

NINGÚN MAR EN CALMA HIZO EXPERTO A UN MARINERO

Jamás en estado de inmovilidad, el aragonés errante prosigue la próxima curva de su prolífica obra creativa. Tomándola a toda velocidad, y sabiendo que la curiosidad es una indispensable aliada para explorar terrenos inéditos, Enrique Bunbury se estrenó en el campo literario, con el poemario “Exilio Topanga”, editado en el pasado mes de septiembre por el sello La Bella Varsovia. Aquella fértil cosecha, viaje introspectivo en encuentro consigo mismo, atinada postal californiana y fina crítica social al orden mundial imperante, no sería el único peldaño artístico escalado, retomando su carrera musical para el lanzamiento del E.P., titulado “El Puerto” y editado por Warner Music, consistente de cinco canciones. Todas ellas registradas este pasado verano en El Puerto Santa María, en el estudio de Paco Loco. De las sesiones tomaron parte su banda habitual, Santos Inocentes, acompañado de Erin Memento en labores de coro. El anuncio del lanzamiento del presente álbum, disponible en formato CD y digital, databa de comienzos de año, cuando Enrique se convertía en protagonista del documental recientemente nominado al Goya, “Héroes: Silencio y Rock & Roll” (2021, Alexis Morante).

¿Qué barca en el puerto espera a este extranjero itinerante? Enrique, que sacudiera los anquilosados cimientos de una industria musical acusando recibo del efecto pandémico, mediante el doble lanzamiento discográfico de 2020 (“Posible”, en mayo, y “Curso de Levitación Intensivo”, en diciembre, insólitamente ignorados en la última gala de los Premios Grammy), lleva un año después, en su solo bolsillo, un cúmulo de canciones prestas a conquistar nuestro corazón melómano, desde la primera escucha.

La primera de ellas que conocimos de este nuevo puñado fue una reversión de un emblema del cancionero latino. Los primeros acordes de “El Triste”, cuyo estreno fue acompañado de un videoclip, son francamente épicos, trayéndonos melodías de inconfundible sello. Confeccionando un impecable homenaje al letrista José José, productor y cantante mexicano de gloriosa estirpe recientemente fallecido, Bunbury saborea su dolor sabiendo que la compasión y la piedad no forman parte de su vocabulario. Mientras la voz de EB tiñe los paisajes de gris soledad, una portentosa balada con destino de clásico eterno reclama nuestra atenta escucha, recitando de memoria una página del Licenciado Cantinas; Enrique vuelve a llorar sus penas de amor en un bar.

Igual destino de gloria podemos augurar a la pegadiza “Antes de Desayunar”, una brillante composición del siempre inspirado cantautor, a dúo en este caso con Robert Castellanos. Siempre presto a rodear de panorámicas dignas de épica cinematográfica las atmósferas de sus canciones, acompaña el lanzamiento con un videoclip dirigido por Mario Ruiz (quien también se hizo cargo de la animación audiovisual en “El Ritual del Alambre”). Enrique vuelve a zambullirse en su próximo capítulo por escribir: restos de una ciudad ancestral, habitada por muertos de cortés habito al saludar, traman un plan matutino casi apocalíptico pero que no disminuye nuestras ganas festivas. Hay un puerto cerrado y vértigo alrededor. Según el cantante, si ‘juntos sumamos, separados la mitad’, jamás aplicará aquello de ‘divide y reinarás’. Mientras augura ‘la mejor versión de sí’ como una ofrenda, el enfrentamiento se asume como una misión ni bien comenzado el día. Flaquear jamás es una opción para el hombre delgado, prefiriendo el cara a cara y el cuerpo, lo sabemos. Promesas de boda auguran regalos: flores, hongos y mezcal a raudales, ¿por qué no palosanto? No hay plagas de Egipto que pongan al mundo en jaque capaz de detenernos.

Preciosos arreglos instrumentales nos elevan durante la escucha de “El Ritual del Alambre”. EB se pronuncia sobre la ambición de crear a diario, ejerciendo de contrapeso contra la indecisión. Más autorreferencial que nunca: un hombre de acción sabe que sin riesgo no hay diversión. Huyendo se llega a algún lugar, aunque bien sepa el cantante que la salida es hacia adentro (“Cualquiera en su Sano Juicio se Volvería Loco por Ti”). Compuesta a medias con Leiva, en tan exquisita gema Bunbury ensaya un manifiesto confesional. Sabe de los obstáculos que afronta su incomprendida condición, surfeando la ola en la hora final. Aplausos o palmadas en la espalda, no siempre el gesto dice la verdad. Jamás manada, siempre inconformista y próximo a la ruptura superadora, sabe que su oficio requiere de equilibrio sobre ese cable tensado, a metros de altura balanceándose, sobre hambrientas fieras. Es un pacto espiritual por amor al arte de cuatro minutos que resguarda una canción o una vida entera dedicada a hacer de ella una obra consecuente. A gusto en su caos creativo y presto a desafiar la próxima tormenta, nos muestra su avidez intelectual y voracidad creativa jamás aquietadas. El artista sabe de proezas, y escalará el Aconcagua si hace falta. Su dialéctica nunca será obsolescente ni programada.

La embriagadora “Despropósitos” arranca la última hoja de un almanaque marchito, a punto un nuevo año está de comenzar. Todo puede ser mejor un nuevo día, replica Bunbury mirando con desconfianza el mantra spinetteano de “Cantata de Puentes Amarillos”. Si mañana podría ser mejor, diría el poeta, un reverso de desatinos y disparates aguarda en el horizonte, se nos advierte. Allí va la rutina cotidiana, llena de todo por hacer y vacía de algo en verdad consistente por delante, sorteando inoportunos en viaje hacia ningún lugar. Aguarda la masa adormecida, con los ojos llenos de una aplicación que la disperse sin más pensar. Al comando de su barco en altamar, ensaya el compositor un abecedario sentimental. Sabe de hacerle trampas al destino y que nada ocurre por casualidad; un plan para explorar una dimensión desconocida cumple a rajatablas su carpe diem. Cambio y celebración que ve el potencial en la pérdida, desde “Las Consecuencias” hasta hoy, fraguando un trayecto solista inmaculado. Un magnífico solo de guitarras parte en dos a la canción, dejándonos un sabor de boca a “Expectativas”, aunque podría ser un lado oculto de su último binomio compositivo. El mariachi sin cabeza parece querer convencerse a sí mismo: aprendemos de nuestros propios errores, pero estamos dispuestos a cometer tantos más, si la inconveniencia permanece abierta de par en par.

El título “Un Hombre en el Espacio” podría parecerle, a algún que otro desprevenido, un homenaje a su admirado David Bowie. Aunque en realidad, el presente tema se remonte a las sesiones de “Pequeño” (1999), remasterizada a su 20° aniversario. Sin Major Tom en la torre de control, un individuo en el espacio exterior mide la perspectiva en la distancia. Allí afuera, el tiempo discurre de otra forma: <<Un hombre en el espacio llega temprano a una cita que se retrasa>>, muestra la fabulosa destreza poética de un artista en levitación intensiva, de un maestro de la lírica. Un boleto de ida, no hay puerto de regreso a casa. ¿Hay alguien ahí? Nos interpela Enrique, como eco de un día de marmota en donde el contacto humano se ha visto reducido a la mínima expresión. Busquemos entonces otra mejor opción, allí donde la fuerza de gravedad no exista, demasiado complicado es este mundo de ciencia ficción y algoritmos cibernéticos. Aturdido, se despide un caballero mientras se pregunta si alguien lo ha echado en falta en todo este tiempo, mientras los escenarios del mundo contestan al unísono que sí. Hiato que podría acabarse pronto: tras casi tres años de ausencia en los escenarios (su último show fue en el Palladium angelino, en abril de 2019), Bunbury ha anunciado, a través de sus redes, que en 2022 llevará a cabo una gira mundial para celebrar sus 35 años de carrera. Vaya si te hemos extrañado…

Bunbury, el artista galáctico que estampó su nombre de (héroe de) leyenda en el espacio sideral lo ha hecho de nuevo. Dialoga con Dylan, Morrison y Elvis. Auténtica realeza y olimpo de rock and roll, pocos pueden siquiera alcanzar la suela de sus zapatos. Siempre serán insuficientes canciones para colmar nuestro paladar, pero nunca escasa su belleza para continuar cimentando en oro su legado. La perfeccionista arquitectura musical -radical- sonora de “El Puerto” nos muestra a un músico impar, con un pie en su luminoso presente y otro mirando hacia el futuro, ejerciendo su inconfundible estilo. Un habitante de un selecto cosmos, desde entonces hasta ahora… ¡Bendito seas, Bunbury!



Categorías:Alta Fidelidad

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