ESTRENOS DISCOGRÁFICOS: «Los Años Salvajes» (2021, Fito Páez). Por MAXIMILIANO CURCIO

LA MÁS GRANDE HISTORIA JAMÁS CONTADA

Durante los últimos dos años, atravesados por la emergencia sanitaria y el encierro forzado, Fito Páez se dedicó a hacer lo que mejor sabe: seguir gestando obra. Inquieto, indetenible, curioso por continuar explorando su horizonte artístico. Con mucho por delante, para decir, sentir y rockear. Jamás vedado de pensar, volar, proyectar. La pandemia asomaba allá por marzo de 2020, cuando el compositor rosarino presentó “La Conquista del Espacio”, coincidente con su 57° cumpleaños y cuyo festejo quedara trunco, debiendo suspender la presentación pautada en su ciudad natal, con motivo de presentación del álbum. Sin poder presentarse en los escenarios, Fito seguiría creando.

Es así como escribió el primer volumen de sus memorias, próximo a ser publicado. También, se anuncia que Netflix tendrá su serie biográfica: “El Amor Después del Amor”. A comienzos de este año, la noticia comenzó a circular, boca a boca, entre los fans: Fito había comenzado a dar forma a una trilogía musical, de la cual el pasado 22 de noviembre (Día Mundial de la Música), conocimos la primera entrega. Un disco de canciones de rock, titulado “Los Años Salvajes”. De esta fértil etapa creativa, en el próximo mes conoceremos un álbum de exclusiva música instrumental, titulado “Futurología Arlt” (junto a la Orquesta Sinfónica Nacional Checa) y, en el mes de abril, un disco solo de piano, en donde Páez regresa al formato elegido para “Rodolfo” (2007), quince años después. Se llamará “The Golden Light”.

“Los Años Salvajes” sacude el polvo de un presente discográfico que, dentro de la industria nacional, veía sus aguas aquietarse hacia las postrimerías de un año que no brilló por lo prolífico de su producción. El rosarino viene a saldar la cuenta pendiente de todo melómano: tenemos delante nuestro al mejor álbum de rock editado en 2021. Punto y aparte. Su publicación respalda el gran presente de Fito: durante la pasada semana, la Academia Latina le entregó el Premio a la Excelencia Musical, en el marco de la 22º Entrega Anual del Latin Grammy. Pocas semanas antes de su edición, pudimos escuchar el primer single. Ahora fue el turno de disfrutar del disco en su totalidad, junto con un videoclip dirigido por Guido Adler.

Cuarenta minutos de música contienen a las diez canciones inéditas incluidas en el presente ejercicio, registrado junto a músicos de nivel internacional, y grabado a lo largo de tres maratónicas jornadas. Los diferentes estadios del proceso incluyeron los estudios Igloo Music (Burbank, California), EastWest Studios (Hollywood, California) y El Mostro de la Laguna (Lobos, Provincia de Buenos Aires). Fue producido por el propio Fito, en compañía de sus inseparables Diego Olivero y Gustavo Borner. Lo acompaña gran parte de su banda estable, junto a un invitado de lujo: Guille Vadalá, quien retorna a colaborar con el rosarino luego de sus recordadas participaciones en “Ey!” (1988), “Tercer Mundo” (1990), “El Amor Después del Amor” (1992), “Circo Beat” (1995), “Euforia” (1996), “Enemigos Íntimos” (1998), “Abre” (1999), “Rey Sol” (2000), “Naturaleza Sangre” (2003) y “El Mundo Cabe en una Canción” (2006). Del disco participan Luis Conte en percusión, Abraham Laboriel Junior (proveniente de una familia con gran tradición musical y gran colaborador de Paul McCartney) en batería, el citado Vadalá en el bajo, Michael Landau en guitarra eléctrica, Diego Olivero en teclados, Juani Agüero en guitarra eléctrica y el propio Fito en teclados y voces.

Analicemos, canción a canción, el flamante, urgente, adrenalínico y confesional “Los Años Salvajes”, su vigésimo cuarto disco de estudio a la fecha.

“VAMOS A LOGRARLO”

El bajo marca el ritmo inicial de este funky que viene a despabilarnos. Necesario como el aire es el espíritu festivo: Fito nos invita a volver a bailar al sol, o en el centro de la pista, hasta que se vaya la noche. Energía para sobrevivir y un grito poderoso ensayado en las alturas que nos anima a lograr lo imposible, cuando todos los caminos conducen a la Roma incendiada. Necesitamos una nueva fundación y allí está el viejo Wilde a mano, siempre dispuesto a ir contra la corriente. Si antes la honestidad era una obligación (dixit Andrés Calamaro, 1999), hoy es la lucidez lo que va a salvar lo mejor de los dos. Caen los cuerpos a nuestro alrededor, cuesta mantenerse en pie. El ‘vamos a lograrlo’ se repite como un mantra, a prueba de escépticos. Fito y su gabinete interminable de personajes variopintos están dispuestos a salir victoriosos. Y no se queda afuera nadie, todos a bordo.

“LO MEJOR DE NUESTRAS VIDAS”

Unas guitarras rabiosas abren un rock de protesta. Un manifiesto de intenciones, una declaración de principios. Una perla brillante del disco, que denuncia a la rueda del poder con enorme sensibilidad social. Esa virtud de Fito para tramar una precisa radiografía de nuestro país, como ya lo hiciera desde “La Casa Desaparecida” (Abre, 1999). Un conmovedor deseo de que vuelva Maradona, un loable llamado de conciencia por la vida animal. Un desenmascarar villanos, una luz de alerta sobre falsos profetas, monjes negros, dioses informáticos y malditos charlatanes. Cuidado con lo que quieren vendernos. Sexo en la piel y transparencia en el alma son vitales antídotos. El tiempo es hoy y las palabras exigen hechos que los respalden. También nuestra extrema atención. Puede que vuelva el comunismo, aunque ya no creamos en ningún ismo. Puede que se incendien los parlamentos, cuando ya ardió la casa imperial (“Arde” / RRR, 1999) Sepamos escuchar; y demos gracias, al Flaco, siempre. La vida solo se concibe luchando y los frutos de difícil alcance son aquellos que realmente valen. Todavía tiene ganas de pelear, y nos cautiva, contagia, su entusiasmo. Una melodía amable y un estribillo pegadizo encuentran la profundidad de conceptos para contar una realidad que no tiene piedad con los sectores más frágiles. Igual, tenemos una receta infalible para hacerle frente: buena leche, alegría y rock and roll.

“SHUT UP”

Un rock áspero que se pronuncia contra la brutalidad policial, en tiempos donde el gatillo fácil vuelve a encender la polémica. El revólver que apunta a tu cara ahora sí que es tu asunto, mueren pibes en la ciudad acribillados a balazos. La música sigue siendo la luz del alma, desde aquel ‘ya no sé cómo explicártelo’ (“Plegaria” / La Ciudad Liberada, 2017) a esta necesidad de explicar que la vida pasa a tu alrededor si no te detenés a mirar. Acaso una forma de entender cómo se siente, diametralmente opuesta a aquellos hombres grises de uniforme que no tienen nada que hacer en esta fiesta. Ya queremos verlos cuando las balas les pasen cerca, ¿tendrán guapura, tendrán valor? A fin de cuentas, lo único que no queremos es ser como vos, dijo Charly. Lo cita el maestro Fito, en celebérrima referencia. En tiempos de saturación sonora, es mejor no escuchar a los mediocres y poner alto el volumen.

“LA MÚSICA DE LOS SUEÑOS DE TU JUVENTUD”

Hermosa e infaltable balada mid tempo de un inspiradísimo Fito, quien llenó de música nuestras vidas. Y allí va la melodía, trayéndonos rastros de “Tendré que Volver a Amar” (RRR, 2014), dialogando con la discografía que vive en nosotros, desde nuestros tiernos años hasta hoy. Libre y vibrante, bucea la esencia de esta canción a lo largo de todo el disco. Hay que agudizar los sentidos, más aún cuando el mundo alrededor parece adormecido. Delfos vuelve de atravesar la mitología de un álbum cuyo tema principal parecería ser el transcurrir del tiempo. No hay oráculo (ni escuela) que enseñe a vivir, pero esta letra bien puede ser una enseñanza. Ahí va la vida, indomable; cuando ya nada es lo que era, ¿no ves que ya no somos chiquitos? Una pintura de aquello inasible que no podemos atrapar, y que se esfuma entre nuestros dedos, como el viento. No hay nadie en el mundo, nada del mundo real. Vaya si Fito sabrá acerca de desafiar al destino, cabalgando solo en la oscuridad. Allí se anuncian tormentas de mar, y a su encuentro va nuestro artista, especialista en atravesar Maelstroms. También, reaparece aquello de ‘ladrándole a la luna’, como en “Las Luces de la Ciudad” (Yo Te Amo, 2013) o “Nadie es de Nadie” (La Conquista del Espacio, 2020). El vino rojo que atempera el frío o el collar de perlas que cumple una fantasía consuman una poesía de postal cinematográfica. La puñalada va directo al corazón. ¡Ay, Fito!

“CABALLO DE TROYA”

Un caballo de batalla para derribar ciudades blindadas. Si ayer ‘el Arca de Noé no olvidará la poesía’ (“Todo se Olvida”/ La Conquista del Espacio, 2020), aquí el cantante nos asegura: puede que construir un Caballo de Troya sea la última salida. La libertad es agua en el desierto en una era de cadenas mentales y la leyenda griega cobra sentido alegórico: esa libertad irrenunciable, esa virtud esencial, esa gema brillante; palabra bendita que se manifiesta como temática omnipresente en las canciones del rosarino, atravesando de principio a fin su magna obra. Crónica agitada para los tiempos que corren, otra vez el mensaje esperanzador nos ilumina, el incitar a luchar hasta el final como mandamiento irrenunciable nos convence de que no hay otra opción. Fito abre su corazón clandestino, en tiempos de inconcebible encierro. No sabe hacer otra cosa que ofrecérnoslo, nada está perdido. La frontera aguarda al otro lado, solo tenemos que saltar la muralla.

“SIN MÍ EN VOS”

Ligereza y ternura para una declaración de amor a corazón abierto con su chica mágica de destinataria. Fito cuenta segundos, horas y minutos para volver a su amor. La dedicatoria pertenece a María Eugenia Kolodziej, compañera sentimental y omnipresente como musa inspiradora desde “Tu Vida, mi Vida” (“La Ciudad Liberada”, 2017). La vida en familia es un hábitat confortable para el rockstar, en inmejorable compañía de Pedro, Olivia, Mozart, La Chicha, Miguelito y Pantaleón.

“LILI AND DRAKE”

La riqueza de ritmos y texturas sonoras dance que acompañan una letra originalísima convierte a esta canción en una de las más llamativas de todo el disco. En tiempos de inclusión y apertura, Fito vuelve a pronunciarse acerca de una temática con anclaje social como la libertad de elección e identidad sexual. ¿Cómo se va a llamar mi amor? Fito, gran narrador de historias de amor imposibles que desafían toda lógica, desde la pintura urbana “11 y 6” (“Giros”, 1985) a la reciente fábula “Los Cerezos Blancos” (“La Ciudad Liberada”, 2017), lo hizo de nuevo. Desde New York a Almirante Brown, las líneas paralelas se encuentran allá a lo lejos, en un punto casi imposible de discernir. Con humor y elocuencia, indaga en el centro de un hermoso corazón, a dos, encontrando la belleza en lo maravillosamente extraño.

“ENCUENTROS CERCANOS”

Sentida y nostálgica dedicatoria a Fabi Cantilo, su amor antes del amor. Planetas equidistantes, signos del zodíaco uno para el otro y película repetida para dos viejos amantes, hoy hermanos del alma para toda la vida. Preciosa balada de un Fito en la cumbre de su arte, y letra que exhibe su capacidad excelsa para recrear escenarios de gran poder visual. Luces tecknicolor viajan en la habitación, se anuncia un encuentro sobrenatural, una revolución cinética, una nave espacial. Stranger things could happen and will happen. Velocidad de los cuerpos a la velocidad del tiempo y suspensión en el aire que recuerda a los dieciocho centímetros del suelo de “Wo, Wo, Wo” (La Ciudad Liberada, 2017). Visión alucinada de inmensidad en primer plano, da igual si es un tulipán plateado, una casa encendida, un jardín flotando, una Gibson negra colgada de su eterna muchacha o el piano de John Lennon aparecido en sueños. Don’t worry, man, allí aguarda la eternidad. El guiño cinéfilo a la distopia marciana de Tim Burton culmina en un llamado de paloma mensajera para creer con los ojos cerrados: no estamos solos, pero esta canción nos salvará.

“BEER BLUES”

Sublime hallazgo que podría firmar Tom Waits, joya oculta que frota la lámpara de Aladino. Viaje sin jet-lag hacia “London Town” (Confiá, 2010), y de allí sin escalas a Rosario. Una amistad transatlántica disipa la neblina, una inédita colaboración que aporrea un piano desvelado. Una sed que no se apaga cuando nos ponemos tristes y dos colegas entregados al arte de hacer canciones. Aunque más no sea para olvidar a esa chica que ya no volverá. Tragos van, melodías vienen, penas de amor en un bar testigo de la alquimia. Cada rincón de la amada ciudad que vive dentro de Fito guarda un escondite perfecto para conservar este antológico dueto con Elvis Costello, quien devuelve el hermoso gesto (luego de la reversión de “Radio, Radio”, de Páez, para el disco “Spanish Model”, 2021). Hay pasajes de la canción en donde ambas voces se funden; el resultado es sentimental y estremecedor.

“LOS AÑOS SALVAJES”

La vida puede ser una rueda mágica o una moneda, otras veces un relato profano. ¿Te acordás?, fue ayer nomás Fito, bailaba toda Buenos Aires. Vivir y morir, todo a la vez. Podría esta canción sintetizar el concepto entero de la presente cosecha musical: el disco cierra con una absoluta obra maestra. Autorreferencial por donde se la mire y con destino de clásico impostergable. Hoja de ruta de vida atravesada por las pérdidas, el dolor, el crimen, el frío y el misterio. Allí está el poeta, fumando al lado del camino. Nos lo cuenta todo; visiones de su madre y su padre ausentes, la casa familiar de Rosario el día que todo el mundo se vino abajo y una jauría de perros en Taití como esquirlas, colmillos clavados, de un viaje de delirium tremens. ¿Alguien sale vivo de aquí? Hundirse o correr fue la disyuntiva, bajo el mandato del ‘born to be wild’ o cumpliendo los designios del ‘walking on the wild side’. Podemos sentir tu vida, Fito, mirándote a los ojos. Liviano de equipaje, transcurre el artista un tiempo de reflexión en donde hecha la mirada atrás, con la sabiduría ganada que asegura que la canción se escribe en el viaje, perdurando el deseo de contarlo todo, porque vivió para contarlo, cantándolo con la frente en alto. Y estas vivencias a flor de piel que Fito rima y dice como nadie, se convierten en un friso de proporciones épicas que pasará a integrar el olimpo de su ilustre fábrica de canciones. Dos temas en uno tenemos aquí, mutando notablemente en sus últimos dos minutos, para volverse espesa y concluir en una coda de furiosa catarsis. Porque hay ciertas verdades que solo pueden decirse con los modos poco amables de un rock crudo y brutal. Y allí está Fito, orgulloso padre y casi un abuelo, desnudando por enésima vez su alma, escupiendo la rabia y loco treinta años después, haciéndose cargo del viaje. Abre verse en realidad, la valentía es escribirlo y ponerle el cuerpo. Convertido en un experto equilibrista de cara al precipicio que espeja el reflejo de un pasajero intranquilo, cuchillo con filo o navaja en mano. Lamiendo sus heridas luego de haber librado la guerra al miedo, al frío y al hambre. Este hombre enreverado, el aullido final sentencia su victoria: ‘no me arrepiento de nada’, dice Fito. Brota la emoción en quienes te queremos, nos moviliza. Te vemos besando el suelo mirando de reojo al cielo, ese que contiene el infinito y, también, el legado inmortal que aguarda a uno de los artistas fundamentales de nuestra nutrida historia musical. Este es tu testamento, bravo Fito.

El referente más trascendental de nuestro rock contemporáneo cierra un año en círculo perfecto. Luego de haber sido galardonado por prestigiosas instituciones a nivel internacional (Premio Grammy al Mejor Álbum de Rock o Alternativo, “La Conquista del Espacio”) y nacional (Premio Gardel de Oro, “La Conquista del Espacio”), su flamante criatura respalda tales reconocimientos. Brújula de sol, regalo de vida para encontrar a Fito, sobresaliente y pertinente, es su personalísimo “Los Años Salvajes”.

A corazón abierto, un mapa de canciones, unas memorias sin filtro, una ruta de excesos, un ensayo de supervivencia, un manual de prueba y error. Mil veces la caída y mil uno la fuerza de elevación. Rescate en el tiempo antes de que sea tarde y un tesoro para guardar que agradecemos. Como Fito sabe agradecer a los afectos, ángeles y mentores que lo trajeron hasta acá. Luminoso y oscuro a la vez, arquitectura sonora con perfección concebida, el disco traduce el presente inmaculado de un artista en continua expansión. Futuro a ser conquistado, objetivo: alegría. La felicidad es un arma humeante diría The Beatles, pero no hay violencia aquí; hay colores, golosinas, una rockola que no para de girar y un corazón palpitante. Una decena de futuros hits, un mago que sigue sacando de la galera letra y música para camaleones. Su naturaleza sangre. Un alma en permanente fuga que replica melodías de hace mucho tiempo ya. Esas que te acordás y volvés a cantar, sin pretender ocultar una lágrima ni esconder esa sonrisa que recuerdan los aromas que te querés llevar. Cada gramo de vida, de quien dejó sus marcas en tu piel. Cada segundo de música, de quien puso las canciones en tu walkman. Perfume para esta tempestad. Llamado de la eternidad atendido. Gracias Fito, por tu vida, una vez más.



Categorías:Alta Fidelidad

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