HISTORIAS CASI OLVIDADAS: El U-977. Por Carlos Pérez de Villarreal

En abril de este año habíamos comentado la rendición del submarino alemán U-530 a las autoridades argentinas de la Base Naval Mar del Plata, el 10 de julio de 1945. Pocos días después otro submarino haría lo mismo.

Esta es la historia del U-977

Botado el 2 de marzo de 1943 en los astilleros Blohm & Voss de Hamburgo, el submarino U-977 pertenecía a la clase VII-C, con un desplazamiento de 871 toneladas. Su autonomía era de 10.000 Km, desarrollando una velocidad máxima en superficie de 17 nudos y en inmersión de 7.

Estaba equipado con Snorkel y equipo FU-M-B (sistema de detección de ondas de radar), con sistemas muy avanzados para burlar a naves antisubmarinas, y a su vez, armado con 5 tubos lanzatorpedos -4 en proa y 1 en popa- y 10 torpedos de 21 pulgadas, disponiendo además, de 1 cañón de 8,8 cm y otro antiaéreo de 2. Su eslora era de 66,5 metros, manga de 6,2 y un calado de 4,8.

El Capitán de Fragata Heinz Schaeffer se hizo cargo del mismo el 24 de diciembre de 1944, pero recién pudo zarpar el 26 de abril del año siguiente por las reparaciones que debieron hacerle, demoradas por los bombardeos aliados a fábricas y talleres. Su misión era permanecer frente al puerto de Southampton en Inglaterra, tratando de entrar si era posible, pero apenas zarparon de Kristiansand el 2 de mayo de 1945 se averió el periscopio principal, por lo que el comandante decidió seguir su ruta, temiendo que si volvían, enviarían a sus hombres a pelear en tierra. Seis días después recibió la comunicación del alto mando (Almirante Karl Dönitz), que le informaba de la capitulación de Alemania. La guerra había terminado.

Schaeffer reunió a todos sus hombres, les informó de la situación avisándoles que no entrarían en combate, pero no acatarían la orden de subir a superficie y entregarse. 

La idea era ir hacia Argentina, sabiendo el buen trato que les habían profesado a los hombres del Graf Spee, el acorazado hundido frente a las costas de Montevideo por su capitán en 1939. Pero era una decisión a tomar por cada uno de los tripulantes.

30 de ellos votaron por el viaje a nuestro país, 2 lo hicieron por España (después se quedarían en el submarino) y otros 16 quisieron volver con sus familias (eran los casados). Se tomó entonces la decisión de desembarcar a estos últimos cerca de Bergen, en Noruega, efectuándose la noche del 10 de mayo, no sin antes tener el contratiempo de quedar varados cerca de las baterías noruegas.

Vencida esta situación partieron hacia Sudamérica.

La travesía fue dificultosa ya que las patrullas de los aliados en el Atlántico Norte, obligó a la tripulación a realizar gran parte del viaje en inmersión, usando el snorkel para cargar las baterías. A los dos meses la situación era patética, los hombres con rostros desconocidos y ojos hundidos no eran los mismos, el moho se había acumulado por toda la nave en esa navegación constante, oscilando entre los 50 y 80 metros de profundidad. Era una experiencia que jamás se había logrado. Incluso se debe agregar que el carácter de la tripulación se volvió hosco, llegando a la agresión verbal e incluso física por el encierro. El comandante Schaeffer, pese a sus jóvenes 25 años, debió sortear varios escollos de sus hombres.

A los 66 días de navegación, subieron a superficie de noche. La emoción flotó sobre el submarino. Habían logrado un record mundial de navegación en inmersión en una nave que no estaba preparada para ello.

A partir de ese momento la situación cambió rotundamente, comenzando a realizar las maniobras reglamentarias acostumbradas. Por esa razón al arribar al puerto de Mar del Plata el submarino llegó en perfectas condiciones de cuidado y limpieza.

Cerca del final del viaje se planteó otro interrogante, la mayoría quería destruir la nave y desembarcar secretamente, pero convencidos por su comandante de que si los descubrían se supondría que con ellos habrían viajado personalidades del Reich, se aceptó una vez más su razonamiento.

Ese 17 de agosto de 1945 en la Base Naval de la ciudad la actividad era casi nula, ya que se celebraba un nuevo aniversario del fallecimiento del General San Martín. El rastreador Py y el submarino Salta luego de cumplir maniobras de patrullaje se encontraban a ocho millas náuticas de la costa, cuando a las 09:15 de la mañana, ambas unidades advirtieron en superficie un submarino extranjero que realizaba señales de luces con el destellador. Ninguna duda que los marinos argentinos presintieron inmediatamente que se trataba de una nave alemana, ya que el Teniente de Fragata Héctor Migone había detectado al sumergible durante una patrulla con su avión Cóndor.

Identificándose como el U-977, el Capitán de Fragata Heinz Schaeffer, al mando, permitía una dotación de presa para que se hicieran cargo de su navío. Se presentaron en cubierta el Teniente de Fragata Rodolfo Saenz Valiente, quien junto a ocho hombres le comunicó que su misión era impedir el hundimiento o avería del submarino. El comandante solicitó la autorización para dirigir la nave a puerto. Eran las 11 de la mañana cuando el U-977 ingresaba en la rada, provocando su presencia una indiscutible agitación no solo en Argentina, sino en toda América.

Comandado por Schäffer, 31 hombres lo acompañaban. Todos jóvenes. Junto al comandante del submarino estaba el primer oficial Karl Reiser de 22 años, el segundo oficial Albert Khan de 23 y el ingeniero Dietrich Wiese que con 30 años era el más veterano. Otros 28 suboficiales y marineros completaban la tripulación

Formados en la cubierta del submarino, la dotación escuchó las palabras del comandante, junto a oficiales argentinos. El capitán Schaeffer recordó a sus hombres los sucesos de la guerra y la prolongada hazaña que habían realizado en ese largo viaje. “A no olvidar que somos soldados alemanes, sobrevivientes de la más temida arma de esta cruenta guerra. Por nuestro camarada de acero, el fiel e indestructible U-977, un triple ¡hurra!” Ese mismo día, a las  20:15 se firmó el acta de rendición,  haciéndose  cargo  del  submarino  germano  la  Armada  Argentina,  poniendo la  nave  al mando  del  teniente  de  navío Daniel Victoria.

Así finalizaba esta aventura increíble de 107 días en el mar.

El submarino fue puesto a disposición del gobierno de EEUU y llevado con tripulación norteamericana a la base militar de Massachusetts, en Cape Cod, arribando el 13 de noviembre de 1945. Tras una reparación técnica en la Base Submarina en New London, Connecticut, inició un periplo que se denominó “Victory Tour” por la costa oeste. Siendo escoltado por el destructor USS Baker, visitó varias ciudades como Nueva York y Washington DC, en una exhibición del poderío militar americano que había ganado la guerra.

Exactamente un año después de su llegada a Estados Unidos, la embarcación fue puesta como blanco de ejercicio de tiro frente a las costas de Boston. El USS Atule lo torpedeó. Con su casco partido al medio se hundió a 40 millas al este de Cape Cod.

Llegaría así el final para este submarino que desplegó una hazaña singular.

Su tripulación fue llevada desde Mar del Plata en ómnibus a Buenos Aires y embarcados a la isla Martín García, tal cual se había hecho con la tripulación del U-530 días antes. Posteriormente fueron transportados al país del norte e interrogados. Su liberación final se efectuó recién en 1947.

Mucho se ha hablado de la conspiración por el arribo de los dos submarinos a nuestras costas. Se supuso en ese momento que antes de entregarse habían desembarcado en las playas de nuestro litoral a personalidades del tercer Reich, e incluso obras de arte y tesoros. ¿Suposiciones, certezas? De los documentos desclasificados nada se sabe con seguridad. Una incógnita más de esta historia casi olvidada.



Categorías:Historias Casi Olvidadas

2 respuestas

  1. Excelente! Una Increíble demostración de liderazgo por parte del capitán Schaeffer.
    Se sabe algo de los soldados que desembarcaron en Noruega?

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  2. Gracias por interesarse. Esa es otra «Historia casi olvidada». Ya lo comentaremos más adelante. Cordial saludo !!!

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