CLÁSICO…: “Enemy Mine”. Por Daniel Cozzolino

Película: “Enemy mine” (Estados Unidos, 1985)

Dirección: Wolfgang Petersen.

“El espacio, la frontera final”

Algo de la exploración espacial siempre atrajo a los artistas. Pensar en otros mundos, otras relaciones, otros conflictos para realmente hacer una alegoría con sucesos y eventos terrestres es una forma perfecta de hacer llegar a las multitudes críticas sociales y culturales que, de otra manera, quizá no les interese siquiera pensarlas. Este es el caso de la película de culto “Enemy mine” o “Enemigo mío”, de Wolfgang Petersen.

En un futuro distópico, el espacio sideral es sólo otro terreno de combate más. Los humanos se encuentran enfrascados en una guerra con los reptilianos Dracs. No se necesita más información que esta: hay un combate que debe ser librado y El Otro es el enemigo. A través de toda su historia bélica, Estados Unidos se ha manejado de esta forma, demonizando al enemigo y poniéndose en el papel de salvadores de la paz (en la vida real) o del mundo entero (en las ficciones cinematográficas). En una batalla, el piloto Willis Davidge (Dennis Quaid) se estrella en un planeta desconocido, violento y hostil. Al principio, Willis parece estar solo, pero no es así: un piloto enemigo Drac sufrió la misma suerte y su nave también se estrelló en el planeta. Pasado el conflicto inicial del encuentro entre pilotos enemigos, donde Willis intenta asesinar al Drac, se forja una incómoda alianza para poder soportar no sólo el clima hostil, caracterizado por lluvias de meteoritos, sino la amenazante fauna local. Será en esta cotidianeidad en la que la línea que traza la guerra dividiendo bandos se desdibuje y se forje una amistad real y afectiva. Y no sólo una diferencia bélica va a desaparecer, sino el sentimiento xenófobo y racista de Willis hacia ese otro que es el Drac (a quien Willis terminará llamando “Jerry” para simplificar su nombre real). Porque “Enemy mine” no solo tira en contra de la guerra sin sentido que enfrenta inocentes entre sí, sino que es una crítica al racismo y la xenofobia (ya sea contra un extranjero como para el racismo de clase o raza). Podría decirse que “Enemy mine” es un heredero espiritual de “Hell in the Pacific” (John Boorman, 1968), donde dos militares (uno estadounidense y otro japonés) quedan varados en una isla del Pacífico durante la segunda Guerra Mundial, teniendo que dejar atrás sus diferencias para sobrevivir. Pero la cinta del alemán Wolfgang Petersen logra llegar más allá, creando una relación que pasará del odio al amor y respeto que sólo se puede tener por un par, un igual.

No sólo Willis y Jerry se volverán amigos, sino que la raza Drac tiene la habilidad de crear descendientes sin necesidad de una pareja sexual (parecería que son partenogénicos como sucede con algunos reptiles). Este es otro punto de giro en la historia: luego de hacerse amigo de su enemigo, Willis tomará el rol de padre del hijo de Jerry, quien le hace jurar la protección de su hijo y que lo regrese a su planeta de origen. Más adelante, el pequeño y Willis encuentran una mina donde los Dracs son explotados y utilizados como mano de obra. De esta forma, el personaje de Willis termina de desarrollar su arco de personaje: comienza con un odio ciego y visceral hacia los Dracs para pasar a entablar una conveniente amistad con Jerry, finalizando su recorrido como un salvador de los Dracs oprimidos haciéndole frente a sus congéneres humanos. La guerra, el racismo y el odio quedaron atrás; Willis no ve diferencias sino injusticias, maltratos de opresores y dolor de oprimidos. Los bandos no se han invertido, sino que han desaparecido, solo está el sentimiento de justicia y hermandad de Willis.

Luego de “Star Wars” y “Star Trek”, el público quizá no estaba preparado para una película de ciencia ficción madura y que toque temas tan bajados a tierra a pesar de suceder en el espacio; por eso “Enemy mine” fue un desastre de recaudación y crítica. La espectacularidad de naves explotando, sables láser y peleas grandilocuentes opacaron la propuesta intimista y afectiva de Wolfgang Petersen, pero quienes se aventuren a entrar en su mundo, descubrirán que las historias simples pueden tener una profundidad inesperada.



Categorías:Clásico y Moderno

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