Pensamientos Encontrados: ACTUAR EN LA CULTURA, SIN MÁSCARA NI DISFRAZ. Por Maximiliano Curcio

Ubuntu: Filosofía tribal apoyada en valores como la solidaridad, la empatía y el altruismo. Esta concepción de vida alternativa, proveniente de la África milenaria, se atiene a una imperiosa regla ética, cuya manera de abrazar la existencia es contraria al egoísmo que domina el paradigma del mundo occidental. “Yo soy porque vos sos”, se traduce una frase Zulú, para explicar que una persona solo “es” a través de otra. Dicho lema de vida y superación es el hilo invisible conector de una práctica adoptaba por el mismísimo Nelson Mandela, por medio de la cual pudo unir a una dolorida Sudáfrica luego del apartheid, a pesar de la opresión sistemática.

Actuar un rol, imaginar una realidad. Interiorización, conocimiento y transformación. Ejecutar una acción, interpretar un sentido. La esencia de la actuación que hace de su arte un medio de comunicación, un cuerpo utilizado para transmitir la propia sensorialidad. El don de la mutabilidad. Actuar arriba y debajo del escenario, realidad que supera a toda ficción. Creernos aquel personaje al que damos vida y resultar convincentes ante la mirada a la que interpelamos. Sin embargo, ¿de qué manera podríamos definir al oficio que excede las fronteras de la representación teatral, televisiva o cinematográfica? Pensemos en actores de la cultura, como eslabones camaleónicos de un colosal mecanismo, que expresan una manera de sentir y pensar. En un espacio que nos pertenece… ¿nos pertenece?

Como Quijote contra molino de viento, me preguntó quién va a leer estás líneas. Quien llegará al punto final sin que lo que sigue a continuación parezca una pérdida de tiempo. ¿Quién comprenderá realmente el motivo? Vivimos un tiempo sin respuesta. Manifiestos disidentes eran los que se firmaban antes, cuando la lucha valía la pena. La edad de la simulación camufla mejor los grises de esos seres que transitan la vida sin desafío alguno. Midámonos, lo mucho cansa. Hay contrastes que merecen ser puestos en perspectiva, y tan solo una chispa basta para hacer arder el bosque. Ok, aquí vamos, como quien arroja una botella al mar…quien quiera oír que oiga.

Con máximo desconcierto y no menos resignación contemplamos un nuevo paradigma humano: la falta de comunicación en la era de las comunicaciones. Nos hacemos de paradojas. Respondemos correos con mensajes automáticos, copiamos links, damos likes, acumulamos followers, filtramos búsquedas y creamos historias de cinco segundos. Alimentamos la cultura de la imagen pasatista. Todo fluye demasiado rápido y sin la mínima apreciación. Disuelta la capacidad de observar, todo parece digerido y destinado a mentes domesticadas. Lugares comunes de hoy. Lo barato vende bien a ojos de los filisteos de la modernidad.

Mayúsculo desafío presentan estos tiempos, tan efímeros y laxos. Diluido el sentido de la palabra compromiso y tergiversado el valor de la noción de exigencia, nos adentramos en un período donde reina la saturación y el agotamiento. Transitamos la generación de la instantaneidad, la vulgaridad y el hastío. La perfecta escena colmada de pequeñas convicciones y aparentes sucesos, sin el más mínimo interés por involucrarse. La avidez pareciera solo corresponder a esa necesidad inmutable de conexión viral, naturalizando la exposición de la propia privacidad. Como comunicadores culturales debemos cuestionarnos por donde pasa realmente el interés generado, a riesgo de sentirnos fuera de tiempo y lugar. Nacimos para mirar, pero restan las ganas de interpelar al otro, puesto ya en marcha el repetido juego de oferta y demanda. Pareciera que actuamos el rol equivocado, si pretendemos direccionar la atención hacia el conocimiento y la curiosidad.  Somos un pequeño engranaje de un cuadro de situación mucho más abarcativo. ¿Somos creíbles?

Un par de interrogantes nos asaltan: ¿Lo hacemos por trabajo? ¿O por puro placer? ¿Minimiza la labor un hobbie por diversión sin la más mínima ambición? ¿Está sobrevalorada la pasión? Las preguntas se acumulan. Permanecemos anónimos años después. Un esfuerzo considerable ante tan magra resultante. Sentimos que lo damos todo, sin embargo, no hay eco que responda, y me quedaré solo monologando. El deseo de superación y crecimiento sucumbe ante la regla dominante. El egoísmo del algoritmo. Pura mecánica cuántica de la world wide web. Las variables: los espacios pagos de publicidad, el compromiso a medias de medios colegas y la tibieza en su máxima expresión para la mayoría receptora. Los valores humanos corrompidos. Ergo, necesitamos un nuevo lenguaje. El modelo contaminado domina el panorama hasta donde alcanza mi vista. Me pregunto, ¿las redes ofrecen una llave o una prisión? No voy a traicionar mis principios. No tengo otros, como dijo Groucho Marx.

Cambiar todo para que nada cambie. La tradición lampedusiana. La cultura en el tercermundismo pende de un hilo sostenido por la siempre acomodaticia burocracia, cultivando mecanismos nocivos. Es un desorden severo en nuestra escala de valores. Son las instituciones en las que no creemos. Es la falta de educación. Es la mentira que compramos al mejor postor. Puesta en marcha de la perfecta farsa y toda regla que cumplir, de manera que nuestra sociedad pueda seguir avanzando. Sabemos de memoria el papel, conforme al mandato civilizado que nos fuera inculcado. No hay nuevo orden mundial que sirva de excusa, lo cierto es que atrasamos años y las consecuencias son inevitables. Más si no nos escuchamos. Aún más si el aislamiento agudiza los síntomas. Una hipótesis acerca de la confinación y las libertades que nos fueron quitadas sin chistar de nuestra parte, aunque es mentira que antes hayamos estado mejor.

Las miradas se comparten y los puntos de vista se debaten. Son los absolutismos, la chatura y el desinterés lo que nos estanca. No se trata de héroes ni mártires aquí. Es la colectividad la que nos salva en tiempo de naufragios culturales. Más Ubuntu y menos ombligo. Al final de cuentas, los proyectos de esta clase se tratan de etapas, sentidos, identidades y progresión. Lo cíclico acaba por aburrir, llegando siempre al mismo lugar donde idénticas puertas terminan por no abrirse. Y los mismos oídos sordos buscan su bien individual. Sin un espíritu cooperativo, es necesaria la reinvención. Dicen que no hay bienvenidas para dar ni formas de partir, pero de palabras nos hacemos esperando que estas resuenen en lo que queda de materia pensante tras la pantalla panóptica.

Ahora, la escena final. ¿Qué es un escenario sino la mentira aceptada por amor a la verdad? Un sabio escribió aquello de que una retirada a tiempo es siempre una derrota, pero, por algún motivo -que no es falso orgullo, aunque me sabe a insatisfacción- siento que escribí estás líneas en ebullición y como válvula de escape, hace tiempo ya. Sean consumidas ad libitum. Mutis por el foro. Confío en que habrá alguien del otro lado dispuesto a departir; ya se escuchan los murmullos antes de que caiga el telón. Un guerrero no detiene jamás su marcha, anunciaba un poeta de luz por allí. Nos encontraremos en la siguiente batalla a librar. No será una más justa, pero será mía. Ésta, ya no la es…



Categorías:Pensamientos Encontrados

1 respuesta

  1. Excelente! A seguir luchando, tiempos dificiles en el cual detenerse a leer esto da un poco de respiro.

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