CLÁSICO…: “Valerie a týden divu”. Por Daniel Cozzolino

Película: “Valerie a týden divu” (Checoslovaquia, 1970)

Dirección: Jaromil Jires.

“Valerie a týden divu” es una joya de la Nueva Ola Checoslovaca del cine y un gusto adquirido. Tras cada revisión, la cinta gana algo nuevo, una nueva resignificación o, simplemente, detalles que se escapan la primera vez. Es, también, una sorpresa en lo que al género se refiere: lo que comienza como una película rosa, con tintes dramáticos y juguetones, sobre la llegada a la madurez de Valerie, se descubre luego como un festival de personajes del horror y de situaciones tensas y casi inmanejables. Pero, ¿no es, justamente, eso lo que significa entrar en la madurez? Todo atisbo de inocencia debe dejarse a un lado para no perecer en el intento de llegar a ser adulto. “Valerie a týden divu” es un reflejo oscuro y deformado de “Alicia en el país de las maravillas”, una versión onírica y simbólica de como un cuento de hadas puede volverse una película de terror en un instante, sólo con el primer plano de una sonrisa macabra.

Valerie es una bella niña de 13 años que vive en una casa con su abuela. Se encuentra en un limbo de momentos, entre el horror de la primera menstruación y el comienzo del alejamiento de la inocencia de la infancia. Es entonces cuando, frente a sus jóvenes ojos, se desenvuelve un nuevo mundo lleno de sexualidad desprejuiciada y la doble vara religiosa de la aldea onírica donde vive. La llegada de una compañía de cómicos ambulantes a la aldea desencadenará una serie de eventos que llevarán la trama hacia adelante y que servirán de motor para esta entrada a la madurez de Valerie. Entre los que se encuentra el Hurón, un hombre pálido, de ropaje oscuro y siniestra sonrisa, capaz de las más diversas metamorfosis, que desde el primer momento llamará la atención de Valerie. Es que, en este juego de opuestos cromáticos que la película propone (blanco virginal para Valerie, negro ominoso para el Hurón), los extremos se atraen en situaciones que se desarrollan hacia un desenlace que roza lo espantoso.

Pero esta cinta no sólo trata el despertar sexual de la protagonista, sino un miedo inconsciente del que no se puede escapar. Como si de otra antípoda se tratase, nos encontramos con los extremos de la juventud/vejez y la desesperación que esta última conlleva. El Hurón promete juventud eterna (a través de sangre joven, cual vampiro clásico) y la abuela de Valerie le entrega su casa, sin importarle su nieta o, siquiera, ella misma. Este terror de la vejez atraviesa la historia casi como una subtrama, mueve al Hurón y es el fruto de promesas falsas. De la misma forma que Valerie no podría impedir su primera menstruación (simbolizada con una gota de sangre cayendo sobre una margarita blanca; el punto de no retorno), la abuela no podría volver a ser joven. La aceptación como parte de ganar poder sobre uno mismo. Una historia y película marcada por opuestos en cada plano que muestra: vida/muerte, inocencia/maldad, pureza/libertinaje, juventud/vejez.

Será esta misma primera gota de sangre virginal sobre la flor blanca lo que atraerá al Hurón, ya que su aparición es poco después. No es de extrañar que la sangre de Valerie atraiga a un vampiro sádico como él, quien expresa sin decoro que lo que lo salvará es la sangre de la niña. Pero, el Hurón además de ser el personaje más oscuro y malvado, actúa como la madurez que ayuda a Valerie a ver lo que la rodea con otros ojos, unos ojos más maduros y sin el velo infantil que antes tenían. Es así como el Hurón la ayuda a descubrir la vida secreta del cura, llena de perversiones sexuales. Este mismo cura, más tarde, se cuela en la habitación de Valerie en un intento de violación a una menor. Nada es sagrado o puro frente a los ojos de la madurez.

La religión terrible es una gran arista del film. Hay una constante crítica a la colonización cultural del catolicismo que sufrió Checoslovaquia en esos años y un intento de tomar aires de libertad de tan fuertes ataduras. Es llamativo el discurso que da el Hurón en la iglesia de la aldea, avalado por el cura, frente a una congregación de niñas inocentes: “Yo, sirviente de Dios, misionero. Vine a ustedes, doncellas, para traerles conocimiento y la promesa de Dios. Oh, doncellas, ¿saben lo que son? Son un apretón de manos del alabastro. Son una pieza de granada sin cortar. Son el barco de una hoja y el capullo que florece. Manos rudas que tocasen sus senos dejarían una huella imborrable”. Oscuro y horrible por lo degenerado; imparable y libertino por el lugar de poder que el Hurón adquiere en la iglesia y frente al cura. Es significativo, en este contexto, una frase dicha por Valerie “Ojalá que esto pudiera terminar con las brujas” (más tomando en cuenta que será Valerie quemada en la hoguera por bruja por el mismo cura que anteriormente intento violarla). La liberación sexual a la que aspira Valerie es la liberación simbólica de la Checoslovaquia de esa época, rodeada de dictadores, religión y violencia.

Polémica y hermosa, onírica y surrealista, con hermosos paisajes y las más oscuras mazmorras, los personajes más inocentes y la representación de la maldad. Cada momento y plano de “Valerie a týden divu” es un festival para los sentidos. Es un placer (re)encontrarse con una película que en los cánones actuales sería imposible de que entre a cualquier circuito comercial.

Pero, ¿no sucede así siempre con las joyas escondidas del cine?



Categorías:Clásico y Moderno

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