GRAN ACTO: “The Assistant”. Por Daniel Cozzolino

Película: “The Assistant” (Estados Unidos, 2019)

Dirección: Kitty Green.

“The Assistant” no es para todos. Es un estudio minucioso y detallado de los horrores de la monotonía de un trabajo de oficina. Un paseo por el infierno burocrático y tedioso de un trabajo. Y, si a todo eso le sumamos el peor jefe que podemos encontrar, la película nos presenta un retrato descarnado del mundo laboral. Hay muchos aspectos donde “The Assistant” triunfa y logra su ardua tarea de ponernos en la piel de La Asistente, romper con la realidad y crear la tan ansiada suspensión de la realidad tan deseada por muchos directores. Pero, antes, mencionemos brevemente la trama antes de hablar de la película.

Jane (Julia Garner) trabaja como asistente de un gran productor de Hollywood y parecería el trabajo ideal, pues ella ansia convertirse también en una productora. Su trabajo de oficina es un manual de tareas repetitivas y aburridas: tipear mensajes, contestar el teléfono, darle excusas a la esposa de su jefe y entretener a sus pequeñas hijas, lidiar con sus compañeros. Lentamente, Jane tomará conciencia de ciertas conductas y actividades de su jefe. En conflicto con ella misma y su posición, Jane actuará en consecuencia con sus creencias, aunque ello signifique poner en peligro su propio empleo y futuro.

Una vez aclarada la trama, “The Assistant” pone sobre el tapete sólo un día de trabajo de Jane. Sólo un día. Y no podemos más que sentir pena y empatía. Es la primera en llegar y la última en irse. Sus compañeros la maltratan y la sienten menos que ellos; le tiran papeles para llamar su atención. Su jefe no es más que violento para hablar con ella, tanto por el teléfono como por correo electrónico. La actitud de sus compañeros, al intentar ayudarla a responderle a las quejas de su jefe, se quedan a medio camino entre la burla y la real ayuda; más un dictado de cómo comportarse y pedir perdón. Es más, “The Assistant” construye tan perfectamente esta despersonalización de Jane y su gradual invisibilidad laboral que a lo largo de toda la película jamás se la nombra. Es “la asistente”. No hay necesidad de saber su nombre, tiene respuestas dictadas para no ganar el odio de su jefe, tiene que volar por debajo del radar para no peligrar su futuro.

Pero, podemos leer algo más que el hastío y la tediosa rutina de Jane. El film logra magistralmente tomar una postura heredera del movimiento “#MeToo” que, por suerte, cambió el panorama del mundo interno del cine norteamericano (y con coletazos, obviamente, en el resto del mundo). Si bien nunca vemos al super productor jefe de Jane (sólo escuchamos su voz o leemos sus correos electronicos), la referencia obvia es el infame Harvey Weinstein y sus nefastas acciones contra cientos de actrices amparado por Miramax.

Jane notará los hilos de su jefe al encontrar un aro de una actriz, que demostrará una real vergüenza al regresar a buscarlo. Las miradas casi ni se tocan, se evitan con una sombra de timidez que las aleja. Una nueva asistente, joven y bella, comienza a trabajar con Jane y sus dos compañeros (varones, lejanos, sin empatía). No tiene experiencia ni referencias, sólo conoció al jefe en un evento anteriormente. La actitud de Jane, imbuida de sororidad luego de reflexión, será la de protegerla desde un costado empresarial y laboral: hablar con la Oficina de Recursos Humanos. Pocas veces se puede ver una escena tan violenta, tranquila y descorazonada. Jane plantea la situación de posible acoso sexual y abuso de posición de poder del Jefe; la respuesta de quien debería ayudarla, primero, será la de sospechar de celos de parte de Jane (sospechando que todo reside en que la nueva asistente está ubicada en una suite de lujo), y luego aconsejarle que no tire su futuro por un caso como este. Jane se retira más derrotada y abrumada de lo que entró, un ejemplo claro de la complicidad machista, encubrimiento de las personas con poder y las situaciones que se ocultan por dinero. Este abismo que se crea entre Jane y el hombre de Recursos Humanos (y toda persona del sexo opuesto, a decir verdad) sólo se acentúa cuando, al hablar con una mujer, ésta le dice, refiriéndose a una actriz que tiene un “casting” a altas horas de la noche: “Ella va a ganar más que el”. El machismo y el patriarcado se ha infiltrado entre todas las grietas; ya no está únicamente en los hombres. Es cuando lo ve desde una mujer que Jane finalmente se derrumba, no hay nada que pueda hacer contra un monstruo así de grande.

La actuación de Julia Garner es impecable. Jamás eleva la voz, su sonrisa fingida, su tamaño que parece reducirse en ocasiones de violencia psicológica. En las pocas escenas en las que Jane llora, son lágrimas que toman mucho más cuerpo por lo escasas que son. La situación desesperante llega a un clímax insoportable por lo silencioso. La quietud de sus escenas grita mucho más que cualquier otra cosa. La decisión estética de no musicalizar ninguna escena es otro gran acierto; nada de esta situación por la que vive Jane merece ser atenuada con música incidental. Este desarraigo incluso de una banda sonora aporta a construir la soledad de la protagonista.

Otro tipo de película mostraría escenas escabrosas y situaciones incomodas de mujeres abusadas, pero “The Assistant” no es una propaganda feminista obvia; responde al movimiento #MeToo desde un lugar inteligente y respetuoso. Los abusos y violencia pasan fuera de cuadro, pero no por ello son menos fuertes, ultrajantes y repulsivas; nos ofende de igual manera que si las viéramos.

Como cada escena en la que vemos a Jane tranquila y serena, hay que recordar el dicho: “Las aguas calmas son profundas”.  



Categorías:Gran Acto

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