GRAN ACTO: “Película: “In the Mouth of Madness”. Por Daniel Cozzolino

Película: “In the Mouth of Madness” (Estados Unidos, 1994)

Dirección: John Carpenter

En la extensa carrera cinematográfica de John Carpenter hay ejemplos de todo tipo en lo referente al terror: fantasmas en marte, alienígenas creadores de conspiraciones en la Tierra, asesinos enmascarados, barrios chinos llenos de leyendas vivas. Pero ninguna de esas películas llega al frenetismo de “In the mouth of madness”. A través de sus 95 minutos nos vemos envueltos en un viaje directo a la locura que no dará respiro al espectador, mucho menos a su protagonista, John Trent. Si esta película se tratara de un corte de carne, no existiría la grasa. Nada sobra y nada falta en esta película.

Trent es contratado por una editorial para que encuentre a su escritor estrella desaparecido, Sutter Cane, una especie de Stephen King mezclado con H. P. Lovecraft (“Olvídese de Stephen King, Cane vende más” nos dice la película, mientras que el nombre es un homenaje directo al libro “En las montañas de la locura” de lovecraft). A partir de aquí, somos lanzados  junto a Trent en una busqueda que lo meterá de lleno en los lugares más recónditos del terror literario. Trent encarna al clásico escéptico que toda película de terror necesita, alguien que basa su accionar en su lógica implacable y descree tanto de la editorial que lo contrato como de la calidad de los libros de Sutter Cane. La histeria colectiva que generan estos libros en sus lectores menos estables llevaron a un caos social donde las personas se agolpan y se pelean entre ellas con tal de conseguir el último libro de Cane. ¿Crítica al capitalismo más descarnado? ¿O a la individualidad de los integrantes de una sociedad cada vez más fragmentada, preocupados únicamente por el bienestar propio? Todo puede ser con las sublecturas de la obra de Carpenter (no sólo en este film, sino en toda su filmografía). Regresemos por un momento al comienzo del film:

Un riff de rock pesado suena mientras vemos la maquinaria de una imprenta, escupiendo páginas a una velocidad imparable. Con solo unos minutos de intro, a través de los títulos y nombres de los realizadores de la película, John Carpenter realiza su primer comentario silencioso: ya nada es único, lo popular llega a todos lados y hasta el más personal de los creadores se vuelve un producto más de un engranaje capitalista centrado únicamente en el dinero. Incluso la editorial que representa a Cane lo dice abiertamente: “Sólo deseo nuestra parte si esta muerto o nuestra propiedad si vive” al referirse a la desaparición de su escritor estrella. El libro visto como un resultado comercial, la masividad de lo popular que se filtra por las grietas de todo y todos y llega al centro, al interior de la humanidad. “He vendido más de mil millones de copias. Más gente cree en mi obra que en la biblia” dirá Cane sobre su obra, imbuido de orgullo y vanidad (casualmente, cayendo en estos pecados mortales dentro de una cabina de confesiones en una iglesia).

El trabajo de montaje elegido por Carpenter es magistral, sirviendo exclusivamente al desarrollo de la historia y acentuar el grado de locura que la película quiere representar. Desde su historia en forma de anillo (la película comienza con Trent siendo hospitalizado en un manicomio y desde allí hace un flashback que abarca el 90% del film) hasta un frenético uso de montaje rápido de escenas dispares, erráticas y violentas. Poco le importa a Carpenter en mostrar, incluso, el final en estas visiones que tiene Trent; no importa el final, sino el camino recorrido. Dicho montaje tiene como único propósito poner al espectador en el cuerpo de Trent; ambos estarán perdidos alrededor de la historia, dando tumbos, suposiciones y sin saber si creer lo que está pasando. Ya desde el primer momento en el que Trent se adentra en el universo literario de Cane (al comprar muchas de sus novelas para tratar de entenderlo) es que cae atrapado en una red de pesadillas y sueños dentro de sueños que lo harán tirar el libro contra la pared. Pocas películas logran posicionar al personaje en una línea tan fina con el espectador.

El mensaje es desesperanzador, como poco. La sociedad al borde del colapso por modas o fenómenos pasajeros. Individualidades, egoismo, locura, capitalismo. Una película de horror que critica al horror mismo: “Arruinamos el aire, el agua, a nosotros mismos. ¿Por qué no terminamos el trabajo tirando nuestros cerebros por el excusado?”.



Categorías:Gran Acto

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