DESAYUNO DE CAMPEONES: Bill Russell – Héroe de Leyenda. Por MAXIMILIANO CURCIO

Secundado por Muhammad Alí, Jim Brown y Kareem Abdul-Jabbar, la figura de Bill Russell destaca en la icónica foto tomada durante el año 1967, con motivo de las protestas sociales que sacudían los cimientos de una nación. Un convulso tiempo en donde Norteamérica, literalmente, ardía en reclamos qué buscaban visibilizar el segregacionismo racial que veía a la comunidad afroamericana sometida por la impunidad, el crimen y el odio estigmatizante, al tiempo que la Casablanca dedicaba su abultada agenda política a los designios de la cruenta contienda en Vietnam.

Ferviente defensor de los derechos civiles para sus hermanos de color, la valentía de Russell en alzar su voz jamás estuvo puesta en dudas y su labor resultó, francamente, encomiable. Proveniente de la Universidad de San Francisco (California), fue drafteado por Boston Celtics, a la edad de 22 años, en 1956. ¿Se imaginan lo que era para un jugador de color pasar a integrar las filas de un equipo como Boston Celtics? La urbe capital, identificada con el trébol de la suerte, no solo tenía una población mayoritariamente blanca, sino que el Estado de Massachusetts al que pertenece poseía uno de los índices más alarmantes a la hora de graficar la enorme brecha racial que azotaba a Estados Unidos a mediados de los años ’50. Podremos intuir lo en extremo dificultoso que le resultó a Russell adaptarse a la necedad imperante por aquellos años.

Trece años después de haber debutado, el espigado pívot que volviera icónico su dorsal número seis, podía considerarse el emblema deportivo más grande que la ciudad haya contemplado vez alguna…aunque su camino a convertirse en héroe identitario de la franquicia bostoniana haya tenido que atravesar un auténtico calvario del cual las generaciones presentes deberían aprender a reivindicar. Nativo de la marginal Luisiana, Russell convivió de adolescente con la temible amenaza del Ku Klux Klan, para años más tarde transformar las marcas del dolor en un fuego incombustible que llevó su noción del juego, pericia técnica, aptitud profesional y deseo de superación a un nivel de desempeño superador. Dotado físicamente y casi siempre el jugador más inteligente sobre el parqué, Bill Russell tenía un acercamiento al arte defensivo casi científico: cambió la forma en que el juego era entendido como tal y llevó a sus equipos contrincantes a alterar el diseño de la ofensiva. Con apenas sus pasos retumbando en los oídos de los atacantes, el coloso bostoniano hacía de su mera presencia una peligrosa arma intimidatoria.

Su palmarés es incontrastable: posee el porcentaje ganador más apabullante de toda la historia. Obtuvo once anillos de campeón en trece temporadas en activo. Un índice de efectividad astronómico y casi imposible de superar. Haciendo de la defensa su principal instrumento, impactó el juego desde una perspectiva inusitada, relativizando su impacto ofensivo (jamás colocó números exorbitantes) con miras a redefinir el canon de estrella anotadora que por aquel entonces encarnaban otros gigantes como George Mikan o Wilt Chamberlain. Portentos ofensivos que se medían con Bill cada noche, intimidándolos este con su férrea defensiva. As reboteador y taponador como esta liga no ha vuelto a ver, su solidaridad, caballerosidad y nulo egoísmo dentro del parqué resultaron virtudes que antepusieron sacrificio a lucimiento personal, en pos de un favorecedor resultado final.

El esencial entendimiento del deporte como juego en equipo lo llevó a triunfar dos veces en el basquet universitario (NCAA). Russell supo entronarse como la quintaesencia de la eficiencia. Junto al mítico entrenador Red Auerbach, formó un tándem de maestro-discípulo insuperable, y al retiro de este tomó las riendas técnicas del equipo, convirtiéndose, no solo en el primer activo en cumplir doble rol de jugador/head coach, sino también de ser el primero (y único a la fecha, sesenta años después) en guiar a su equipo a un campeonato, en dos ocasiones (1967-1968). Pionero absoluto y eterno disidente a nocivas reglas imperantes, tras retirarse como jugador, fue entrenador de Seattle SuperSonics (1973 a 1977) y Sacramento Kings (1987 a 1988), convirtiéndose en el primer afroamericano en ocupar el banquillo de sendas franquicias, derribando las últimas resistencias de inconcebibles barreras raciales.

Emblema de la inigualable dinastía Celta, nombrado cinco veces MVP (1958, 1961/1963-1965), exaltado al Salón de la Fama del Baloncesto (1975), receptor de la Medalla Presidencial de la Libertad (2011) y autor de los imprescindibles libros “Second Wind” (1979) y “Russell’s Rules” (2001), a Bill Russell no lo define su palmarés traducido a fríos números. Tampoco que el dorado trofeo de MVP de las Finales lleve su nombre. Sabiendo de la importancia de generar conciencia en pos de erradicar obsoletas creencias, su impacto sacudió las anquilosadas estructuras de un deporte conservador y mayoritariamente blanco. Su legado está hecho de intangibles y su espíritu libertario dueño de un compromiso moral tan admirable como duradero.



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