HISTORIAS CASI OLVIDADAS: El cuadro de Napoleón. Por Carlos Pérez de Villarreal

Nadie sabe si los retratos de los grandes hombres se les parece, basta que sus genios vivan allí – Napoleón Bonaparte.

Tras el golpe de Estado ocurrido en Francia en 1799, Napoleón retoma las campañas militares para conseguir mayor territorio, recursos y, por supuesto, prestigio personal. Cruza el Paso de San Bernardo con sus tropas. Sabe que es una expedición de alta envergadura y que someterá a su ejército a condiciones extremas, pero lo logra.

Esta hazaña, perdurará en los anales de la historia, acrecentando su leyenda y su carácter de héroe.

Cuando llega al otro lado, la batalla ya había sido resuelta a favor de los franceses.

Pero Napoleón decide perseguir a los austríacos que se batían en retirada y los derrota nuevamente en la batalla de Marengo. La campaña brinda la victoria francesa y obliga a los austriacos a retirarse.

La República Cisalpina que conquistó, termina siendo un estado satélite creado para la Primera República Francesa. Su capital era Milán, y en 1805 se convertiría en el Reino de Italia, del que Napoleón se coronaría como rey.

Este dominio italiano, crea una nueva relación con España. Napoleón, envía a carlos IV, en ese entonces el Rey del estado español, un par de pistolas versallescas. Este agradece y comisiona al pintor Jacques-Louis David, a través del embajador español en París, la realización de un lienzo enorme de Napoleón en posición ecuestre. Fue instalado en el palacio real de Madrid, como señal de respeto mutuo entre ambos estados.

Napoleón sabía de la excelencia del pintor, por esa razón le encarga tres copias más. Se sabe que una quinta fue realizada por el artista para su colección particular.

En el cuadro, el joven Napoleón ostenta una figura imponente a lomos de su caballo encabritado, dirigiendo a sus tropas como un verdadero héroe, envuelto en una gran capa roja. Su gesto triunfal con su brazo en alto y la mano extendida, señala la cima de la montaña. Aquí podemos observar un tinte psicológico de bravura y coraje, de mucha energía, incitando a sus soldados a seguirlo con desusado valor. El hecho de que sea ecuestre, alaba su hazaña y liderazgo.

Se sabe que esta representación es exagerada, idealizada, para un personaje encumbrado, ya que Napoleón cruzó el paso guiado por expertos, en uniforme de campaña y a lomos de una mula.

El rey español solicitó que Napoleón figurara vistiendo las galas de Cónsul, similar al suyo, para mostrar su poderío como jefe de Estado. Consultado por el embajador, estuvo a punto de ser caracterizado pasando revista a su tropa. Finalmente se decidió por el retrato ecuestre como solían representarse reyes y emperadores. Eso sí, se negó rotundamente a posar, diciendo que lo que debía retratarse era su carácter y no su apariencia física. El pintor logró rescatar ropa de Napoleón para pintarla, un busto suyo y a dos de los caballos que solía montar. El óleo sobre lienzo de 2,75 x 2,32 cm, es de estilo neoclásico.

Si observamos el cuadro con detenimiento, el propio caballo refleja a su jinete; apasionado, pujante, memorable.

Vemos que en las rocas se ven grabados los nombres de dos grandes figuras de la historia que también cruzaron los Alpes: Aníbal y Carlomagno, a lo que Napoleón quería ligar su heroísmo. El se sitúa entre medio de ambos, apareciendo más que un jefe militar, una figura histórica universal.

Señala con su dedo índice a lo alto de las montañas alpinas, en señal que quiere coronarlas como una muestra de su indomable voluntad de superación. Al mismo tiempo, aparece sin armas, señal de ser considerado un gobernante más que un militar.

Esta es una indicación de afirmación de la corona española hacia su persona, pero al mismo tiempo era un recurso eficaz de propaganda política, para elevar a una nueva fundación de Francia como imperio.

Historia de los cinco cuadros

El original permaneció en Madrid hasta 1812, cuando se lo llevó José Bonaparte después de abdicar como Rey de España. Quedó en su finca de Point Breeze, New Jersey. La pintura fue pasando de un descendiente a otro hasta 1949, cuando su sobrina bisnieta, Eugenie Bonaparte, lo legó al museo del castillo de Malmaison.

La versión creada para el castillo de Saint-Cloud de 1801 fue llevada en 1814 por soldados prusianos bajo el mando de von Blücher quien se lo ofreció al rey de Prusia. Actualmente se encuentra en el palacio de Charlottenburg en Berlín.

La copia de 1802 para Les Invalides se quitó y se llevó a un almacén durante la restauración de los Borbones de 1814; pero en 1837, por orden de Luis Felipe, volvió a colgarse en su recientemente creado museo en el palacio de Versalles, donde permanece hasta ahora.

La versión de 1803 fue llevada a Milán pero confiscada en 1816 por los austriacos. No obstante, los milaneses rehusaron entregarla y permaneció en la ciudad hasta 1825. Finalmente fue instalada en el Belvedere en Viena en 1834. Allí permanece actualmente, formando parte de la colección de la Galería de Arte Austríaco.

La versión que conservó David hasta su muerte en 1825 se exhibió en el Bazar Bonne-Nouvelle en 1846. En 1850 fue ofrecida al futuro Napoleón III por la hija de David, Pauline Jeanin, y la instalaron en el Palacio de las Tullerías. En 1979, fue entregada al museo en el palacio de Versalles.

Bibliografía

Paloma Marciel – La historia a cuadros

http://www.historia-arte.com

ww.revistamundoequino.com



Categorías:Historias Casi Olvidadas

1 respuesta

  1. Excelente información histórica y un análisis formal de una obra de arte que destaca el espíritu que anima a los protagonistas. Un cuadro muy bien enmarcado en su tiempo.

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