Ensayo: “¿Por qué escribimos?”. Por Amanda Patarca

1.-) Ejemplo ficcional.

Distancia es lo que necesito. Este sentimiento que me corroe el alma será la causa de mi perdición: me encuentro embargada por una sensación atroz de incertidumbre.

Me refugié en la lectura de obras de autores clásicos; literatura garantizada, de la buena dicen. Pero fue en vano, ella solamente puede acompañar y, tal vez, distraerme; jamás podrá solucionarme este problema vital que me invalida. Sin embargo, mientras esto pienso tratando de escribirlo de algún modo, siento que me voy reconstruyendo. Y si tuviera que conceptualizar, en este instante, a esta sensación llamada angustia, lo haría en tiempo pasado. Porque pude transferir, ¡para mi bien y por un rato!, mi problema existencial. Me ha invadido el imperativo categórico de describir, desde adentro, el vacío que se siente estando solo como un perro de la calle, lleno de parásitos y sin comida. Las garras que apretaban mi garganta haciéndome temblar; el vértigo con náucias contenidas, seguidas de estertores inquietantes y la idea de agonía como preludio de muerte ya han cesado. Recobré la libertad. Me han crecido alas para volar con la imaginación a donde quiera. Y asida a esa libertad, que nació coincidentemente con el uso del lenguaje que otorga la literatura purificadora, para nacer de nuevo, puedo afirmar que dominé mi angustia conjugándola, escrita y, en este, mi caso, caso, tiempo pasado. Aunque las perspectivas de otros ojos avizores colorearán, sin dudas, los textos producidos, concretando multifacéticas seducciones. ¡Viva la palabra escrita con ansias de salvación! Bienaventurada sea, porque ella, por ahora, consigue trasladar la línea temporal vislumbrada por los hombres desde la Tierra -destino- un poco más allá del horizonte.

2.-) Algo como esbozo de Teoría.

Un pragmático deseo: “Que la realidad se afirme”, nos domina al evocar. Sin embargo, el recuerdo desde su sitial en la memoria nos influencia con su resabio acosador: “la duda”. Es que la bruma, acumulada entre el hoy y el pasado, nos insta a fabular de manera involuntaria. A veces, sin el beneficio de la duda, aquello que se presenta como recuerdo no es más que alguna forma de sustitución. Y allí, en esa instancia, cuando el autor busca afanosamente dejar algún testimonio escrito, es donde comienza la literatura. Por todo eso y a fin de ordenarnos en la prosecución de este análisis, enumeraremos, entonces, los recursos, que son variados pero afines. Veamos: recuerdo, memoria (como campo de abordaje), realidad, nostalgia, ficcionalidad conmemorativa relativa y parcial
como efecto necesario ineludible, consecuencia del aporte creativo en el tratamiento del relato evocador. Relato que deberá contar, para progresar como página literaria, con una intención, generada por el autor de la obra; detalles inobviables, sintetizados en dos ítems: perfección conceptual y belleza estilística. Ambos, desde sus cimientos soportadores de estructuras. Intención que puede aparecer a partir de esa primera instancia imprecisa, 1) Como conscientemente proyectada, desde el instante inicial de la puesta en marcha del texto, y/o 2) Ir fluyendo de manera instintiva, a medida que el escritor va progresando en su elaboración.

3.-) Complemento como final no acabado.

Surgido de mi experiencia extraída en nuestras reuniones de los sábados a las que llamamos: Asambleas La palabra consigna la tomamos todos, aquí, como sugerencia para tener en cuenta al encarar la elaboración de futuros textos. Por ejemplo: En nuestra asamblea, muchas veces dimos como posibilidad de uso tres palabras que debían estar contenidas en el texto (corto, mediano o largo), a concretar. Las palabras pudieron haber sido: Puente, zanja y autopista. Para trabajar como ejercicio didáctico se respetaba la consigna dada, si era única, o las varias consignas si provenían de otros. Cada uno de los futuros escritores elegía una, integrada por las tres palabras propuestas y trabajaba componiendo un texto cualquiera para tratar de cumplirla. En este caso, lo que en nuestra Asamblea se envió como consigna fue una propuesta en la cual, a mi entender, cuando se trabaja literariamente, en relación o en función de una evocación, con todos los recursos disponibles provenientes de la memoria -como campo de acción y abordaje-, siempre existirá una distorsión respecto de lo recordado y allí, digo -según mi criterio-, comienza la literatura de ficción porque la creatividad va forjando, contaminado, el resto del texto. Algo conocido y recordado por muchos puede ser una obra que genere el asombro de los innumerables testigos que ese hecho tuvo. Muchos de los integrantes de nuestras Asambleas, por ejemplo, con sus evocaciones, conocidas muchas de ellas por todos nosotros, al leérnoslas, sin embargo, nos llevan, sin generar reparos, al asentimiento, a la crítica (si no vemos el hecho desde su mismo punto de vista) al sombro por el encuentro de palabras que embellecen las circunstancias o situaciones traídas, por esa evocación, al hoy. Y siguiendo un poco más con esta sugerencia que ninguno quiso denominarlo “deber”, debemos decir que escribir ficción pura es otra cosa, muy difícil de hacer porque siempre el espíritu humano con su carga vital acecha arrinconada para introducirse en cualquier descripción sin nosotros darnos cuenta. Carga vital sería la que llevamos escondida en nuestra mochila en cada punto del ahora, (soportadora del propio peso del presente). Carga vital personal, propia, intransferible. Esa, la que llegó a ese punto, nutrida por los hechos de los cuales tomamos parte o no (referenciales). Pero que, de alguna manera, posibilitan la concreción de los recuerdos. Los cuales, desde el principio de los tiempos históricos, a partir de la huella dejada en la memoria, cimientan nuestro empuje para proyectarnos, enérgicamente, hacia el porvenir.



Categorías:El Muro

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