RELATOS: ¿Conocieron al papá de Batman?. Por Antonella Corallo

—Claro que Batman estaba en mis planes —contesto cada vez que alguien me lo pregunta.

Y para amordazar dudas, ¡no! Estos músculos repletos de grasa no me traumatizan, parecen explotar de una manera muy heroica, les informo por si no sabían…

Reemplazo poco a poco el vacío emocional por una gran papada, ¡mírenlo, analícenlo!; tengo tatuado el rostro de Batman.

—Sí, está infectado —aseguro ferviente cuando se quedan observándolo—. ¿Qué les pasa? ¿Nunca conocieron a un tipo que tatúa barato?

Claro, porque acá todos son hombres de trajes, gel, auto nuevo y las orejas bien limpias, ¡blanquitas!, no todo tiene que ser blanco en esta vida, ¡racistas! Quisiera comprobar si tienen mugre debajo de las uñas. Los miro, ¡sin un ojo! Los miro de cabeza, colgado del columpio, se ríen.

—Voy a volar —grito. Nadie me dice que sigo tirado en el piso.

¡El piso!, sabor extraño, sabor a chicle baboseado. La paloma no aguantó y tuvo que ser descortés en mis zapatos.

—No es mala suerte, es obra del destino, algunos nacen médicos —le digo siempre al tipo que cuida el arenero, me saca de quicio porque nunca escucha—. ¡Dale hombre! Deja de chuparte el dedo —hace puchero, se pone a llorar—. ¡Qué mal estás! Para que sepas; hay gente que nace siendo gente, se queda ahí en la muchedumbre, no se le conocen ni las metas ni los objetivos. Vos esperas que griten, que enloquezcan, que hagan algo, ¡que lloren aunque sea!, ¿pero sabes que es lo único que hacen? ¡Comer!, ir al trabajo, e ir al baño, si el jefe se los permite… En fin, hay personas que vienen en cigüeñas, yo por ejemplo vine en un tucán a toda carrera. Estaba apurado y por eso me quedó el ojo emparchado, casi me tira en uno de esos bosques que comen bebés, pero por suerte me arrojó a una juguetería y ví a Batman. ¡Batman! Ser indescriptible que fue creado para impulsar la imaginación educativa, esa que te genera un no sé qué en la pancita. Claro que antes de conocerlo tenía sueños coherentes; más o menos, pero ahora no estamos hablando de coherencia, estamos hablando de cómo Batman me cedió sus poderes. Seguramente lo escuchaste, no es como supones, es mejor. Batman, un poco alcoholizado y en ropa interior me dijo al oído: «Yo no soy tu papá, deja de decirme así», ¡tenías que admirarlo! La boca mágica, la boca parecida a… ¿viste cuando los colectivos largan humo y te quedas tosiendo por dos horas seguidas? Bueno así, pero con aliento feo, y él me seguía diciendo: «no soy tu papá», hasta que un día se me ocurrió preguntarle: «¿quién sos entonces?» Miró la juguetería entera, primero clavo sus ojos en las Barbies, luego en una sirena, pero no sé cómo ni porqué terminó afirmando: «soy Batman». Por consecuente esa misma tarde, cuando lo atropelló un colectivo, yo heredé el cargo. Tampoco era ministro, soy consciente, ¡era Batman! Muchos me dijeron que había usado jeringas, pasa que él era así, le gustaba ser generoso y donar mucha sangre a los que la necesitan, lo negaba con todas mis fuerzas, sin embargo, por ahí en el barrio se seguía comentando: «Batman estaba volado», ¡por supuesto!: Batman estaba volando.

—Pero Batman no vuela.

—Callate y escuchame. Utilizan esas expresiones porque no les enseñan ortografía en la escuela. La falta de educación es así, vos decís: «quiero llegar a la luna», y te advierten: «Mirá que ya lo hizo fulano de tal» recordar el nombre es inútil porque dicen puras mentiras. Expresas con el corazón en la boca, que querés ser astronauta y te cortan las alas, no importa la profesión; abogado, maestro, electricista, ¡cualquier cosa! Te despertas un día y decís «quiero ser yerba», ¿y que te dicen?: «Las yerbas ya existen». ¡Sí, ya sé que existen! Tampoco quería ser nada original, quería ser querido que es algo muy distinto, no me fue tan mal, ¡bah! aunque a veces sueño con conocer la escuela, ¿vos vas?

—¿Hace mucho tiempo que no tenés «baticueva»? —preguntó con el dedo en la boca, buscando a un villano inexistente.

Después de dos horas de charla su guardaespaldas o su cuidadora se dio cuenta que estaba hablando conmigo, eso porque el celular la distraía. Lo quitó de mi alcance, lo levantó con una fuerza impresionante y dijo:

—No se habla con esas personas.

Si por caprichos del destino llegaran a encontrarme, por favor recuérdenme el nombre del que pisó la luna. Estoy disponible por si alguien quiere llevarme a la escuela, ¡nunca es tarde! mientras tanto, ¿puedo decirlo papá a cualquier desconocido que pase?



Categorías:Pura Ficción

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