NUEVAS PANTALLAS: “Héroes, Silencio y Rock & Roll” encabeza las novedades del mes de abril. Por MAXIMILIANO CURCIO

El cine regresó a las salas en nuestro país y a través de este espacio mensual, buscamos llevarte las mejores recomendaciones de la cartelera nacional e internacional. Pretendemos visibilizar el mejor cine de autor y animarte a que conozcas el emergente cine independiente que prestigia nuestra industria. Vamos a descubrir hallazgos cinematográficos dignos de recomendación, nóveles cineastas trayendo conceptos renovadores y también experimentados realizadores con un presente digno de celebrar. Aquí podrás encontrar reseñas de películas en cartel o disponibles en streaming; también todas aquellas participantes de festivales y ciclos especiales. Valoramos la diversidad en géneros y pluralismo de miradas, tanto del cine de ficción como del cine documental. No olvides revisar horarios de proyecciones y links de acceso en nuestra Agenda Cultural Mensualhttps://revistasieteartes.com/agenda-cultural-semanal/

HÉROES: SILENCIO Y ROCK & ROLL (2021, Netflix): El flamante documental de Netflix sobre la mítica banda de rock hispana Héroes del Silencio, posee finalmente su fecha de estreno, el día 23 de abril, luego de una serie de postergaciones que dilataran durante más de dos meses su lanzamiento. El documental está dirigido por Alexis Morante, un talentoso cineasta y realizador de videoclips, responsable de pormenorizados trabajos previos en el ámbito documental sobre la figura de Enrique Bunbury, entre los que destacan los largometrajes “El Camino Más Largo” y “Licenciado Cantinas” y los videoclips de “Odiame”; “Los Habitantes”, “Despierta”, “Salvavidas” y “Cuna de Caín”, entre cuantioso material editado entre ambos artistas. Héroes del Silencio, uno de los grupos de rock en español más destacados de las últimas décadas, nació en Zaragoza, y estuvo formado, inicialmente, por Enrique Bunbury (voz y guitarra rítmica), Juan Valdivia (guitarra solista), Joaquín Cardiel (bajo) y Pedro Andreu (batería). Iniciados a mediados de los años ’80, experimentaron pronto un gran suceso en España e Hispanoamérica, hito que los llevó a recorrer varios países europeos para luego convertirse en uno de los grupos más exitosos de la historia del rock en español. Luego de doce años en la carretera, en los que publicaron cuatro álbumes de estudio, vendieron más de seis millones de discos y encararon giras mundiales, presentándose en más de treinta países y ofreciendo más de mil conciertos, la banda se separó en 1996, dejando tras de sí un legado único. Héroes fue conformando su propia identidad musical gracias a un gran cuidado de su imagen, construyendo una iconografía y simbología muy propia. Apegándose a una poesía que se nutría de diversas influencias literarias, hizo gala de una gran riqueza lírica, acompañada de melodías complejas y una base rítmica fuertemente influenciada por clásicos del rock anglosajón. Épicas canciones, potente sonido, rebelde actitud y auténtica impronta fueron los cuatro ingredientes que convirtieron a Héroes en una fórmula consolidada de eximia banda de rock. A lo largo de cuatro discos de estudio, hicieron eternos una serie de representativos himnos clásicos del rock español, infaltables en cualquier setlist: “Maldito Duende”, “La Chispa Adecuada”, “Sirena Varada”, “Entre Dos Tierras”, “Iberia Sumergida”, “El Camino del Exceso” y “Mar Adentro”. Arrastrando una legión de fervientes seguidores alrededor del mundo, la gran virtud que posee (y también marca registrada del Bunbury solista) es un desarrollo musical como emblema de una continua evolución, cuyos discos enmarcan un momento concreto de su presencia cohesiva como grupo. El documental se vale de grabaciones inéditas, ensayos de la banda, instancias de gira de suceso mundial, intimidades que nos acercan a sus integrantes y el valioso aporte testimonial a manera de dimensionar la naturaleza de un fenómeno masivo de impar trascendencia. Durante su metraje, podemos comprender la naturaleza de este fenómeno que tomó por asalto los festivales under de música rock y pop de España a mediados de los ’80, luego los sets televisivos y, finalmente, se convirtió en un extraño suceso de culto en Alemania. El documental también atraviesa la incomprensión de la prensa y la estética publicitaria que marcó la identidad de grupo durante los primeros años. También, la vida en la carretera, plagada de excesos. Percibimos el angelado carisma de su frontman y su ética de trabajo incontrastable, un aragonés incesante explorador de nuevas aventuras musicales; acaso aquellas búsquedas cimentaron la guerra de egos que acabó separándolos. Tan magnífica impronta es la que trasluce el reciente registro estrenado vía streaming, agigantando más aún su persistencia como ícono de una época. A catorce años del tour de regreso que los reuniera brevemente durante 2007, escuchar a Héroes del Silencio siempre es una oportunidad para rescatar joyas olvidadas y redescubrir la impronta de un grupo que entregó al mundo entero la llama incandescente que ilumina a su paso el siempre sorprendente Enrique Bunbury.

“RAFA, SU PAPÁ Y YO” (2021): El director Sebastián Muro parte de una idea tomada como primigenio ejercicio académico, transformando la experiencia lúdica en un suceso revelador que contará una historia personal y, través de la cual, establecerá un diálogo paterno-filial en un tono íntimo que jamás antes se había materializado entre ambos. De esta forma, el relato de episodios cotidianos muta en un sanador saldo de cuenta pendientes entre ambos, y este retrato de intimidad en situaciones personales cobra un hondo matiz. El personaje de Rafa, en sus quehaceres diarios, otorga un sello de liviandad a semejante caudal emocional con su excéntrica personalidad, al tiempo que ciertos patrones familiares se nos revelan en esta radiografía cronológica que recurre a la digitalización del archivo genealógico, consistente de registros en fílmico, super 8 y VHS familiares. El cine, en su eterna quimera como motor de búsqueda identitaria y resignificando su naturaleza en la mirada autoral, se adivina aquí como puente para el vínculo indestructible que una al cineasta y su objeto de observación.

UNA CASA LEJOS (2021): Revelándose como una pequeña gran historia que nos narra un vínculo familiar conflictivo entre padre e hija, “Una Casa Lejos” representa el debut de Mayra Bottero en el terreno ficcional, colocando la duda sobre la supuesta maldad inherente en el ser humano y nuestra siempre superadora capacidad de desconfiar de todo semejante, incluso sensibilizado el juicio de valor por el vínculo cercano. ¿Creeremos en las buenas intenciones de su protagonista principal? ¿O es que este hombre de la tercera edad persigue otras motivaciones sobre la joven a quien protege?En las relaciones interpersonales que narra y la motivación argumental central, favorece al resultado final del film el verosímil de una historia que se atañe a un realismo que no apela a ciertos relatos de dolor ya transitados por nuestro cine. Su autora nos deja en claro que la fuerza movilizadora de todo sentimiento genuinamente altruista resulta, a la postre, el principal motor de este ejercicio audiovisual. Un elenco de profesionales desconocidos al mainstream, provenientes del teatro independiente y la publicidad para TV, dan vida a esta inteligente formulación sobre el concepto de solidaridad, una fábula familiar hábil para trabajar el equilibrio dramático en la soledad intrínseca que habita a sus seres, así como la emoción exacerbada que requiere el melodrama, un género a veces subestimado pero siempre efectivo. El arco dramático de la historia escapa de los lugares comunes mientras nos visibiliza a personajes que dudan y se encuentran unos a otros; desnudando su esencia de íntegra nobleza. Solventada en la abundancia de diálogos y acompañada por una cámara que prefiere utilizar planos largos, “Una Casa Lejos” contrapone sueños de liberación y poco agradables descubrimientos a buenas intenciones ocultas y secretos planes que saldrán a la luz.

UN CRIMEN COMÚN (2021): Nos encontramos frente a una valiente película que nos muestra la desintegración que ocurre en la vida de una profesora de sociología universitaria a partir de un hecho traumático que atraviesa. Bajo esta premisa argumental, “Un Crimen Común” resulta un film comprometido, que nos habla acerca de las víctimas inocentes acaecidas por las fuerzas represivas del estado y que, al posicionarse sobre el rol que cumple la protagonista -en el desenlace de los hechos en los cuales accidentalmente se ve inmersa-, nos lleva a indagar sobre como cualquier individuo podría éticamente transitar lo delicado del caso, una vez que un acto criminal deja ser de un hecho noticioso para invadir el territorio de lo real y cotidiano. La película nos coloca, invariablemente, en la piel de la protagonista y su entorno degradado. Un profesional instruido y con formación académica, con quien empatizamos en su estado anímico alienado. El espacio laberíntico en el que se mueve, como clara alegoría, nos presenta su interior resquebrajado, pleno de dilemas morales. Dentro de sus profundas capas de análisis, “Un Crimen Común” nos permite reflexionar acerca de la crueldad de aquellos que detentan el poder, también de la condena que implica vivir en lo indigno para las clases más desfavorecidas. Con gran acierto, interpela desde el dolor sin juzgar, sino involucrándonos intelectualmente para generar un pensamiento bienhechor. Indagando en nosotros espectadores, en lo colectivo e individual, como mecanismo fílmico de discurso abierto que presenta ciertas fisuras sociales en donde el problema se verbaliza, podemos apreciar las delicadas connotaciones que la trama propone. Mixturando el uso de actores y actrices no profesionales, muestra un abordaje sensible a la historia, al tiempo que nos alerta acerca del abuso de poder que visibiliza grietas sociales como factor naturalizado. Conceptual y estéticamente, es interesante el trabajo que se hace desde el uso del lenguaje fílmico: desde lo minimalista lo sutil, destaca la fina artesanía en donde el trabajo sonoro y visual se complementan. En tal dirección, resulta interesante observar como operan los simbolismos y el uso del espacio como medio narrativo y su fin expresivo, faceta que enriquece la propuesta. Su director, Francisco Márquez, realiza una inteligente tarea, prefiriendo la construcción de un sentido desde una mirada cercana, íntima e invasiva, como forma honesta de comprometerse con el conflicto que plantea. Lo común que refiere el título llama nuestra atención: la poca trascendencia y la acepción que alude a la normalidad de estos casos agrava la elocuencia de cifras alarmantes cuando la injusticia social está sostenida por instituciones corruptas.

“OJOS DE ARENA” (2021): “Ojos de Arena” es una película tan actual y pertinente, hablándonos con marcado lirismo acerca de emociones tan a flor de piel como lo son encrucijadas afectivas y deseos contenidos, dolores prolongados y causalidades del destino que unen a dos parejas de padres con un motivo en común. El tiempo cronológico que transcurre y se escapa “como arena entre los dedos” sirve como declaración metafórica que emplaza este film bajo un cariz poético, ahondando en climas atravesados por vínculos rotos y panoramas desconcertantes. Técnicmente lograda y bajo el formato de thriller dramático, un guión escrito por la directora Alejandra Marino -a dúo junto a Marcela Marcolini- nos habla acerca de la consecuencia de la trata de personas y de la toma de conciencia que este tipo de sensibles temáticas requiere en el ojo de cada espectador. Este dilema de profundo trasfondo psicológico, siembra pistas a lo largo de la incesante pesquisa que establecen los protagonistas del relato, activando una trama rica en matices simbólicos: el cambio de paisaje que muta de lo urbano a lo rural, espeja la reconstrucción del vínculo de pareja, acaso, la desaparición que afrontan ambos explora la culpabilidad y los riesgos de un hecho nos atañe en lo social:  la soledad ante el aparto judicial nos llevará a empatizar íntimamente. En la motivación en común de la búsqueda por descubrir la verdad se resguarda el valor intuitivo que hace frente a aquellos miedos que suelen paralizarnos, ante el desasosiego de una pérdida que pareciera irreversible. Sin morbo ni golpes bajos en lo emotivo, que victimicen en el cliché a sus criaturas, la justicia moral que la directora ejerce para con ellos -ante el desamparo del aparato que debería protegerlos- nos ilustra acerca de su gran pulso narrativo y su fina concepción cinematográfica.

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