RESEÑA DE LIBROS: ATRAPA EL PEZ DORADO – DAVID LYNCH. Por MAXIMILIANO CURCIO

En “Atrapa el pez dorado” el director de cine, David Lynch, abre una ventana que nos enseña el panorama de su método creativo como artista; su estilo personal, los beneficios de la creatividad y la práctica de la meditación como eje principal en todas estas actividades. Lynch explora y explica la experiencia de bucear y cazar las ideas como si se tratara de pescar. A continuación, nos explica cómo trasladar esta experiencia a la televisión, el cine y otros medios en los que trabaja, como la pintura, la música o el diseño. Lynch narra la experiencia de dedicarse a la meditación durante más de tres décadas (meditación trascendental) y las diferencias que dicha acción ha marcado en su proceso creativo.

UN BUEN BUCEADOR A TODO PULMÓN SE SUMERGE

Elevando la extrañeza y lo grotesco de sus criaturas a la enésima potencia, el cineasta y artista plástico David Lynch se mostró -desde los tempranos estadios de su carrera- como un director hábil para abordar oscuros mundos de sueño y pesadillesca irrealidad. Bajo los oníricos laberintos de su narración, este nativo de Montana ha sido y continúa siendo, un artista dúctil a la hora de eludir las limitaciones de la misma y el concepto de ‘lo real’. Llevándo sus talentos al plano literario, en “Atrapa al Pez Dorado” vislumbramos una dimensión desconocida del creador de “Carretera Perdida” (1997) y “El Camino de los Sueños” (2001).

Lynch viene a decirnos que todo artista apropia su existencialismo como mecanismo de propia ignición y, sumergiéndose, en su propio arte encuentra el único camino posible de dar sentido a su finitud. Solo así adquirirá trascendencia: prescindiendo de la libertad individual en pos de su mensaje, su legado se magnificará en carácter atemporal. El arte se retroalimentará a sí mismo mientras el artista posea un sentimiento estético, a través del cual desee dejar una huella sensible.

Tres palabras claves subtitulan al libro: Meditación, Conciencia y Creatividad. Al vivir bajo un perpetuo estado de creación, Lynch busca la raíz de su propia naturaleza, exteriorizando una obra coherente que exprese una mirada comprometida sobre el mundo que lo rodea. El autor de “Inland Empire” sabe que cada artista naufraga, a la deriva, esclavo de sus flaquezas y virtudes, de sus sueños y frustraciones, en idéntica proporción. La búsqueda de equilibrio suele ser una quimera y, bajo esta concepción, vive, evoluciona y persiste. La experiencia personal de Lynch y las claves de su inagotable terreno creativo nos animan a jamás perder la capacidad de asombro durante tan esclarecedora lectura.

“Atrapa el Pez Dorado” se asume como un viaje por completo estimulante: un ser creativo como Lynch se nutre de su entorno, extrayendo del mundo que lo rodea la materia prima que atravesará su obra. Acto creativo que se enriquece de las metarreferencias que establece con el mismo lenguaje y también con otros; desde el cine a las artes plásticas, desde la música a la literatura. Ese poder intertextual lleva al artista a revivir sus recuerdos, potenciarlos y ampliar estados de conciencia. Sus inquietudes encontrarán saciedad en sus lecturas y su imperecedera curiosidad conformará una mirada poética del mundo que lo rodea. El cineasta nos desnuda un mapa antropológico de sensaciones y vivencias que trazarán la personal e intransferible huella autoral. Solo así considera, su obra dará frutos.

Íntimo y confesional, en cierto tramo del libro Lynch nos revela el poder de aquel llamado insoslayable. Cuando el artista elige la libertad para expresarse, dicho camino también implica un acto de justicia con su propio don. Y ese compromiso, también conlleva un grado extremo de entrega e incansable labor, consciente de ‘ciertas posibilidades’ que ha sabido traducir, bajo su propia sensibilidad estética. La obra fílmica de Lynch se sustenta en la literatura, se inspira de la música y sus sonidos y se fascina con las imágenes en movimiento, por medio de las cuales, nos seduce la gran pantalla. Nuclea todo aquello que lo impacta, como desencadenante para crear una obra homogénea, desde sus primeros cortometrajes animados al calibre de películas que llevó a encumbrarlo como uno de los autores más preponderantes a nivel mundial.

La máxima lyncheana nos alecciona: el artista se expresa bajo la forma en que ve y percibe el mundo, en búsqueda de una capacidad de asombro que se haga eco de su cosmovisión. Tener ‘qué decir’ puede hacer que un impulso estético inicial se traduzca en una mirada sensible sobre la realidad. Apasionada e intuitiva guía, “Atrapa el Pez Dorado” es una piedra filosofal preciosa que brinda llaves creativas fundamentales (¿recuerdan “Las Estrategias Oblicuas” de Brian Eno?), al tiempo que nos concientiza acerca de los riesgos creativos pertinentes a la hora de sumergirse mar adentro en búsqueda de las más esquivas ideas. Tramando la enésima alegoría sobre aquel sagrado y gigantesco habitante marítimo, la propia esencia es la verdadera creación que dará entidad a todo ser creativo. Disfrutar el proceso de una obra implicará, nada menos, comprender la clave misma de dicho acto.



Categorías:La Biblioteca de Babel

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