CRÍTICA DE LIBROS: SLAVOJ ŽIŽEK / TODO LO QUE USTED SIEMPRE QUISO SABER SOBRE LACAN Y NUNCA SE ATREVIÓ A PREGUNTARLE A HITCHCOCK. Por Maximiliano Curcio

En qué sentido puede unirse en un mismo título los nombres de Lacan y Hitchcock? Para los aficionados a Hitchcock, todo significa algo en sus películas, la trama aparentemente más sencilla encubre inesperadas exquisiteces filosóficas. Esta actitud es simplemente un signo de la relación transferencial en la que Hitchcock funciona como sujeto supuesto de saber. No se trata, sin embargo, de interpretar “lacanianamente” las películas de Hitchcock, sino de iluminar e ilustrar algunos conceptos lacanianos a partir de éstas. Este libro reúne artículos que abordan la obra del cineasta inglés desde múltiples y enriquecedoras perspectivas.

EL UMBRAL DEL MIEDO

A comienzos del siglo XX, los filósofos comenzaron a acercar sus teorías a diversas expresiones artísticas, en busca de las respuestas que ya no podían obtener a través de sus propios medios. Ecos de un motivo primordial: el llamado ‘Siglo de los Grandes Finales’ precipitó paradigmas. El final de los grandes relatos, de las utopías y de la razón emancipadora. Esta coyuntura obligó a la filosofía a buscar fuera de sí, a mirarse en el espejo del arte. A tales fines, consideremos el legado de imprescindibles filósofos que fueran evaluados por el cine (y viceversa, aseverando el sentido del presente libro) y sus autores más preponderantes, recurriendo a un conjunto sistemático de pensamientos comprobados y su legado atemporal como ciencia madre. Con miras a analizar la importancia con la que el séptimo arte ha abordado el lado filosófico, será imprescindible mencionar una impar luminaria del tamaño de Alfred Hitchcock y la profunda interpretación de su obra llevada a cabo por Zizek: habiendo reflejado hondas inquietudes humanas en sus films, la atemporalidad de su obra resulta pertinente.

El análisis y la interpretación de obras de arte, a partir de textos filosóficos, nos permite acceder a nuevos conocimientos y paradigmas acerca del mundo actual en la realidad social, política y cultural circundante, excediendo los placeres estéticos propios de la contemplación. Sabemos de las relaciones y nexos indisolubles que teje el arte con la historia de la humanidad, de modo cíclico, y a lo largo de su discurrir. Desde tiempos inmemoriales hasta la más pertinente actualidad, la belleza se ha considerado tanto un bien como un ideal. Características a las que, cotidianamente, el arte dedica un vasto interés.

¿Por qué la belleza captura nuestro tiempo y nuestra mirada? ¿Cuál es el secreto que esconde? Slavoj Žižek, filósofo, sociólogo, psicoanalista y crítico cultural esloveno, ejercita una probable teoría al respecto: el arte y la mutabilidad de sus formas nos da cuenta de la subjetividad intelectual a la hora de conectar saberes, métodos y expresiones. El autor de “El sublime objeto de la ideología” orienta su estudio lacaniano a través de la impar obra de Alfred Hitchcock, precursor del cine de suspenso y uno de los grandes autores de la historia del séptimo arte. Al igual que Jacques Lacan, quien enlazaba sus ideas con distintas fuentes filosóficas, lingüísticas, matemáticas y literarias, Zizek abreva en el lenguaje y el sentido cinematográfico a la hora de colocar en perspectiva el gen Hitchcock, bajo el tamiz del destacado teórico francés.

Si la expresión artística proporciona al pensamiento una imagen pura del mundo interno del artista, en resonancia con el receptor de la obra, ¿no representa, acaso ese contacto con la esencia invisible de las cosas, la certeza de que una mirada íntima al fenómeno nos proporcione un acercamiento filosófico? Imprescindible cineasta que abordara temáticas afines al género en su vertiente psicoanalítica, como en “Recuerda” (1945), “Vértigo” (1958) y “Psicosis”” (1960), Hitchcock equilibró el peso específico existente como brecha irreductible entre arte e industria, bajo una forma del miedo que revele, simbólicamente, los preceptos estáticos aplicados a los citados filmes. Su clave argumental se adentró, en tan heterogéneo abordaje, en fenómenos como la culpa y la identidad; lo religioso y lo amoral. Desde similar perspectiva, Lacan basó su teoría en la experiencia analítica y las lecturas de Sigmund Freud, versando acerca de lo bello y lo sublime en el psicoanálisis, y adentrándonos en el mundo del Otro ‘que no existe’, oculto tras la apariencia de toda noción de concebida ‘belleza como velo’: vacío y castración fueron conceptos teóricos de su rúbrica que nos llenaron de enigma.

Las condiciones estéticas traman la relación existente entre el pensamiento y la citada percepción de belleza, aquellas que el cine ha sabido reformular bajo su precisa, inagotable y deslumbrante maquinaria de sueños. A través de las teorías anteriormente mencionadas y pertenecientes a coordenadas geográficas e históricas distantes, Lacan nos brindó, no solo la sutileza de vislumbrar las diferentes ‘formas del canon visual’ a lo largo del tiempo, sino también la incógnita acerca de qué función cumple la belleza en cada época. Toda obra de arte contiene dentro de sí una propia filosofía y creemos útil recordar las siguientes palabras de Kant, acaso como sentencia que corone y connote el abordaje acometido por Zizek en su estudio hitchcockiano: <<Es una grande y necesaria prueba de perspicacia y de inteligencia el saber qué cuestiones pueden ser formuladas razonablemente>>.

El británico es un cineasta que, como pocos, ha dejado una impronta innegable; ha marcado a fuego la época y los ritmos de un género como el del suspenso. Y a través de Lacan, Zizek rastrea la universalidad latente en las obras del cineasta, capturando el ADN Hitchcock impreso en sus principales películas: trampas narrativas, elipsis temporales, deseos sublimados, falsos culpables, dilemas morales que azotan a los protagonistas y sorpresa a la enésima potencia sobre al espectador, a quien manipulará a gusto y placer.  Revisitar a Hitchcock es descubrir la alegoría permanente, en pos de recobrar el poder de la mirada. Analizado como unos de los grandes representantes del suspenso, su autoría posee un sello propio -una huella-, tal cual lo describió la crítica apreciativa y académica contemporánea: el tratamiento dado nos vislumbra a un autor preocupado de que la estética del film tenga una total coherencia con la homogeneidad de sus búsquedas conceptuales. Amo y señor de la sugestión, gracias al innegable aporte cinematográfico que dejó su notable legado, Alfred Hitchcock marcó a fuego un hito imprescindible en la historia del cine: conjugar arte y entretenimiento de forma inmejorable es algo que Zizek sabe apreciar.

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