RESEÑAS DE LÁPIZ Y PAPEL: La realidad distópica de Buenos Aires. Por JESICA SABRINA CANTO

La distopía es un género literario relacionado con la ciencia ficción por tratarse de un futuro contrario a lo ideal. Sin embargo, esa mirada de lo desagradable que podría llegar a ser el porvenir, está en estrecha relación a como es el presente. Hay libros de esta temática en los que vemos que esas cuestiones que podrían llegar a ocurrir, en realidad ya acontecen si nos paramos a pensarlo.

Esto último es el caso de la novela contemporánea “Stoupakis”, de Nahuel Fernández Etlis. Una historia que transcurre en Buenos Aires y que, siendo de esa región, permite reconocer los lugares y referencias a cuestiones sociales, culturales y políticas.

La crítica a la humanidad está en primer plano, pero no a modo panfletario, sino integrada en la historia. La temática y los acontecimientos son fuertes, de mucha violencia física, sexual y discriminación. La interpretación del mundo es compleja, ni los hechos ni los personajes están reducidos a la simplicidad, las cosas no son blancas o negras. Te deja pensando, como teniendo que desarmar una madeja complicada que es la realidad.

El trabajo con el lenguaje es asombroso, está narrado en primera persona desde la perspectiva de la protagonista. Los modos de habla de los personajes son diferentes en base al sector social al que se pertenece. Las descripciones son muy visuales, está narrado a modo de una película.


Entrevista con el autor:

-¿Cómo fue tu relación con la lectura y la escritura en la infancia?

Leo desde que tengo memoria. Mis padres siempre me regalaron libros, me leían, me contaban historias, la estimulación era constante, crecí entre bibliotecas. Si mal no recuerdo, mi primer acercamiento a la lectura fue las revistas “Dinosaurios”, de Planeta de Agostini, cuando aún era un crío que ni sabía leer (incluso sospecho que con ellas aprendí a hacerlo).
Escribí mi primer cuento a los diez años, un relato de horror cósmico influenciado por la saga “Alien”. Sin embargo, considero que empecé a escribir “en serio” el 25 de diciembre de 2009, teniendo veintiún años, con el primer cuento de lo que más tarde sería mi libro, “Desfile de fenómenos”.
En cuanto a géneros, en la ficción me inclino al fantástico, al horror cósmico, al new weird, al realismo mágico y al cyberpunk. Igual leo de manera variada, mientras me resulte interesante. Después, no ficción es una galaxia aparte: leo textos de divulgación científica, ensayo político, sociológico y artístico.

-¿Cómo surgió la idea de esta historia?

Fue algo que gesté durante años, inspirado en personas que conocí, así como en personajes públicos y muchos de las redes sociales. Quería escribir un cyberpunk bien político y no me animaba, no confiaba en mi mente y sus capacidades, por un tiempo me pareció un objetivo inverosímil. Después, poco a poco, lo fui tejiendo, primero un cuento, luego el mundo, luego los personajes, y así. Además, la situación política del país me aterraba, y lo que me aterra lo escribo.

-¿Por qué contar este mundo distópico desde la perspectiva policial?

Hacía mucho que quería escribir un cyberpunk, quizá mi género favorito. Hablar de descontento social y de un neofascismo que veía hacer metástasis entre los habitantes del país y del planeta. Pero contar el descontento social desde las víctimas más vulnerables me sonaba a panfleto berreta, a cosa obvia.
Si quería denunciar lo horrendo del sistema y de sus defensores, tenía que ser desde su punto de vista, mostrar su forma de pensar y proteger ese status quo rancio. Entonces pensé en la policía, uno de sus peones más brutales, fieles y eficaces. Es quien dispara contra el pueblo sin querer ver que también es pueblo, es quien defiende al poderoso sin ver que jamás será poderoso. Es la paradoja hecha arma, es enemigo pero también es humano, y todas esas ambigüedades me parecían perfectas para plantear el debate, para movilizar al lector, hacerlo que pare un segundo y se quede pensando, que dialogue con la obra. Hablar desde su voz me resultaba más interesante que desde alguien que los odia.

-Los personajes “buenos” se comportan de modo reprobatorio desde la moral contemporánea tomándolo como normalidad o como cosas correctas. Hay una contradicción en ellos desde la mirada del lector, eso le suma complejidad. ¿Cuál es la perspectiva sobre el mal y el bien en las personas que quisiste plasmar en la historia?

Intenté retratar humanos con múltiples facetas, más que héroes y villanos. Conocí personas realmente despreciables con un costado tierno, hasta con intenciones nobles. Eso me fascina de nuestra especie. No es fácil catalogarnos por nuestros comportamientos o pensamientos, porque tarde o temprano terminamos haciendo algo que no encaje ahí; hasta el más santo ha fajado a un perro y hasta el más malvado se ha preocupado por un desconocido.
Trato de renunciar a estereotipos, porque estos aburren, son caricaturas que nos sabemos de memoria. Cada quien, en mayor o menor medida, cree que está haciendo lo “bueno”, lo “correcto”, y los parámetros de esos términos son tan diversos que hasta podrían hacernos cambiar los nuestros. Eso es el diálogo, eso es la sociedad.

-La soledad y falta de vínculos reales o relaciones interpersonales sanas es uno de los temas también presente en el libro. ¿Consideras que es uno de los riesgos a futuro de la sociedad actual mediada por la tecnología?

Cuando escribí la novela tenía una visión más pesimista al respecto del futuro: me imaginaba una población entre despiadada y apática. Hoy pienso que, por el contrario, las relaciones interpersonales se inclinan hacia la empatía y la responsabilidad afectiva, especialmente en las nuevas generaciones. Los centennials van a mejorar este planeta, si no lo terminamos de prender fuego los que vinimos antes.

-En algún punto la novela trabaja con el absurdo, por ejemplo con la idea de que el consumo de café te convierte en asesino. ¿Por qué incorporar estas cuestiones?

El absurdo está ya en las prohibiciones del mundo real, en las condenas de los grupos reaccionarios contra sustancias que atentan contra su concepto de moral. No olvidemos que se sigue asociando a la marihuana con la delincuencia. La ley seca se impuso en Estados Unidos por presión de la Iglesia y todo aquel que defendiera las “buenas costumbres”.
La prohibición del café en “Stoupakis” no es más absurda, sino apenas otro ejemplo (hipotético en este caso) de cómo a veces los gobiernos y las sociedades buscan chivos expiatorios en vez de solucionar la raíz de los problemas. ¿Por qué nos intoxicamos? ¿Por qué requerimos de una sustancia para mantenernos estimulados o adormecidos? ¿Qué hay tan terrible de nuestra realidad cotidiana que nos obliga a eludirnos o a consumir algo para afrontarla? ¿Qué estamos haciendo mal?
Ah, y un detalle clave: en la novela, el café no te convierte en asesino, sino que eso es lo que dijeron las noticias. ¿Será verdad? El papel cómplice y tendencioso de los medios es otra cosa que pongo en foco.

-El final del libro es abierto ¿Tenes pensado escribir una continuación?

No sé si tan abierto; de hecho te diría por qué en cierta forma quedó bien cerrado, pero sería spoilear. Yo no quiero seguirla, me agotaron ese mundo y ese personaje. Considero a “Stoupakis” un ciclo terminado. Pero si alguien quiere imaginar los posibles desenlaces y hacer fan fiction, será más que bienvenido.

-Algún comentario que quieras agregar sobre este libro.

Creo que es un librazo. Además de que no hay mucha novela cyberpunk argentina ya de por sí, está en particular tuvo mucho trabajo: tres años de innumerables versiones y revisiones, de agregar, cambiar y reescribir.
Me gustó tanto cómo quedó que en cierta forma me intimida, ¿podré volver a hacer algo así? Pero por otro lado habla de una Argentina apocalíptica en la que ya no creo tanto. La pandemia me ha puesto cosas en perspectiva y, como dije antes, ahora me siento optimista.
La novela en la que estoy trabajando actualmente va por ese lado, es similar a “Stoupakis” en cuanto a la mugre del contexto, pero viene con un poco más de luz. Creo que fallé en eso, quizá su defecto más grande: “Stoupakis” me quedó muy densa, asfixia. Igual, ese es también su encanto, y reitero: es un librazo.
Agradezco a Nahuel Fernández Etlis por responder a mis preguntas.


Datos del libro: “Stoupakis”, de Nahuel Fernández Etlis (2018, Ediciones Ayarmanot, Género: Novela – distopía, Págs. 376).

Sinopsis: Brenda Stoupakis es miembro de la Fuerza Policial Ciudadana en una Buenos Aires degradada, empobrecida y fascista. En ese futuro cercano de publicidad omnipresente, drogas virtuales y agitación social, la homosexualidad es delito, la trata de personas y los negocios con narcos están a la orden del día, le represión se vuelve cada vez más brutal y la obediencia puede costar muy cara.



Categorías:Reseñas de Lápiz y Papel

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