RELATOS: MAYDAY, MAYDAY – POR Vecca Preetz

Un golpe, una explosión y todo comenzó a dar vueltas. Gritos, pánico. Todo se volvió confuso en un instante. No lograba interpretar la situación. Cayeron las máscaras de oxígeno. Se balanceaban con tanto movimiento y me costaba agarrarla. Contenía mis ganas de vomitar mientras me aferraba fuerte al reposabrazos.  La expresión de pánico de todos era indescriptible. Íbamos directo a estrellarnos. Directo a morir y ninguno estaba preparado. Tenía puesta la máscara de oxígeno, pero me costaba respirar. La taquicardia se había adueñado de mi pecho y de mi garganta. Las cosas se caían del portaequipaje. Las maletas rígidas lastimaban como rocas. Se abrió la puerta de la cabina y pude ver todas las luces de emergencia encendidas. Las alarmas sonaban punzantes en mis oídos.

—¡Mayday Mayday!! —gritaba el piloto sin respuestas— ¡¡Mayday Mayday!!

Giré mi cabeza y pude ver fuego en un ala. La presión de la caída contra la estructura comenzó a desmantelar la cubierta. Caíamos en picada. Llantos, gritos, desesperación. No podía hacer nada. El final era indefectible. Los ojos de una niña se cruzaron con los míos. Estaban tan abiertos por el susto que parecía un pequeño monstruo. Una azafata quiso ayudar y fue la primera en salir despedida por la velocidad de la caída. Y luego otra persona y otra y otra y así el avión escupía pasajeros antes de estrellarse.

No sé si desajustar mi cinturón para salir volando o quedarme y estrellarme con ellos. Mi mente creaba formas de morir en segundos letales. Todo ardía alrededor y de repente agua, mucha agua. Forcejee para quedar libre de mi asiento y poder nadar hacia la superficie. El peso del avión me succionaba. Me ahogaba. Mar profundo. Océano. Siempre quise conocer el océano lejos de la costa. Jamás quedarme en él. Alrededor mío se hundía todo lo que recién flotaba. La niña pasó a mi lado y un golpe de su asiento con el mío, liberó mi cinturón y comencé a emerger mientras ella se hundía sin quitarme la mirada. Las olas eran fuego y crujido de hierro doblándose. Tras unos minutos de caos el silencio. Subí a una estructura que flotaba y me recosté esperando la parca.

Al abrir los ojos de nuevo, un paramédico me examinaba.

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