Ensayos Ópticos: Dorothea Rockburne, “Oxymoron”. Por CARLOS AVALLE

(Óleo sobre lienzo 1987/1988)

Medidas en plano 87 x 88

 Las ventajas de un verdadero artista es que puede encarar su obra desde diversos ángulos del pensamiento y de la concepción. Puede abrevar en las fuentes más profundas de la entelequia o nadar en la superficie de las cuestiones aparentemente banales de cualquier universo. Los procesos y los resultados suelen ser la catarsis de una larga meditación o la breve y simple duración de un suspiro.

A Dorothea Rockbourne (Canadá 1932) le interesó en un tramo de su carrera artística la posibilidad de expresar en imágenes las ideas que tenía el polímata francés Blaise Pascal (1623/1662) sobre sus estudios matemáticos.

En esta obra resulta sumamente interesante observar como la pintora resuelve la cuestión de los opuestos llevados al plano de la plástica. Tanto las formas como los colores parecen estar dispuestos a dar la sensación de que los volúmenes se tensan y se alejan entre sí. Al volver la mirada, la maraña de figuras triangulares y valores cromáticos se vuelven a unir ante nuestros ojos en completa armonía. Esta obra puede ser tildada en el mundo de las obras pictóricas como de pequeño formato, pero sin embargo Dorothea logra crear ante nosotros la sensación de un espacio abierto e inasible.

Obviamente la trayectoria de esta singular artista canadiense es muchísimo más extensa que ésta sola obra, pero vaya como punto de partida para entender algo de su gran caudal creativo.

Para conocer un poco más el círculo de amigos que la rodeó en sus años juveniles y darnos una idea más próxima al mundo artístico en el cual se movía, les mencionaré al bailarín y coreógrafo Merce Cunningham (1919-2009); a Philip Guston (1913-1980), gran pintor canadiense enrolado dentro del arte abstracto; al gran músico John Cage (1912-1992) y, sobre todo, del pintor estadounidense Robert Rauschenberg, al cual la unió una gran amistad, llegando a ser directora de su estudio artístico.

Importante es también tener en cuenta para imbuirnos una poco más sobre su obra, la aproximación que tuvo Dorothea en la década del ´50 mientras vivió en la ciudad de Nueva York, no solo a los poetas y artistas de su tiempo, sino también al movimiento minimalista de la danza a cargo de Yvonne Rainer y el teatro de danza Judson.

“Oxymoron” es una obra para observar sin prejuicios. Los artistas plásticos suelen correr los límites de nuestra imaginación sin previo aviso.

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