COLUMNA LITERARIA: “Manual de ambigüedades”, de Daniel Carrillo. Por JESICA SABRINA CANTO

La diversidad en una obra literaria

Los libros de cuentos o relatos permiten aunar un conjunto de textos, que en ocasiones son diversos en cuanto a su contenido y a su forma. Éstos muestran en amplitud las opciones de variación que presenta la literatura, haciendo evidente las diferentes formas que puede utilizar un escritor para contar una historia.

Ese es el caso de “Manual de ambigüedades”, de Daniel Carrillo. Un libro que presenta una cantidad considerable de relatos breves de diferentes extensiones, que abordan distintos temas, varios de ellos relacionados con la muerte. Algunos tienen un final resolutivo y otros quedan abiertos.

Entrevista con el autor:

-¿Cómo fue tu contacto inicial con la lectura y la escritura?
Crecí en un sur lluvioso y de niño fui asmático, lo que me empujó, en cierta forma, a preferir los espacios interiores y me alejó de los deportes y actividades al aire libre. Así las cosas, encontrar distracciones o pasatiempos tranquilos y solitarios se terminó dando de forma natural. Mi abuelo y mi papá leían constantemente los diarios, también revistas, y mi mamá es profesora, así que siempre hubo libros en la casa. Creo que debió haber sido como a los diez años cuando me topé con algún volumen de cuentos de Edgar Allan Poe y algo hizo click en mi interior. Paralelamente también descubrí la poesía, principalmente de Jorge Teillier y Baudelaire.
Dicen que lo primero que escribí fue una carta de amor, en primer año, pero no podría dar fe de aquello. Lo que sí, ya en cuarto básico garabateaba cuadernos con versos, una costumbre que mantuve con relativa regularidad hasta entrada la secundaria. Sin embargo, mi relación con la poesía siempre fue extraña, pensaba que una cosa era escribir poemas, pero otra distinta era convertirse en poeta. Para mí ese papel, o esa figura, era algo casi mítico, un ser que vaga por la existencia en un trance de iluminación, que no podría resistir la cotidianidad banal de una vida burguesa.
En medio de esas contradicciones entré a la universidad a estudiar periodismo, básicamente porque involucraba escribir, pero intuyo que principalmente porque no ofrecía
grandes perspectivas laborales, un punto que me acomodaba en este conflicto poético de cómo situarse ante la vida adulta. Sin embargo, al final esta opción académica terminó por empaparme de un hambre voraz por contar historias, reales, pero de a poco también ficticias. Así fui dejando atrás la poesía, pero no mi relación con la literatura, que ahora se enfocó principalmente en narrar, lo que fue arrojando mis primeros relatos.

-¿Escribiste los relatos de “Manual de ambigüedades” específicamente para construir un libro o es una recopilación de textos escritos con anterioridad?
Creo que hay algo de las dos cosas en este libro, ya que la publicación se gestó en un periodo en que escribía en forma regular. Había obtenido algunos premios y además estaba corrigiendo y compilando los que percibía como mis mejores cuentos, o al menos los que más me gustaban. En eso apareció una convocatoria a un concurso de la Corporación Cultural Municipal de Valdivia. Decidí postular el manuscrito, resultó seleccionado y el premio fue la publicación del libro.
En general, siento que en “Manual de ambigüedades” se hace notorio este origen diverso o disperso, hay diferentes momentos, inquietudes e inspiraciones que terminan vertiéndose en un solo recipiente. Si funciona o no, depende de cada lector.

-En el libro hay tres epígrafes, ¿por qué los elegiste? ¿Qué te parece que aportan a tu obra esos agregados?
Siento que mi intención con los epígrafes era quitarle un poco de gravedad o solemnidad al libro, pero principalmente al hecho de estar publicando un libro y compartirlo con los lectores. La cita de Bolaño respecto a lo innecesario o desechable de cualquier intento literario que no alcance la cima de la obra maestra, seguido por la supuesta confirmación de Coetzee de que uno escribe porque le falta algo, y luego todo rematado con un extracto de Lautaro Toledo, un escritor satírico valdiviano que autoeditó varios libros de forma artesanal.

-Si tuvieras que elegir uno de los relatos, ¿cuál sería?
Mis favoritos hoy son “Extraños en la noche” y “El blues de la noche de San Juan”, además de unos tres o cuatro microcuentos.

-¿Los personajes están inspirados en personas reales o como fue su invención?
Los personajes son completamente ficticios y su creación creo que fue bastante oportunista o pragmática, acorde a las necesidades de cada historia. Diría que he sido ingrato y mezquino con ellos, siento que no los he dotado de mucha densidad.
Lo curioso es que el primer relato del libro, “Último retorno”, protagonizado por un duende, es el único cuento que tiene un asidero real, en un episodio de la historia reciente de Chile relacionado con la dictadura y la resistencia en el sur, específicamente en la región de Los Ríos.

-¿Qué te parece que aporta el género de relatos breves en comparación a los otros existentes?
Aquí me cuadro un poco con Edgard Alan Poe y su idea de la “sesión única”, es decir, la posibilidad que tiene una obra literaria de ser disfrutada de un tirón o de una sentada. Esto lo cumplen disciplinadamente los cuentos breves y me parece que esta condición genera un efecto casi mágico en los lectores, que a mi juicio no ocurre, por ejemplo, con una novela, que se va leyendo por tramos, a causa del mayor tiempo que demanda. El cuento te permite entrar y salir de un mundo al mismo tiempo que ese mundo se construye y se acaba, con apenas unos ínfimos resquicios para ir y respirar en el mundo real. Apenas lo mínimo para llegar vivo al final de la historia.

-Contanos al respecto del trabajo de condensación requerido para estos relatos.
Después de haber leído un libro como “Principiantes”, de Raymond Carver, no sé si me sea posible aventurarme a hablar sobre mi trabajo de condensación. Honestamente, diría más bien que hay un intento de condensar y separar lo esencial de lo accesorio, realizado como escritor y editor, pero creo que es un intento perfectible. Sin embargo, si bien varios cuentos de “Manual de ambigüedades” tienden a una articulación que podríamos llamar minimalista, no era mi intención lograr relatos desnudos hasta la médula.

-¿Cómo definirías vos este libro?
Me parece que es un libro muy diverso en tonos, estructuras y temáticas, sin un hilo conductor que pudiera hacerse explícito, pero sí con el tufillo de ambigüedad que subyace en el fondo de cualquier intención literaria.

-¿Cuáles fueron tus experiencias de publicación previas?
En lo netamente literario, he participado en antologías de cuento en Chile, Italia y República Dominicana. En cuanto a no ficción, soy coautor de tres publicaciones de cultura
y patrimonio regional: “Gente de Los Ríos. Perfiles de 13 habitantes de esta nueva región”, un libro de perfiles sobre personajes regionales; “Sueños que se vuelven música”, con la historia de la Orquesta del Centro Integral Familia Niño (Cifan), y “Campamento Musical Isla Marqués de Mancera. Memoria 1994-2012”, sobre el desarrollo y evolución de este evento artístico emblemático en el ámbito de la formación musical en el sur de Chile.

-¿Cuál es tu próximo proyecto literario?
En diciembre (2020) publicaré mi segundo conjunto de cuentos, “Esto termina mal” (Ril Editores) y también verá la luz un libro de no ficción, en coautoría con el periodista Daniel Navarrete, titulado “20.05.60 Sesenta historias del terremoto del 60” (Editorial Verde Vivo). Ambos son publicados gracias al fondo CONARTE, de la Corporación Cultural Municipal de Valdivia.

Agradezco a Daniel Carrillo por responder a mis preguntas.
Datos del libro: “Manual de ambigüedades”, de Daniel Carrillo (Chile, 2010, Edición independiente, Género: Relatos, Págs. 100).



Categorías:Reseñas de Lápiz y Papel

1 respuesta

  1. Interesante reportaje…un abrazo.

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