CONVERSACIONES SIETE ARTES: Vínculos entre el Cine, la Literatura y la Filosofía. Una mirada desde la pedagogía. Por PEDRO IRAZÁBAL y MAXIMILIANO CURCIO

Maximiliano Curcio: Pedro, contame acerca de tu vínculo con el cine y la filosofía. ¿Cómo nace tu pasión?

Pedro Irazábal: El vínculo con el cine nace en la infancia, el vínculo con la filosofía como disciplina en la adolescencia, aunque es cierto que las preguntas filosóficas siempre aparecen en la infancia. En cuanto al cine, estoy lejos de ser un cinéfilo y no sé si se trata de una pasión. Ayer mismo discutía con dos amigos en un grupo de whatsapp (ahora todas las discusiones son en esos espacios virtuales) sobre ese tema: ¿qué es una pasión? La pasión parece ser algo que arrastra y no se puede controlar. Tal vez el vínculo con el cine sea más bien una inquietud, una forma de curiosidad. De chico no me gustaba el futbol y eso me dejaba mucho tiempo y energía para otros asuntos: la música, los dibujos animados, algunas historietas, algunos libros, las películas. En mi pueblo cerraron el cine cuando yo tenía 5 o 6 años, así que mi vínculo se formó a través del VHS, las películas que llegaban al videoclub y las que pasaban en el cable. También lo viví muchas veces en entorno de amistad: juntarse a ver películas. Pero también tenía que ver con la soledad, alquilar la película y mirarla solo en casa. La soledad y la amistad también son importantes para la filosofía, que como disciplina vino después, con la adolescencia, la escuela secundaria, la búsqueda de sentido y todas esas cosas que pasan con la crisis de esa edad. Después uno toma conciencia de que los dos asuntos, cine y filosofía, se pueden cruzar, mezclar, oponerse en determinadas situaciones.

MC: Hablame sobre tu rol como docente y dónde dictas tus clases. Y, en su defecto, como se han adaptado tus clases a esta nueva normalidad que atravesamos. 

PI: En estemomento, trabajo en un Instituto de Formación Docente y tengo unas horas de Psicología en una escuela secundaria de un pueblo muy cercano. En un momento creíamos, quizás inconscientemente, que lo que teníamos que hacer era justamente adaptar “a la virtualidad” lo que habíamos planificado y llevado a la práctica “en la presencialidad” como decimos ahora. Enseguida nos dimos cuenta de que eso era imposible. Se trata de mucho más, o mucho menos, que traspasar o adaptarnos a otro entorno: tenemos que pensar todo de nuevo, desde la precariedad (algo así decía Darío Sztajnszrajber en una entrevista que escuché), no desde la virtualidad. Cómo enseñar en la precariedad, cómo establecer el vínculo con los estudiantes, cómo hacer algo en común con otros en una situación de aislamiento, de desigualdad en el acceso a los bienes simbólicos y tecnológicos, de desdibujamiento de las fronteras entre lo público-escolar y lo privado-familiar. En eso estamos. Por otra parte, en lugar de generar un espacio de desaceleración para poder reflexionar sobre una pregunta fundamental como qué significa aprender, qué significa enseñar en este contexto de crisis, nos hemos visto envueltos en un clima de hiperactividad ansiosa con resultados muy pobres porque “no podemos llegar” (son frases que se repiten mucho) a la mayoría de los estudiantes.      

MC: Desde tu tarea como docente en estos tiempos virtuales que transitamos, ¿qué ventajas y desventajas podés identificar en la modalidad de enseñanza, a distancia o presencial, con el cine y la filosofía como instrumento?

PI: En cuanto al cine, todavía no lo he pensado, es una pregunta interesante. En cuanto a la filosofía, pasa algo curioso. Últimamente en los entornos escolares se habla mucho de la enseñanza “asincrónica”: hay un desfasaje entre el tiempo de la enseñanza y el tiempo del aprendizaje. Enseñar es hoy más que nunca una especie de apuesta, como lanzar un mensaje en una botella: arrojamos consignas y textos a alguna plataforma virtual, videos explicativos, audios de whatsapp, archivos en Word o PDF. El estudiante, en otro tiempo, intenta resolver eso que enviamos y envía a su vez sus consultas o respuestas. Es decir, las desventajas son muchas. Falta el encuentro real, la posibilidad de intercambio en un espacio real, con una voz, un cuerpo, un territorio físico, vivo. Pero, por otro lado, la filosofía en particular es una disciplina un poco asincrónica. Siempre llega un poco más tarde, “levanta vuelo al anochecer” como decía Hegel. Puede ser una ventaja ese tiempo desfasado, en soledad, en la casa, alejado del ruido, de la urgencia, para generar un espacio de lectura, de escritura, de pensamiento. No siempre esto es posible, porque hoy también el espacio de la casa está invadido por lo público, las urgencias, las redes, como ya sabemos, pero siempre se puede abrir un espacio para el pensamiento. 

MC: Valoramos la filosofía como una herramienta vital para pensar el cine. ¿Lo consideras así? Y, de igual manera, ¿cuál es tu reflexión acerca de entender el cine como un vehículo indispensable para conocernos como seres humanos?

PI: Creo que el cine puede ser una herramienta para la filosofía y la filosofía puede ser una herramienta para el cine. Pero tenemos que preguntarnos: ¿qué es una herramienta? Es un tema que requiere mayor detenimiento. Pero creo que puedo arriesgar algo: una herramienta es algo que sirve para hacer o producir algo. El ser humano es praxis, es transformación de la naturaleza y de su entorno, no puede sobrevivir sin transformar colectiva y continuamente lo que lo rodea ¿Podemos pensar que hay herramientas físicas y simbólicas, materiales e inmateriales, es decir, ideales, formales, culturales? ¿Podemos definir a una obra de arte como una herramienta simbólica? ¿Podemos definir a la pregunta, al concepto, a la teoría, filosófica o científica como herramientas simbólicas? Creo que si indagamos el concepto de herramienta, y entendemos su potencialidad y su límite podemos preparar el terreno para pensar las intersecciones entre filosofía, cine y educación. Pero ¿cuál es el límite de una herramienta? ¿Qué es lo que no se puede transformar? ¿Qué es lo que no se puede intervenir? Creo que el otro es un límite: un estudiante, un espectador, otra inteligencia, otro deseo. Como profesor, no puedo moldear al estudiante. El creador, el artista, el director de cine no puede controlar al espectador, que también es activo, transforma la realidad con su praxis. Porque creo que mirar una película también es una actividad de producción de sentidos, no es pasividad. Donde termina el poder de la herramienta simbólica empieza el encuentro con el otro, la experiencia, el acontecimiento, eso que no se puede calcular ni controlar.       

MC: Podrías, desde tu conocimiento, rescatar cinco películas y/o libros que hablen de temas universales y atemporales con miras a analizar cómo el cine y/o la literatura las ha tratado desde el lado filosófico? ¿Qué autores/escritores y películas y/o libros pensás que no pueden faltar?

PI: Hay textos y películas que he revisitado en los últimos años y que por alguna razón siempre tengo que volver a leer o mirar, por cuestiones de trabajo o personales. “Ficciones” y “El Aleph” de Borges, “Ética demostrada según el orden geométrico” de Spinoza, “El maestro ignorante” de Ranciere, “Apocalipsis now” de Coppola. Pero creo que la filosofía es una práctica que siempre está en una posición de intersección, de borde: podemos llegar desde la filosofía a cualquier ámbito de la cultura o desembocar en ella desde cualquier lugar, desde las ciencias, el deporte, el mito y la religiosidad, la política, las relaciones entre sujetos, el arte en cualquiera de sus formas.

MC: En un orden similar, podrías pensar acerca de la obra de cinco filósofos fundamentales que fueran tomados por el cine/la literatura y sus autores/pensadores. ¿Quiénes son aquellos que vienen a tu memoria?

PI: Sé que la filosofía y los filósofos han sido recreados desde el cine. Ahora recuerdo, por ejemplo, la película Hannah Arendt. A su vez, el cine es un tema recurrente para la filosofía, los libros de Deleuze sobre cine son generalmente los primeros que se me presentan en la memoria, aunque debería revisarlos. Me parece que es mucho mayor la atención que la filosofía le ha dedicado a películas que el cine a los libros de filosofía. Esto es entendible porque el cine es entretenimiento (por lo menos el que más me gusta) y la filosofía a veces se presenta muy solemnemente como enemiga del entretenimiento. Siempre hay películas que, quizás, podamos llamar “filosóficas” por más que no citen a ningún filósofo explícitamente. Todo esto es discutible. En realidad, últimamente he llegado a la conclusión de que cualquier película puede ser una forma de pensamiento con imágenes en movimiento, así como la filosofía es pensamiento con conceptos. Esta es la respuesta que puedo dar por ahora, pero seguramente tendría que revisarla.

MC: Pensamos en cine y filosofía y resulta imposible no vincularlo a la obra de José Pablo Feinmann. Destacado filósofo, cinéfilo y guionista de cine, cuyas novelas también han sido llevadas a la gran pantalla y de cuya autoría también se valoran una serie de libros que más de un cinéfilo atesora en su biblioteca. ¿Qué reflexión te merece su figura? 

PI: Me parece muy valioso lo que hace. Cuando era estudiante en la Universidad, leímos Filosofía y Nación, muy buen texto, diría que es muy necesario para estudiar la filosofía argentina. Otro libro que siempre recomiendo es Historia y Pasión, una conversación con Horacio González. Como profesor, he utilizado como recurso muchas veces su programa de canal Encuentro, “Filosofía, aquí y ahora”. Valoro muchísimo ese programa porque hace que muchas personas se acerquen a la filosofía. Por otra parte, me gusta leerlo cuando habla de cine, de peronismo, de música, en los artículos de Página/12. No he leído todavía sus novelas, sé que ‘Últimos días de la víctima’ está basada en un libro suyo. Esa película me encanta.

PEDRO IRAZÁBAL EN PRIMERA PERSONA

Soy profesor de Filosofía. Nací en Río Colorado, un pueblo de la provincia de Río Negro, que es una de las puertas de la Patagonia. Llevo una vida tranquila en mi pueblo natal, junto con mi novia y nuestro hijo. Vivimos en un barrio no muy céntrico, a pocos metros del río. El barrio está rodeado de terrenos baldíos y yuyales por donde corren algunas liebres y varios perros. Estudié en Bahía Blanca. Hace unos años, colaboramos junto a mi novia en un cuardernillo para docentes sobre ‘Malvinas y la Literatura en el aula’, que se puede descargar gratis en la página de Internet de la Universidad del Comahue. Trabajo en un Instituto de Formación Docente y en escuelas secundarias de acá y de La Adela, un pueblo que está del otro lado del río, en la provincia de La Pampa.

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