ENTREVISTAS: Camila Reveco, Directora de la Revista Ophelia. Por MAXIMILIANO CURCIO

Portada de Revista Ophelia Nro. 6 es obra de Tomás Santelices

-Camila, relatanos cómo surge la Revista Ophelia, ¿qué tipo de difusión llevan a cabo, en qué redes podemos encontrarlos y que clase de actividad cultural promueven?

Ophelia es una revista digital e impresa que nació en septiembre de 2017, en la ciudad de Mendoza. Desde el comienzo el objetivo ha sido el de promocionar y difundir a artistas plásticos de todo el mundo, en especial a artistas latinoamericanos. Nos interesa realizar entrevistas profundas para que sean los mismos artistas los que nos hablen no sólo de su oficio sino, además, que nos compartan sus impresiones, sus puntos de vista, sobre el arte de este tiempo.

A la fecha tenemos siete números editados y en cada ejemplar reunimos  al menos a diez artistas. Somos muy rigurosos al momento de la selección: queremos  artistas sólidos, de buena factura, interesados por el oficio y por la técnica. En tal sentido, este tema marca un aspecto importante en nuestra línea editorial: no pensamos de ninguna forma en estas premisas que ciertos circuitos oficiales pregonan como “todo es arte”, o “todos somos artistas”. Por el contrario, nosotros estamos convencidos de que dedicarse al arte es una profesión muy sacrificada que requiere de mucho esfuerzo y dedicación.

Hacemos Ophelia desde Argentina y Chile. Somos un grupo de aproximadamente diez personas entre periodistas, corrector, diseñador, traductor, diseñador web y otros colaboradores eventuales de enorme valor. Nos encuentran en Instagram, Twitter y Facebook como Revista Ophelia.

-Comentame acerca de tu desempeño en medios, a lo largo de tu trayectoria, y tu labor actualmente en la revista. ¿Qué te apasiona de tu profesión?

Estudié Comunicación Social en la Universidad Nacional de Cuyo, en Mendoza. Recibí una sólida formación vinculada a muchas áreas de las humanidades y las ciencias sociales, aunque debo decir que los estudios formales no hicieron hincapié en arte o estética. Mi formación artística fue sin duda heredada por mis padres, ambos dibujantes y pintores. Esto de alguna forma logró que, al escuchar tantas conversaciones sobre arte y artistas a lo largo de mi crecimiento, me haya resultado, de algún modo, bastante familiar el lenguaje, o ciertos códigos, que los artistas exploran y manejan con tanta sensibilidad. Es curioso, pero siento que conozco, intuyo, la cosmovisión del artista. Me conecto con ellos de forma natural. Quiero decir; conozco el olor de la trementina y creo que mi forma de vida se parece mucho a la de ellos; no sólo porque trabaje de forma independiente, sin horarios ni jefes, sino porque además le doy un lugar fundamental a lo lúdico y a la imaginación.  Aunque debo decir que editar una revista es un trabajo que implica de la toma de muchas decisiones, y son decisiones mayormente racionales… aunque la intuición también participa y puedo asegurar que casi nunca se equivoca.

Pienso que la formación en un área específica se adquiere de a poco -y no termina nunca- y hay algo que es sumamente mágico: hay lugares o territorios en los que nos sentimos muy a gusto porque -más allá del interés genuino que yo tengo por el arte-, hay lugares que pareciera ser que son tuyos, que te corresponden de forma natural. Creo que estaba “predestinada” a trabajar en esto, y a trabajar con artistas. ¿y por qué? Porque es el terreno que siempre recorrí. Trabajar con artistas, con imágenes, explorar el lenguaje plástico… es, sin duda, un lugar muy seductor. Todo lo que exploro y descubro, todo lo que me llama la atención y me moviliza de alguna forma (sea literatura, música, cine, teatro, filosofía, ciencia, religión) tiene para mí, una conexión con las artes plásticas, con la pintura y con la materia…  Todo forma parte de un solo lenguaje, el creativo, y me gusta moverme en esta esfera, me siento parte. Y si algo fascinante tiene la experiencia y el paso del tiempo es que vas entendiendo ciertos mecanismos vinculados a la emoción y todo cobra un sentido que, si bien muchas veces se desdibuja por los vaivenes de la vida cotidiana- es finalmente lo que te mantiene aferrada a las ideas, a los principios más íntimos, más privados, aquellos que, el editar una revista, vas a terminar compartiendo con otros, con los lectores. Tiene muchos encantos “comunicar”, podes enriquecer la vida de muchos y a mí me gusta comunicar con pasión, porque disfruto mucho además de mi trabajo.

Creo que todo lo que para uno es importante, tenés que transmitirlo; necesitas de cierta forma “enamorar” a los otros de aquellas cosas que a vos te enamoran. La pasión por el arte convierte a nuestras vidas –mundanas y pasajeras- en una experiencia mucho más intensa y conmovedora. Y todos nos merecemos vivir de esa forma.  Tendríamos un mundo mucho mejor, sin duda. Seriamos más felices, viviríamos con menos dolores y resentimientos… Estaríamos más fortalecidos para afrontar las penas, seríamos mejores personas. Disfrutar y vivir la experiencia del arte te forma un mundo interior increíble, y ahí podes estar con vos mismo disfrutando de lo que te gusta, sin artificios, sin compañías superfluas o sin la necesidad de que haya una tarjeta de crédito para comprar ropa o zapatos que no necesitamos. De esta tarea que implica editar, me gusta “estar en el barro”…. Busco artistas de forma permanente, lo hago de manera natural. Es algo que hice siempre, pero ahora esa búsqueda tiene una finalidad: que sean parte de Ophelia. Me gusta buscarlos y convocarlos y creo que esa es la etapa en donde la intuición se desarrolla al máximo. Hay tantos pero tantos artistas (y buenos, por suerte), que llegar a uno puntual,  hablarle de tu proyecto y que además se sume, es una situación que, a mi criterio, encierra mucha magia.

A la fecha hemos trabajado a través de Ophelia con casi ochenta artistas de todo el mundo  y puedo decir que, con la inmensa mayoría tengo una relación de gran respeto mutuo. Siento que, así como nosotros respetamos y admiramos su trabajo, ellos respetan y quieren de igual forma el nuestro. Eso se siente. Con algunos de ellos hemos formado en el tiempo una linda amistad, una relación de camaradería que valoro enormemente. Disfruto mucho de eso; implica ampliar círculos y vincularte con gente no sólo creativa, sino también interesante e inteligente… Nada mejor que eso. A mí siempre me gustó rodearme de gente a la que admiro.

También disfruto de editar las entrevistas, leer las respuestas de los pintores…. Me encanta vigilar muy de cerca el trabajo de diseño gráfico… Disfruto mucho también de los Live que hacemos por Instagram (cuando me encuentro con los artistas a través de los En vivo siento que los conociera –ellos a mí no, pero ya a ellos sí! -los busque, los investigue, los leí….). En general podría decir que Ophelia es goce y deseo. Me estimula mucho lo que hacemos y tenemos muchos proyectos muy ambiciosos. Cuando deje de sentirlo así, simplemente la revista dejará de existir e inventaré otra cosa. Lo digo sin el más mínimo sesgo de tragedia; me parece sano también pensar en los proyectos como cosas que empiezan y terminan; solo así podemos darle lugar a algo nuevo ¿o no? Pero ahora Ophelia tiene varias cosas por delante…. Y pienso que le queda un largo recorrido.

-¿Cuáles son los desafíos -y si pudieras evaluar, ventajas y desventajas- que presenta llevar adelante un proyecto cultural autogestivo e independiente, inmerso en los tiempos digitales que vivimos?

Debo confesar que la revista puede ser, de a ratos, un verdadero dolor de cabeza. Hacer una revista de arte cada dos meses – y dedicarte de forma casi exclusiva a eso  desde países como Argentina y Chile- es una locura. Hay sectores muy amplios de la población que están condenados a nacer y morir en la pobreza, privados de muchos derechos. Por eso mismo superar los obstáculos y las vicisitudes nos hace sentir orgullosos. Tiene otro sabor. No es que nos guste sufrir, pero realmente somos conscientes de nuestras fortalezas, de nuestros logros. Nos gusta la revista que tenemos. Sabemos que es una publicación cuidada, de calidad y cuando nos reconocen, por supuesto que nos sentimos felices. Todos en algún momento necesitamos de recompensas. Lo digital ha sido un desafío gigante. Recién hace cinco meses comenzamos con un ciclo de entrevistas a través de Instagram y nos costó mucho adaptarnos a ese cambio, pero no queda otra: es la forma de comunicarse.

Creo que estamos obligados los comunicadores a establecer estrategias de comunicación para interactuar con el público así, y crear nichos, compartir vivencias y experiencias ya no de manera local, sino global. Es un panorama que implica un replanteamiento de la labor profesional. Más que aprender a usar las herramientas tecnológicas y las diferencias entre cada red social, se debe tener claro el para qué de ellas y cómo emplearlas profesionalmente para responder a, por ejemplo, la instantaneidad. Nosotros estamos haciendo lo posible por estar a la altura de las circunstancias, con la intención de generar y sostener en el tiempo un espacio que explote al máximo la importancia de los mensajes. Cómo interactuamos es fundamental preguntárselo.

-Comentame quienes forman parte del proyecto y cuáles son las expectativas para tu medio.

Me parece tremendamente valioso poder trabajar en Ophelia junto a Julián, mi hermano, que tiene once años menos y estudia comunicación en  General Roca, Río Negro. Que él se haya involucrado de a poco en este proyecto es para mí muy importante y fortalecedor. Nos hace compartir una experiencia que va más allá de lo sanguíneo. El conoce, como nadie, todo lo que ha significado este recorrido y me ayuda muchísimo con las entrevistas y ahora con el canal de Youtube. Además traduce del inglés al español las entrevistas a los artistas anglosajones. Te diría que si él no estuviera involucrado, no sé cómo podría seguir. Todos los proyectos tienen muchos intersticios, y que haya un otro, que los conozca casi como  vos, es algo con sólo con el tiempo te das cuenta lo importante que es. También son parte del equipo Gonzalo Lorente, Betsabé Stay, María Laura Blaqué, Gisela Sanhueza y Andrea Marone, que está a cargo del dossier de poesía “El jardín de Ophelia” que incorporamos hace dos números atrás.

-Entrevistando a distintas personalidades de la cultura y las artes visuales de Latinoamérica, visibilizando el talento de jóvenes artistas que buscan publicaciones como las tuyas para mostrar su talento, ¿qué reflexión podrías hacer acerca de un posible estado del arte contemporáneo en nuestra región?

Creo que lo que sucede en nuestra región es lo que sucede en muchos otros lugares del mundo. Muchos circuitos oficiales de arte han impuesto el “Todo es arte” como premisa y, como lo dije antes, para nosotros es totalmente falso. Hay que empezar a desmenuzar estos relatos oficiales que nos quieren imponer desde una elite. Ni todo el mundo es artista ni estudiar en una facultad de arte te hace artista. El arte es el resultado de trabajar y dedicarse, de emplear miles de horas en aprender y entrenar el propio talento. La formación rigurosa y el trabajo sistemático hacen que los estándares de resultados sean más altos y por consecuencia el nivel artístico sea cada vez mejor. El arte es ante todo un campo de creación, de no teorías. Los artistas dibujan o pintan lo que les nace hacer, lo que sienten. Los autores, sus reflexiones y sus posturas sobre el hecho artístico nos interesan sólo a quienes intentamos relacionarnos con el arte desde el campo de la investigación o el periodismo y conocer cómo piensan puede ser enriquecedor para el público pero no es “la obra en sí”.

Un artista no necesita teorías que lo validen, no le interesa… sabe que su obra habla por sí sola. Sin duda el arte puede detonar ideas filosóficas, pero no son éstas las que crean obras de arte. En este “anti-arte”, en términos de la crítica mexicana Avelina Lesper, las propuestas que vemos en muchas de las ferias o galerías adquieren dimensión sólo a través de un texto y a nosotros nos interesa poner en valor el trabajo de miles de artistas que quedan excluidos de los circuitos oficiales. Nos han hecho creer que cualquier ocurrencia, como una banana pegada con cinta en una pared, es arte y no sólo que no es arte sino que, dándole lugar a esa banana en la feria, están excluyendo a dibujantes, pintores, escultores y grabadores de enorme talento que tienen obras que realmente merecemos ver. Pensar el arte es también pensar la forma en que nos cuentan qué es y qué no es arte. Pensar el arte suscita un montón de conflictos y de tensiones; es, como en todo, un verdadero campo de batalla.

Biografía y trayectoria de Camila Reveco

Nacida en 1984. Fundadora, directora periodística y editora de Ophelia. Vinculada al ámbito de la comunicación, el periodismo y la gestión. Licenciada en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Cuyo (Mendoza, Argentina) y doctoranda en Ciencias Sociales. Se desempeñó como periodista en diarios impresos y digitales (Los Andes, MDZol) y en revistas culturales nacionales e internacionales y en programas de radio.  Fue investigadora en la Secretaría de Investigación de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNCuyo y docente adscripta en la carrera de Comunicación Social. Gestiona, organiza y produce eventos culturales y exposiciones de arte para el sector público y privado.

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