LA MALDICIÓN DEL GUAPO, una película de Beda Docampo Feijoó. Estreno del 27 de agosto en Cine.Ar

LA MALDICIÓN del GUAPO
Nadie es lo que parece

Una película de Beda Docampo Feijoó


TRAS SU PASO POR MADRID ESTRENO COMERCIAL ARGENTINO
27 DE AGOSTO: Cine.Ar TV / 28 DE AGOSTO: Cine.Ar PLAY  
LA MALDICIÓN DEL GUAPO, una película con Juan Grandinetti, Ginés García Millán y Paula Sartor.

SINOPSIS
Un hombre tan seductor como estafador lleva una vida tranquila tras haber cumplido condena por una antigua estafa que le costó la relación con su hijo. Hoy, ese hijo es un hombre honrado que se verá obligado a pedir ayuda a su padre al ser víctima de un robo. Una elegante comedia de estafadores.

FICHA TÉCNICA
Dirección y Guión: BEDA DOCAMPO FEIJÓO
Asistente de dirección: JAVIER PETIT
Dirección de Fotografía: IMANOL NABEAMúsica: FEDERICO JUSID
Dirección de Sonido: JUAN FERRO 
Montaje: CRISTINA LAGUNA
Dirección de Arte: SANDRA IURCOVICH
Producción: LUIS SARTOR, ANGEL DURÁNDEZ,
IGNASI ESTAPÉ, IBON CORMENZANA
Casa Productora: ZARLEK PRODUCCIONES S.A., DAMMED BELLO A.I.E., ARCADIA MOTION PICTURES, CADOS PRODUCCIONES / COPRODUCCION ESPAÑA – ARGENTINA
Año: 2020
Duración: 89 mins. – Género: Comedia

ELENCO:
GONZALO DE CASTRO
JUAN GRANDINETTI
MALENA ALTERIO
GINÉS GARCÍA MILLÁN
CAYETANA GUILLÉN CUERVO
CARLOS HIPÓLITO
ANDREA DURO
PAULA SARTOR


BIO FILMOGRAFÍA DEL DIRECTORBeda Docampo Feijóo nació en 1948 en Vigo, Galicia, España. Su familia se mudó a Buenos Aires, Argentina con él cuando solo tenía un año. Es escritor y director, conocido por las películas “Camila” (1984) film nominado al Oscar en 1985, “El Marido Perfecto” (1993), “El Último Tren” (2002) y “Amores Locos” (2009). “Francisco” (2015) es su última película sobre la vida del Papa Bergoglio.    

Reseña de MAXIMILIANO CURCIO

De un director de dilatada trayectoria como Beda Docampo Feijóo, el último producto cinematográfico que habíamos conocido de su autoría fue “Francisco, el padre Jorge” (2015), sobre la biografía de Jorge Bergoglio, interpretado en aquella ocasión por Darío Grandinetti. Un lustro después, regresa a la gran pantalla con “La Maldición del Guapo”, una coproducción argentino-española rodada enteramente en España.

La imprevisibilidad de una película de estafadores donde nada es lo que parece suele siempre aportar ingredientes atractivos a la mirada de todo espectador. Los giros del final y estirar la sorpresa más allá de lo previsible, son siempre bienvenidos factores que tuercen aquello que se espera del argumento, de antemano. Un mandamiento o ABC ineludible, que todo buen film que alimente la tradición de este subgénero debe cumplir a rajatabla. Pistas sembradas, a medida que avanza la historia, nos permitirán descubrir como se ingenia cada personaje para conseguir sus deseos y objetivos, aunque se trate de deslizarse en las fronteras de la ley y la moral, proveen a “La Maldición del Guapo” un encanto innegable.

Un aire de cine clásico, desde la comedia con emociones de “El Apartamento” de Billy Wilder a la química exhibida por Paul Newman y Robert Redford en “El Gran Golpe”; sin dudas se erigen como notorias influencias en el bagaje cinéfilo de Docampo Feijóo. El film nos presenta un esquema argumentativo y de relaciones entre personajes a la manera de espejos engañosos de sus intenciones, parábola que remite a una estructura de muñecas rusas que el género ha convertido en mentada. La estafa sucesiva y personajes que se engañan a sí mismos poblarán la trama. Sin embargo, se trata de personajes queribles en su debilidad y en la ceguera que éstos poseen con respecto a la realidad que los circunda. Tropiezos y frustraciones que incitan a la complicidad del espectador, evidentemente.

La dificultad de rendir honor al género de comedia de acción, como porción de ficción universal que cuenta tramas emocionales de absoluta empatía, forma parte del acervo cultural cinéfilo al que el realizador busca rendir homenaje. Imposible resulta no pensar en un epítome del cine argentino del nuevo milenio: “Nueves Reinas”, de Fabián Bielinsky. Meternos en la piel de un ardid delictivo, calzarnos el incómodo traje amoral de un disfraz. Salir airoso de una estafa ausente de violencia o derrochar la elegancia del artista de guante blanco, sin crueldad. Estar a la altura de semejante listón no resulta un desafío menor.




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