UNA VENTANA AL PSICOANÁLISIS: “LOS DOS PAPAS Y LOS DOS PARADIGMAS”. Por María Nieves Gorosito.

Desapegarse del paradigma positivista que nos estructura como sujetos y sociedad, desde hace siglos, es el desafío que estamos atravesando. Aceptar que ya nos ha dado lo que nos tenía que dar; pero que el conocimiento, al igual que todo en el universo, se encuentra en constante cambio. No se trata de deshacernos o deconstruirlo todo, puesto que parte del conocimiento pasado estará a la base de lo nuevo emergente; porque sin esos previos conocimientos el ciclo de la evolución no sería posible.

Lo que quiero ilustrar en este artículo, y espero lograr, son los procesos que se suceden en un cambio de Paradigmas; y la necesidad de que así suceda. Pero para ello primero debo esclarecer ciertos aspectos de mi trabajo, para que les permita a los lectores una mejor comprensión de lo planteado, y evitar, de este modo, ciertos malos entendidos.

Lo primero que quiero aclarar es que mi mirada sobre este rodaje no pretende analizar la veracidad de los hechos, ni emitir juicios de valor hacia los protagonistas y, mucho menos, sobre el Credo; puesto que para ello debería embarcarme en un estudio completamente diferente del que realicé en este artículo. Mi análisis consistirá en utilizar la película de manera metafórica, para ilustrar como socialmente se van dando los cambios de paradigma que estructuran el modo de conocer el mundo y que establecen verdades científicas, que, a su vez, estructuran sociedades, economías, culturas y por ende estructuran el pensamiento de los sujetos. Este proceso de cambio, en la película, se lo puede comparar a la sustitución de un Papado por el otro; allí también se evidencia un período de crisis donde ambas posturas debaten sus disidencias, donde el paradigma viejo se encuentra con sus falencias y la necesidad de dar cabida al cambio, a la transformación del segundo paradigma.

Edgard Morín, filósofo y sociólogo francés, que ha estudiado el fenómeno de la complejidad, como ese paso que debe dar la ciencia clásica para recuperar lo que en su afán de comprensión recortó y simplificó, para lograr el orden que calme la ansiedad que produce la pregunta abierta. Sin embargo, con el tiempo notamos que, aunque a la pregunta se le ha dado un “cierre”, nos angustia igual. Porque es un cierre ficticio que tiene fecha de caducidad y a unos cuántos los arroja a los márgenes.

Thomas Khun, físico y filósofo estadounidense, explica que cada época tiene su paradigma científico que brinda las respuestas a los interrogantes de la época, y es lo que denomina el momento de la “ciencia normal”. Pero sucede que el conocimiento avanza y los interrogantes cambian, y a menudo el paradigma vigente comienzan a encontrarse con respuestas que no puede contestar; momento que el autor señala como Revolución científica. A partir de ella emerge un nuevo paradigma capaz de afrontar esos interrogantes. Sin embargo, es importante destacar que ambos paradigmas no son incompatibles, sino que el nuevo paradigma viene a mejorar al anterior.

La ciencia clásica, es lo que denominaremos el viejo paradigma del conocimiento, que Morin denomina como Paradigma de la simplificación, y dentro del proceso de Khun, sería el Paradigma normal, que se encuentra en vigencia. Sus métodos para acceder al conocimiento son mediante la simplificación, que lleva a una descripción universal para de allí adoptar una norma que sea universal; con miras a alcanzar una única verdad. Cuando los cardenales aguardan el momento de la votación, el “viejo paradigma” recorre las mesas, con la intención de conseguir el apoyo de sus semejantes y les plantea que “necesitan solo una verdad y eterna”. De este modo, el conocimiento se mantendría al margen del tiempo, por lo que no sufriría cambios con el transcurrir de este. Su figura, la del primer Papa, es la de un erudito, uno de los mejores estudiosos de la religión, pero totalmente cerrado a cualquier tipo de reforma. Un guardián de la Fe, como lo nombran en la película, que se opone a cualquier relativismo, aferrándose al dogma, a un orden, a un poder que le brinda seguridad pero que desconoce y arroja a otros al sufrimiento.

La disyunción y la reducción constituyen la ceguera más grande del paradigma que transitamos. Sin embargo, las vendas de los ojos comienzan a caer y aunque en un principio la luz, después de tanta oscuridad, molesta a los ojos, irrita y produce rechazo a la vista. Este es un proceso absolutamente esperado, explica Morin, puesto que cuando lo complejo desafía a uno de nuestros conocimientos fijos, produce una regresión; por lo que frente a la complejidad que trae consigo la incertidumbre, aleatoriedad y el desorden, se produce en nosotros una fuerte resistencia a lo nuevo.  Esto debido a que venimos acostumbrados a pensar, dentro de un paradigma, que estructura nuestro pensamiento y lo prepara para filtrar y rechazar las complejidades.

A tal punto nos domina esta estructura, que nos lleva a desconocer la complejidad propia, esa que nos hace seres atravesados por emociones, falencias y contradicciones. De este modo surge la necesidad de clasificar las emociones en buenas y malas. Pero si lo pensamos bien, todas las emociones nos son de utilidad y nos preparan para afrontar los distintos momentos a los que nos enfrenta la vida; las necesitamos a todas en determinado momento, por lo que esta clasificación debería caer y en su lugar emerger la palabra “equilibrio de las emociones”.

En los primeros debates, de ambos paradigmas, predomina la resistencia y el rechazo del primero con las ideas del segundo. Se aferra al dogma, y ve al cambio como una manera de ceder al paso del tiempo que corrompe la idea de verdad pura. Pero el segundo paradigma le dice que “cambiar es diferente a ceder” … “Cambiar es crecer”. Cambiar es caminar acompañando el tiempo, reconocer que gracias a él vamos avanzando en el conocimiento. Tanto por el constante trabajo y estudio de quienes nos preceden, como por el avance de las nuevas herramientas tecnológicas.

Un filósofo que nos puede ayudar a comprender “el cambio” es Heráclito, denominado el oscuro en su tiempo, porque hablaba del discurrir del universo frente a una comunidad científica que buscaba el orden inmutable, como ansiolítico que calma la angustia por no saber pararse frente al devenir continuo. Pensar el universo en constante cambio, nos priva de un sostén último a partir del cual clasificar y encasillarlo todo, nos priva de volverlo todo claro, ordenado y correcto; y eso nos molesta.

Nos molesta porque nuestra manera de pensamiento fue estructurada para pensarlo todo de manera simplificadora, reduccionista y ordenadora. Pero al igual que lo ha confesado el viejo paradigma en una de sus charlas, que irán transformando y constituyendo el nuevo paradigma, quizás necesitemos “nuevos audífonos para escuchar”. Debemos darle lugar a la duda, la duda nos angustia, pero es necesario transitarla y darle paso para no huir a la oscuridad.

Algunos sujetos encontraron, durante siglos, su lugar dentro de los márgenes de la normalidad que el paradigma designa. Pero debemos pensar que “el pensamiento tiene que dar paz, pero no sólo a mí”. El pensamiento debe dejar de ser simple y reduccionista para dar lugar a lo complejo, para abrazar a quién sufre por detrás de nuestro recorte:

“El mundo tiende a ser caótico y eso tiene cierta belleza. El amor tiene muchas caras, es un error creer que se puede vivir sin amor”.

Me voy a tomar unos párrafos para destacar algo que creo importante: el rol del arte que liga y, aún en las diferencias, devuelve un tiempo de placer y disfrute ante una crisis. Estos dos paradigmas, con todas sus diferencias y discusiones encuentran en la música algo que los une, que lima sus asperezas, permitiendo la unión. De este modo la música saca lo mejor de cada uno y da lugar a una charla amena. Los predispone a pararse en lo que tienen en común.

Porque como plantea Khun, en su teoría, los paradigmas no son excluyentes entre sí, sino que entre ambos darán lugar a una versión mejorada de lo anterior. De hecho, el nuevo paradigma no desconoce la importancia del paradigma anterior, no quiere su destrucción sino la modificación; lo reconoce como una parte suya. Me apareció, oportuno señalar que cuando el nuevo paradigma recibe críticas duras y agresivas acerca del viejo paradigma, siente pena ante este odio. Pues su cambio es una búsqueda con amor, su transformación incluye lo viejo y lo que quedó por fuera, “busca libertad y equidad; un abrazo de hermandad”.“Quiere reparar los errores, construir puentes dejando atrás los muros”.

Según Morin, darle lugar a la epistemología de la complejidad sería tenderle la mano a la incertidumbre que hay siempre detrás de lo que conocemos como verdad. La cual puede ser modificada, porque como seres humanos tenemos un límite en el acceso al conocimiento; ni más ni menos que la propia humanidad con sus imperfecciones y faltas.  

Por eso debemos comprender que mientras más complejo y abarcativo sea el estudio, más cerca de la verdad estaremos. Y aceptar que aunque nunca llegaremos a ella en completud, nos acercaremos más que mediante un estudio basado en simplificaciones y reducciones. Debemos comenzar a trabajar con las angustias que esto nos despertará. Pero que, si lo logramos, ganaremos la capacidad de religar allí dónde sólo sabíamos dividir y excluir. Aprenderemos que el avance del conocimiento no es lineal, ni su camino el orden. Como lo explica Morin, el conocimiento es una aventura en espiral cuyo punto de partida es histórico, pero que no tiene punto de llegada; realiza círculos concéntricos que reenvían de nuevo al principio. En la aventura del conocimiento, no sólo que el desorden existe, sino que ocupa un rol fundamental como productor del universo.

Dicho autor encuentra en la complejidad el modo de sanar aquello que el pensamiento de la simplicidad mutiló. En su trabajo recuerda los desastres de las visiones simplificadores, no sólo en el mundo intelectual, sino también en la vida:

“La verdad puede ser fundamental, pero sin amor, es insoportable”. Esta es la conclusión a la que llegan ambos paradigmas en su momento de fusión. Necesitamos ir en búsqueda de la verdad, pero debemos ser consciente que ese camino no tiene destino final, que apenas si podremos siempre acercárnosle. Pero lo que si ya a esta altura, por todos los acontecimientos de nuestra historia, debemos saber y comprender que ninguna verdad puede poner a mi semejante en una situación de sufrimiento, tan sólo porque yo no comprendo o porque me angustia su presencia, su otredad, su diferencia; porque se sale de mi recorte.

NOTA ACLARATORIA:

Los diálogos destacados en cursiva y entre comillas son citas textuales del film citado.

BIBLIOGRAFÍA:

  • Director, Fernando Meirelles, 2019. Los dos papas. (Cinta cinematográfica). Argentina: Netflik.
  • Morín, E. Epistemología de la complejidad. En: Nuevos Paradigmas, Cultura y Subjetividad. Buenos Aires: Paidós. (1995)

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