CINE Y LIBROS – “¿ENTENDÉS? Un libro de cine”, de Bastián A. Por MAXIMILIANO CURCIO

Siglo XXI.

El mundo en pausa.

La pantalla de cine congelada y llena de preguntas.

El sistema que sigue su marcha, amparado en sus estructuras.

Por otro lado, algunos realizadores vieron postergados los estrenos de sus óperas primas o reprogramadas las mismas para ver vía streaming.

El BACIFI y tantos otros festivales, suspendidos.

Las propuestas para visibilizar contenidos online abunda.

El sistema se reacomoda como puede, no podemos ignorar que el medio sufre bajo estas condiciones.

Pero hay cosas que no cambian.

La burocracia que seguirá oprimiendo, ignorando, relegando.

Con o sin pandemia.

A jóvenes talentos que buscan, denodadamente, mostrar su arte.

¿Quién los ampara? ¿Dónde encuentran esa ventana?

Mientras tanto, la independencia y la autogestión son valores sumamente destacados que, bajo las coordenadas en las cuales está anclada nuestra industria audiovisual, adquieren mayor relevancia. Allí está Bastián A. haciendo un libro sobre cine, incluso en estos tiempos. Poniendo el intelecto y el corazón al servicio de la artesanía total para escribir, de modo urgente, aquello que ya no tolera acallar. Vivimos épocas de ideologías laxas y valores mercenarios. Siempre se valora la excepción de toda regla. Entonces, “¿ENTENDÉS? Un libro de cine” nos viene a alertar que no todo está perdido, nóveles cineastas. Sus principios no son negociables. Tampoco los términos de su rendición. Claudicar sería tibiamente más sencillo. Pero Bastian A. ama lo que hace y honra una tradición. La del cine, que nació para testimoniar.

Hecho de materia inflamable, como esos misiles que, como verdades nos estallan en las manos, el celuloide en plena ignición se llevó para siempre el mito épico esquimal tramado por Robert Flaherty. Y hubo que empezar de nuevo. El resto fue historia. El cine también fue osadía y agresión, desde Justus D. Barnes en “Asalto y Robo a un Tren” (Edwin S. Porter, 1903) interpretando al bandido que dispara a la cámara -y, por ende, a toda mirada que se pose sobre la pantalla- a la antológica navaja que rasuraba un ojo en “Un Perro Andaluz” (1928), locura surrealista y buñueliana que testimonió un tiempo. El cine, desde su validación seminal como arte buscó despertarnos del letargo. También fue provocación, en aquel manifiesto firmado por Von Trier, Vinterberg y compañía, inaugurando el movimiento Dogma 95. Por supuesto que fue compromiso social, emergiendo de las cenizas de la guerra para, de sus escombros mismos, dar vida al neorrealismo. Fue políticamente incorrecta, cuando Glauber Rocha firmó la contestataria “La Estética del Hambre” y visibilizó, a través del “Cinema Novo”, la cruel realidad del siempre golpeado y explotado nordeste brasileño. Dos conceptos atraviesan los casos citados: independencia estética y compromiso moral.

¿Qué era el cine independiente?

Los orígenes del cine independiente se rastrean en aquella libertad para experimentar, lo cual fue posible gracias a una serie de factores esenciales: los bajos presupuestos, una estructura de la narración que no se anclaba en el cine de género y el riesgo tomado a la hora de abordar ciertos temas tabú que el cine industrial nunca trataría. Esta osadía era prácticamente nula en una película de estudio. De manera que el cine independiente fue ideando su propia arquitectura sobre la cual aceptarse. No le faltaron medios para sobrevivir a las poderosas y gigantes majors. Es por ello que las compañías independientes progresaron de tal manera que transformaron la industria del cine. Sin embargo, la labor de aquellos pioneros se percibe en el sistema comercial que las ampara hoy en día, paradójicamente.

¿Y qué sucede si hablamos de una producción, de bajo presupuesto, rodada con mínimos recursos?

La implementación de cámaras digitales (que data, profusamente, desde los años ’60) contribuyó a ampliar las posibilidades de realizar películas, lo cual popularizó el cine independiente a nivel internacional de forma impensada. Por aquellos años también surgía el término cine de autor, una denominación muy emparentada al cine independiente.

¿Acaso, el famoso manifiesto firmado por Truffaut en contra del ‘cine de quialité’, no buscaba dinamitar las bases de lo que entendíamos y consumíamos como ‘cine’ sin cuestionar?

En este tipo de cine, el director tiene un papel preponderante y su libertad es ilimitada: escribe sus propios guiones, se encarga de rubros técnicos como el sonido y la fotografía, y lleva a cabo el montaje final del film que veremos en pantalla. Esta libertad permite al cineasta expresar de forma personal su creatividad y plasmar su huella autoral: sentimientos e inquietudes que forman parte de su cosmovisión serán representadas en la pantalla. Estos conceptos formales acerca del lenguaje provienen de la escuela cahierista nacida en Francia junto con la Teoría de Autor Cinematográfico.

¿Hablábamos de independencia, verdad?

El cineasta independiente debe poseer una huella autoral reconocible y la visión estética que persiga le brindará autonomía artística. No caben dudas que esa integridad artística es fácilmente comprobable si vemos las películas “Dolores un día se quedó sola” y “Un Bolero”, autoría de Bastian A., evidenciados dichos principios y conceptos en el libro-manifiesto recientemente dado a conocer y titulado “¿Entendés?”. No estar atado a ningún sistema de estudios le permite al realizador incursionar con total libertad durante su proceso creativo.  Aún sufriendo la ignominia de toda injusta relegación a la hora de concursar en festivales, el talento de Bastián posee una virtud como tesoro: fácilmente puede considerarse bajo los preceptos del mejor cine de autor, ese que posee el control final sobre su trabajo, ajeno a todo tipo de restricciones y censuras por parte del sistema de estudios. Abrazando esa libertad, de allí a la revolución, un paso vital de distancia.

Pero, siempre los hay…a más de medio siglo de la última oleada vanguardista…¿Se puede hacer la revolución? ¿Qué es, en verdad, ser dogmático?

Siglo XXI. Volvamos a empezar.

Tomar una cámara como quien empuña un fusil.

Levantar una pluma como quien alza la voz.

Firmar un manifiesto como quien enarbola una bandera.

De propia ideología y principios inquebrantables.

“¿Entendés” nos arroja certezas. Bastian A. es de esa raza de cineastas -¿en peligro de extinción?- que hace cine para convencer. En una hora diez de metraje o en 200 páginas demuestra que lo puede plasmar a la perfección. La contundencia y la valentía a la hora de escribir tampoco es una cualidad que abunde por estos días.

“¿Entendes?” es un libro de cine en primera persona que nos cuenta el transitar de un realizador independiente, sorteando infinitos obstáculos. Rutina cotidiana en la que muchos jóvenes cineastas podrán verse espejados. Entonces, es verdad a 24 fotogramas por segundo que exige el compromiso de ser escuchada. Porque esa verdad dicha sin temor también avala la consecución ética de una forma de entender la vida y concebir el ejercicio de un arte. No es un mérito en absoluto menor.

Web del autor: https://bastian-a.com/

ACERCA DEL AUTOR

Bastian-A es un realizador audiovisual autodidacta. Si bien sus primeros paso los dio en la Escuela Municipal Audiovisual de Lomas de Zamora nunca concluyó la carrera. Lomense de corazón y porteño de domicilio, cuenta con la realización de dos películas independientes las cuales realizó junto a su compañera Rocío R., “Dolores un día se quedó sola” (2019) y “Un Bolero, si la muerte tiene tus ojos” (2020).

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