CULTURA INTERIOR: Ando con ganas de volverme viento, de Daniel Tomás Quintana. Por MARTÍN AVALOS

                                                                                                Don Quintana nos manifiesta en este título que Anda con ganas de volverse viento, pero al leer cada poema que integra este libro observamos que desea volverse cada manifestación del mundo con la que se cruza, porque este Sr. posee unas ganas envidiables de vivir.

     Oriundo de la localidad cordobesa de Deán Funes al norte de la provincia, nacido en el año ´54 del siglo pasado, Don Quintana es tan actual en su decir como viva es la presencia del pasado transitado. Voz del hoy tembloroso que viene impulsada desde ayeres firmes y que perdurarán en inciertos mañana.

     El hecho que D.Q. sea un Poeta Provinciano, por suerte, se nota en su registro tanto vocabular como contextual; aunque se exprese universalmente. Desde un comienzo sienta base de su madurez etaria: A esta altura… titula su primer poema y allí nos dice en tono confeso:

A esta altura de la vida / uno tiene el cuero /acribillado de recuerdos, / de voces, de gestos, de señales; / (…)

Para ya hacia el final continuar

A esta altura de la vida / uno carga en sus espaldas / niños de todas las edades, / una legión de muertos / (…)

Ya en otros versos se hará notar sus años vividos, por ejemplo en Musas, allí dice:

Entonces se da cuenta, /  que el escribidor, poeta / se ha quedado solo / al costado del baldío / que le invade la memoria.

Esa sinceridad literaria se mantiene a lo largo de todo el poemario. Por suerte para el lector que gusta de las franquezas sin rodeos, Daniel Quintana nos regala versos cargados de honestidad; y si esto es una apreciación demasiado personal, sirve como estrategia de lectura que no defrauda en ningún instante.

     No puede haber claridad en alguien que esconde su historia, por ello en su segundo poema nos presenta a sus progenitores cuando habla de su deseado Destino:

No sé si alguna vez lo dije. / Pretendo ser poeta / o al menos / sencillo escribidor, / (…)

Mi viejo fue poeta /aunque nunca escribió / (…) / para él, la Poesía /era un ondear de pendones celestes / en las húmedas almenas / de sus ojos, / un par de mates / y los codos apoyados / en la mesa de madera / fuerte y noble, / un tango musitado quedamente / y un elocuente silencio / preñado de palabras inasibles.

Mi madre / (…) / me enseñó el arte / de parir metáforas sencillas / con su extenso catálogo / de milagros cotidianos / y su sonrisa esperanzada.

Ya lo ven, amigos míos, / devine escribidor / porque no tuve otra salida.

Ganas de andar (¡porque para qué sino eso de ser viento!) llevando la imagen viva de los viejos, no puede salir mal en este trajín del loco mundo.    

     El entorno etario y pueblerino se refleja a lo largo de la poesía de Don Quintana. En Esos poemas: saltan al piso de mosaicos / y salen muy campantes / por la puerta cancel del corazón.

O en el Musas anteriormente citado, cuando nos dice que estas Abandonaron el bulín / de las palabras.

En Materiales: una tropa de delirios, / un caballo desbocado / (…) /un juego de payana / (…) / una plaza solitaria

Barro, luna o árbol / (…) / un himno simple / con aromas de pan / (…) dibujo estrellas / en la cara del silencio.

Porque el que vive, el que se aleja, de los grandes ruidos y luces, ve estrellas y dibuja al silencio; o lo parcha, como en su poema Ocaso III.

     Ni qué hablar de alguien que quiere ser Árbol: Hoy he despertado / con vocación arborescente (…)

Quiero ser árbol, / (…) / algarrobo obrero y musculoso.

Sí amigos, quiero ser árbol / ofrecer mi corazón al viento / y acunar la lluvia / entre mis ramas.

     Y además quiere ser Fuego, Agua, porque la vida lo habita.    

     Hablando de otro árbol, Duraznero, se referirá a la senda tulumbana, piel adentro. Donde la esperanza es un grito estridente y colorido. O del Chañar, piel ajada. El reconocimiento de su entorno, su paisaje, y el ser humano integrado a él. Y le dedicará un poema (como no podía ser de otra manera), donde dirá que

el otoño, tangible,

verdadero,

asienta su pezuña,

sobre el cuello

de mi región norteña.

De Paisaje

     Ese sentir norteño. Ese mirar norteño. Tan sureño. Tan de adentro. Tan nuestro.

La siesta morosa y lenta

se arrastra por la plaza.

De septiembre

Te miro y callo.

Sé que llueve

mansamente

en tu memoria.

De Anotación.

      Alguien parte del Paisaje tiene en cuenta las inclemencias como son la Sequía, el Incendio, y merecen ser tenidos presentes titulándolas en versos. Como títulos son también Mañana, Tarde, Ocaso, Luna…  y labores como Zafra donde describirá tan bellamente:

Un machete filoso

Cercena la mañana

Y una paloma de humo

Surca el cielo.

     En su mirar pueblerino, no se abstrae, sabe bien de las penurias de su gente. En su poema Noche deja testimonio: Desprejuiciada y frágil / crece la noche / hacia el pálido / vientre de la aurora.

En la esquina / encrucijada nocturna / y milagrosa, / deliran lo borrachos / los chicos de la fana, / los perros vagabundos, / los viejos travestis desahuciados, / las niñas prostitutas / y los últimos fantasmas.  

     Esta veta social presente en su sentir de pobre poeta provinciano como dice en su Insomnio, es el que lo llevará a cerrar su libro con versos dedicados a las tragedias humanas como son el hambre y la masacre. Su cierre son Gaza, Siria, Qom donde ellos son tan nosotros y nosotros tan ellos, porque formamos una sola Patria: Sucede que a veces / la patria nos duele.

En la página 22 nos dice y con ello cierro este simple recorrido por una voz de las de acá.

Credo

Creo en el vino barato / de los borrachos pobres / y en su rojo sino de locura; / en los chiquilines adictos / y en sus neuronas ateridas de vacío; / en el hambre y en la sed de la pobreza; / en la basura convertida en alimento / y en la turbia obscenidad / de la intemperie, / en las camas de cartón / de los umbrales / y en las frías estrellas del invierno.

Creo en los hombres y en las mujeres grises; / en las putas amigas de la aurora / y en sus ritos de ojeras y de hastío; / en las dulces muchachas / agrietadas por la vida; / en la soledad insolente de los viejos / y en sus ojos empañados de silencio; / en la legión innumerable / de los ángeles caídos / síntesis de paraíso celestial / y averno humano.

Creo en los perros vagabundos / y en su cuero domesticado por las pulgas; / en los filosos caballos harapientos / uncidos a los carros miserables; / en las calles dormidas del suburbio / y en sus escuálidas luces mortecinas; / en el oprobioso barro de las villas, / y en sus habitantes exiliados del destino.

Creo en los campos devastados, / en las claras aguas denigradas, / en los montes y en las selvas destruidas, / en las ancianas montañas horadadas, / en la tierra extenuada y sometida / y en el cielo herrumbrado de tristeza.

Creo en la vida / numerosa y frágil.

Notas:

  • Ando con ganas de volverme viento,  Daniel Tomás Quintana. El Mensú Ediciones, Villa María, 2016.

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