COLUMNA LITERARIA: “Corte de cinta: la épica de lo cotidiano”, de Ariel Cruz Pizarro. Por JESICA SABRINA CANTO

Dar un poco de color dentro de un contexto lleno de grises

Todos tenemos algo que nos apasiona y en muchas ocasiones puede resultar inusual o sin futuro, pero de igual manera podemos construir nuestro futuro a partir de ello si nos lo proponemos. Para Ariel Cruz Pizarro, autor de “Corte de cinta: la épica de lo cotidiano”, lo es el transporte y a través de las páginas de su libro nos permite conocer el vasto universo que comprende esta rama de la vida diaria de las sociedades. Nos muestra también los diversos paisajes y maravillas naturales de Chile, su país natal, pero a su vez deja ver las problemáticas sociales que atañen a esta región del mundo, dejando ver un hilo de esperanza por un futuro mejor. Podemos saber más al respecto en las respuestas a las preguntas que amablemente tuvo a bien responder.

El libro está narrado como todas experiencias personales, sin embargo, se contradicen. En el último relato vos explicas que algunos son ficcionales y hasta comentas que personas te inspiraron algunas de las historias. ¿Por qué la elección de hacer un libro mixto en lugar de publicar dos diferentes, uno de relatos ficcionales y otro de relatos autobiográficos? ¿Por qué publicarlos en este momento, cuál fue ese detonante para materializarlos finalmente en un libro?

Sí, tal como planteas, se van mezclando. La publicación del libro va muy de la mano con las circunstancias que estaba viviendo. Por una parte, estaba terminando mi carrera universitaria (Administración Pública) y de algún modo quería ser escritor antes que administrador público, entonces quise publicarlo antes de recibir el título. Pero, por otro lado, y siendo algo mucho más importante, justo coincide también con que la luz de vida que bañaba a mi abuelo se iba apagando desde ya hacía algunos años. Para la familia siempre es duro lidiar con este tipo de cosas, mi abuelo estuvo postrado por meses y cada vez se complicaba más, eso es desgastante y deprime. De algún modo quería que el libro fuese una alegría dentro de ese contexto, que mi abuelo y mi familia también pudieran verme publicando el libro, darles un motivo para sonreír en medio de todo eso. Afortunadamente alcancé a publicarlo antes de que muriera (murió unos meses después).
Ahora, más allá de si son basados en la realidad o son ficticios, igual cuando uno saca
cosas del baúl de sus recuerdos termina siendo literatura y, por ende, ficción, pues uno no
siempre va a recordar todo fielmente y lo que comparte es una interpretación de esos
recuerdos, lo que también puede ir cambiando con el tiempo, por eso me pareció coherente
mezclarlos.
El libro combina cuentos, poesías y novelas como un todo, porque más allá de la forma
o del género, creo que lo esencial está en el mensaje de fondo que es comprender y sentir la
“épica de lo cotidiano”, que ahora con la contingencia del coronavirus quizás más gente
puede llegar a entender: la rutina suele verse como algo tedioso y mucha gente se queja,
pero hay cosas muy lindas en el día a día que no siempre miramos (hasta que ya es tarde); y
lo otro es el mismo devenir, que nada es estático y por mucho que se vea la realidad como
algo “estático” aparentemente, van sucediendo cambios y lo que hoy es, mañana puede que
no exista o sea totalmente diferente (como en “Bendita Elegancia”, que es una novela
ambientada en las micros amarillas, jamás los micreros hubiesen pensado en que eso se iba
a acabar de forma tan drástica y tendríamos otro sistema de transporte, otras formas de
relacionarse, otros vehículos, etc).

En algunos momentos de la narración aparecen aclaraciones entre paréntesis de
significados de términos chilenos ¿era un objetivo importante el que el libro fuera
leído en otros países?

Yo diría que más que por eso (que sí, afortunadamente hay ejemplares pululando en
otros países), el libro tiene un lenguaje relativamente coloquial en varios momentos, porque
mi idea siempre es “conversar con el lector”, que se sienta algo cercano, ameno, casi como
que me sientan al lado tomando un café. Esa forma de escribir le da una fluidez al relato,
pero también como que se te escapan modismos. El lenguaje siempre va evolucionando (de
la mano de ese devenir que comentamos antes) y si leen el libro, no sé, en cincuenta años,
en cien años o quizás mucho más tiempo, capaz que haya términos o modismos que caigan
en desuso. Fui poniendo esos paréntesis como para que el lector que no conozca esos
modismos pueda mantener la fluidez del relato y no se pierda. Felizmente puedo decir que
hay algunos libros en Argentina y en España. Me gustaría llegar a más países, aunque es
difícil por lo caro que sale hacer los envíos.

Además del transporte, los relatos dejan translucir el amor por los viajes no de
forma turística tradicional sino en conocer la realidad de los lugares visitados, este
tipo de textos pertenece al género crónicas de viaje, híbrido entre la literatura y el
periodismo ¿Conocés al respecto de este género, solés leer textos de este tipo?

Sí, de hecho, este tiempo de cuarentena he estado releyendo muchos libros que si bien
no son todos crónicas, sí tienen viajes (como “El último grumete de la Baquedano”, de
Francisco Coloane, “Robinson Crusoe” de Daniel Dafoe, también ando leyendo otras
crónicas de Darwin y Pigafetta). Desde la adolescencia que escribo en blogs, ahora tengo
también mi sitio web y un canal de YouTube, entonces tanto por la literatura como también
por los contenidos que me gusta ver y realizo (bitácoras de viajes, viajes en transportes
públicos de distintas partes del mundo) tengo un gran acercamiento con ese género. Aparte
de conversar con el lector, me gusta que se sienta ahí mismo donde estoy describiendo la
acción y que ojalá también se empape del contexto, algo que sucede tanto en los libros,
como en los videos que realizo.

En algunos momentos, sobre algunos temas, pareciera que haces una crítica social
a cuestiones que funcionan incorrectamente en el país. Sin embargo, parecen estar
escondidas, como si solo te limitaras a relatar los hechos ¿Cuál es tu implicancia al
respecto, elegís comentarlo lo más objetivamente posible para que el lector saque sus
conclusiones o preferís remarcar lo positivo dando menor importancia a las
problemáticas?

Me parece que hay dos razones por las que se da. Por mi parte, en mi fuero interno soy
bastante crítico con muchas de las cosas que vivimos (y que de hecho terminaron
desembocando lo que sucedió en octubre de 2019 acá en Chile, estallido social con
manifestaciones en las calles) pero el libro siempre tuvo como fin dar una alegría, entonces
las críticas sociales tienen que estar y hay que hacerlas, pero sin que se pierda el foco
central que es dejar una bonita sensación al lector, como una llamada de atención a vivir de
otro modo, a ver otras cosas. Me parece que cuando uno escribe algo (no solo un libro, sino un texto cualquiera) también tiene que considerar cómo quiere que se sienta el lector, qué le quieres dejar
cuando cierre el libro. Chile es un país que tiene cosas muy lindas, y solidez en muchos
aspectos, pero que también tiene varios problemas en lo económico, lo social y la salud de
las familias, en cómo nos relacionamos tanto en lo laboral, como en lo social, en cómo nos
tratan las instituciones. Literalmente, al menos hasta octubre de 2019, éramos como una
masa de gente anestesiada, sabíamos lo que ocurría pero la gente callaba (es una
indefensión aprendida pero a nivel de sociedad). Yo como persona individual no puedo resolver todos esos problemas ni tampoco cambiar esas deshumanizaciones que ocurren, pero sí puedo plantear el libro como una vuelta de tuerca, como una idea de tratar de dar humanidad (y hacer sentir un calor humano) en un contexto donde eso es una excepción. En el fondo, puedo ser muy amargo, pero no quería dejarle esa amargura al lector, quería dejarle algo dulce sin obviar tampoco
muchas de esas cosas torcidas que se asumen normales o que son silenciadas (yo no veo
ningún medio de comunicación masivo hablando de la violencia infantil que tenemos en
Chile; tampoco se abordan críticamente los suicidios y la falta de acceso a salud mental, la
misma precariedad que hay para acceder a la salud y que se ha visto exacerbada con el
coronavirus, la concientización de la violencia intrafamiliar y prevenir feminicidios o
femicidios como les decimos acá, no solo mostrar el feminicidio como crónica policial,
entre otros muchos temas). La otra razón de porqué no ser a lo mejor tan explícito o frontal viene de la misma indefensión aprendida, esa sensación de que da lo mismo cuanto patalees o protestes, igual
las cosas no van a cambiar. Incluso con la contingencia del coronavirus y teniendo las
protestas de octubre extendiéndose hasta los primeros días de marzo, el país sigue igual en
las altas esferas, los abusos siguen y ni que decir de la justicia que uno podría esperar si
hace horas no más le dieron absolución o rebaja de condena a criminales de lesa humanidad
de la dictadura. Más allá de que sea por “razones humanitarias”, el gesto político dice
mucho más (vean también el caso de Gustavo Gatica y muchas otras personas que han
quedado ciegas en estos meses). Hay muchas problemáticas sociales que no son solo de Chile, pero sí se ven exacerbadas acá por el sistema económico y cultural imperante. En varias latitudes tenemos
tiempos de una sociedad deshumanizante, una sociedad del cansancio como lo plantea
Chul-Han en su filosofía. Y son los mismos motivos los que también me llevan a escribir, a
tratar de hacer un cambio, a por último llamar la atención y no seguir anestesiado o
anestesiada. A final de cuentas, el libro viene a dar un poco de color en las vidas dentro de
un contexto lleno de grises, es entretenerse o dar una alegría pero también dejar el espacio
para cuestionar.

Comenta un poco sobre tu decisión de incorporar al final del libro un relato
escrito por tu padre.

Mi papá siempre ha escrito cosas, de hecho, participó en algunos concursos literarios y
había ganado un premio hace años, pero justo tocó el contexto de la dictadura y con la
persecución de muchos intelectuales, también esa premiación quedó inconclusa, algo así,
no me manejo tanto en el detalle, el punto es que no lo publicaron. Lo concreto es que él
escribe desde su juventud y también es un ávido lector, muchísimo mejor lector que yo y
versado en muchas materias, aunque no tiene un título universitario. Estudió en un liceo
técnico y es contador, trabaja en cosas nada que ver con la literatura y de niño soñaba con
ser arqueólogo. Yo creo que es la historia de varios. Publicar un libro siempre es una aventura épica, quizás más épica que las letras que están en el interior del mismo. Ya cuando uno publica el primero, después piensa en el segundo, el tercero y va normalizando el proceso completo, vas aprendiendo y dejas de ver la publicación de un libro como algo tan complicado, pero hay muchos buenos escritores que jamás llegan a tener un libro (o estar en uno) ya sea porque efectivamente sí es
complicado, porque es caro (en papel por lo menos), porque tienen otros trabajos y no les
dejan el tiempo para dedicarse a hacer arte (cosa que ocurre mucho en distintos países,
sobre todo en Chile que la atmósfera y los valores de la sociedad te instan todo el tiempo
para que “seas útil”, muy en la idea que tenía Julio Verne en “París en el siglo XX”). Por lo
mismo, quise aprovechar el impulso, el vuelito de estar haciendo ese primer libro y darle un
espacio para que publicara algo, para que otros lo pudieran leer también.

¿Considerás recopilar los artículos que has escrito para tu web en un próximo
libro?

No, me gusta que los libros tengan cosas diferentes que lo que publico normalmente en
la web o en YouTube. Lo que sí he hecho es premiar de algún modo a los lectores, entonces
hay viajes que no he contado en web o en YouTube y que sí están en el libro. En “Corte de
Cinta”, el relato que abre, que es justamente “Corte de Cinta” trata acerca de cómo viví la
inauguración de la Línea 4 del metro, línea en la que después trabajé como asistente. No
tengo artículos o videos contando específicamente esa experiencia de la inauguración. En el
libro nuevo, “Los Héroes del Tiempo”, incluí el viaje al Parque Nacional Conguillío en la
Araucanía haciendo el sendero Sierra Nevada que es uno de los más bonitos. Ése tampoco
lo he contado nunca. La idea es que la persona que me lee en el sitio web, que ve mis
videos en YouTube también tenga algo novedoso en los libros. O al revés, que quien lee
mis libros, descubra cosas nuevas en mis otras publicaciones.

Agradezco a Ariel Cruz Pizarro por responder a mis preguntas.

Datos del libro: “Corte de cinta: la épica de lo cotidiano”, de Ariel Cruz Pizarro (2017,
Ed. On Demand, Género: Relatos y poesía en prosa, Págs. 420).

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