ENSAYOS ÓPTICOS: “La guerra”, de Henri Rousseau. Por CARLOS AVALLE

“La guerra”  Óleo sobre lienzo  (1894)

Medidas: 114 x 195 cm.

Autor:  Henri Rousseau

Este pintor Francés vivió entre los años 1844 a 1910. Su nombre de nacimiento era Henri Julien Félix Rousseau. La historia le colgó el seudónimo de “el aduanero”, dato este que nos lleva a una confusión. Este hombre nunca trabajó en la aduana, sino que fue empleado en una oficina de cobro de impuestos. Fue músico, dio clases de dibujo y pintura. También tuvo sus inconvenientes con la ley. Dice la historia que junto a un par de amigos se dedicó a la falsificación de documentos fiscales. Esto lo llevó a la cárcel durante algún tiempo. Su vida familiar estuvo signada por la desgracia en reiteradas oportunidades. Económicamente vivió cargado de deudas hasta sus últimos años, en los cuales comenzó a vender algunas pinturas. Hay registros que cuentan de un cuadro comprado por Pablo Picasso.

La pintura que aquí abordamos es un acontecimiento sucedido más de veinte años antes que Rousseau la concretara.  Evidentemente aquí se desvanece la imagen que muchos tienen de este artista como un pintor de temas superficiales e intrascendentes. Su “aparente” falta de conocimiento sobre el dibujo y la perspectiva y el modo casi ingenuo de estructurar las escenas nos hacen confundir a prima facie sobre sus reales intenciones.

Esta es una tela de medidas importantes. En primer plano y ocupando el centro de la escena, un caballo negro con sus cuatro patas en el aire y su jineta empuñando una espada y una antorcha encendida en cada mano “pasa” velozmente sobre el campo de batalla. El humo casi horizontal y la lengua fuera de la boca del equino, aportan un perfecto ardid técnico para brindar la movilidad necesaria a la composición.

Acá no existe historia o anécdota alguna; hay un drama. El negro y los rojos invaden la paleta del artista. Nada de verdes.  La tierra está arrasada y los cuerpos mutilados aparecen por doquier alfombrando el suelo. Los cuervos se alimentan con la carne de los caídos. Feas nubes flotan. Los árboles muertos de pie.  Una impronta desoladora y bastante extraña en la obra de Rousseau. Quizás sea esta pintura una de las más personales del pintor francés.

Desde el año 1986 esta obra está expuesta en el Museo de Orsay junto a unas de las más grandes colecciones de pinturas impresionistas de todo el mundo.

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