RETROSPECTIVA: A diez años del regreso de Guns n' Roses a Argentina. Por MAXIMILIANO CURCIO

EL REGRESO MÁS ESPERADO

22 de marzo de 2010, Estadio Amalfitani (Buenos Aires)

por MAXIMILIANO CURCIO

A comienzos de 2010, Guns n’ Roses se había encaminado a un nuevo tour latinoamericano que los llevó por Brasil, Perú y Chile, antes de desembarcar en la noche porteña otoñal de 2010 (postergación de fecha y cambio de escenario mediante), por primera vez en 17 años. El aquel reciente estreno del postergado disco “Chinese Democracy” (publicado a fines de 2008) resultó el pretexto ideal para transitar un paseo privilegiado a través de una discografía incuestionable.

Desde rememorar inoxidables gemas del debut con “Appetite For Destruction” (Mr. Brownstone, Welcome to the Jungle, Rocket Queen), pasando por los sempiternos clásicos de “Use Your Illusion” -el cual, sin dudas, conforma el punto creativo más alto a lo largo de su ecléctica historia musical-, hasta llegar a los hits de su -por entonces- flamante placa (Street of Dreams, Better), el itinerario pergeñado por la nave insignia californiana, comandada por el icónico frontman, resume las búsquedas musicales de su nueva etapa creativa.

Como un rayo que estremece el cielo o como una suave brisa que devuelve la calma -según el clima del show invite-, Rose se apoderó del escenario y presta su esencia inalterable. Desde un imperceptible gesto hasta su clásico serpenteo -el pase de baile más calcado por millones que quisieron imitarlo-, su impronta conserva la sutileza imperecedera que ha marcado un estilo en el género, festejada por sus fans de modo reverencial. Axl no para, Axl no se detiene, Axl no defrauda.

Luego de su electrizante performance de regreso en suelo argentino, queda claro que Rose, con 48 años, sigue manteniendo intacto el encanto de su incomparable voz y el aura de una personalidad arrolladora que, difícilmente, no intimide. Basta con escucharlo entonar las emotivas baladas “Don’t Cry” o “This I Love” o raspar su garganta y ponerle el físico y la entrega total en “Nightrain” o “Rocket Queen” para comprender el enorme magnetismo que provoca la posesión escénica del cantante.

Luego de dos horas de intenso show, devino el abrazo compartido, el agradecimiento y la promesa de volver pronto, apreciando la paciencia de los fans argentinos a lo largo de interminables años de espera. Entre fuegos artificiales y juegos de luces que no escasearon, acoplándose al humo de colores y las pantallas gigantes que proyectaban clips, miles de papelitos rojos volando dejaron a su paso un mensaje irrevocable: Guns N’ Roses desplegó toda su parafernalia de banda de estadios, hoy en día cada vez mas exigua.

Conservando la mística -pese a las notorias ausencias de antiguos miembros -incluso sorteando alguna dificultad técnica promediando el show que provocó la impaciencia de los presentes- ese grupo de “forajidos” que surgiera de la escena glam de Los Angeles de mediados de los ’80 se reinventó bajo los cánones del nuevo rock, superando desavenencias pasadas, para conservar intacto su legado. Tan cerca del corazón de un público local que delira como la primera vez, cada vez que Rose los invita a subirse a su tren…one more time tonight.

Esta reseña fue publicada en el mes de marzo de 2010 en el blog digital ROCKEROS

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