RETROSPECTIVA: A tres años del lanzamiento de ‘Lo Niego Todo’, de Joaquín Sabina. Por MAXIMILIANO CURCIO

EL TROVADOR Y SUS VERDADES INOXIDABLES

I’ve loved, I’ve laughed and cried

I’ve had my fill, my share of losing

And now, as tears subside

I find it all so amusing

To think I did all that

And may I say, not in a shy way

Oh, no, oh, no, not me

I did it my way

Frank Sinatra, “My Way” (1969)

Concebir esas canciones que queremos nos acompañen por siempre es el mérito de pocos elegidos. Torres de canciones que nos cobijen, discos como catedrales que veneramos por siempre. Acaso un santuario profanado. Pongamos que hablo de Joaquín. Un ilustre poeta y maestro de la lengua, ya no hablemos solo de su faceta musical. Su producción literaria (sonetos, recopilaciones epistolares, libros de memoria) es digna de un concienzudo análisis.

El inmejorable amigo de copas que todo bohemio anhela regresó ocho años después, acabando con la sequía que apremia a todo artista. Un writer’s block sin canciones nuevas lo encontró en un amanecer circular y crepuscular, un noctámbulo paréntesis sin editar un disco de estudio prolongado más de lo aconsejable (desde “Vinagre y Rosas”, 2009), con excepción de su dupla junto a Joan Manuel Serrat, un emprendimiento de gira por partida triple (más un CD, “La Orquesta del Titanic”) que lo tuvo ocupado -y animado- durante la última década.

Maestro de la rima, poeta de la calle, sobreviviente de mil noches perdidas en bares. Este Joaquín es otro comparado con aquel antes del colapso de salud entrado el nuevo milenio. La suma de 19 días de resaca y suficientes dosis de melancolía forjaron la madurez de un intelectual de la revolución. De un pirata cojo, policía ni en broma. A falta de pastillas, sus canciones son regalos para soñar (por el boulevard). “Quien más quien menos”, “Lágrimas de Mármol”, “No tan Deprisa”, “Posdata” y “Las Noches de Domingo Acaban Mal” son el testimonio viviente de una ferviente y aguda pluma. Un atrevido que sabe mirar a la cara a la muerte y coquetear con jóvenes groupies. Old habits die hard…

En “Lo Niego Todo”, Joaquín juega al alter ego descreído y se burla de su propia leyenda. La frescura en nuevas rolas que renuevan melodías, exhiben una lírica que rebosa genialidad. Su inagotable cantera creativa nos regala líricas y ritmos que ponen en duda un tiempo pasado mejor. Efectivamente, Sabina puede estar atravesando su período más fértil (quien se conmueva con “Leningrado” no podrá negarlo) mientras muchos continúan anclados en sus viejos éxitos.

Desde su Úbeda natal a vagar en los subtes de Londres, supo ser un juglar itinerante durante la segunda mitad de un siglo XX vertiginoso. Desde “Inventario” (1978) a su flamante usina de canciones. La tradición española se filtra en su lírica, llevándonos de paseo por La Mandrágora y hasta Tirso de Molina, por ello sus discos contaron el pulso de la historia de la España pos-franquista. La huella dejada sobre el rock en nuestro idioma es inmensa, sabemos que Joaquín es un artista de culto, permanente objeto de discos tributo o libros que revisiten su legado.

Náufrago de mil abriles, quien hizo del vicio su dogma de fe, ladrón de la inocencia de aquella joven latina, encontró su juventud perdida en los destellos de una voz ronca que nos seduce por siempre. En sus influencias conviven la canción melódica francesa e italiana, también emblemas del rock de habla inglesa como Bob Dylan, Leonard Cohen, J.J. Cale, Bruce Springsteen y Neil Young. Supo girar con Andrés Calamaro y Los Rodríguez, también grabar un disco maldito junto a Fito Páez (“Enemigos Íntimos”, 1998). Admirado por coterráneos como Enrique Bunbury, Ismael Serrano y Miguel Ríos, ha formado un sólido trío compositivo junto a Pancho Varona y Antonio García de Diego.

Prueba de esto último, “Lo Niego Todo” destila una precisión compositiva notable. También más de un homenaje a sus maestros en el oficio de hacer canciones. No caben dudas, Sabina ha hecho las paces con sus musas. Imprescindible cantautor de nuestro idioma, fijó un canon jamás igualado. La ‘canción Sabina’ posee una poesía cuyo encanto jamás se extingue. Mito y leyenda, desafió a la muerte y vivió para cantarlo. Es más argentino que el tango. Cronista y canalla de su tiempo, derrama picardía en cada verso.

Comprendiendo la cuadratura de la ecuación, supo vivir al límite, vibrar a mil por hora. Asalto a farmacias y males menores incluidos. Superviviente sí, maldita sea. Juez y parte de su destino, cantor de protestas. El hombre de traje gris nos contó mentiras piadosas y disipó el humo de su propia nube negra. Se rodeó de malas compañías y le sobraron los motivos para jugar a la ruleta rusa. Superviviente, sí. Maldita sea. Es que las amarguras no son amargas si las escribe (y las canta) un tal Martínez…

A fin de cuentas, todos hablan de ti. La pupila archivó un instante y llevó consigo la magia intacta de este disco. La memoria es un lugar donde habita el olvido, pero este ibérico bendito sabe de eternos regresos. “Lo Niego todo” posee la cadencia y la pertenencia de esos discos para escuchar una y otra vez, se volverá clásico a fuerza de latir con la nostalgia, la sagacidad y la nobleza que destila un Sabina retrospectivo, íntimo y esplendoroso. Nos sobran los motivos para creerlo…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .