LATIONAMÉRICA ARDE: Música popular latinoamericana. Por Carlos Gil

Carlos Gardel fue la primera superestrella mundial del cine y la canción a principios del siglo XX. Era argentino y cantaba tangos. En las décadas del veinte y hasta mediados de la del treinta, reinó en todos los escenarios en los que se presentó. Iniciador y máximo exponente, hasta el día de hoy, del género tango canción. Se destacó por su calidad vocal, por la cantidad de discos vendidos, por su protagonismo en numerosas películas relacionadas con el tango y por su repercusión mundial. Eran tan enormes su fama y su prestigio que cruzó el océano Atlántico, en barco como se usaba en aquel tiempo, y triunfo en España y Francia, dónde ya el tango hacia furor en los salones de baile. En una de sus giras la compañía Paramount, sede París, lo contrató para realizar una serie de películas. “Las luces de Buenos Aires” batió records de taquilla en todo el mundo. De allí lo llevaron a New York dónde protagonizó cuatro películas más. En la esquina de su hotel conoció al niño que vendía periódicos y tocaba el bandoneón, se llamaba Astor Piazzolla y fue la única vez que ambas figuras cruzaron sus caminos. Gardel murió hace ochenta y cinco años en Medellín y como se dice popularmente “cada día canta mejor”

Mariachis, bolero, bossa nova y sones varios

La música popular de América latina se nutre del cruce de razas que venimos entrelazando en los últimos quinientos años. Un día allá por mil quinientos cincuenta, un europeo blanco de Asturias, se casó con una negra africana de Zambia, les nació un mulato americano en Cartagena, que, de adulto tomo en matrimonio a una francesa de Amiens, a los que les nació un niño negro con cabello casi rubio y los ojos verdes de su madre. Ese niño, al crecer, desposó a una indígena y la hija de ellos procreó con un criollo mestizo. Y así durante cinco siglos.

Si eso lo traducimos a sonidos, un tambor del Congo sonó junto a una pianola alemana y un violonchelo vienés, los sikus incas y las quenas andinas sumaron sonidos a un acordeón a piano polaco, y una pandereta gitana.  Imaginen, cada uno cargaba sus historias, sí, pero también su cultura, sus canciones, sus sonidos. Mezclen y re mezclen durante cinco centurias, y así nacieron los ritmos y géneros musicales latinoamericanos.

La música que nos representa en el mundo

El tango argentino y los mariachis mexicanos son reconocidos mundialmente y, tal vez, sean los más famosos representantes musicales de sus respectivos países.

A mediados del siglo XIX, a Cuba llegaban multitudes de españoles con sus ritmos tradicionales, enseguida se acoplaron al “son”, típico sonido de la isla. Hacia 1883 un mulato elegante y espigado, llamado Pepe Sánchez, sastre de profesión, quiso componerle una canción de amor a la mujer de sus sueños. Él nunca lo supo, pero creo el “bolero”. La música romántica por excelencia, se baila casi sin moverse, con los cuerpos juntos como envueltos en una burbuja romántica. Se hizo tan popular que llegó a México entrando por Yucatán. Los compositores y cantantes mexicanos le dieron su impronta y se convirtió en un género popular de nivel mundial. El bolero está tan vigente que se dice que nunca morirá.

Cierto día, de 1958, Vinicius de Moraes y Tom Jobin, en Rio de Janeiro, tomaron la base del samba carioca, le agregaron un poco de jazz y una pizca de blues y compusieron “Chega de saudade” y de paso crearon la “bossa nova” el ritmo más representativo del Brasil. Cuatro años después, los mismos entrañables amigos crearían “Garota de Ipanema”, la canción más representativa de su país. El sonido se expandió a todo el territorio y a través de miles de intérpretes lograron darle identidad nacional.

En mi modesta opinión el tango, los mariachis, el bolero y la bossa nova son los cuatro ritmos más representativos de Latinoamérica. Pero sería injusto si no menciono los valsecitos peruanos, el joropo venezolano, los vallenatos colombianos, la cueca chilena, el reggae jamaiquino. La cumbia en todas sus variantes, el chachachá, el merengue, la bachata, la guaracha el mambo, los ritmos folclóricos e indígenas de cada país.

En próximas columnas tendremos que ocuparnos a fondo de la música popular de América latina, la cual es tan rica y variada que para contarla bien deberemos dedicarle múltiples publicaciones. Y además, el tema me apasiona.

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