CRÍTICAS DE CINE: 'El Desentierro', de Nacho Ruipérez. Por MAXIMILIANO CURCIO

SINOPSIS: La aparición de una mujer albanesa en un pueblo de Levante provoca que Jordi, recién llegado de Argentina, decida investigar el pasado de su padre Pau, desaparecido hace veinte años y al que todo el mundo daba por muerto.

EL CUERPO INVISIBLE

PUNTAJE: 4

“El Desentierro” es una producción española dirigida por Nacho Ruipérez (su ópera prima, luego de explorar el mundo del cortometraje) que posee el especial atractivo de contar con el actor argentino Leo Sbaraglia dentro de su reparto, figura de peso que justifica su paso por nuestras salas comerciales. De lo contrario, su propuesta resulta un producto que difícilmente llegue al gran público de nuestro país.

Rodada en locaciones de Valencia se inserta en el terreno del thriller político -más específicamente, el delicado tema de la corrupción y prostitución de menores e inmigrantes- para contarnos, mediante el siempre rendidor recurso del flashback, una trama de intriga y final trágico acontecido veinte años atrás. Resolver el misterio acerca del paradero del personaje que interpreta Sbaraglia será la misión de su hijo, rol interpretado por Michel, el hijo de Jean Pierre Noher.

La infructuosa búsqueda se bifurca pretendiendo despertar interés en el espectador, al tiempo que se convierte en el centro motor de una película que anula su potencial superponiendo diversas subtramas que nunca termina por explorar con suficiente esmero. Por momentos inconsistente narrativamente, el film denota un escaso interés del director por explorar este ejercicio de thriller con el merecido profesionalismo y, cuando ciertas decisiones inteligentes parecieran proveer atisbos de atrapante incógnita, ya es demasiado tarde.

La mediocridad y el trazo grueso con el que se acomete la interpretación de diversos personajes de la trama, tampoco ayuda a generar un sólido verosímil que posee la ambigüedad propia de una historia que esconde más de un secreto que se resiste a ser sacado a la luz, incluso dos décadas después y como excusa elemental. No alcanza con el talento de Leo Sbaraglia y Ana Torrent, acaso sus personajes resultan víctimas fluctuantes de una historia inconsistente que dilapida su potencial.

Armar el rompecabezas de este tipo de misterios siempre resulta una aventura digna de acometer, aunque el resultado deje sabor a poco. El final resuelve el enigma, acomodando cada pieza en su lugar y convirtiendo a este drama familiar en una novela con pronóstico de éxito para el estereotipado escritor errante que citaba…a Miguel Hernández.

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