UNA VENTANA AL PSICOANÁLISIS: 'Romper el muro y hacer trama' en “Another brick in the wall”. Por MARÍA NIEVES GOROSITO

“Another Brick in the Wall” (Otro ladrillo en el muro),  que pertenece a la parte II del álbum “The Wall”, cumplió 40 años en el mes de septiembre del corriente año.  Con este material Pink Floyd no sólo logró pisar fuerte en el campo de la industria comercial musical, ocupando un lugar entre las bandas más emblemáticas del Reino Unido, sino que también constituye una fuerte crítica al método educativo tradicional y normalizador que desatiende la necesaria creatividad, el interés, los vínculos y las diferencias.  También en ella “Pink” denuncia el escarnio en el aula sufrido por él y algunos compañeros, producto del abuso del poder de algunos profesores que humillaban a sus alumnos con su sarcasmo y mal humor:

Sin oscuro sarcasmo en el aula. Maestros dejen los chicos en paz”. “Cuando crecimos y fuimos a la escuela, hubieron algunos que lastimarían a los chicos de todas las maneras que pudieran. Burlándose de todo lo que hacíamos, exponiendo toda debilidad ocultada muy cuidadosamente por los chicos”.

Pasaron 40 años ya de esta  crítica y revolucionaria canción sobre uno de los pilares fundamentales, como es la educación, para la socialización del ser humano;  pero “la pared” sigue intacta en algunos aspectos y en otros, como el autoritarismo  ha virado hacia una agresión y descrédito de la autoridad. Creemos importante resaltar aquí la diferencia entre autoritarismo y autoridad puesto que esta última es una condición absolutamente necesaria en la figura del educador, el cuál debe ser mediador  y apuntar hacia el desarrollo de la libertad del alumno. Junto a la autoridad son indispensables los  conceptos de empatía y confianza. Mientras que el autoritarismo, es una forma abusiva de ese poder, que se aprovecha del otro en desventaja. Esta última puede llevar a dos consecuencias nefastas como son  la formación de subjetividades pasivas, dependientes y sin motivación propia;  puesto que no se le da cabida al desarrollo singular, instaurando lo que Benasayag y Schmit denominaron como “pasiones tristes”. O bien, desembocar en un ambiente hostil de enfrentamientos entre opresor y oprimido, llevando al descrédito  la figura de educador como sujeto de supuesto saber, que tan necesaria resulta para la transferencia en la educación y la consecuente transmisión del conocimiento.

Sandra Alegre, Licenciada en Psicología, explica que cada sujeto habita su tiempo, se piensa y lo piensa desde allí; de este modo produce modos particulares de sufrimiento, requiriendo de nuevos posicionamientos. Es decir, la crisis es inherente al desarrollo y la evolución, tomarla como oportunidad nos brinda un camino de transformación, nos vuelve más aptos, darwinianamente hablando, ante los nuevos escenarios epocales.

En esta modernidad líquida, concepto tomado de Bauman, que implica el declive de las instituciones, sumado la precariedad de los vínculos humanos, en un individualismo que despoja al semejante de sentido y lo convierte en enemigo. Se  constituye una  realidad de   incertidumbre, producto de la caída del ideal positivista. Una caída que no se da de un modo abrupto, sino paulatino con procesos de deconstrucción e incluso de amalgamiento entre lo viejo y lo nuevo. No todo lo anterior es desechable sino que es resignificado en lo nuevo.

¿La caída de un paradigma es malo?, en absoluto lo es,  es parte de la evolución. Desde la mirada de Khun, la caída de un paradigma se produce por su incapacidad de dar respuestas a la nueva realidad.  Porque aparecen nuevos interrogantes a los que no puede responder. Así se hace necesario repensar lo establecido, que no implica desechar lo ya obtenido ( a veces si ) sino otorgarle un nuevo sentido, repensarlo.

La filosofía positivista considera que el auténtico conocimiento, el valedero, es aquél que denomina como conocimiento científico y que surge de la afirmación de las hipótesis a través del método científico. Toma su modelo de las ciencias naturales, que busca dar explicaciones de los fenómenos por medio de leyes generales y universales. Pero el positivismo tiene grandes deficiencias para dar cuenta de objetos de estudio como la sociedad, el hombre y la cultura. Pues sus herramientas desconocen de la intencionalidad, la autorreflexividad y la creación de significado. En sus leyes deja por fuera elementos que no puede ser generalizados pero merecen su estudio e inclusión.

En la canción de Pink Floyd se pone el acento en la crítica hacia el autoritarismo y la normalización, conceptos muy estrechamente ligados a las ideas del paradigma positivista. Ideas lo suficientemente dañinas que bajo el funcionamiento de la “lógica” eran causas de profundos sufrimientos a todo aquello que no  se ajuste a la norma.

Las lógicas estructuran e instalan normalidad, o sea que se incorporan a las prácticas diarias invisibilizando su fuerza dispositiva. Por eso mismo, en cada ordenamiento de cada actividad, sea el trabajo profesional o la organización del día corriente, o la forma en que se piensa la gestión de la educación, o las distintas figuras del amor, o lo que sea, pareciera que siempre hay un mismo orden. Orden que vuelve con un lenguaje interior del cual vamos construyendo sentido. Y sobre todo, al interior del cual nos van construyendo.(Sztajnszrajber, 2019, pág. 294).

Hubo una época en que el castigo corporal en el aula era moneda corriente, ahora  el autoritarismo ha dado un giro hacia sus consecuencias: una  violencia cotidiana de la que nadie se salva; la esperanza es que no nos queremos acostumbrar a esto. Porque una vez que se instaura  la normalización se instauran los muros, de los que se hablan en la canción, que producen la invisibilización del problema. Muros tan altos que no nos permiten empatizar con el otro, que en la diferencia en lugar de ver una oportunidad de enriquecimiento, creatividad y una ganancia en la tolerancia sólo veo enemistad: “No necesitamos ninguna educación. No necesitamos ningún control del pensamiento. En conjunto, es solo otro ladrillo en el muro. En conjunto, eres solo otro ladrillo en el muro”.

Atravesados por estas lógicas nos encontramos desvalidos e incapaces de hacer trama. Dilucidamos en esta línea de la canción una idea magnífica…el problema no está en la transmisión del conocimiento sino en la transferencia, en el vínculo. No hay aquí un rechazo hacia el aprender sino hacia el formateo de lógicas que ya han quedado al descubierto, que se las reconoce como reproductoras del sufrimiento de aquellos que no encajan. Hay un reclamo, en esta emblemática canción, de repensar la función de la escuela como institución formadora, su manera de hacer lazo y hacer lugar a lo nuevo.

Desde la psicología educacional, Alegre propone el concepto de hacer trama  como el desafío al que nos enfrenta nuestro tiempo.  Implica que  la educación, eje y motor de las transfomraciones políticas, sociales y culturales, debe desprenderse de las respuestas establecidas para inventar nuevas relaciones de sentido, deconstruyendo el mito de la fabricación del otro.

Mediante la trama se trabaja no sólo la transmisión sino el vínculo, que a nuestro parecer es el problema principal que nos aqueja en ésta época. Es necesario restablecer  condiciones de sostén indispensables, incluso en estos momentos de incertidumbre, para que se puedan imaginar direcciones y coordenadas. Esta trama debe dar lugar a lo nuevo posibilitando el ensayo y la ilusión de una nueva función, para que de esta manera desde la educación se invite y sostenga a juntarse y crear. Cambiar el ladrillo por la red, la fabricación por la creación, sumado a una figura adulta/docente que recupere su desvalimiento pero no regresando al autoritarismo, sino recuperando la confianza  del alumno que sólo puede brindar una autoridad tranquilizadora y de contención. Pero nada de esto se puede dar sin una trama, especialmente en esta modernidad líquida que ha desmoronado a las Instituciones, las ha dejado incapaces de sostener y avalar a sus representantes (educadores). La trama implica interdisciplinariedad, la cual puede brindar un soporte y respaldo mutuo entre profesionales, que permite la búsqueda de un objetivo común y un camino firme hacia él.  Pero cuando decimos firme no decimos rígido, pues creemos que debe ser capaz de soportar los cambios cuando algo no se ajusta al bien común del plan y poder girar el timón si hace falta. Sin embargo su firmeza radica en lo decidido y comprometido con que se abraza el proyecto. Trabajar con otros es derribar muros, convertirse en los martillos famosos del video clip de Pink; y construir redes que rompan con el individualismo restituyendo el trabajo solidario:

(…)se funda la existencia de un bien compartido, de un mismo objetivo para todos: yo te obedezco porque tú representas para mi la invitación a encaminarse a ese objetivo común, porque yo sé que esa obediencia te ha permitido a ti mismo convertirte en este adulto de hoy, como yo lo seré mañana, en una sociedad con el futuro asegurado. (Benasayag, Schmit,  2010, pág 32)

Debemos trabajar como adultos, no sólo como tarea de los docentes, en  la imagen que le damos a nuestras generaciones descendientes;  que ésta  sea una que represente  esperanza en el futuro,  que los remueva  de la apatía. Desde la psicología educacional y desde el psicoanálisis comprendemos que el niño no desarrolla su subjetividad pasivamente, como convergen en su desarrollo lo biológico y el ambiente en una interacción constante. Construye y ensaya su subjetividad con constantes identificaciones que toma de los adultos que le rodean.  Figuras que representan para él la protección,  el deber y el amor; todo esto dentro de un marco socio-cultural que lo limita, habilita o inhabilita. Nuestros niños, esos que describimos como apáticos o tiranos, en lugar angustiarnos y enojarnos deberían llevarnos a un atuoreflexión como adultos y sociedad.

No temer a dar de baja lo que sabemos no ha funcionado, enfrentar el temor  de dejar las ropas usadas sólo porque han sido normalizadas. Derrocar el paradigma de la normalización, aquél que desconoce la heterogeneidad de los sujetos y causa tanto sufrimiento; derrocar la idea positivista de única verdad, único camino posible.  Debemos abrazar la idea de que la nuestra es una existencia abierta y por eso nos angustia tanto el no tener respuestas.  A tal punto nos angustia que caemos una y otra vez en el mismo error “mismas respuestas” que no funcionan. Nos encerramos en nuestra parcela de realidad para evitar la angustia que nos causa lo diferente. Pero principalmente, lo que nos inhabilita el sortear la crisis es el miedo  de enfrentarnos con la propia falta, esto es lo que no nos permite avanzar en la crisis. Puesto que si no podemos reconocer nuestra propia falta jamás nos creeremos parte del conflicto , creeremos que el error es siempre del otro y anularemos la posibilidad de crecer y transformarnos a través de ella.

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