EL GRAN ACTO: ‘Machuca’ (2004), de Andrés Wood. Por Celeste Nuñez

Me parece necesario referirme a ciertos temas, en estos momentos en que Chile está convulsionado por el levantamiento social, y para ello he de analizar un film que, sin duda, refleja el legado de la injusticia. En este caso, bajo la mirada particular de dos muchachos que encarnan realidades sobre el abuso de poder y desigualdad a las puertas del derrocamiento de la unidad popular y la seguida  dictadura de Augusto Pinochet. Esta doctrina se ha instalado en el sistema económico social y también en la idiosincrasia chilena, factores que sin duda son los responsables -tras 30 años de omisión y conformismo- de un pueblo oprimido y sometido por el yugo castigador de la élite política y empresarial que maneja nuestras vidas.

Machuca es la  historia de dos niños de 12 años situados en Chile del año 1973, basada en la novela Historia de un machuca, escrita por el escritor chileno Eledín Parraguez. Uno de los protagonistas es Pedro Machuca, quién pertenece a la clase baja, vive en un campamento junto a su madre, hermana y un padre alcohólico. Por otro lado Gonzalo es un acomodado de la clase alta, quién asiste a un colegio privado, el cual tras la reforma educacional de Salvador Allende (presidente hasta ese entonces de Chile) instaura la modalidad de incluir a ciertos jóvenes de escasos recursos en colegios de elite, para solucionar las diferencias educacionales basadas en una cuestión económica. Pedro y Gonzalo se hacen amigos, principalmente porque comparten situaciones familiares que los acercan, permitiendo una empatía con el otro.

La desigualdad latente junto con el acontecer político del momento pone en riesgo su amistad, sin embargo este lazo permanece indisoluble hasta que la intromisión militar golpea sus jóvenes vidas. Machuca intenta narrar, a través de las experiencias de estos jóvenes, como el hecho afectó la realidad de dos sectores socio-económicos en el paso hacia el golpe militar. Pone de manifiesto las diferencias sociales, el manejo siniestro de los medios y el pensamiento político nefasto de la clase dominante, así como el clima que rondaba, por ese entonces, en el país.

La película cuenta con una ambientación muy acorde, recorriendo las calles emblemáticas del gran Santiago. La elección de escenografías y sucesos propios de la juventud son, por momentos, relatos sacados de una novela romántica juvenil, que logra interactuar con gran maestría en la atmósfera pre golpista. La musicalización es adecuada, a ratos entrega un toque alegre, pero no sobresale de las escenas; ayuda a crear el ambiente propicio y permite al espectador empatizar con las situaciones que deben enfrentar sus protagonistas.

Son muchos los momentos significativos que podrían posicionarse como “la escena” de la película, sin embargo y como una señal de resistencia contra el individualismo que promueve el capitalismo, el instante que trasciende aquello es cuando Gonzalo manejando la bicicleta y Machuca, sobre las pisaderas de las ruedas traseras, pasean por las calles riendo y disfrutando de un momento simple; un instante que olvida toda contradicción y diferencia social.

‘Machuca’ es una película que nos cuenta una parte de la historia Chilena que ha sido silenciada por el terror que implantó la dictadura y la “democracia” posterior a este proceso. Por medio de este relato, se manifiesta la deshumanización que generan las diferencias sociales y las dominaciones de un sistema neo-liberal imperante hasta nuestros días. El mismo que condena al pueblo por exigir sus derechos, vandalizando sus actos de protesta legítimos por oponerse a los abusos y agravios de mentes siniestras y sanguinarias.

Este film, no sólo es el reflejo de una situación particular del sometimiento del pueblo chileno, sino es la historia repetida en toda América Latina. Es el pueblo, la clase trabajadora, los estudiantes y los indígenas de todo un continente que han sufrido, desde la colonización hasta las actualidad, el imperialismo y el sistema jerárquico de las distribución de los recursos naturales y todos sus bienes. Nos han hecho creer que somos incapaces, enemigos entre los países hermanos y que debemos aspirar a un prototipo de ser humano europeizado, desplazando y avergonzándonos de nuestras raíces.

Es momento de despertar. De decir basta, de levantar los brazos y resistir, cada cual con las armas que sabe manejar. En este caso el aporte es a través del arte y la cultura, para hacer de este un mundo inclusivo un sitio para todos. A seguir la lucha y la resistencia…“EL PUEBLO UNIDO JAMÁS SERÁ VENCIDO”.

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