Ensayos Ópticos: ‘El barco-taller’, de CLAUDE MONET. Por CARLOS AVALLE

Claude Oscar Monet  (14/11/1840 – 5/12/1926)

Óleo sobre lienzo fechado en el año 1874 – medidas 50 x 64

Esta pintura se encuentra actualmente en el Museo Kröller Müller.

La vida y la obra de este gran pintor francés es inabarcable en este breve espacio. Tampoco es la intención hacerlo en esta oportunidad.

La pintura que hoy nos reúne quizás no sea de las más importantes, académicamente hablando,  del pintor parisino.

La cuestión es que cuando Édouard Manet (23-1-1832 / 30-4-1883) y Pierre Auguste Renoir (25-2-1841 / 2-12-1919) llegaron al pueblo de Argenetuil en al cálido verano de 1874 fueron sorprendidos al ver el tipo de estudio-taller que Monet había adaptado para realizar sus travesías artísticas. Se trataba de una especie de taller flotante sobre un barco de pequeñas dimensiones que el amante de las nenúfares supo modificar para sus necesidades de pintor.

No fue este el único lienzo que realizó Monet sobre este tema. Fueron en realidad varios y desde distintos puntos de vista y con diferentes cuestiones climáticas.

Resulta sumamente interesante pensar desde donde pintó esta toma el artista. Si estaba en el barco pintando, ¿cómo es que dibujó esta escena desde otro lugar?

El asunto es que en esta composición el protagonista casi con exclusividad es el barquito flotando en las aguas de algún brazo del río Sena. Este se encuentra anclado y sujeto a unos postes enclavados en el lecho del espejo de agua. Como fondo se pueden observar los entramados que forman las copas de los árboles, sus negros troncos y una pequeña casita asomando tras el bosque.

La ribera está en calma y ninguna persona interrumpe este instante. Las pinceladas son rápidas y relatan la iluminación en ese atardecer. Los reflejos que el artista proyecta de la arboleda sobre el agua hacen sumamente atractiva a esta escena. La barquita parece, a rigor de las pequeñas ondas pintadas por el maestro, mecerse suavemente.

Aunque parezca una instantánea, seguramente Monet, como era su costumbre, quizás haya realizado modificaciones en su taller en tierra firme.

Como solía hacer el “padre del impresionismo”, la ausencia de figuras humanas torna a esta imagen en algo atemporal.

Mirando otra vez mas esta pintura (y fueron muchas observaciones), noto en la entrada de lo que sería el taller propiamente dicho, la silueta fantasmal y difusa de una figura. Humana? Será el espíritu del pintor?

¿Porqué siempre los grandes maestros  nos provocan e inquietan?

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