RELATOS: ‘La fábrica de enanos’. Por CARLOS AVALLE

No tengo muy claro cuál era el parentesco de este hombre dentro de la familia de mi

viejo.

Posiblemente fuera un primo. A esta altura solo quedan algunas fotos sepia e historias

que retenemos los que aún andamos por acá.

La cuestión es que a este señor lo recuerdo a la mesa en las festividades en donde toda

la prole se reunía. Cumpleaños, casamientos, navidades o festejos de fin de año. Me

viene a la memoria la algarabía de los comensales cuando el alcohol comenzaba a hacer

su onírico efecto. También las canciones llenas de remembranzas sobre los pueblos

dejados atrás en busca de una mejor vida.

Revisando las historias familiares, recordé un detalle sumamente pintoresco.

El personaje al que estoy tratando de describir tenía, en sus últimos años de vida, una

ocupación extraña. Cada tanto mi viejo me llevaba montado en su bicicleta,

generalmente los domingos por la mañana, a visitar a este hombre y a su familia.

Creo que en esos momentos, mis ojos atraparon aquellas imágenes para siempre y hoy

 me las devuelvan como un bello dibujito animado.

La cuestión es que este primo de mi padre tenía una fábrica de enanos. De enanos de

jardín moldeados en cemento. Toda la casa, incluidos el jardín frontal y el posterior, la

terraza y su cornisa perimetral estaban repletas de esas figuras. Figuras de no más de

cincuenta centímetros de altura. Algunas secándose al sol, otras pintadas de vibrantes

colores, otras esperando turno para ser coloreadas. Había algunos enanitos que llevaban

una carretilla hecha también en cemento, otros una flor en la mano y varios más con

algún tipo de herramientas en los bolsillos. Sé que en otros tiempos muchas casas tenían

en los jardines a estos hombrecitos de los cuales la historia habla de sus bondades

cabalísticas.

Mi reserva de recuerdos infantiles me llevó a esos espacios oníricos. Cosa extraña.

Tengo en la memoria esa película a todo color, aunque provengan de épocas pasadas en

blanco y negro.

La otra noche me vi en sueños parado frente a esa casa. Entonces comprobé que todas

 las figuras de pie junto a sus moldes de hierro seguían allí. Y el hombre continuaba

pintándolos con manos temblorosas. Con brillantes colores.

Y la retórica de los sueños sigue construyendo nuestras vidas,

                                         FIN

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