CULTURAS TRANSMEDIA: ‘Raymond Williams: De la noción Cultura a los Estudios Culturales’. Por Yurimia Boscán

Concebir a la Historia como una superación de la ignorancia o la superstición mediante el conocimiento y la razón, es el principal aporte (Materialismo Histórico) que toma Raymond Williams del Marxismo, asumido éste en su versión menos ortodoxa (postmarxista).

Para poder analizar algunas nociones básicas, el autor se vale de la Conciencia Histórica a través de la cual profundiza las teorías de Jan Mukarovsky, quien en su ensayo El arte como hecho semiológico ya se planteaba la investigación de los fenómenos estéticos desde el punto de vista del hombre como ser social, y de Mijail Bajtin quien, en Hacia una metodología de las Ciencias Humanas hace línea con Mukarosvky al asumir las teorías estéticas en el marco de las Ciencias Sociales, sembrando el germen de los Estudios Culturales del siglo XX.

Williams inicia la historia de las nociones cuando niega que religión, Estado, prácticas (como ejercicio social de una función) y productos (como resultados de una elaboración simbólica) sean parte de un Todo donde el “Yo” (hombre-razón occidental) establece las relaciones imaginarias que van armando la red de la conciencia individual como ideal de grupo.

Se concentra en cuatro conceptos básicos para el Mundo Moderno: Cultura, Lenguaje, Literatura e Ideología, a los cuales tratará de entender en sí mismos como fenómenos, prácticas y productos que puede contraponer a las tradiciones y premisas con las que dialogan, pues para él la única forma de problematizarlos como objetos de estudio, es inscribirlos en la Historia, con sus hallazgos y contradicciones: Los convierte en problemas que se van definiendo como modos específicos de producción, capaces de permear los procesos culturales según su evolución en un mundo que va de lo sencillo a lo complejo, donde lo racional entra en conflicto con las mismas relaciones antagónicas que se oponen y complementan.

Propone cierto cuerpo metodológico propio (su manera de entender la Historia) y diseña una disciplina donde la representación es también una noción para enfrentarse a los fenómenos de los Estudios Culturales: Su noción de Cambio Histórico será la que lo sumerja en esa crisis que lo obligará a revisar cómo funcionan estos conceptos desplazándose en el tiempo.

La década de los sesenta instaura la “sospecha” como un giro epistemológico que supone la revisión de los valores del mundo moderno (Cultura, Literatura, Sociedad, Historia) que son trastocados, pues el desplazarse supone transformaciones hondas en los grupos sociales, de allí que ni los valores ni el escándalo ni el estilo sean permanentes (la idea del “espíritu hipermoderno del arte efímero, que se consume en el acto de su propia producción” a la que alude Beatriz Sarlo en su ensayo La Máquina Cultural. Pág. 291)

Sin embargo, para llegar a esto, Williams primero hace un erudito recorrido
por el antes y el ahora no lineal de la Historia y cuestiona esa especie de orden
heredado que organizaba al mundo en conceptos, pues para él, la Historia es
producto de energías sociales, pugnas y enfrentamientos, pues estas posiciones
están en el Inconsciente Colectivo de una época (pulsión de época) donde las
pugnas luchan por convertirse en el discurso hegemónico (pero nunca desde la
perspectiva neoconservadora de Harol Bloom, Elegía al canon, sino como “un
centro de poder alternativo que está al margen de la institucionalidad, en un
espacio liminal, pero que ejerce desde su margen, un efecto radicalizador sobre la
institución en el sentido de que cuestiona la integridad de las disciplinas…”.1

Para entender a Williams vale destacar el enfoque que hace de la noción de
Cultura:
“El concepto de cultura, cuando es observado dentro del contexto más
amplio del desarrollo histórico, ejerce una fuerte presión sobre los
términos limitados de todos los demás conceptos. Esta es siempre su
ventaja; asimismo, es siempre la fuente de sus dificultades”
(Marxismo
y Literatura. Pág. 23).

En su búsqueda a través de la Historia, este postmarxista sostiene que la
secularización de la cultura sucumbirá ante el binomio cultura-civilización con el
surgimiento de la sociedad industrial entendiendo a esta última como un nuevo
orden social que los mismos desarrollos amenazaban con destruir, lo que convirtió
al término civilización en algo ambiguo: Por un lado, desarrollo progresivo
esclarecido, y por otro estado realizado y amenazado que, en su visión
retrospectiva, reivindicaba los logros del pasado.

Esta situación hará que civilización y cultura se superpongan nuevamente
como estados recibidos que generaron otra respuesta: Materialismo,
mercantilismo, democracia, socialismo. “En este sentido, la historia era el
progresivo establecimiento de sistemas más racionales y por lo tanto más
civilizados”
(Marxismo y Literatura. Pág. 23).

En el ensayo Marxismo y Literatura, el autor se remonta hasta el origen del
término, a su fase originaria (S. XVIII) y desmonta su doble sentido como estado
realizado y como estado del desarrollo realizado, y su dicotomía romántica como
proceso de desarrollo interior o espiritual (individual), en oposición al desarrollo
exterior (social); sin embargo, para Williams no es más verdadero el concepto
antropológico de cultura que el concepto de lo “bello”, porque en el terreno que a
él le interesa (el de las nociones) lo que da el valor es el marco de lo conceptual
(innegable aporte marxista al pensamiento contemporáneo): Detrás de las
nociones no hay verdades, sino Tiempo Histórico, y es allí donde coexisten las
diferentes posturas que, como sistemas de representación que son, se anclan en
la Historia y se superpones a la tradición y las líneas de pensamiento.

1 A little azúcar, una conversación sobre los estudios culturales. John Beverley con Goffredo Diana y Vicente Lecuna en la Universidad de Pittsburg. Revista Estudios Nª 8, pág. 83)

Para el autor ya no tiene sentido plantearse lo “bello”, pues lo “bello” como
tal existe en el marco de un orden del discurso o en marco hegemónico
respaldado por las instituciones, que son las primeras en acomodar el pasado en
función de un porvenir.

Williams no ve a la cultura ni como “alta cultura” al decir de Bourdieu,
tampoco la ve como la usa la antropología ni como se la planteaba (en los
sesenta) la Escuela de Birmingham, que reivindicaba a las culturas subalternas
como negación de la cultura dominante, aunque está consciente de la existencia
de discursos sumergidos que aparecen de repente. La concibe como una máquina
“en el marco de fuerzas en conflicto” (Beatriz Sarlo. La Máquina Cultural. Pág.
274) que determina modelos creados, estilos específicos, capaz de producir
prácticas (estilos de vida), un lenguaje (modos de expresión) y otras
subjetividades que el autor considera contrarias a las ideas fosilizadas y rígidas de
patrimonio, tradición y verdad.

Es importante destacar que la perspectiva de Williams no sólo funda una
línea, sino que los Estudios Culturales le deben muchísimo, pues plantea por
primera vez la posibilidad de que un estudio literario no suponga necesariamente
“goce” estético, pues concibe su estudio no como búsqueda de lo literario sino a lo
literario (la Literatura) como objeto de elaboración simbólica en el marco de una
cultura que funciona y produce como máquina, mientras dialoga con las estéticas
dominantes y emergentes que reciclan los valores subyacentes y los nuevos. Es
esta visión la que servirá de base a Bourdieu para armar su teoría de Campo
Cultural.

Es invalorable el aporte de Raymond Williams, pues al desmontar los
discursos hegemónicos, emergentes y residuales del S. XIX demuestra como esa
pugna de discursos y líneas de pensamiento coinciden con el poder. Estas
expresiones simbólicas que entran en conflicto se contaminan. Para Williams los
conceptos Residual y Emergente, son sus modos de nombrar lo hegemónico y lo
dominante, su relación entre los discursos, el poder y la historia (como memoria
viva, en proceso, que supone que hay líneas de pensamiento, estéticas o
prácticas que son elegidas por el aparato cultural que lo apoya.

¿No fue eso lo que pasó en Pittsburg, Estados Unidos, luego de la influencia
de la Escuela de Birmingham, cuando muchos de los jóvenes de la generación de
los sesenta, en la década siguiente (los setenta) entraron a trabajar en la
universidad y le dieron continuidad al llamado proyecto de la Nueva Izquierda e
impusieron una visión más fresca en sus respectivas disciplinas?
“Lo paradójico, en términos norteamericanos, de la historia de los
Estudios Culturales es como pudo proliferar y llegar a un nivel casi
hegemónico dentro de la academia norteamericana, por lo menos en
ciertas instituciones, un programa vinculado más o menos directamente
con la militancia política de los sesenta ―el marxismo de la Nueva
Izquierda, el movimiento feminista, el discurso postcolonial― en medio
de una época políticamente muy reaccionaria como fue la de Reagan…
…Uno hubiera pensado que la Academia debería haber entrado en un
período de involución conservadora, que es lo que querían los
ideólogos neoconservadores como Alan Bloom y Linda Cheney. Había,
de hecho hay, una gran frustración en el movimiento conservador de
Estados Unidos: Su hegemonía a nivel político y de economía política
no se ha traducido en una hegemonía sobre la universidad ni el
sistema escolar en general. .En las Humanidades y en parte de la
Ciencias sociales, durante los ochenta, ocurre todo lo opuesto: Un
liberalismo bastante avanzado, que ha sido influenciado por el
postestructuralismo y el feminismo, parece ser la ideología dominante
de amplios sectores. De hecho, los conservadores se sienten como un
grupo sometido dentro de la universidad. La derecha, entonces, lanzó
una campaña para restaurar el currículo tradicional en contra de todos
estos “ismos” culturales, que Harol Bloom llama despectivamente “The
school of resentment”, “La escuela del resentimiento”.
Esa campaña de la derecha fracasó en parte porque no
correspondía con las percepciones de los administradores, las
fundaciones y la élite que estaban directamente relacionados con
problemas de educación, que sabían un poco lo que estaba pasando.
Ellos, en efecto, decidieron que el futuro de la educación superior en la
época del capitalismo transnacional andaba en la dirección de estudios
culturales, departamentos de comunicaciones, innovaciones
interdisciplinarias y multiculturalismo”.

Esto viene a ratificar la noción sobre lo residual de Williams, que demuestra
cómo el mapa de la cultura no es homogéneo, pues una vez que una cultura
dominante se gasta, otra la sustituye: El poder inventa su genealogía para
mantenerse, y las instituciones inventan el poder. Amanecerá y veremos…

Referencias
1.- Bajtín, Mijail (1989). Capítulos: “El problema del texto en la lingüística, la filosofía y
otras ciencias humanas. Ensayo de análisis filosófico”, y “Hacia una metodología de las
ciencias humanas”. En Estética de la Creación verbal, México: Siglo XXI.
2.- Beverley, John, Goffredo Diana y Vicente Lecuna (1996). “A little azúcar, una
conversación sobre los Estudios Culturales”. En Estudios Nº 8, Revista de
investigaciones literarias del Departamento de Lengua y Literatura de la División de
Ciencias Sociales y Humanidades de la Coordinación de Postgrado de la Universidad
Simón Bolívar, Venezuela.
3.- Bloom, Harold (1998) “Elegía al canon”. En El canon literario. Madrid: Arco.
4.- Bourdieu, Pierre. “Campo intelectual y proyecto creador”. En Problemas del
Estructuralismo.
5.- Mukarosvky, Jan (1977) “El arte como hecho semiológico”, “Función, norma y valor
estéticos como hecho social”. En Escritos de estética y semiótica del arte, Barcelona:
Gustavo Gil.
6.- Sarlo, Beatriz (1998) “La máquina Cultural”. En La máquina cultural, Buenos Aires,
Ariel.
7.- Williams, Raymond (1997 [1977} ) “Conceptos básicos” . En Marxismo y literatura,
Barcelona: Península.
8.-__“Tradiciones, instituciones y formaciones”; “Dominante, residual y
emergente”, “Estructuras del sentimiento”. En Marxismo y literatura, Barcela: Península.

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