CLÁSICO: ‘LA NOCHE AMERICANA’, de François Truffaut. Por HÉCTOR SANTIAGO

¿En sentido estricto La Noche Americana es una película? ¿Si ese fuera el caso, se trata acaso de un melodrama al estilo Hollywood?¿No parece más exactamente un homenaje del cine al cine o quizás de Truffaut al cine o Truffaut a Truffaut? En cualquier caso se trata de un relato desde el metalenguaje sobre el lenguaje del cine o sobre la construcción cinematográfica.

Bajo el propósito de filmar a un grupo de hombres y mujeres que encaran la tarea de producir una película hasta su culminación,La Noche Americana brinda esa oportunidad siempre deseada por el espectador, a saber, la de ser testigo de los procesos ocultos de la manufactura cinematográfica. Tal como refiere el título, se trata de revelar ante el público el artificioLa Noche Americana también es un viaje a nuestra niñez, al esfuerzo infantil por descubrir cómo opera el mago cuando de la galera saca el conejo. Es una buena oportunidad para descubrir el truco oculto en las manos  o en la varita de aquel hombre que parecía hipnotizarnos.

Pero ni los ilusionistas ni los directores de cine se traicionan a sí mismos. Nunca dejan de mentir. Viven del engaño, más exactamente de engañar a los otros, a los que absortos miran. Y el recurso de Truffaut es una apuesta fuerte, promete develar, a lo largo de la filmación, cada una de las argucias que habrá de utilizar para hacernos creer que lo que allí sucede es algo real.

Uno de los mejores puntos de partida para el embuste es manifestar desde un principio cuál es la intensión que nos motiva. Cuando nuestro interlocutor nos hace semejante oferta es casi seguro que bajemos la guardia. El director francés declara que lo que se propone en este caso es exhibir lo que ocurre detrás de bambalinas. No habrá ficción. Se trata de una especie de documental del backstage. Más aún, para sumarle confiabilidad él habrá de aparecer en el film en su carácter de director. Así, confiados como niños frente al ilusionista, nos disponemos a ver, instalados desde un principio en el confort que otorga la confianza.

La empresa de Truffaut arranca con la llegada al set de los técnicos, el recibimiento e instalación de los actores en un hotel, los diálogos y ajustes entre director, maquillista, coguionista, fotógrafo, productor e interpretes. Poco a poco se ruedan las primeras escenas y, pese a ciertos tropiezos, la realización de Je vous Présente Paméla avanza. Al tiempo que el director filma la filmación y nos va mostrando el trabajo febril y agotador que implica cada escena,  se van produciendo sucesos personales producto de la interacción que genera el trabajo cinematográfico. Se generan relaciones amorosas entre algunos participantes. Una de las actrices sufre una crisis y tiene dificultades para resolver algunas escenas. Los estudios anuncian una reducción en el tiempo de rodaje. Familiares de actores visitan la filmación. Aparecen infidelidades en las parejas. Conflictos entre algunos trabajadores. Algún miembro del personal técnico no reconoce la importancia de su trabajo. Hay amenazas de abandonar la filmación antes de que culmine el trabajo. A lo largo de las semanas de realización Truffaut tiene un sueño recurrente en el que ve un niño o se ve como tal, caminando hacia algún lugar y atento a la posible presencia de otros. El actor que personifica al padre enamorado de su nuera tiene un accidente automovilístico y muere.

La aseguradora presiona para que la película se termine en los plazos acordados. Buena parte de este conjunto de sucesos colaterales a la actividad constante de la filmación de la filmación, tiene su principio, evolución y desenlace. Más aún, en la medida en que esos avatares propios de un grupo humano reunido durante un tiempo para una labor conjunta se multiplican, aumentan los traslapes entre una y otra narración y por momentos, no es fácil  reconocer a cuál narración pertenecen algunas escenas. Por esa razón el “documental” que registra la confección fílmica del drama desencadenado por el enamoramiento del suegro y la nuera se entrecruza con el relato de las peripecias personales y no personales que viven los trabajadores del film. Así, a nuestro interés inicial por conocer la “cocina” de Je vous Présente Paméla se le suma el que surge de los acontecimientos vividos más allá del film que da cuenta de la elaboración de una película.

Finalmente, cuando en la pantalla aparece el anuncio del final y se prenden las luces nos damos cuenta que, una vez más, hemos sido engañados. Truffaut, como el mago de nuestra infancia, resultó un embustero. Nos prometió “el atrás de las bambalinas” para que conociéramos el cómo y, mientras nos descubría cada uno de los artificios de los que se vale el cine para contar, introdujo una ficción paralela, la de la vida de los trabajadores cinematográficos. Cuando creíamos estar viendo solo la realidad, Truffaut, otra vez, nos contrabandeó la ficción. 

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