POESÍAS – La perdición de un hombre. Por Anita Cabrera Faundez

Tempestades nocturnas

En invernales noches,

Con la luna ausente

Y la niebla amenazante.

En medio del océano

A merced de su suerte

Se ve a un viejo hombre

Desde orillas de la playa,

En una añosa barcaza

Repleta de añejos recuerdos,

Casi gritándole al viento

Con el alma desgarrada

Por causa de un amor perdido.

¡Emperadora de las olas,

Diosa indomable del mar,

Que perdida en aguas turquesas

Me has arrancado la vida

Con tu huida de mis brazos,

Frágiles y amorosos

Que te cobijaran un día,

Para marcharte detrás

De aquel encanto felino,

Taciturno y misterioso

Del que es amo de los mares,

Mezcla de Dios y demonio

Que encanta y enamora,

Pero a la vez traiciona

Como un veneno  letal.

Mujer de mil madrugadas

En la arena de la playa

Ambos tendidos al sol,

Yo descubriendo tu cuerpo,

Tú hurgando entre mi alma.

Hoy que te encuentras ausente

Para más no regresar,

Mi ira es contra el universo

Y toda la creación,

Les reclamo tu absurdo rapto

En contra de tu voluntad,

Pues he sabido tuya mi alma

Y el néctar efímero y voluptuoso

De tu ardiente anatomía!

Transcurrió implacable el tiempo,

Como suele acontecer,

Despojando al hombre de sus fuerzas,

Arrebatándole su atractivo

Y robándose su memoria,

Mas, no eliminó su amor

Por esa mujer tirana

Que él aun creía buena.

La marea del mar creció

Con furia descomunal,

El cielo se inundó de nubes,

La hierba perdió el color,

Y la barca ya roída 

Por el tráfico marino,

Seguía inamovible,

Estoica e impetuosa,

Con el viejo reclamante

Cada vez más enfurecido

Y en grieta el corazón,

Sin entender razones

Ni hacer caso de sus achaques;

Había decidido morir

En esa imposible empresa,

Entregar su alma al demonio

Si le era necesario,

Para poder obtener su premio

Aunque fuera en el averno.

Una mañana gris,

Repleta de oscura bruma,

El corazón del anciano

Decidió perder la batalla,

Negarse al canto de la vida,

Dejando una sola evidencia,

Un cuerpo frio e inerte

Posado sobre maderos

De un rudimentario bote.

La boda ya está lista

Con la fiel novia macabra

Que entre llamas besa sus labios,

Condenándolo al abismo

De la negra tiniebla espesa,

Eterna y tan tortuosa

Como las garras del terror.

Es la muerte de un amor

Que fue perdición de un hombre,

Arrastrándolo al abismo

De la desdicha eterna,

Sin encontrar paz su espíritu

Ni en la más bella utopía.

Destierro de un paraíso

Largamente acariciado

Pero que al final

Termina en una  desgracia. 

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